¿Existe un plan?

Por: | 23 de enero de 2013

Si me hubiera pasado los últimos cinco años viviendo en un monasterio o algo así, interpretaría la reciente declaración del Departamento del Tesoro de que la opción de la moneda de un billón de dólares ya no se contempla como señal de que hay algún otro plan a punto. A lo mejor la 14ª Enmienda, o  puede que unos cupones de obligación moral o algún otro tipo de vale, pero algo.
Y tal vez haya un plan. Pero como todos sabemos, el último enfrentamiento por el techo de la deuda pilló desprevenida a la Casa Blanca porque el presidente Obama se negaba a creer que los republicanos amenazarían realmente con provocar una suspensión de pagos. ¿Está siendo realista la Casa Blanca esta vez o sigue confiando en la cordura de los dementes?


La moneda del billón de dólares
 
La cosa es que la opción de la moneda parece absurda, pero claramente acata la letra de la ley. Que yo sepa, ninguna de las otras opciones -exceptuando la rendición en el acto- tiene la misma virtud. El impago sería un incumplimiento de contrato. Pagar con vales a los contratistas, y tal vez a los beneficiarios de la Seguridad Social, quebrantaría la ley, que estipula que se les debe pagar, no darles pagarés. La decisión de que el presidente pueda finalmente hacer caso omiso del techo de deuda evitaría estas infracciones legales a costa de otra ilegalidad.
 
Y la suspensión de pagos en cualquiera de estos sentidos entrañaría el peligro de un enorme desplome de la confianza. En qué quedamos entonces, ¿existe un plan o simplemente será otro caso de palabras duras seguidas por una retirada bochornosa?
 
Como he dicho antes, si no tuviéramos antecedentes en esto, podría confiar en que el Gobierno sabe lo que hace. Pero sí tenemos esos antecedentes, y hay que temer lo peor.
 
Cupones de obligación moral
 
¿No les gusta la opción de la moneda de platino? Aquí tienen una alternativa equivalente desde un punto de vista funcional: que el Tesoro venda pedazos de papel denominados “cupones de obligación moral” que declaren la intención del Gobierno de canjear esos cupones por su valor nominal en un año.
 
En los cupones se debería afirmar con claridad que el Gobierno no tiene - y repito, no tiene - ninguna obligación legal de pagar nada; y es que verán, no son deuda y, por tanto, no computan a efectos del techo de deuda. Pero eso no debería impedir que tengan un valor de mercado considerable. Piensen, por ejemplo, en el hecho de que el Gobierno no tiene ninguna responsabilidad legal de garantizar la deuda de las entidades hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac; sin embargo, la creencia general es que hay una garantía implícita (¡porque la hay!), y esto se refleja y mucho en el precio de esa deuda.
 
De modo que el Gobierno no debería tener dificultades para recaudar una gran cantidad de dinero vendiendo Cupones de Obligación Moral. Es cierto que si se venden en el mercado abierto, probablemente se venderían con un descuento importante respecto a su valor nominal, por lo que esto sería, a efectos prácticos, financiación con un alto tipo de interés. Pero es mejor que suspender pagos o ceder al chantaje.
 
Y a lo mejor los cupones no tienen que venderse en el mercado abierto; ¿por qué no hacer que la Reserva Federal los compre? Recuerden que la Reserva no siempre compra activos seguros; está comprando muchos valores respaldados por hipotecas (de Fannie y Freddie; ver arriba), y durante el peor momento de la crisis financiera compró muchos instrumentos negociables. Entonces, ¿por qué no comprar trozos de papel ligeramente especulativos vendidos por el Tesoro?
 
Insisto, aunque esto pudiera parecer arriesgado, es importante comprender que, a menos que el presidente haga algo así, se verá obligado a hacer algo ilegal: es decir, no gastar un dinero que, a instancias del Congreso, está obligado por ley a gastar. Las estrategias astutas son una alternativa muchísimo mejor, y si irritan al senador republicano Mitch McConnell, considerémoslo una bonificación adicional.
 
Y si hasta la venta de estos cupones plantea algún problema legal, sigue habiendo alternativas, como pagar a los proveedores con estos cupones y luego hacer que la Reserva los compre. La verdad es que la mecánica es lo de menos. Mientras estemos en una trampa de liquidez, imprimir dinero, imprimir títulos de deuda convencionales o imprimir dinero falso sin ningún respaldo legal pero que de todos modos permite al Gobierno pagar sus facturas, son alternativas muy parecidas.

© 2013 New York Times.
Traducción de News Clips.

Hay 5 Comentarios

Las teorías y paradigmas de la economía, deben ser revisadas y corregidas. Países otrora poderosos como USA, están dando palos de ciego con la economía. Europa y Japón están en recesión. Indicadores macro económicos de España al cierre del 2012 tales como: Tasa de inflación = 2,87%; Tasa de desempleo = 26,02%. Indice de miseria = 2,87% + 26,02% = 28,89 %, son más altos que los de algunos países del tercer mundo. Con esos índices de miseria, es de esperarse que empiecen a aumentar también los índices de delincuencia. Estos resultados tienen mucho que ver con el tema: "Por qué han Fracasado los Economistas ?". Leerlo en: http://auribe-economia-y-politica.blogspot.com/2013/01/por-que-los-economistas-han-fracasado.html

Me sorprende que alguien que sabe tanto de economía como el Sr. Krugman de por sentado (como hace todo el mundo) que si el PIB de EEUU no sigue creciendo indefinidamente esto será el desastre.

Y este mismo modelo nos lo han inculcado a todos. Es decir, si no somos cada vez más ricos, esto se acaba. ¡Hombre! alguna vez tendremos que conformarnos con lo mucho que ya hemos alcanzado.

Otra cuestión es cómo redistribuir lo que tenemos para que nadie pase autentica necesidad. Pero eso no tiene que ver con este modelo económico basado en el perpetuo crecimiento del PIB.

Este artículo es muy interesante: http://www.otraspoliticas.com/politica/%c2%bfcuantas-camisas-necesitamos-tener-en-el-armario

Lo que paraliza a la economía y destroza a las empresas que crean riqueza es que los banqueros utilicen su poder para echar por alto la imprescindible financiación de la actividad económica al convertir el negocio bancario en el motor que alimenta las burbujas, la especulación, la evasión fiscal, la fuga de capitales a los paraísos fiscales y los negocios más sucios que existen. O que hoy día estén ganando miles de millones generando más deuda para todos los españoles a base de recoger dinero barato del Banco Central Europeo y de rentabilizarlo comprando los bonos que luego le permiten ofrecer condiciones inmejorables a los grandes poseedores de liquidez, y todo ello racionando la financiación que necesitan urgentemente las empresas.
http://fraesma.blogspot.com

Las cosas se están poniendo claras: o se sube el techo de la deuda, o se reducen los gastos públicos. Ahora bien, si se sube el techo de la deuda, el Tesoro podrá emitir obligaciones, a nivel interno como a nivel internacional. Por lo tanto, a corto plazo, como a largo plazo.
En lo que se refiere a los bonos a largo plazo -10 y 30 años-, hay que tener en cuenta que el bono de 30 años gira últimamente al rededor de 94,5$ en valor real. Lo cual quiere decir que si el Tesoro emite deuda, la Fed tendrá que aumentar su ritmo de emisión, que es actualmente de 45.000 dolares por mes.

Una vez dominada la península y nuestras colonias en Sudamérica, España declara la guerra a Canada para proteger a nuestros aliados ingleses.
En clave interna, el partido comunista lucha por no perder su posición hegemónica.
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Paul Krugman

Sobre el blog

La solución a la crisis económica pasa por la política. Paul Krugman, probablemente el economista más conocido del mundo, lo tiene claro. Desde su posición progresista –liberal, en Estados Unidos; de izquierdas, en Europa- prescribe su receta.

Sobre el autor

Paul Krugman

Cuando recibió el premio Nobel en 2008, Paul Krugman (Albany, Estados Unidos, 1957) ya llevaba casi una década escribiendo columnas en el New York Times. Da clases de Economía y Política Internacional en la Universidad de Princeton, antes lo ha hecho en la de Yale, donde se graduó, en la de Stanford y en el MIT.

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