Los desempleados sin suerte

Por: | 03 de junio de 2014

Matt O’Brien, un periodista de The Washington Post, escribió recientemente un interesante, aunque deprimente, artículo sobre el desempleo de larga duración en EE UU, defendiendo el argumento de que es básicamente una cuestión de mala suerte: si alguien resulta despedido en una crisis económica, tiene dificultades para encontrar un empleo; y cuanto más tiempo esté desempleado, más difícil se vuelve encontrar trabajo.

Desempleados hacen cola para entrar en una feria de empleo en Denver (EE UU).

Obviamente, estoy de acuerdo con este análisis, y añadiría que los resultados de O’Brien rebaten de una forma más o menos concluyente la historia alternativa, que es la de que los desempleados de larga duración (la gente que lleva sin trabajo seis meses o más) son trabajadores que tienen un problema.

Pueden ver cómo podría funcionar esta historia. Supongan que los trabajadores tienen una cualidad -la tenacidad o algo por el estilo– que no aparece en los indicadores oficiales de aptitudes pero que los posibles empresarios pueden intuir. Los trabajadores que carezcan de esta inefable cualidad tenderían a perder sus empleos y tendrían dificultades para encontrar nuevos trabajos; la dificultad que experimentan los parados de larga duración en la búsqueda de empleo reflejaría su ineptitud personal.

Lean entre líneas muchos comentarios sobre los desempleados –especialmente de aquellos que están ansiosos por reducir los subsidios– y se darán cuenta de que algo así es la teoría subyacente implícita.  

Pero la pega es esta: la relación entre la calidad del trabajador y el desempleo debería ser mucho más grande en una economía buena que en una economía mala. En 2000, cuando la mano de obra escaseaba, probablemente existía algún problema con muchas de las personas que fueron despedidas; en 2009, fue simplemente una cuestión de estar en el lugar equivocado. Por tanto, si el paro estuviese relacionado con las características personales, el hecho de estar parado debería haber importado menos a la hora de buscar empleo después de la Gran Recesión que antes. Pero por supuesto, lo que la gente está viviendo de hecho es lo contrario.

En otras palabras, no es nada personal; es la economía, estúpido. Y como señalaba O’Brien, esta es una razón más por la cual el hecho de no proporcionar más estímulos es un crimen contra los trabajadores estadounidenses.

Traducción de News Clips.

© 2014 The New York Times.

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Aún cuando el problema sea el subyacente analizado, es decir que son desempleados por ser trabajadores que tienen un problema, es más evidente entonces que el libre mercado no sirve ya que siendo éste un objeto de mercado, es decir el empleado que tiene un problema, debería existir un lugar en dicho mercado donde encajara para beneficio del mismo y está claro que el beneficio nunca es "excluir seres humanos" ¿o sí? Si el mercado no tiene una solución a este problema, acorde a las características del mismo, entonces el que falla es el mercado, el sistema, la economía basada en esos principios. Es demasiado evidente como para que sigan creyendo que "el mercado arregla todo" y sin embargo no puede hacerlo con estas personas, aún considerándolas tal como son. Lo contrario, es decir pensar que estas personas no merecen estar en el mercado de empleo, habla claramente del fracaso del sistema, al menos desde la posición de un ser humano respecto de la situación de otro ¿o no somos todos humanos?

En aquellos países que de forma cíclica entran en crisis,la gente parece haber desarrollado un instinto de preservación en base al auto-empleo. Desde personas que se ofrecen para realizar trámites, acompañantes de personas mayores,cuidadores de niños, jóvenes que se dedican a pasear perros o asearlos semanalmente, vendedores callejeros, jardineros, podadores de árboles, etc. Es cuestión de ingeniarse, incluso asociándose con otros en igualdad de condiciones,que suelen emprender pequeñas empresas de pintura, arreglos de tejados, plomería, etc. Lo mas importante es no permanecer ocioso, porque ello redunda en una caída de la autoestima que es tanto o mas grave que estar sin trabajo.

Hay mucha tela que cortar, la población desempleada es muy diversa tanto como la diversidad de sus circunstancias individuales. La podemos clasificar por edad, por experiencia, por escolaridad, por status, por estado social, por estado civil, por dependientes, estado psicológo, estado psisocial, por estado de la salud. Pero tiene razón la forista, sin puestos disponibles no hay forma de dar empleo por más magia que se haga, así que lo primero es hacer empresa y para hacer empresa tiene que haber un buen negocio en perspectiva, buena demanda, o segmento de mercado potencial o plausible, y además debe haber apoyo financiero de los bancos, para que el proyecto se materialice, Y de aquí en adelante comienza a configurarse la necesidad de puestos y la valoración de los mismos y la cantidad de empleados idóneos que han de ocuparlos, a través de un proceso de un estructurado sistema de reclutamiento y seleción aplicado. Pero si el dinero en lugar de este cometido se destina a la especulación y no al apoyo empresarial, estamos muy mal. Nada de nada.

Si hay un millón de puestos de trabajo, y dos millones de trabajadores, sólo trabajarán un millón de éstos, el otro millón no tendrá trabajo. Creer que el millón de afortunados que trabajan, son mejores que el millón que no trabaja, es de gilipollas. Por mucho que se esfuercen, no encontrarán trabajo porque no hay, excepto cuando por casualidad lleguen a un empleo recién abandonado por otro trabajador, como cuando encuentras aparcamiento para tu coche en el centro a hora punta. El resto de coches, sigue circulando porque no hay plazas, incluyendo al que se acaba de marchar. Naturalmente, el deber del desempleado es emplearse como sea, pero hacer un juicio moral, o darwiniano, que además concluya que el desempleado de larga duración tiene lo que se merece, es diabólico. Lo lógico, lo razonable, aparte de que el Estado tenga la obligación de crear empleo en la actuales circunstancias (visto el fracaso de la “iniciativa privada”), es que, mientras se crea o no más empleo, el trabajo se reparta, como se reparten los bienes básicos a través del racionamiento. Pero repartir el trabajo arrebataría al Sistema el poder que le da sobre los ciudadanos: el hecho de ser el dueño del empleo.

Yo vivo en inglaterra y la culpa del desempleo la tienen los trabajadores,los inmigrantes,y los haraganes que no quieren trabajar,el gobierno baja los impuestos a los mas ricos para reactivar la economia,,jajjajjajjajjajja.los empresarios mandan mas dinero a suiza,pero no crean empleo,

Como siempre una pena, esperemos que resurja la economia.

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Paul Krugman

Sobre el blog

La solución a la crisis económica pasa por la política. Paul Krugman, probablemente el economista más conocido del mundo, lo tiene claro. Desde su posición progresista –liberal, en Estados Unidos; de izquierdas, en Europa- prescribe su receta.

Sobre el autor

Paul Krugman

Cuando recibió el premio Nobel en 2008, Paul Krugman (Albany, Estados Unidos, 1957) ya llevaba casi una década escribiendo columnas en el New York Times. Da clases de Economía y Política Internacional en la Universidad de Princeton, antes lo ha hecho en la de Yale, donde se graduó, en la de Stanford y en el MIT.

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