El lado negativo del crecimiento rápido

Por: | 10 de abril de 2014

Es bastante habitual que los economistas conservadores intenten acallar todas las discusiones sobre la distribución de las rentas afirmando que la distribución es un asunto trivial si se compara con los enormes beneficios que se obtienen con el crecimiento económico.   

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Por ejemplo, el economista Robert Lucas escribió en un ensayo en 2004: “De las tendencias que son perjudiciales para una economía sólida, la más atractiva, y, en mi opinión, la más perniciosa, es la que consiste en centrarse en temas de redistribución”.      

La respuesta habitual a esto es señalar que, en realidad, no sabemos mucho sobre cómo generar un crecimiento económico rápido; es posible que los conservadores piensen que lo saben (impuestos bajos y todo eso), pero no existen pruebas que respalden su certeza. Y, por otra parte, sabemos cómo cambiar la distribución de las rentas, y sobre todo, cómo reducir la pobreza extrema.  

Entonces, ¿por qué no mejoramos lo que sabemos cómo mejorar, al menos como parte de nuestra estrategia económica?

Pero hasta este argumento podría ser demasiado condescendiente.  
Un nuevo estudio de S. V. Subramanian, un catedrático de la Escuela de Salud Pública de Harvard, ha hallado que en los países pobres y de rentas medias-bajas, un crecimiento más rápido no mejora en absoluto uno de los aspectos más fundamentales del bienestar, la desnutrición infantil.   

“Un incremento del (producto interior bruto) per cápita ha dado lugar a una disminución insignificante del retraso del crecimiento”, informaba recientemente Linda Poon en Shots, un blog sobre salud de National Public Radio.    

“Y cuando los investigadores compararon los cambios en el PIB con los cambios en el número de niños desnutridos y con emaciación, no existía la menor correlación. ‘No es que (la relación) fuese solo pequeña o poco convincente’, dijo Subramanian a Shots. Ese era el caso, aseguraba, especialmente en lo que se refiere al retraso del crecimiento. Lo que resultaba más sorprendente era el hecho de que el efecto general ‘era prácticamente nulo’. Dice que cosas como la distribución desigual de las rentas y la falta de prestación eficiente de servicios públicos son algunas de las posibles causas”.

Sí, el crecimiento rápido es bueno, pero no resuelve todos los problemas, aunque uno sepa cómo generarlo, cosa que no sabemos.

Traducción de News Clips.

© 2014 The New York Times.

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Lo que sabemos es que en el tráfico de la ciudad no representa el mismo peligro circular en bici que en automóvil; y que, en el crecimiento a través de la destrucción creativa, no representa el mismo peligro la tecnología del pasado que la del presente.

Para levantar una empresa fructífera y rentable se puede tardar una vida o dos, para ver su estabilidad y también el crecimiento.
Pero para hundirla en la ruina, apenas bastan unos años.
O menos.
Las teorías innovadoras se basan siempre en supuestos imaginados a partir de posibilidades.
Cada día cambiando parámetros que desquician el lento asentamiento que requiere la economía estable.
Lo firme no se consigue dando bandazos a cada minuto, cambiando el rumbo.
Y las pérdidas o las ganancias.
Con mercados que son mostradores de apuestas permanentes consentidos en una ausencia de control total.
Propiciando hundimientos y reflotes artificiales.
E inestables, inseguros.
Así a ninguna parte por mucho tiempo, ya que lo hoy está arriba, mañana puede estar hundido en la miseria.
Sin garantías, sin compromiso, solo para vivir al día, para ir tirando quienes no construyen.
Ni arriesgan, solo especulan.
Con el sudor de los demás, y con sus futuros.
Malgastando.
Hasta que se agote el recorrido, y en ese momento como rata por tirante, a la carrara cada cual buscará algo que flote para subirse encima.
A buenas horas, porque nadie escuchará la señal de socorro.

Con más de un 10% de nuevos millonarios en el entorno occidental y con las rentas altas en mejor estado de conservación que antes de 2007, está claro que los mismos que hablan de ciclos de crisis en realidad saben que han estado maquinando una redistribución del capital para que las clases medias, ya sin enemigo a la vista, vuelvan a su origen proletario.

http://casaquerida.com/2014/04/09/la-infecta-noche/

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Paul Krugman

Sobre el blog

La solución a la crisis económica pasa por la política. Paul Krugman, probablemente el economista más conocido del mundo, lo tiene claro. Desde su posición progresista –liberal, en Estados Unidos; de izquierdas, en Europa- prescribe su receta.

Sobre el autor

Paul Krugman

Cuando recibió el premio Nobel en 2008, Paul Krugman (Albany, Estados Unidos, 1957) ya llevaba casi una década escribiendo columnas en el New York Times. Da clases de Economía y Política Internacional en la Universidad de Princeton, antes lo ha hecho en la de Yale, donde se graduó, en la de Stanford y en el MIT.

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