Papeles Perdidos

muere García márquez (1927-2014)

Homenaje a García Márquez con sus mejores pasajes literarios

Por: Winston Manrique Sabogal18/04/2014

Garcia-marquez-escribiendo
Gabriel García Márquez en Barcelona, hacia 1972, en una foto de su hijo Rodrigo.

ESPECIAL: Luto en la Tierra y en Macondo

"-El mundo está mal hecho -sollozó.

Quienes la visitaron por esos días tuvieron motivos para pensar que había perdido el juicio. Pero nunca fue más lúcida que entonces. Desde antes de que empezara la matanza política ella pasaba las lúgubres mañanas de octubre frente a la ventana de su cuarto, compadeciendo a los muertos y pensando que si Dios no hubiera descansado el domingo habría tenido tiempo de terminar el mundo.

- Ha debido aprovechar ese día para que no le quedaran tantas cosas mal hechas -decía-. Al fin y al cabo, le quedaba toda la eternidad para descansar".

De La viuda de Montiel, cuento de Gabriel García Márquez

 

Con este pasaje literario quiero contarles lo que seguramente ya saben: que este jueves 17 de abril de 2014, el escritor y periodista colombiano Gabriel García Márquez ha muerto a los 87 años en Ciudad de México. Tengo ahora mismo una sensación de alegría y orfandad, alegría por la felicidad que me proporciona el solo hecho de recordar sus libros, la belleza y la sensibilidad de sus cuentos y novelas, del asombro que me despierta cada vez que releo alguno de ellos, y la admiración que siento cuando, varios, muchos, de sus pasajes me retienen, y me pregunto y me pregunto: "¡Cómo diablos escribió esto! ¡Dónde está el embrujo! Entonces me descubro en mi propia sonrisa dándole las gracias. Narraciones de profunidad y belleza literarias, armonía del lenguaje, y sé que esas historias ya siempre están conmigo.

Por eso me gustaría invitarlos a que le rindamos un bonito homenaje a García Márquez de la manera más literaria, recordando sus pasajes literarios que más nos gustan. Les propongo una lectura coral y transversal de sus obras, saltando de un lado a otro de su universo literario de acuerdo a las propuestas de cada uno de ustedes.

Empezaré con el comienzo del primero de sus cuentos, La tercera resignación, publicado en el diario bogotano El Espectador en 1947:

"Allí estaba otra vez ese ruido. Aquel ruido frío, cortante, vertical, que ya tanto conocía; pero que ahora se le presentaba agudo y doloroso, como si de un día a otro se hubiera desacostumrbado a él"...

Aunque sus arranques novelísticos son memorables (Cien años de soledad, El amor en los tiempos del cólera, Crónica de una muerte anunciada...), les confieso que mi debilidad está en sus cuentos, sobre todo los que escribió hasta 1970. Allí está disperso y revoloteando todo su universo literario. Pero hay uno en especial que me gusta: Alguien desordena estas rosas, de 1952. De solo cuatro páginas y media, en uno de cuyos pasajes dice:

"Ella volvió muchos años después. (...) Yo estaba solo en la casa, sentado en el rincón, esperando. Y había aprendido a distinguir el rumor de la madera en descomposición, el aleteo del aire volviéndose viejo en las alcobas cerradas. Entonces fue cuando ella vino. (...) Era todavía una muchacha. (...) Yo estaba cubierto de polvo y telaraña cuando ella abrió la puerta y en alguna parte de la habitación guardó silencio el grillo que había estado cantando durante veinte años...".

Espero que les guste la idea para homenajear, despedir y brindar por Gabriel García Márquez. Ahora, comparte con nosotros el pasaje literario favorito de su obra.

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170 Comentarios

Publicado por: Carles Toronell 18/04/2014

-Si no es el libro de Macondo, ¿cuál sería ese libro único tuyo?
-El libro de la soledad. Fíjate bien, el personaje central de La Hojarasca es un hombre que vive y muere en la más absoluta soledad. También está la soledad en el personaje de El Coronel no tiene quien le escriba. El Coronel, con su mujer y su gallo esperando cada viernes una pensión que nunca llega. Y está en el alcalde de La Mala Hora, que no logra ganarse la confianza del pueblo y experimenta, a su manera, la soledad del poder.

-Como Aureliano Buendía y el Patriarca.
-Exactamente. La soledad es es tema de El Otoño del Patriarca y obviamente de Cien Años de Soledad.

EL OLOR DE LA GUAYABA, Conversaciones con Plinio Apuleyo Mendoza

Publicado por: AMALIA gaRCÍA ROMERO 18/04/2014

Llevaba mucho tiempo pensando en él sin ninguna ilusión cuando tuvo que acompañar a su madre a un examen de la vista en el hospital de Riohacha. Entraron de pasada en el Hotel del Puerto, a cuyo dueño conocían, y Pura Vicario pidió un vaso de agua en la cantina. Se lo estaba tomando, de espaldas a la hija, cuando ésta vio su propio pensamiento reflejado en los espejos repetidos de la sala. Ángela Vicario volvió la cabeza con el último aliento, y lo vio pasar a su lado sin verla, y lo vio salir del hotel. Luego miró otra vez a su madre con el corazón hecho trizas. Pura Vicario había acabado de beber, se secó los labios con la manga y le sonrió desde el mostrador con los lentes nuevos. En esa sonrisa, por primera vez desde su nacimiento, Ángela Vicario la vio tal como era: una pobre mujer, consagrada al culto de sus defectos. «Mierda», se dijo.
Estaba tan trastornada, que hizo todo el viaje de regreso cantando en voz alta, y se tiró en la cama a llorar durante tres días.
Nació de nuevo. «Me volví loca por él -me dijo-, loca de remate.» Le bastaba cerrar los ojos para verlo, lo oía respirar en el mar, la despertaba a media noche el fogaje de su cuerpo en la cama. A fines de esa semana, sin haber conseguido un minuto de sosiego, le escribió la primera carta. Fue una esquela convencional, en la cual le contaba que lo había visto salir del hotel, y que le habría gustado que él la hubiera visto. Esperó en vano una respuesta. Al cabo de dos meses, cansada de esperar, le mandó otra carta en el mismo estilo sesgado de la anterior, cuyo único propósito parecía ser reprocharle su falta de cortesía. Seis meses después había escrito seis cartas sin respuestas, pero se conformó con la comprobación de que él las estaba recibiendo.
Dueña por primera vez de su destino, Ángela Vicario descubrió entonces que el odio y el amor son pasiones recíprocas. Cuantas más cartas mandaba, más encendía las brasas de su fiebre, pero más calentaba también el rencor feliz que sentía contra su madre. «Se me revolvían las tripas de sólo verla -me dijo-, pero no podía verla sin acordarme de él.» Su vida de casada devuelta seguía siendo tan simple corno la de soltera, siempre bordando a máquina con sus amigas como antes hizo tulipanes de trapo y pájaros de papel, pero cuando su madre se acostaba permanecía en el cuarto escribiendo cartas sin porvenir hasta la madrugada. Se volvió lúcida, imperiosa, maestra de su albedrío, y volvió a ser virgen sólo para él, y no reconoció otra autoridad que la suya ni más servidumbre que la de su obsesión.
Crónica de una muerte anunciada

Publicado por: VICTOR SALAMANCA 18/04/2014

“Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados.” Recuerdo que solo leyendo esta frase al inicio de "El Amor en los tiempos del Colera" senti tanta emocion por seguir esculcando entre sus letras... Gracias Gabo por tan buen legado!

Publicado por: gabriela 18/04/2014

Gabo me ha acompañado desde los 13 años y no me ha dejado sola, me acompañó por primera Vez en aquella excursión al río el mismo día que descubri que Macondo Era una. Aldea de 20 casas, Gabo fue mi polo tierra de la fantasía el día de mi operación con Memorias de mis Putas tristes y gracias a el descubrí y entendí el significado de los amores contrariados de el amor en los tiempos del cólera. El jueves santo que nos dejaste como lo hizo Ursula Iguaran en un jueves santo senti Que parte De Mi adolescencia murio Contigo y que olvidarte Será tan Imposible Como Remedios la bella ascendiendo al cielo. DESCANSA EN PAZ EN MACONDO GABO amigo.

Publicado por: Yissell Caridad 18/04/2014

Este es uno de los pasajes que me marcaron. Su obra seguirá, irremediablemente, viva en mi y en todos los que la conocimos y los que la conocerán."Porque hay muertos que van subiendo cuanto mas su ataúd baja".

"Macondo esta de luto", y yo también.

"Ésta es, incrédulos del mundo entero, la verídica historia de la Mamá Grande, soberana absoluta del reino de Macondo, que vivió en función de dominio durante 92 años y murió en olor de santidad un martes del setiembre pasado, y a cuyos funerales vino el Sumo
Pontífice."

Los Funerales de Mama Grande, Gabriel García Marquez.

Publicado por: Ana María Pérez Cavolo 18/04/2014

“Gracias a ella me enfrenté por vez primera con mi ser natural mientras transcurrían mis noventa años. Descubrí que mi obsesión de que cada cosa estuviera en su puesto, cada asunto en su tiempo, cada palabra en su estilo, no era el premio merecido de una mente en orden, sino al contrario, todo un sistema de simulación inventado por mí para ocultar el desorden de mi naturaleza. Descubrí que no soy disciplinado por virtud, sino como reacción contra mi negligencia; que parezco generoso por encubrir mi mezquindad, que me paso de prudente por mal pensado, que soy conciliador para no sucumbir a mis cóleras reprimidas, que sólo soy puntual para que no se sepa cuan poco me importa el tiempo ajeno. Descubrí, en fin, que el amor no es un estado del alma sino un signo del zodíaco.
Me volví otro. Traté de releer los clásicos que me orientaron en la adolescencia, y no pude con ellos. Me sumergí en las letras románticas que repudié cuando mi madre quiso imponérmelas con mano dura, y por ellas tomé conciencia de que la fuerza invencible que ha impulsado al mundo no son los amores felices sino los contrariados. Cuando mis gustos en música hicieron crisis me descubrí atrasado y viejo, y abrí mi corazón a las delicias del azar.
Me pregunto cómo pude sucumbir en este vértigo perpetuo que yo mismo provocaba y temía. Flotaba entre nubes erráticas y hablaba conmigo mismo ante el espejo con la vana ilusión de averiguar quién soy. Era tal mi desvarío, que en una manifestación estudiantil con piedras y botellas, tuve que sacar fuerzas de flaqueza para no ponerme al frente con un letrero que consagrara mi verdad: Estoy loco de amor.”

Pasaje de "Memoria de mis putas tristes"

Publicado por: Lucía de LUNA 18/04/2014

Con Márquez aprendí que la lectura es libertad y se puede ser contestatario, pertenecer a otro mundo. Sé que se hablará mucho de él en redes y periódicos de todo el mundo por la magnitud que representa la pérdida de un mago de la tinta como lo fue él, yo muy sencillamente sólo tracé algunas líneas recordando lo que él fue para mí en mi infancia, en mi adolescencia como una lectora más de los millones que cautivo y de los que nunca supo quiénes éramos. Dejo el enlace por si a alguien le interesa darse una vuelta, en México estamos muy consternados, muy tristes, hasta tembló...
http://elcalderodelatinta.blogspot.mx/2014/04/gabo-y-su-macondo-aqui-la-tierra-esta.html

Publicado por: Olga Luciano lópez 18/04/2014

"El odio de Josefa Miranda contra el obispo comenzó 150 años antes de su nacimiento..."

No estoy segura de citarlo textualmente, pero nunca he podido olvidarlo. Pertenece a la novela Del amor y otros demonios. Si tuviera que escoger de sus obras las que me llevaría a una isla desierta, de seguro escogería El amor en los tiempos del cólera, Los 12 cuentos peregrinos y La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada.

Publicado por: Oscar cervera 18/04/2014

Había casi tantas papeletas rojas como azules, pero el sargento sólo dejo diez rojas y completó la diferencia con azules (...) Lo que en realidad causó indignación en el pueblo no fue el resultado de las elecciones sino el hecho de que los soldados no hubieran devuelto las armas. (...) Don Apolinar Moscotele explicó , en estricta reserva, que los soldados se habían llevado las armas decomisadas como prueba de que los liberales se estaban preparando para la guerra.

Lo alarmó el CINISMO de la declaración. (...) . Aurelanio no vaciló:

Si hay que ser algo, sería liberal - dijo-, por que los conservadores son unos tramposos.

Publicado por: fran 18/04/2014

Taciturno, silencioso, insensible al nuevo soplo de vitalidad que estremecía la casa, el coronel Aureliano Buendía apenas sí comprendió que el secreto de una buena vejez no es otra cosa que un pacto honrado con la soledad.

Cien años de soledad

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