Señales para un 2014 más prometedor

Por: | 22 de enero de 2014

Corre por ahí un alarmante optimismo sobre las perspectivas económicas de EE UU para 2014. Permítanme que agrave aún más la situación diciendo que, básicamente, comparto ese optimismo.  
¿Por qué? Por el efecto de los Tres Chiflados: si te has estado dando cabezazos contra una pared sin ninguna razón, te sentirás mucho mejor cuando dejes de hacerlo.    

Cartel de una inmobiliaria sobre una casa embargada.

Una forma de describir la economía estadounidense en 2013 es decir que en realidad estaba tratando de iniciar una recuperación sólida, pero se veía lastrada por una política fiscal horrible. El sector inmobiliario se estaba recuperando; si bien no se iba a dar marcha atrás en las políticas de austeridad estatales y locales, al menos no se estaban intensificando; y el gasto de las familias empezaba a recuperarse a medida que disminuían los niveles de deuda.      

Pero las autoridades federales estaban incrementando el impuesto sobre las nóminas, reduciendo el gasto mediante recortes automáticos y aplicando otras medidas.

Por cierto, a causa de estos tres factores, no me tomo en serio las afirmaciones de los monetaristas de mercado de que el hecho de que el crecimiento no se hundiese en 2013 demuestra en cierta manera que la política fiscal no tiene importancia. La austeridad en EE UU, aunque es algo realmente malo, no fue ni de lejos tan intensa como la que se aplicó en el sur de Europa; fue lo bastante limitada para que pudiese compensarse más o menos –y yo sostendría que fue  compensada– con otros cambios a lo largo del transcurso de un solo año.    

La cuestión, en cualquier caso, es que los cabezazos van a acabar, y no en el sentido de que cambiaremos nuestro rumbo en la dirección equivocada, sino de que no seguiremos avanzando en esa dirección. Mientras tanto, el mercado inmobiliario sigue mejorando, y otras cosas son relativamente favorables.

Nada de esto justifica los numerosos años de una lenta recuperación que debería haber sido vigorosa. Y seamos claros: esta clase de pronóstico es mucho menos fiable que, digamos, mis predicciones de que la inflación y los tipos de interés seguirían siendo bajos en EE UU mientras siguiésemos atrapados en una trampa de liquidez, que se basaban en principios fundamentales de modelos.   

Sin embargo, el nuevo año empieza con buenos augurios. Y sobre política: dado que el Obamacare no es un desastre y que los estadounidenses están vislumbrando la perspectiva de una tasa decente de crecimiento económico, es posible que las elecciones al Congreso de mitad de mandato en noviembre no salgan como esperan actualmente muchos conservadores.  

© 2014 The New York Times.
Traducción de News Clips.

Hay 3 Comentarios

Por fin una señal coherente de que esta crisis va perdiendo fuerza. Pero nada garantiza el crecimiento. Como indicas, cambiamos el rumbo, pero ¿hacia donde?

¿Optimismo? que les pregunten a los que no llegamos a fin de mes y a los que nos quitarán la vivienda dentro de poco http://xurl.es/9ik46

Todavía hay que ver qué tal les va a los bancos europeos y chinos el año que viene. La deuda privada china se ha disparado y en Europa hay varios bancos que parecen tambalearse.

Creo que hay que pensar en alternativas económicas distintas, en cambios más profundos en el incentivo del sistema, que hoy se reduce al dinero. Os dejo un artículo sobre "la economía del bien común". Si os apetece leer, pinchen en mi nombre.

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Paul Krugman

Sobre el blog

La solución a la crisis económica pasa por la política. Paul Krugman, probablemente el economista más conocido del mundo, lo tiene claro. Desde su posición progresista –liberal, en Estados Unidos; de izquierdas, en Europa- prescribe su receta.

Sobre el autor

Paul Krugman

Cuando recibió el premio Nobel en 2008, Paul Krugman (Albany, Estados Unidos, 1957) ya llevaba casi una década escribiendo columnas en el New York Times. Da clases de Economía y Política Internacional en la Universidad de Princeton, antes lo ha hecho en la de Yale, donde se graduó, en la de Stanford y en el MIT.

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