Papeles Perdidos

segundas oportunidades

Benjamin Moreno: A las pantallas por asalto

Por: EL PAÍS07/02/2014

Por CRISTINA RIVERA-GARZA

Benjamin-moreno-signosdelaamnesiavoluntaria“La mayoría de los escritores serios no se acercan a las cosas que les ofrece la tecnología de su tiempo”, dijo William Burroughs, el autor de Naked Lunch y Junkie y Cities of Red Night, entre otras tantas novelas memorables, que este 5 de febrero celebraría el centenario de su nacimiento. “Nunca he sido capaz de entender esa clase de miedo”, concluía el autor en una entrevista que le concedió al Paris Review en 1965. Las cosas, como es posible constatarlo a través de las frecuentes declaraciones airadas de esos escritores serios que ven a la tecnología digital como el signo del fin de los tiempos, no han cambiado mucho. No se trata de estar a la moda y ni siquiera de un imperativo por actualizarse a toda costa, sino de esa misma curiosidad que llevó a Burroughs a inventar sistemas de corte y yuxtaposición textual (por donde, decía, se derramaba el futuro), y a incursionar en el cine, la música, y las artes visuales mucho antes de que la idea del texto mutante se volviera el termómetro estético de nuestra época. Si Gertrude Stein estuviera aquí enfrente, le diría que, más que un escritor adelantado a su tiempo, Burroughs ha sido uno verdaderamente de su tiempo. Apuesto a que Stein, quien alguna vez escribió que la única verdadera responsabilidad de todo escritor es ser un escritor capaz de enunciar su propia contemporaneidad, me daría la razón.

No sé qué pensaría la experimentalista estadounidense del caso de Benjamín Moreno, pero aquí van sus datos. Benjamin nació en Querétaro y reside ahora, junto con la poeta Minerva Reynosa (con quien ha formado el colectivo Benerva) y su hija Erdera (sí, Gerardo Deniz dixit) en el noreste de Estados Unidos, donde termina un  posgrado en escrituras digitales. Benjamín, como la mayoría de su generación, inició publicando en papel—de hecho, su novela Signos de la amnesia voluntaria, apareció en el 2009, en Tierra Adentro. Pronto, sin embargo, su curiosidad lo llevó a explorar otros canales de producción. Luego de pasar un rato aprendiendo Flash (eso cuenta la leyenda), Benjamín produjo sus primeros conretoons—una serie de experimentos en los que la materialidad de las palabras (una nube que literalmente asciende; un salto que, en efecto, salta) tomaba a la pantalla por asalto. Aunque su contacto con la tecnología se ha vuelto cada vez más compleja (la última vez que participó, via skype, en uno de mis talleres de escritura nos describió cómo estaba haciendo ese pequeño robot que, al avanzar, dejaba palabras hechas de polvo tras de sí,  por ejemplo), Benjamín llevó a cabo un experimento de poesía sonora cuya habilidad técnica se equipara con su relevancia cultural—un equilibrio que con frecuencia brilla por su ausencia en las más novedosas incursiones de la escritura en la tecnología y viceversa.

En  “Los grandes de la lírica española en el inigualable estilo de Octavio Paz”, que se puede consultar aquí: http://www.periodicodepoesia.unam.mx/index.php?option=com_content&task=view&id=2228&Itemid=98 o aquí: https://soundcloud.com/brmoreno, Benjamín recopiló un amplio archivo sonoro de la voz del famoso poeta mexicano y, de ahí, extrajo frases completas, palabras, sílabas, a veces sólo fonemas, que, recombinadas, le sirvieron para que esa voz enunciara otro tipo de textos: las letras de las canciones de, por ejemplo, el Tri, un grupo de rock, o de Marco Antonio Solís, el Buki, un muy conocido cantante de baladas románticas. Más allá de la mezcla de la así llamada alta cultura y la cultura popular y, sobre todo, más allá del ámbito de la mera puntada, a Benjamin le interesaba cuestionar la convenciones a través de las cuales entendemos lo poético. Este proyecto de intervención sonora no sólo se valió de un conocimiento práctico de lo que es el hiato, la sinalefa o la paronomasia para producir un sonido natural en los sonidos finales, sino que, de manera más amplia, puso en cuestión nuestra idea de materia, ligándola a las nociones culturales, sociales y, a fin de cuentas, políticas que le dan valor a dicha materia.

Yo creo que Burroughs pasaría un buen rato platicando con Benjamín al amparo de esos cielos verticales que son las pantallas. Pero, bueno, hay que admitir que ninguno de los dos es uno de esos escritores serios adeptos a las declaraciones airadas.

 

* Cristina Rivera Garza, su último libro es El mal de la taiga

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