Si queremos, avanzar hacia la paz es posible

Por: | 16 de enero de 2014

Foto gesto

Acto de despedida de Gesto por la Paz en Bilbao, junio 2013 (EFE)

Un mes de enero de hace exactamente 43 años, un joven nacido en Jaén, de padres vascos y residente en Valencia, decidió negarse a realizar el servicio militar. Tras años de contacto con experiencias comunitarias noviolentas, Pepe Beúnza se convenció de que ni quería ni podía enrolarse en el ejército y, con ello, apoyar la cultura de la violencia y el militarismo. Fue a la caserna dónde estaba asignado e, inmediatamente, se declaró objetor de conciencia. Eran los últimos años de la dictadura franquista y ese gesto le supuso meses de calabozo, un consejo de guerra y prisión durante un año y medio.

En 1985, varias personas preocupadas por la falta de reacción social a la violencia política en el País Vasco, empiezan a organizarse lentamente y convocan concentraciones silenciosas de rechazo a la violencia y de solidaridad con las víctimas. Eran los primeros ‘gestos’ de lo que luego fue la Coordinadora Gesto por la Paz de Euskal Herria.

Tres años más tarde, un grupo de mujeres israelíes deciden salir a la calle para mostrar su desacuerdo con la ocupación de Palestina. Recogiendo el testimonio de la histórica Liga Internacional de Mujeres para la Paz y la Libertad (WILPF), las 'Women in Black' también aparecerán en los noventa en los Balcanes y en otros contextos de guerra y violencia.

A finales de los ochenta, uno de los pioneros de la investigación por la paz en Cataluña y España, Vicenç Fisas, preocupado por el impacto del comercio de armas e, indignado por la decisión del Gobierno de Felipe González de convertirlo en secreto oficial, impulsó la creación de la Campaña contra el Comercio de Armas, el C3A.

En 1991, ante el gravísimo impacto humanitario de las minas sobre la población civil de muchas zonas de conflicto armado, varias ONG deciden lanzar una Campaña mundial para conseguir su prohibición.

Cinco momentos. Entre muchos otros de posibles. Cinco momentos de decisiones y determinaciones, de compromisos y actitudes. Que, admitámoslo, en general fueron vistos por el resto de la sociedad con desconfianza, desinterés o benevolencia, pero siempre dando por hecho que eran gestos ingenuos más que efectivos.

Hoy vemos con claridad que todas estas actitudes no fueron solo acciones testimoniales. Fueron pasos importantes en el trabajo por la paz, la resolución de conflictos y el desarme.

El servicio militar obligatorio, después de la objeción de Beúnza, a la que le siguieron decenas de miles de objetores y miles de insumisos, ya es historia.

A finales de los noventa se aprobó una convención sobre la prohibición de las minas antipersonales, el Tratado de Ottawa, y la campaña -por medio de su portavoz, la norteamericana Jody Williams- recibió el Premio Nobel de la Paz. Una experiencia que sirvió para impulsar otros procesos de desarme (prohibición de las bombas racimo) y de control de armas (la reciente aprobación del Tratado sobre Comercio de Armas).

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Acción en Naciones Unidas, Nueva York, reclamando la regulación del comercio de armas

En el 2000, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprueba la Resolución 1325 que reconoce el vínculo entre militarismo y machismo y, en positivo, el papel dinamizador que pueden jugar las mujeres en la construcción de la paz así como la necesidad de que sean incluídas en los procesos de paz.

En 2007 el Congreso de los Diputados aprobaba una Ley que ponía parcialmente fin al secretismo y la falta de control del comercio de armas en España.

Y, finalmente, después de muchos años de sufrimiento, y si la ceguera política no lo impide, estamos a las puertas de superar el ciclo de violencia en el País Vasco.

Sin duda: los pasivos, las dificultades y las amenazas a la paz son inmensas. Brutales. Persistentes. Decenas de conflictos armados, algunos profundamente enquistados, destrozan miles de vidas humanas, hipotecan el desarrollo y atentan gravemente contra los derechos humanos. Un sistema económico depredador, liderado por unos actores transnacionales sin freno, que malbarata vidas humanas y comunidades enteras. Una industria militar con gran influencia en la toma de decisiones de muchos gobiernos. Unos gobiernos a veces demasiado vinculados, o sometidos, a intereses mezquinos y parciales, a veces escasamente valientes para dejar las inercias del pasado y atreverse a construir otros presentes y futuros. Un gasto militar que, pese a la crisis y las gravísimas carencias en salud, alimentación, vivienda, etc., ha alcanzado niveles nunca vistos ni tan siquiera durante la Guerra Fría: 1,756 billlones de dólares. 

Pero, con su testimonio, Pepe, Vicenç, Jody y tanta tanta otra gente en tantos otros lugares, nos muestran que el trabajo por la paz es de largo alcance, sí, pero posible. Y es que, sobretodo, nos han demostrado que con tesón e insistencia, una buena organización y planificación, capacidad de generar complicidades y alianzas y una buena comunicación y, claro, un poco de suerte, se puede avanzar: creando condiciones de paz que ganen espacios y oportunidades a la violencia física, cultural y estructural.

De todo eso tratará este blog coral: un espacio para compartir denuncias, reflexiones, análisis, propuestas y experiencias que nos den pistas para la construcción progresiva de la paz.

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A vuestra disposición en lo referente a Objetivos del Milenio y Educación para la Construcción de la Paz. en Alicante, España

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Paz, en construcción

Sobre el blog

Un espacio de reflexión y debate sobre la necesidad de generar condiciones de paz en un mundo azotado por la violencia y la injusticia. El blog será coral, nutrido por colaboraciones de varias personas vinculadas a los centros de investigación, ONG y movimientos sociales por la paz de todo el Estado. También contará con alguna colaboración puntual de voces internacionales.

Sobre los autores

Jordi Armadans Jordi Armadans Politólogo, periodista y analista en temas de seguridad, conflictos, militarismo, desarme y cultura de paz. Director FundiPau (Fundació per la Pau), miembro de la Campaña Armas Bajo Control y miembro de la Junta Directiva de AIPAZ.

Jordi CalvoJordi Calvo Economista, analista e investigador sobre economía de defensa, militarismo, paz y desarme. Investigador del Centro Delàs de Estudios por la Paz (Justícia i Pau) y miembro de la Junta Directiva de la Federació Catalana d’ONG y del International Peace Bureau (IPB).

Josep Maria RoyoJosep Maria Royo Politólogo, analista e investigador sobre conflictos y construcción de paz de la Escola de Cultura de Pau de la UAB. Miembro de la Junta Directiva de la Federació Catalana d’ONG.

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