Paul Krugman

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La solución a la crisis económica pasa por la política. Paul Krugman, probablemente el economista más conocido del mundo, lo tiene claro. Desde su posición progresista –liberal, en Estados Unidos; de izquierdas, en Europa- prescribe su receta.

Sobre el autor

Paul Krugman

Cuando recibió el premio Nobel en 2008, Paul Krugman (Albany, Estados Unidos, 1957) ya llevaba casi una década escribiendo columnas en el New York Times. Da clases de Economía y Política Internacional en la Universidad de Princeton, antes lo ha hecho en la de Yale, donde se graduó, en la de Stanford y en el MIT.

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Romney sigue apostando por políticas fallidas

Por: | 07 de agosto de 2012

Romney
El candidato republicano a la Casa Blanca, Mitt Romney. FOTO: EFE

Hay un tono de incredulidad en los escritos de los apologistas de Romney. Es como si no pudiesen creer que las palabras mágicas —¡capitalismo!, ¡libre mercado!, ¡creadores de empleo!— no estuviesen silenciando a quienes le critican. Después de todo, dicen, ¿no se limitaba Mitt Romney a hacer lo que ha sido habitual durante los últimos 30 años?

En realidad, no sabemos exactamente hasta qué punto fue habitual su comportamiento, y no lo sabremos hasta que veamos sus declaraciones tributarias, cosa que probablemente nunca suceda (tiene que haber algo realmente explosivo ahí). En cualquier caso, el hecho de que durante 30 años hayamos tenido una economía a imagen y semejanza de Gordon Gekko no significa que esté bien.

Un par de ejemplos más de lo que han supuesto esos 30 años. Primero, un gráfico sobre el estancamiento de los salarios a pesar del aumento de la productividad, en esta página. Segundo, un aumento espectacular del endeudamiento de las familias, un hecho en el que muchos de nosotros creemos que radica nuestra prolongada depresión. Fíjense en el segundo gráfico sobre la deuda de las familias expresada como porcentaje del producto interior bruto.

Uno podría preguntarse: ¿Qué deberíamos hacer frente a este comportamiento problemático de la economía? Bueno, el presidente Obama propone unas medidas prudentes para mejorarlo: una reforma que al menos garantice que los trabajadores tengan seguro sanitario y una regulación financiera moderadamente más estricta. Romney, por otro lado, quiere redoblar la apuesta por las políticas que nos han llevado adonde estamos hoy: más rebajas de impuestos para los ricos, más liberalización financiera.

Y sus defensores están perplejos por el hecho de que a alguien se le ocurra cuestionar la sensatez de este punto de vista.

Desunidos y divididos

Como cabía esperar, Romney acusa a Obama de "atacar el capitalismo" y "dividir Estados Unidos" al formular preguntas sobre Bain Capital y esas declaraciones tributarias ocultas. Todo esto forma parte de la campaña; muchos recordamos que cualquier crítica contra el presidente George W. Bush era antipatriótica y, si no me falla la memoria, durante la burbuja de las puntocom, The Wall Street Journal sostuvo que cualquier escepticismo respecto de las valoraciones bursátiles era una muestra de falta de fe en el mercado libre.

El toque especial de Romney es su deseo de tenerlo todo al mismo tiempo. Dice que está orgulloso de su trayectoria y éxito empresariales, pero, al mismo tiempo, pretende que creamos que no tuvo nada que ver con las acciones de Bain durante un periodo de tres años en el cual seguía siendo su consejero delegado, y es absolutamente reacio a dejarnos ver las declaraciones tributarias que podrían decirnos algo sobre cómo consiguió su actual fortuna. (Hay dos teorías que compiten a la hora de explicar sus evasivas en relación con las declaraciones tributarias. Una es que tuvo un año o más de cero impuestos. La otra es que realmente ganó mucho dinero en 2009 por sus operaciones en corto en el mercado. Puede que nunca sepamos cuál de ellas es cierta).

En cualquier caso, este es un recordatorio de lo que realmente está dividiendo Estados Unidos: el hecho de que una marea creciente no esté reflotando todos los barcos. Y se ha producido un desacoplamiento radical entre el crecimiento económico general y las fortunas de las familias corrientes.

No es un “ataque contra el capitalismo” señalar que la disparidad cada vez mayor de las rentas y la consecuente incapacidad de la mayoría de los estadounidenses para beneficiarse del aumento de la productividad son problemas. Aun así, ¿qué se puede hacer? Bueno, se les puede pedir a los ricos que paguen unos impuestos un poco más altos y se puede reforzar la red de seguridad (que es lo que Obama defiende en realidad). Pero Romney quiere hacer lo contrario.

De modo que Romney quiere que celebremos el éxito de personas como él, aunque sus éxitos no parecen haber beneficiado a las familias corrientes y aunque apoya políticas que agrandarían la distancia que separa a unos pocos afortunados de todos los demás.

Y luego acusa a Obama de dividir Estados Unidos.

 

© 2012 New York Times

Traducción de News Clips

Un país no es una empresa

Por: | 02 de agosto de 2012

Obama

El presidente estadounidense, Barack Obama. FOTO: JIM WATSON (AFP)

 

El presidente Obama acierta de pleno: “Cuando algunas personas cuestionan el porqué de que yo ponga en tela de juicio el historial [de Mitt Romney] en Bain”, declaraba a CBS News el 13 de julio, “lo que he dicho al respecto en el pasado es que si uno es el jefe de una gran empresa de capital riesgo o fondo de alto riesgo, su trabajo consiste en ganar dinero. No consiste en crear empleo. Ni siquiera consiste en crear una empresa próspera; consiste en asegurarse de obtener el máximo rendimiento posible para los inversores”.

Un país no es una empresa; y desde luego no es una empresa de capital riesgo.

Y esta es la cuestión: Romney se presenta a presidente basándose enteramente en la premisa de su éxito empresarial. En un mundo mejor, podría presentarse basándose en su exitosa reforma sanitaria, pero ahora precisamente condena ese logro.

En un mundo mejor, podría presentarse sobre la base de unas ideas políticas coherentes, pero en lugar de eso, no ofrece nada más que la mezcla de unas bajadas de impuestos para los ricos y unas reducciones de los beneficios para la clase media tan extremas que los grupos afectados se niegan a creer que esta sea su verdadera propuesta.

Una vez que el historial de Bain Capital se convierta en un lastre en vez de ser una fortaleza, no habrá nada ahí.

Sin Bain no hay victoria

Se ha dado, como cabía esperar, una minúscula reacción en contra de que la campaña de Obama se centre en Bain. Parte de ella proviene de las Personas Muy Serias, que piensan que deberíamos estar debatiendo sus preocupaciones habituales. Pero otra parte proviene de los progresistas, algunos de los cuales se sienten aparentemente incómodos con la idea de perseguir a Romney como persona y desean que la Casa Blanca se centre únicamente en sus propuestas políticas.

Esto es llamativamente ingenuo. Estoy de acuerdo con que el hecho de que las propuestas políticas de Romney sean una atrocidad es el principal argumento en contra de su candidatura. Pero centrarse en Bain no es desviarse de ese problema, sino algo complementario. Dadas las realidades de la política –y de los medios de información, como explicaré en un momento—, cualquier crítica hacia las políticas de Romney tiene que hacer uso de su biografía.

El primer punto es que los votantes no son empollones políticos. No van al sitio web del Centro de Políticas Tributarias para evaluar las tablas de distribución. Y si un político cita esas tablas de distribución en sus discursos, bueno, los políticos dicen toda clase de cosas.

Por desgracia, tampoco podemos depender de los medios informativos para que los elementos esenciales del debate político lleguen a los ciudadanos (y no solo porque haya muchísima gente que reciba las noticias a través de fragmentos vistos en la televisión). La triste realidad es que el culto al equilibrio sigue imponiéndose. Si un candidato republicano ha anunciado un plan que, en la práctica, condena a los niños a la servidumbre de los contratos de aprendizaje, la información de las noticias diría que “los demócratas dicen” que el plan condena a los niños a la servidumbre de los contratos de aprendizaje. Cada cita relacionada con el asunto estaría emparejada con otra cita de un republicano que dice lo contrario.

Recuerden, los republicanos ya han votado a favor de un plan que convertiría Medicare en un sistema de inadecuados cupones que no guarda ningún parecido con el programa que actualmente tenemos (sin embargo, Politifact declaraba que la afirmación de los demócratas de que esto termina con Medicare tal como lo conocemos es "la mentira del año").

De modo que el hecho de hacer campaña utilizando los asuntos políticos reales no va a funcionar por sí solo.

Por todos los medios, traten los asuntos reales; pero háganlo creando una narrativa, un patrón que conecte con los ciudadanos.

Y la biografía de Romney ofrece una oportunidad única para hacer exactamente eso. Sus propuestas políticas equivalen a una redistribución radical de los ingresos para trasladarlos de la clase media a los muy ricos; también está siendo tremendamente deshonesto en relación con los presupuestos y con casi todo lo demás. ¿Cómo hacer creíbles esos hechos reales? Relacionándolos con su carrera empresarial, que llevó aparejada una gran cantidad de enriquecimiento despidiendo a trabajadores o retirándoles sus beneficios; con sus finanzas personales, que supusieron tal evasión fiscal que tiene miedo de dejarnos ver sus ingresos anteriores a 2010; con sus evasivas acerca del momento exacto en que se fue de Bain.

Se podría criticar el hecho de centrarse en la biografía si estuviese utilizándose para transmitir una falsa impresión sobre las posturas de Romney, pero eso no es lo que está pasando aquí; por el contrario, está empleándose para averiguar la verdad sobre el candidato más allá del ruido y de la barrera de los medios de comunicación.

La verdad es que la campaña de Obama estaría haciéndoles un flaco favor a los ciudadanos estadounidenses si no aprovechase el asunto de Bain al máximo.

 

© 2012 New York Times

Traducción de News Clips

El País

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