República Centroafricana: crónica de una guerra anunciada

Por: | 12 de febrero de 2014

Josep Maria Royo, Escola de Cultura de Pau, y Albert Caramés, Médicos Sin Fronteras

1390238467_000950_1390238954_noticia_normalLa alcaldesa de Bangui, Catherine Samba-Panza, es elegida presidenta interina de RCA en enero de 2014./ISSOUF SANOGO (AFP)

Este artículo, que cuenta con un extracto de una conversación con Albert Caramés, responsable de asuntos humanitarios de Médicos sin Fronteras (MSF), ubicado en RCA, surge de la preocupación ante el silencio recurrente que se cierne sobre uno de tantos países en el mundo cuya relativa importancia geoestratégica provoca que sólo sea la violencia y el desastre humanitario el que nos recuerde su existencia antes de regresar nuevamente al olvido mediático. Ese país no es otro que la República Centroafricana (RCA). Siempre comparado en tamaño a su antigua metrópolis, Francia, aunque con una población 14 veces inferior, se independizó de iure en 1960. Su historia postcolonial se ha caracterizado por una continua inestabilidad política, que ha desembocado en diversos golpes de Estado y dictaduras militares, la más estridente de ellas liderada por el emperador Bokassa en los años setenta.

El estado neopatrimonial, clave de supervivencia política

Algunas de las claves de la situación actual son de índole interna y externa. Interna, porque existe una confrontación entre élites políticas pertenecientes a etnias del norte y el sur que compiten por el poder y minorías que se han visto excluidas de él. Los diferentes líderes han intentado establecer un sistema de clientelismo y patronazgo para asegurar su supervivencia política. Además, la fragilidad institucional, la ausencia de democracia, las dificultades económicas de los distintos gobiernos afectados por años de corrupción y al borde de la bancarrota, han sido las principales cuestiones que han marcado la inestabilidad de este país hasta la actualidad. Y externa, por el papel que han jugado históricamente sus vecinos Chad y Libia, deseosos de ampliar su área de influencia en África Central; por sus recursos naturales  parcialmente explotados (diamantes, uranio, oro, petróleo, maderas nobles y su potencial hidroeléctrico) y la concesión de los importantes contratos mineros por los que compiten estos países y China; y por el papel de la metrópolis colonial, Francia, que ha continuado influyendo en el país y explotando su uranio. Cabe tener en cuenta el papel que juega la transhumancia de cabezas de ganado bovino que transcurre desde N’Djamena (Chad) hacia Abuja (Nigeria) o Pointe Noire (R. del Congo) vía RCA.

Los diferentes conflictos de los países de la región han contribuido a acumular restos de armamento y combatientes que han convertido al país en un santuario. El detonante, la dimensión religiosa, se debe a que la coalición Séléka –alianza, en la lengua local, en la que participan combatientes extranjeros, formada por diversos grupos armados del noreste, región con predominancia confesional musulmana y marginada históricamente– tomó el poder en marzo de 2013 tras derrocar al anterior líder, François Bozizé, quien durante los últimos años había combatido a estas insurgencias del norte. Uno de sus líderes, Michel Djotodia, tomó el poder y se comprometió a conducir al país durante un periodo de transición hasta celebrar elecciones en 2014. Ahora la previsión ya es para 2015. Sin embargo, su incapacidad para controlar esta coalición rebelde (sólo unida por el deseo de derrocar a Bozizé) que hubiera debido garantizar la seguridad y que ha sido acusada de cometer graves violaciones de los derechos humanos, saqueos, ejecuciones extrajudiciales, provocó la transformación de milicias de cazadores previamente existentes, de confesión cristiana (“anti balaka”) y supuestamente recibió el apoyo de sectores del Ejército (las antiguas Fuerzas Armadas centroafricanas, FACA) y partidarios del anterior presidente Bozizé. Esta amalgama opositora se rebeló contra el Gobierno y los milicianos de Séleka, creando un clima de caos e impunidad generalizado. Francia y una misión regional intentan hacer frente a esta situación. Casi 850.000 de sus 4,6 millones de habitantes, incluyendo 400.000 personas de Bangui, se han desplazado por la violencia, que ya ha causado más de un millar de víctimas mortales desde diciembre de 2013.

Hace unos días Albert Caramés me comentaba algunas reflexiones de los trágicos acontecimientos que le había tocado vivir en las últimas semanas en el país. Me explicaba cómo fue el domingo siguiente al jueves 5 de diciembre, fecha que quedará grabada en la memoria de la población de Bangui, y en la suya.

Un domingo en Bangui

"Ese domingo fue distinto. Tres días después de la escalada de la violencia, Bangui permanecía silenciosa, adormecida. La rutina de los coros de misa, que cada domingo anteriormente me habían despertado, ese día estaban callados. Intuyo por el miedo de los feligreses a desplazarse a la Iglesia. Y los mismos interrogantes asaltaban sin cesar mi mente: ¿fueron los “anti-Balaka” quienes originaron los enfrentamientos violentos del jueves 5? ¿Qué capacidad de organización militar tienen? Personalmente, estas preguntas eran secundarias, ya que eran otras las que me ocupaban: ¿Cuáles son los orígenes de estos enfrentamientos? ¿Cómo se podrían haber evitado? Durante ese domingo me las seguiría planteando. En cada lugar donde nos detuvimos con los compañeros de MSF, el espectáculo era desolador. Los dos hospitales, la morgue con decenas de cadáveres acumulados,  la gran cantidad de heridos por arma de fuego o blanca desbordando habitaciones y llenando los pasillos del hospital y tiendas habilitadas en el exterior, familias enteras acompañando a los heridos por los rincones…¿Cómo se ha llegado hasta aquí?, ¿Por qué se ha hablado tan poco de la RCA? Lo peor quizás es que ya eran preguntas muy recurrentes, que provenían de mucho tiempo atrás y que no encontraban respuesta precisa.  

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 Mujeres desplazadas en el campo del aeropuerto M’Poko (100.000 personas), algunos de cuyos edificios sirven de clínica y maternidad. © Juan Carlos Tomasi / MSF

Horas más tarde, nos dedicamos a transportar a algunos pacientes –que apenas estaban recuperados físicamente– desde los hospitales a sus lugares de origen, que no hogares. Como buena parte de los residentes en la capital, buscaban refugio en más de medio centenar de campos de desplazados, a los que habría que sumar los ya existentes fuera de Bangui.  No obstante, lo más impactante de esos primeros días, reflejado en uno de los campos por el que pasé, fue la inacción de la mayoría del sistema humanitario de Naciones Unidas, que en otros momentos había sido capaz de garantizar una respuesta efectiva, a pesar de estar redoblando su presencia.

La jornada, que no el día, llegaba a su fin con el toque de queda. Otra imagen se quedó grabada en mi memoria. De regreso a casa, un convoy del Ejército francés nos adelantó y desató el júbilo de buena parte del vecindario.  Ya entonces me cuestionaba si esta fuerza sería la solución necesaria para mitigar la violencia en Bangui, si tendría la voluntad para interponerse en enfrentamientos entre comunidades, o quizás sería mejor pensar en otras soluciones basadas en la reconciliación o la reconstrucción del estado de derecho, entre otros.

Ya han transcurrido varias semanas desde aquel domingo. A día de hoy existe un nuevo gobierno de transición y la presencia militar y humanitaria internacional parece haberse incrementado. Sin embargo, la violencia persiste, tanto en algunas zonas de la capital, como en el interior (las zonas olvidadas de un país olvidado). En definitiva, cómo mitigar la violencia entre comunidades, qué etapas a seguir para la reconstrucción del país...preguntas que me vinieron un domingo en Bangui.”

Muchas de esas preguntas siguen sin respuesta.

 

Hay 1 Comentarios

!Menudo panorama,el caos, es el que reina!Es increíble la dejadez a que está sometido este país.da la impresión de que no existe y si existe que se maten entre ellos.Sus materias primas son lo que importan y quizás este caos convenga para seguir explotándolas.
Africa un continente despojado de toda dignidad humana,solo interesa lo que produce su suelo..!Para que preocuparse por mas!
Me gusta el Blog,promete,es necesario.
http://intentadolo.blogspot.com.es/2014/02/el-sacerdote-jose-maria-fabro.html

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Un espacio de reflexión y debate sobre la necesidad de generar condiciones de paz en un mundo azotado por la violencia y la injusticia. El blog será coral, nutrido por colaboraciones de varias personas vinculadas a los centros de investigación, ONG y movimientos sociales por la paz de todo el Estado. También contará con alguna colaboración puntual de voces internacionales.

Sobre los autores

Jordi Armadans Jordi Armadans Politólogo, periodista y analista en temas de seguridad, conflictos, militarismo, desarme y cultura de paz. Director FundiPau (Fundació per la Pau), miembro de la Campaña Armas Bajo Control y miembro de la Junta Directiva de AIPAZ.

Jordi CalvoJordi Calvo Economista, analista e investigador sobre economía de defensa, militarismo, paz y desarme. Investigador del Centro Delàs de Estudios por la Paz (Justícia i Pau) y miembro de la Junta Directiva de la Federació Catalana d’ONG y del International Peace Bureau (IPB).

Josep Maria RoyoJosep Maria Royo Politólogo, analista e investigador sobre conflictos y construcción de paz de la Escola de Cultura de Pau de la UAB. Miembro de la Junta Directiva de la Federació Catalana d’ONG.

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