Papeles Perdidos

SEGUNDAS OPORTUNIDADES

Gerardo Arana Villarreal, toda cosa sirve para escribir una casa

Por: EL PAÍS15/03/2014

Por CRISTINA RIVERA-GARZA

Gerardo-aranaSeguramente es cierto aquello de que para conocer lo propio no hay como ir hacia lo ajeno. La ventaja de llevar a cabo este rodeo si se quiere comparativo y contrastante es que, aunque lo quisiera o por más que lo quisiera, el resultado nunca servirá para confirmar lo que se intuía o lo que se sabía. Sospecho que al que va hacia lo conocido por la ruta más larga lo guía su deseo de des-conocer, es decir, de asombrarse, más que su afán de confirmar el estado de las cosas. El periplo más largo, cuando es producto de la distracción o el azar, suele producir los nuevos ojos donde embona, a veces a la perfección, el asombro.

Gerardo Arana Villarreal (Querétaro 1987-2012) se aventuró por el camino más largo cuando decidió entrar en México por una de las vías menos esperadas: Bulgaria. Lo dice así literalmente: “Yo no sabía NADA DE BULGARIA/ hasta que decidí escribir un poema/ sobre México”. El libro, ilustrado por el mismo autor, quien para su oficio de muralista utilizaba el mote de Saúl Galo, inicia apropiadamente con un mapa, por decir lo menos, extraño. Ahí, dentro de la silueta de México, arrancando de su costa este y extendiéndose hacia el oeste por la meseta central, dando inicio un poco más al sur de la frontera con los Estados Unidos y, por lo tanto, cubriendo gran parte del territorio de Tamaulipas, se encuentra, sí, Bulgaria. “Toda cosa sirve para escribir una casa”, señala el texto que aparece en la base del mapa, “siempre que finques las bases del poema sobre tierra firme”. Son palabras de Rumen Sotoyanov. Otro poeta búlgaro, Sdravko Petrov, se encarga de presentar a la poesía de su país de origen como un cuerpo por donde corre “sangre plebeya”. Sin duda, la proclividad por la rebeldía, y el “odio a la monarquía y el fascismo“ que le adjudica, tienen mucho qué ver con que Bulgaria sea conocida, a decir de Petrov, como “el país de los poetas fusilados”.

Y es así, de la mano de los poetas fusilados, justo con ellos o siendo un poco ellos, que el lector puede entrar, poco a poco, en esa yuxtaposición de mapas y de textos, de información cuantitativa y de enigmáticas ilustraciones que conforman Bulgaria Mexicalli, una publicación que la editorial Herring, surgida en Querétaro, lanzó apenas en 2011.

¿Estamos en Bulgaria? ¿Estamos en México? ¿Es esto el Tercer Reich o la guerra contra el narcotráfico? ¿Es el norte o el sur? ¿Existe de verdad un Jesús norteño? ¿Es el pasado o es hoy en el tiempo del poema, o es hace rato o mañana mismo? Gerardo Arana Villarreal no contestará estas preguntas ni afirmativa ni negativamente, pero, a cambio, las recorrerá palmo a palmo, yuxtaponiendo (que no significa colocar elementos en oposición a, sino a lado de) material de tradiciones poéticas e históricas sólo en apariencia lejanas. “En México todos están muertos” dice Arana que “Dice Rulfo”. “60.000 mil nomás por la guerra./ Dice otro”.  Este peculiar intercambio entre un chileno y un mexicano, da pie a un tercer mapa, un mapa, a ojo de buen cubero, alargado. Debajo del mapa está, en efecto, el nombre de Bulgaria, pero dentro del mapa aparecen de manera indistinta no sólo nombres de estados y ciudades mexicanas (Tamaulipas y Monterrey, Veracruz y Hermosillo, por ejemplo) sino también otra designación, Santa Teresa, sitio fundacional de ese otro mapa que responde al nombre de 2666. Un poco más al norte está el Mexicalli del título.

No es extraño que un poema que pone en cuestión geografías y tradiciones nacionales, que un poema a cargo de producir contextos como tierras movedizas y palabras como caretas de otras palabras, se apropie y juegue y caiga en  grandes poemas cívicos de las tradiciones que invoca y, luego entonces, al menos en este caso, convoca. No son pocos los que han intentado re-escribir Suave Patria, uno de los grandes poemas fundacionales del México moderno, publicado en 1921 por ese gran poeta católico y de provincias al que seducían sin duda los espacios domésticos que fue Ramón López Velarde. El remix de Arana Villarreal, aptamente titulado Suave Septtembre, involucra palabras claves de esa Suave Patria con pasajes enteros de Septiembre, del poeta modernista búlgaro Geo Milev (en traducción de Pedro de Oraá), quien fuera asesinado en 1925.  A la vez familiar y absolutamente desconocida, la Suave Patria de Velarde, que es la patria que muchos aprendimos de memoria en las escuelas primarias públicas y no del siglo XX, se torna, más que nunca, en un aquí tremendamente vivo y dolido; tremendamente rabioso y veraz. Materia de hoy por hoy. Cosa ineludible. Vuelta “sardina” la de otra manera, hace tantos años ya, “épica sordina”, la patria es ahora pura “obscuridad y neblina”. “Grave Patria”, llama Arana, sólo para dejar la alocución pendiendo de los dos puntos. “Grave Patria:/ Estrangulada en la selva hambrienta./ Antes de la caída de las hachas/ Gritan muertas de miedo las muchachas”. ¿Y quién que haya leído u oído alguna vez ese poema de íntima inauguración nacional no sabe que está por aparecer “el pájaro de oficio carpintero”? El ave acude también. Ahí está también. Aquí, en el perplejo y oscuro, juguetón y crítico “Suave Settembre” de Arana Villarreal, pero “El pájaro carpintero destruye un teléfono/ negro”.

Muchas más páginas serán necesarias para acercarse apenas a este poema, acaso el esqueleto mismo de ese gran triste majestuoso rabiosamente contemporáneo libro que es Bulgaria Mexicalli. Pero antes de llenar todas esas otras páginas por venir, van éstas en forma de saludo o de bienvenida o de abrazo.  Ignoraba al leer el libro que Gerardo Arana Villarreal había muerto. Ignoraba que era muralista y DJ y que, en su haber, se cuentan algunas novelas a punto de dejar de ser inéditas. Ignoraba que, durante su funeral, @barbariana, una tuitera extraordinaria, leyó, entre otras tantas, las siguientes palabras:

“Dios bendiga a aquellos de quienes no podemos despedirnos nunca.

Dios bendiga a quienes hoy lloramos, porque somos cortos en tu luz misteriosa y porque no entendemos la distancia que separa los átomos de la creación del universo, porque seguimos sin saber si éste es otro de tus pases mágicos y si estás a punto, gitano, de saltar de la chistera en tu disfraz de conejito.

Nos dueles querido joven Werther. Nos pesa tu risa y tus ojos, tu inventiva y tus largas manos intentando abarcar el mundo. Nos penetra todavía tu voz cargada de caracoles y sombras; que nos explicó el pasado y la  geografía de Bulgaria, la Revolución Mexicana, el romanticismo tardío, los trenes, Allen Ginsberg y el verano sueco.

Ahora todos sabemos lo que se siente que nos crezca un nenúfar en el pecho.”

* Cristina Rivera-Garza, su último libro es El mal de la taiga

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