Papeles Perdidos

avance literario

Brillante y perturbador Murakami

Por: EL PAÍS15/10/2013

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Haruki Murakami, fotografiado en Barcelona cuando ganó el Premi Internacional Catalunya 2011. / JORDI BEDMAR

Por ROSA RIVAS

Hoy llega a las librerías españolas el nuevo libro de Haruki Murakami, Los años de peregrinación del chico sin color, editado por Tusquets y traducido por Gabriel Álvarez Martínez. El protagonista de esta novela -de cuyas primeras páginas ofrecemos un extracto- es un hombre, Tsukuru Tazaki, que se enfrenta a un lado oscuro de su pasado que le atormenta.

Aunque no haya conseguido el Nobel como pronosticaban las quinielas, Haruki Murakami sigue despertando interés. Cada nuevo libro en Japón es esperado con la misma expectación que el florecimiento de los cerezos. Y si la novela es más o menos bella, más o menos interesante o más extraña, da igual. Hay legiones de murakamistas (lo mismo que hay muchos a quienes superan sus tramas enigmáticas y sus elucubraciones con los sentimientos de los personajes).

Sus novelas, traducidas a 40 idiomas, son millonarias en ventas (su libro Tokio Blues. Norwegian Wood alcanzó casi 12 millones) y, para no variar, más de un millón de ejemplares vendidos lleva su último libro lanzado en abril pasado en Japón (Shikisai o Motanai Tazaki Tsukuru to, Kare no Junrei no Toshi).

El nombre en japonés del personaje clave del libro tiene un significado positivo (tsukuru es hacer, crear, construir…), sin embargo no evoca ningún color, a diferencia de los nombres que tienen los cuatro amigos de la ciudad de Nagoya donde Tsukuru pasa su juventud y de la que se ve obligado a huir a Tokio abrumado por la ruptura con quienes más unido está. Le rechazan -“el joven Tsukuru murió cuando sus amigos negaron su existencia”- y no pregunta el porqué: “No me paré a buscar una razón”, confiesa. Y su autoestima está en un punto ambiguo aunque busca su lugar en el mundo y sigue adelante como una máquina. “Tratar de averiguar su valía se asemejaba a calibrar una sustancia sin disponer de una unidad de medida”, escribe Murakami. Y Tsukuru, quien visita los andenes de tren como otros van al cine o a conciertos, es consciente de su rumbo (o falta de él): “Sin estación, los trenes no paran, lo que tengo que hacer es proyectar la estación en mi mente”.

En los avatares de Tsukuru , "engullido" por la tentación del suicidio cuando sus amigos de adolescencia dejan de hablarle, pasa de divagar en las estaciones de tren a construirlas de mayor como ingeniero, hay sentimiento de pérdida, desconcierto. Y en la narración de sus “años de peregrinación” que dan título al libro, hay más ingredientes que también nutren otras novelas del autor de 1Q84. Las relaciones amistosas (que algunos críticos y lectores emparentan con las de Norwegian Wood), la música (aquí la obra de Liszt, que ha hecho rebrotar la pasión por el compositor en Japón), personajes increíbles (pianistas con poderes para predecir la muerte o captar el color de las personas), mujeres cuya aparición revoluciona la vida del protagonista... Precisamente aquí es una mujer, Sara, quien agita la conciencia de Tsukuru y le incita a viajar en pos de las respuestas: no solo a su natal Nagoya, también a la lejana Finlandia. “Tienes que enfrentarte al pasado. No se trata de ver lo que quieres ver, sino lo que tienes que ver, le dice Sara”.

En el peregrinaje de Tsukuru, de nuevo aparece el lado oscuro de la consciencia, la interrelación de planos de percepción; no hay fronteras entre el sueño, la fantasía o la realidad. “¿Y lo que no tiene lógica no te atrae?”, pregunta uno de los extraños personajes del relato, Midorikawa, cuyo nombre tiene color (verde) y movimiento (río).

La narrativa de Murakami, con descripciones poéticas y certeras, se iguala y se supera a sí misma en esta novela, siempre con nuevas vueltas de tuerca. Todo es válido para explorar los recovecos del alma humana. Esta novela, según declaró el autor a la prensa japonesa cuando apareció Los años de peregrinación del chico sin color, es un “nuevo intento de profundizar “ en el “interés por los seres humanos de ahora”. Reconoce que los propios personajes le han guiado en esa profundización y que en la narración aparecieron más actores de los que inicialmente había planeado para la historia. Aunque nacido en Kioto (1949), el escritor describe con buen pincel narrativo las soledades, las frustraciones y las inquietudes de quienes habitan el hormiguero de la gran metrópoli de Tokio. Y en esta ciudad sus fans suelen reunirse para hablar de su obra.

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También siguen sus pasos literarios sus propios compañeros de estudios hace cinco décadas, quienes el pasado 10 de octubre se juntaron en Nishinomiya (una ciudad entre Osaka y Kobe), donde siguen el ritual de devoción harukista desde hace seis años. Esta vez estaban con las copas de champán preparadas por si Murakami lograba el Nobel y se convertía en el tercer escritor japonés en tenerlo (Yasunari Kawabata en 1968 y Kenzaburo Oe en 1994). No ha sido así, pero no tiran la toalla: “En términos de profundidad de lectura, nadie sobrepasa a Murakami”, dice Takeshi Usami, profesor de literatura japonesa moderna en la Universidad Chuo, y vaticina que “seguirá siendo un candidato al premio”.

* He aquí las primeras páginas de la nueva novela de Murakami editada en español, Los años de peregrinación del chico sin color.

Descargar Losañosdeperegrinacióndelchicosincolor



comentarios 17

17 Comentarios

Publicado por: Uno 15/10/2013

Entiendo a los detractores de Murakami porque parece que se repite pero son tantos los matices de cada acción que no llega aburrir.

Y es como dicen: o te engancha al instante o no. No hay término medio. Es como Reverte, autor insoportable para mí pero genio para otros. La literatura es como todo: o te gusta o no.

Yo tampoco soy un lector empedernido pero me gusta leer, claro. A mí me enganchó en el acto. 1Q84 es la otra del siglo, en mi opinión.

Publicado por: GREG 15/10/2013

Sé que no es un gran escritor, sé que no está a la altura de Carver, Mann, Proust...
Pero les cuento algo que me pasó: hace poco me separé, y me encontré sólo en un piso, las noches se me hicieron eternas..., incluso pensé en suicidarme..., y leo las primeras líneas de su última novela..., y me siento muy,muy emocionado y cercano a lo que escribe...
Que no es gran literatura, si, pero que me emociona, también, que sabe ponerle nombre a mis dudas y a mi situación psicológica, también.

Publicado por: MISTERLIBRO 15/10/2013

Con muchas ganas de leer el nuevo libro del japonés, se ha convertido en una de las novedades más esperadas del Otoño.

Tanto ha sonado para que le concedieran el Nobel, que le ha servido para promocionar su nueva novela. De todas maneras, no creo que tarde mucho en recibir el reconocimiento de la Academia Sueca, ya que lleva varios años estando entre los favoritos para recibir el premio.

Publicado por: il gatopando 15/10/2013

Yo disfruté mucho con la lectura de novelas como Sputnik, mi amor o Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. El problema es que luego he tenido la sensación de que Murakami se repetía demasiado, como si en sus obtras siempre empleara el mismo registro. Las últimas ya me da pereza leerlas. Es como si supiera de antemano con lo que me voy a encontrar.

Publicado por: bluesmachine 15/10/2013

Cartolas, cuanta razón tienes hijo y también cometí el error de leer esa obra innombrable hasta en el título.

Publicado por: Cartolas 15/10/2013

Soy uno de los zoquetes de siempre.
Considerando que la cantidad de obras maestras producidas por el ser humano y la naturaleza sobrepasan con mucho mis posibilidades temporales para poder disfrutar de todas ellas y que he leído 1Q84, he resuelto no perder más tiempo con este autor.

Publicado por: J Rizo 15/10/2013

Muchas gracias.
El texto promete. Y Murakami es bueno, muy bueno, digan lo que digan los zoquetes de siempre. Y con independencia del Nobel, por supuesto.

Publicado por: edozein 15/10/2013

Pues no me termina de llegar a mi murakami... no me entra bien. ¿mucha paja? no se como explicar por qué, pero asi es.

Publicado por: Pepepotamo 15/10/2013

Perturbador por lo malo que es Murakami (en mi opinión, claro). Otro escritor sobrevalorado, como Paul Auster.

Publicado por: rolando denver 15/10/2013

Mirakami tiene los lectores y su talento. Necesita más? Me encontré con este texto:

La soledad de los spaghettis

La soledad de los spaghettis
rolando gabrielli©

A todos los solteros separados solitarios,
ante un humeante plato de spaghettis

Desde hace algunos días, me da vuelta en la memoria un spaghetti solitario al óleo en un plato blanco hondo, que es en sí mismo un viaje profundo a la soledad, a la nada en una cuerda que, más que salvación, implica final, sálvese quien pueda. Me recupero de ese dolor de la infancia en la mesa paterna y veo unos spaghettis al pesto verdes de albahaca, cálidos, humeantes, que como una manada de delgados tallos verdes ingresarán jubilosamente a mi plato, donde hundiré mis ojos y olfato hasta perderme en su aroma e ignorar por segundos la severidad paterna del rito del almuerzo.

Cada domingo esta puesta en escena repetida con las manos limpias, pulcras sobre la mesa, y la sonrisa batiente de mi hermano, el favorito paterno, alzaba mis ojos hacia el cuadro del diario La Nación, fechado el 28 de marzo de 1931 y hoy desaparecido, para refrescar mis apabullados sentidos en esas tunas tan reales como lo deliciosa que es esa fruta. El almuerzo era una aventura, en medio de la ceremonia oficial de un padre que superaba con creces al de Kafka, porque la autoridad se cortaba con un filoso cuchillo como si la dictadura estuviera tácitamente escrita en el mantel dominical.

El contagio de las miradas cómplices de memorias veloces de los hermanos amenazaba con ese pequeño alud de emociones que presagiaban la tempestad y el castigo, hasta el extremo de los tallarines, spaghettis, cimbrarse en la boca incapaz de retenerlos todos y tragarlos a un mismo tiempo. El desenlace era inevitable y partía a la cocina cabizbajo con el plato semidesnudo y en aquel entonces desconocía la soledad que podría dimensionar en algún momento de la vida un plato de spaghettis. Ignoraba además que el gran aventurero y mercader veneciano Marco Polo había importado desde China este casi metafísico hilo de agua y harina capaz de enredarnos en su silencio.

Eran los domingos en Coronel Godoy 086, este es otro relato, un asunto diferente, pero vinculante a la memoria y a lo que viene con el correr de los años, que también forman parte del calendario personal. El spaghetti en sí era una fiesta, mi madre los hacía como una diosa recién bajada del Olimpo, el ajo, el aceite de oliva, la albahaca fresca y seca, con los instrumentos de molienda y picar con sus filosas hojas. Todo lo demás se convertía en un imprudente silencio que nos hacía poco a poco estallar en risitas hacia un gran final ya explicable y explicado.

He leído en estos días varios de los cuentos del libro de Haruki Murakami, Sauce ciego, mujer dormida, que es una muestra de 24 cuentos que reúnen todos los ingredientes para divertirse leyendo, pasarla bien, esencia de un buen libro.

Me he detenido para estas notas en un relato breve de seis páginas y media intitulado: “El año de los spaghettis”. Me trae recuerdos de los inicios de la década del setenta, porque el año de los spaghettis para Murakami es el 71, y de muchas de las jornadas en que viví en pensiones en Santiago de Chile y también cuando enfrenté, y lo hago aún, los abismos de la cocina.

Este personaje de Murakami sostiene desde un inicio, con convicción, que hacía spaghettis para vivir y vivía para hacer spaghettis. ¿La absoluta cuadratura del círculo para ser feliz? No esconde su obsesión, más bien la adorna de su entrega, con la adquisición de los sagrados instrumentos para cocinarlos y los aderezos de salsas, como si un probado gourmet le iluminara el camino. Nuestro personaje hizo acopio de su fe en el producto que le iba a acompañar, recogió las especies, el tomate, se instruyó con libros de recetas y comprobó que su apartamento de un solo ambiente flotaba en esa atmósfera de olores únicos que impregnan hasta los calcetines. Era el año de los spaghettis y se afianzaba en una metodología no pensada y que le satisfacía, comérselos solo.

Los días no variaban en el menú culinario y el hombre frente al plato de spaghettis vivía la existencia metafísica de sus días solo con spaghettis. El solo perfume de los benditos spaghettis le traía la descabellada sensación de que alguien iba a golpear la puerta, e inclusive artistas como William Holden con su pareja, pero nada ocurría. Todas las estaciones estaban destinadas a la preparación de spaghettis con cierto despecho vengativo en soledad. Amasaba, dice Murakami de su personaje, las sombras del tiempo ya vivido. Temía que los spaghettis, sujetos verdaderamente desconfiables, se escaparan de la olla y desaparecieran en la oscuridad de la noche, con la intensidad mágica que la jungla tropical engulle sin hacer ruido, “dentro de su tiempo eterno, sin hacer ruido una mariposa de colores”.

El hombre spaghetti enumera siete clases distintas y hay muchas más. Pone especial acento en los desgraciados spaghettis que terminan en un refrigerador, nevera que llaman. Solos, y yo diría miserablemente abandonados, y ellos, distraídos para seguir en competencia. Los spaghettis, según el autor, vienen del vapor de agua y descienden como un río y desaparecen.

El teléfono, de tanto sonar, trae una comunicación. Era la antigua novia de un amigo del personaje y algún enredo tuvo en esa relación. Deseaba evadir cualquier compromiso y ella le solicitaba su dirección, indagaba por el otro. Ensimismado no emitía respuesta alguna, ante la desesperación de la joven. No era un diálogo esperado, ni sentido, y tampoco quería comprometerse en un tema que deseaba soslayar. La mujer de personalidad indefinida no cabía en su agenda. Es que ahora tengo los spaghettis al fuego, le dijo. Era una mentira dentro de lo posible y que podría ayudarle. Ella insistía en su petición y él iniciaba un proceso imaginario de cocinar sus spaghettis, una ceremonia en la memoria. Todo era imaginario, mientras ella preguntaba: ¿entonces qué? Ya no puedo hablar contigo, le contestaba, se me podrían pegar los spaghettis. Todos sabemos de ese drama, ¿cuántas veces se nos han pegado los spaghettis por olvido, por desconocer las reglas del tiempo, ignorar su fragilidad, por simple estupidez? Ella callaba cada vez que le hablaba de este proceso y disminuía la voz en el auricular. Los spaghettis como una cortina de humo, un muro imaginario, pero muro, digo. Es que interpretar este tema filosófico, de comunicación, requiere de algún talento y no siempre es posible encontrarlo.

No sé con quién es mi compromiso, el autor, el personaje, el lector o los spaghettis. Intento seguir una línea hasta donde sea posible, delgada como un spaghetti. ¿Podrías llamarme más tarde?, pregunta él. Ella responde con una pregunta, ¿Porque tienes los spaghettis al fuego? Sí, responde. ¿Los preparas para alguien o los comerás solo? Para comérmelos solo, respondió el personaje. Ella insistió en que estaba en apuros, le había prestado un dinero a su ex. Pero tienes los spaghettis al fuego, insistió. Sí, vino de vuelta la respuesta. Adiós. Y recuerdos a tus spaghettis. Espero estén buenos.

Esto no termina aquí, no es suficiente un adiós, los personajes de los relatos tienen sus reflexiones, a veces culpas, les queda dando vuelta el tema como la cola de un cometa a punto de aparecer cuando menos se piensa.

El hombre spaghetti hace un alto y le parece triste pensar en un puñado, según su descripción, de spaghettis que nunca se van a cocinar. Se arrepiente de no haber dado una respuesta correcta, apropiada, y recuerda que el tipo no tiene nada de extraordinario. Lo describe como alguien que se cree artista y es artificial. El hombre confiesa que sigue pensando en ella cuando come spaghettis. Y mientras cavila, se responde, justifica, en aquella época no quería hablar con nadie, por eso, cada día, cocina sus spaghettis.

Al final de esta historia nos damos cuenta por Murakami, de que los más inocentes y desinteresados, en este tema de los spaghettis, son los italianos, que en el año 1971 d. de C. ignoraban que exportaban soledad.

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