Comunicación por la paz y conflicto social: historia de una emergencia

Por: | 06 de agosto de 2014

Eloísa Nos Aldás, directora IUDESP-Sede Universitat Jaume I, Castellón www.iudesp.es*

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                                                      FOTO: Mark Read. Beautiful trouble

Malos tiempos para la comunicación por la paz. A las comunicadoras y profesionales familiarizados con sus propuestas y buenas prácticas nos alertan e inquietan coberturas periodísticas como las que, en general, se hacen sobre la valla de Melilla o sobre iniciativas sociales como las marchas de la dignidad del 22M. La forma en que estos acontecimientos se recogen en los medios tienen en común el hecho de generar emociones de confrontación, de agresión, de choque entre enemigos.
No obstante, tenemos también buenos ejemplos de lo contrario, como el #yotambiénlasaltaría o los programas monográficos de Salvados sobre #elotrolado o el espacio El Objetivo sobre “¿Sirven para algo las manifestaciones?”. Estas iniciativas comunicativas ponen de manifiesto que es posible aproximarse a las otras caras de realidades como la inmigración o la protesta social. Que dar espacio a otras voces, incluir otras miradas, ayudan a componer un mosaico más completo de la actualidad informativa que incluye las causas de estas realidades y profundiza en las consecuencias de cómo se enfrentan.

Esa es la principal clave de una comunicación útil para mejorar la convivencia: que conozcamos los porqués, las realidades completas, los rostros humanos tras ellas; que demos un paso más allá de nuestra zona de confort o de los temas que nos preocupan; que mostremos o miremos los conflictos o problemas como situaciones paralelas o diferentes a las nuestras, pero merecedoras de igual atención y dignidad, abordarlas, exploremos todas las opciones en lugar de destruirlas.
La lógica imperante en los principales medios de comunicación (esto no es nuevo http://www.educacionmediatica.es/?p=1495), se vincula a los intereses económicos e institucionales, centrados en mantener y justificar unas normas y unas relaciones determinadas por medio de la repetición y homogeneidad de unos discursos que recurren a la descalificación y la radicalización de los colectivos opositores. Que los construyen como enemigos, lo que puede propiciar espirales de violencia y la escalada de la tensión social. ¿No se puede salir de ahí? ¿No se puede hacer nada? ¿Es eficaz culturalmente y a efectos de cambio social esta espiral? ¿Somos conscientes de las lógicas comunicativas a las que estamos acostumbrados y por las que nos guiamos?

Existen numerosas iniciativas de periodismo de paz (o que se acercan a él), como http://www.lamarea.com/, http://periodismohumano.com/, www.eldiario.es, http://www.diagonalperiodico.net/, por nombrar solo algunas. Un cambio en las formas de contar, en las fuentes utilizadas, en los entornos educativos, pueden hacer que esas espirales cambien hacia espirales de diálogo, de convivencia, de trabajo conjunto por la justicia social (como ha demostrado recientemente José Ignacio Martín –investigador del IUDESP-UJI- en su tesis doctoral). Su objetivo es salir de esos marcos de odio y rechazo de lo diferente para movernos hacia otros de justicia y diversidad, de hospitalidad en lugar de defensa. Unos marcos en los que la protesta ciudadana o la desobediencia civil no violenta, cuanto es ante normas injustas, sean reconocidas como formas de denuncia y de diálogo, y no excluidas como “antisistema”.

¿Qué te viene a la mente si escuchas “protesta”? ¿Pacífica? ¿Colectividad, colaboración, negociación de derechos, dignidad? ¿Disturbios, “antisistemas”, violencia, vandalismo? ¿Qué tienes más presente y reciente, imágenes de enfrentamientos entre manifestantes y policía o de ciudadanos ejerciendo su responsabilidad, como el joven que abraza a un policía antidisturbios en Colombia o el policía que tranquiliza a una chica que llora desesperada en una protesta en Bulgaria diciéndole que todo va a ir bien?

Tu respuesta dependerá mucho de tus fuentes de información, de tus rutinas informativas, de los escenarios de comunicación en los que te muevas. Del mismo modo, la imagen que escojamos compartir de una protesta (el incidente violento del odio o el gesto poderoso de unión y mayoría), ya seamos periodistas o ciudadanos, lo hagamos en un medio masivo de TV o a través de una cadena de whatsapp, facebook o twitter, pueden desactivar la predisposición de nuestros espectadores o contactos a participar de ese proyecto social colectivo o, por el contrario, implicarlos y animarlos a colaborar en la construcción de culturas (locales e internacionales) más justas desde la igualdad. De ahí la gran responsabilidad de la comunicación y de quienes la ejercemos, desde la emisión pero también desde la escucha, desde el contar pero también desde cómo y cuánto nos informamos. Y puesto que todo, y todos y todas comunicamos, podríamos plantearnos, para empezar, y a nivel personal y colectivo, dos interesantes retos: escuchar al que consideramos o se nos presenta como “enemigo” y limitar la agresividad en los entornos digitales.
Tal y como afirma Lluis Orriols, en España existe un claro sesgo ideológico en el consumo de medios de comunicación, pero sería muy necesario consumir medios que no nos resultan de fácil digestión. Como dice Orriols apoyándose en fuentes expertas, este ejercicio es beneficioso para la salud colectiva por tres razones: nos hace más conscientes de la importancia de formular argumentos sólidos que apoyen nuestras convicciones, nos ayuda a ponernos en la piel de quienes tienen opiniones distintas y aumenta los niveles de tolerancia.

Y si el consumo de medios tiende a la endogamia política e ideológica, los timelines de twitter y los grupos de facebook tampoco escapan al facilismo comprensivo y conversacional. Otro buen ejercicio sería seguir a gente que no piensa como nosotros, pero también limitar la agresividad en las intervenciones en las redes sociales, o en los comentarios de noticias en la red. Es urgente revertir la tendencia actual a la crispación de internautas y telespectadores a la hora de intervenir en los espacios de comunicación, lo que puede hacerse con formas de responsabilidad que pasen de la falta de respeto y la ruptura del debate social, a una interacción satisfactoria a través de comentarios constructivos, fundamentados y respetuosos a la hora de escribir un tuit o hacer un comentario a un post en un blog.

* Agradezco las ideas y opiniones de Montse Santolino para la redacción de estos artículos.

Hay 5 Comentarios

no comparto esas opiniones

Hay muchas cosas en las que tenemos que mejorar. Pero las cosas no están peor que hace años simplemente ahora hay más medios y tecnologías para contarlo.

Antes mucha información no llegaba, ahora cada vez es más difícil ocultar las cosas.

es cierto lo que mencionan los anteriores comentarios, si no seriamos violentos por naturaleza no habria guerras ni tantas cosas horribles que hacemos los humanos

todos deberiamos aceptar nuestros errores y pedir perdon en caso de cometer un error, pero eso nunca va a pasar ya que esta en nuestra naturaleza seer violentos

La verdadera paz no sabemos si algún día se va a conseguir ya que para la mayoría de las personas es más fácil pelear que conversar, esto se ve en todos los niveles incluso en los niveles más altos con presidentes y mandatarios.

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Paz, en construcción

Sobre el blog

Un espacio de reflexión y debate sobre la necesidad de generar condiciones de paz en un mundo azotado por la violencia y la injusticia. El blog será coral, nutrido por colaboraciones de varias personas vinculadas a los centros de investigación, ONG y movimientos sociales por la paz de todo el Estado. También contará con alguna colaboración puntual de voces internacionales.

Sobre los autores

Jordi Armadans Jordi Armadans Politólogo, periodista y analista en temas de seguridad, conflictos, militarismo, desarme y cultura de paz. Director FundiPau (Fundació per la Pau), miembro de la Campaña Armas Bajo Control y miembro de la Junta Directiva de AIPAZ.

Jordi CalvoJordi Calvo Economista, analista e investigador sobre economía de defensa, militarismo, paz y desarme. Investigador del Centro Delàs de Estudios por la Paz (Justícia i Pau) y miembro de la Junta Directiva de la Federació Catalana d’ONG y del International Peace Bureau (IPB).

Josep Maria RoyoJosep Maria Royo Politólogo, analista e investigador sobre conflictos y construcción de paz de la Escola de Cultura de Pau de la UAB. Miembro de la Junta Directiva de la Federació Catalana d’ONG.

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