Las distorsiones aumentan la paranoia sobre la inflación

Por: | 28 de abril de 2014

He estado pensando en cómo hablamos –o no hablamos– de la conveniencia de los objetivos de inflación baja.

Como señalaba recientemente, el informe Perspectivas Económicas Mundiales del Fondo Monetario Internacional expone unos argumentos convincentes a favor de aumentar el objetivo por encima del 2%, pero evita decirlo de una forma tan explícita, y recurre a unos eufemismos en clave. Mientras tanto, la paranoia de la inflación es en gran parte partidista. En mis notas para una reciente clase en Princeton (pueden verlas aquí: bit.ly/1iU9Qd8), hice una lista de las personas que firmaron una carta abierta de 2010 a Ben Bernanke, el por aquel entonces presidente de la Reserva Federal, en la que advertían de la “devaluación” del dólar por la relajación cuantitativa; es evidente que todas las personas de la lista son republicanos muy comprometidos, y también hay algunas personas con la ideología adecuada pero que no tienen credenciales profesionales relevantes. (¿William Kristol y Dan Senor son expertos monetarios?)

Entonces, ¿qué está pasando aquí? Permítanme insinuar que, en el fondo, es un asunto de clases. La política monetaria no es realmente neutral desde el punto de vista tecnocrático y político; la inflación moderada puede ser buena para el empleo, especialmente si estás tratando de eliminar un exceso de deuda, pero es mala para el 0,1% de los estadounidenses más ricos. Y ese hecho acaba ejerciendo una enorme influencia sobre la discusión.

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David Cameron (izquierda) y George Osborne.
Ya estamos otra vez. Los sospechosos de rigor vuelven ahora a la carga afirmando que la recuperación en Gran Bretaña demuestra que la austeridad fiscal no es contractiva después de todo, que el Fondo Monetario Internacional estaba totalmente equivocado, etcétera, etcétera.

El economista Jonathan Portes, director del Instituto Nacional de Investigación Económica y Social, escribió recientemente un extenso artículo para rebatirlo en el blog de la organización (se puede leer aquí: bit.ly/1l3n75z); la versión sencilla es que el Gobierno del primer ministro David Cameron llevó a cabo mucha contracción fiscal en 2010 y 2011, pero luego bajó drásticamente el ritmo de la consolidación. Por desgracia, la incertidumbre sobre lo grande que es en realidad la brecha de producción (la diferencia entre el PIB real y la capacidad de la economía) hace que resulte difícil ponerse de acuerdo sobre cómo medir la política fiscal, pero prácticamente todas las mediciones muestran, de hecho, que la austeridad disminuye claramente después de 2011.

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Políticos cobardes

Por: | 19 de abril de 2014

Simon Wren-Lewis, el economista de Oxford, preguntaba recientemente en su blog: “¿Por qué la política económica que sigue o que propone la izquierda en Europa parece a menudo tan patética?”.

Citaba al Gobierno de François Hollande en Francia como el perfecto ejemplo, pero también la falta de energía del Partido Laborista en Gran Bretaña. E insinuaba que la respuesta es una cuestión de recursos y de organización: “Buscar buenos consejos (y distinguirlos de los malos) exige dinero o tiempo”, escribía Wren-Lewis. “A un Gobierno consolidado esto le resulta mucho más fácil que a un partido en la oposición o a un Gobierno nuevo”.

Hollande

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Millonarios susceptibles de EE UU

Por: | 17 de abril de 2014

La libertad de expresión, la libertad de credo y el no estar sometidos a las necesidades y al miedo dan igual. Lo que los multimillonarios estadounidenses están pidiendo, como un derecho de nacimiento (y lo digo casi literalmente), es algo mucho más importante: el no estar sometidos a la crítica.    
Algunos hombres heroicos y oprimidos como Tom Perkins y ahora Charles Koch, defendiéndose desesperadamente en The Wall Street Journal, han estado diciendo las cosas como son: todo aquel que diga algo negativo de ellos es como los nazis, o quizás Stalin. 

Stalin

Vale, para ser justos, Koch no dijo explícitamente que sus detractores sean como Hitler o Stalin. Esto es lo que escribió en una reciente columna de opinión en The Wall Street Journal: “En vez de fomentar el debate libre y abierto, los colectivistas se esfuerzan por desacreditar e intimidar a sus adversarios. Se dedican a destruir reputaciones. (Yo debería saberlo porque soy blanco de sus ataques casi a diario.) Esta es la estrategia que Arthur Schopenhauer describió en el siglo XIX, que, como bien es sabido, Saul Alinsky defendió en el siglo XX y que tantos déspotas han llevado a la práctica infamemente. Estas tácticas son la antítesis de lo que se requiere para tener una sociedad libre, y una señal reveladora de que los colectivistas no tienen buenas respuestas”.

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Las cosas van mejor con los Koch

Por: | 11 de abril de 2014

Qué se la va a hacer, he tenido que usar ese titular antes de que algún otro lo hiciese.   

David Weigel informaba recientemente en Slate de que a los demócratas les parece que los hermanos Koch, David y Charles, son una herramienta recaudadora eficaz: los correos electrónicos que critican duramente a los Koch recaudan tres veces más que los correos electrónicos que no lo hacen.

Charles y David Koch

Y pueden ver por qué: los Koch son unos malos perfectos.  

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El lado negativo del crecimiento rápido

Por: | 10 de abril de 2014

Es bastante habitual que los economistas conservadores intenten acallar todas las discusiones sobre la distribución de las rentas afirmando que la distribución es un asunto trivial si se compara con los enormes beneficios que se obtienen con el crecimiento económico.   

Salarios

Por ejemplo, el economista Robert Lucas escribió en un ensayo en 2004: “De las tendencias que son perjudiciales para una economía sólida, la más atractiva, y, en mi opinión, la más perniciosa, es la que consiste en centrarse en temas de redistribución”.      

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Lo que EE UU no es y no era

Por: | 09 de abril de 2014

He recibido un correo: “Paul, usted es un traidor comunista infrahumano que debería ser deportado. Es una deshonra para los fundadores de EE UU y una afrenta a la Constitución. Los republicanos creen en la protección del dinero de los trabajadores, no de los que viven de las rentas. Todos los trabajadores, ricos y pobres, deberían ser protegidos por igual de los impuestos elevados”.

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El capital sigue siendo el rey

Por: | 08 de abril de 2014

Acabo de terminar un borrador de una larga reseña del nuevo libro de Thomas Piketty, Capital in the Twenty-First Century [El capital en el siglo XXI], en el que el economista francés sostiene que estamos volviendo hacia el “capitalismo patrimonial”, dominado por la riqueza heredada. Es un libro extraordinario; entre otras cosas, realiza un trabajo fantástico al integrar el crecimiento económico, la distribución de la renta de los factores (entre el capital y el trabajo) y la distribución individual de la renta en un marco común.

Thomas Pikkety

Sin embargo, un ligero defecto del libro es que el gran marco de Piketty no explica bien la explosión de la desigualdad de las rentas en EE UU, que hasta ahora se ha debido principalmente a las rentas salariales en vez de al capital. Piketty lo aborda, pero es una especie de digresión de la historia principal.

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Pobres multimillonarios

Por: | 03 de abril de 2014

Aquí llega otro multimillonario que cree que cualquiera que hable sobre desigualdad de ingresos es un nazi; esta vez se trata de Ken Langone, el cofundador de Home Depot. No tengo nada que aportar al respecto, aparte de señalar que debe de haber mucha gente así.

Ken-Langone

No es que haya tantos multimillonarios. El hecho de que conozcamos muchos ejemplos de ese tipo de persona que no solo cree que los progresistas son como Hitler, sino que además lo dice públicamente, indica por fuerza  que una parte considerable de nuestros multimillonarios comparten esa creencia, solo que son más discretos a la hora de verbalizarla.

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Ignorar la evidencia

Por: | 01 de abril de 2014

Cánones a mi derecha, cánones a mi izquierda (en realidad, borren eso, solo hay cánones a mi derecha).  
Noah Smith, un catedrático de Economía de la Universidad de Stony Brook, escribía recientemente en su blog sobre la “macro-norma de la economía”. Esta es la opinión de que la impresión de dinero y los déficits conducen inexorablemente a una inflación desenfrenada, además de otros argumentos varios sobre por qué la relajación monetaria es algo terrible, incluso en una economía deprimida.

Krugman CNBC

Y Smith tiene razón: esa opinión sigue predominando en gran parte de Wall Street. He mantenido recientemente varias conversaciones con gente del sector financiero –incluidos operadores de Bolsa– que hablan con cierto asombro del hecho de que no haya una inflación elevada y de que el dólar no se desplome, porque “todos los expertos” les dijeron que esperasen que sucediese eso. Cuando estuve en el programa Squawk Box de la CNBC con Joe Kernan en 2012, me describió como un “unicornio”, y no podía creerse que hubiese alguien por ahí que no creyese que los déficits y la relajación cuantitativa fuesen a provocar un desastre inmediato.

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Paul Krugman

Sobre el blog

La solución a la crisis económica pasa por la política. Paul Krugman, probablemente el economista más conocido del mundo, lo tiene claro. Desde su posición progresista –liberal, en Estados Unidos; de izquierdas, en Europa- prescribe su receta.

Sobre el autor

Paul Krugman

Cuando recibió el premio Nobel en 2008, Paul Krugman (Albany, Estados Unidos, 1957) ya llevaba casi una década escribiendo columnas en el New York Times. Da clases de Economía y Política Internacional en la Universidad de Princeton, antes lo ha hecho en la de Yale, donde se graduó, en la de Stanford y en el MIT.

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