La paz se construye (también) desde la desobediencia

Por: | 08 de noviembre de 2014

Míriam Acebillo y Josep Maria Royo, presidenta y vocal, respectivamente, de Lafede.cat - organitzacions per a la Justícia Global

Espurna

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A raíz de los recursos de ley interpuestos por el Gobierno central y la posterior suspensión cautelar por parte del Tribunal Constitucional de la consulta del 9 de noviembre y de su posterior sustitutivo, el proceso participativo ciudadano, se hace más evidente que nunca la necesidad de impulsar iniciativas de desobediencia civil para hacer avanzar el proceso, por diversos motivos.

Destacamos dos: en primer lugar, por la dignidad de un colectivo ciudadano amplísimo que exige que se le respete su derecho a la libertad de expresión –una gran mayoría de la ciudadanía de Cataluña no duda de ello, aunque existan otros ciudadanos y ciudadanas que no lo compartan. Mediante una consulta sobre el futuro político de esta nación, que unos llaman el pueblo de Cataluña, otros la nación catalana u otros comunidad autónoma, se pretende superar la división política configurada por la Constitución de 1978. La división política en comunidades autónomas establecida hace más de 35 años está siendo radicalmente cuestionada debido a los agravios hacia una identidad y una lengua, las reiteradas injerencias e incumplimientos de los marcos competenciales que el Estado y Cataluña habían pactado, así como por corrientes recentralizadoras del Estado. Este cuestionamiento también tiene fundamentos en la crisis social, económica y ética del conjunto del Estado (también del gobierno de Cataluña), incapaz de dar respuesta a la situación de emergencia en la que nos encontramos.

En segundo lugar, la reivindicación de la participación y desobediencia a la suspensión del 9N es consecuencia del proceso de judicialización de una cuestión política que ha llevado hasta límites rocambolescos las actuaciones del Gobierno central y del Gobierno de la Generalitat de Cataluña. Rehuir una posible solución política al contencioso sobre el que muchos en Cataluña  –incluso las más altas esferas de poder– se han visto obligados a dar respuesta ante las dimensiones de la presión ciudadana, nos parece a todas luces una estrategia equivocada.

Pero ¿qué es la desobediencia civil? Desde el marco filosófico de la noviolencia, la desobediencia civil es una de las herramientas a utilizar en la acción noviolenta cuando otras vías como la colaboración con las partes en conflicto, la denuncia de lo que se considera injusto, y la no cooperación con el fin de dificultar el ejercicio de la injusticia que quiere ser eliminada, no han posibilitado la consecución de los objetivos considerados legítimos.

Definimos la desobediencia civil como una actuación política individual (si bien puede formar parte de una estrategia colectiva), realizada en la esfera pública, contraria a la ley, de manera noviolenta y consciente. Normalmente es utilizada para producir un cambio en las leyes o políticas gubernamentales que se consideran injustas para el bien común. Múltiples ejemplos, en diferentes lugares del mundo y en distintos momentos históricos, también en Cataluña y España, muestran que las estrategias de acción noviolenta por parte de diferentes colectivos han sido utilizadas para llevar a cabo importantes procesos de transformación social y política. En nuestro contexto más cercano, recordemos procesos históricos como las campañas para la insumisión al servicio militar, otros antiguos pero sostenidos en el tiempo como el de la insumisión fiscal al gasto militar, y muy actuales como el de la PAH.

La desobediencia es legítima en la medida que contrarresta y evidencia importantes déficits democráticos. Necesitamos una profundización de la democracia, tal y como están planteando numerosos colectivos y movimientos sociales. Es imprescindible deliberar y decidir sobre dimensiones clave para la vida de las personas, sobre sus relaciones económicas, sociales, políticas y culturales. Para muchas, la democracia representativa nos es insuficiente, pero todavía hay poderes fácticos que se resisten y dificultan la irrupción imparable de la ciudadanía en el debate y decisión de temas que le importan.

La desobediencia civil pretende hacer visible el conflicto pero, también, y en última instancia, la ilegitimidad de quien tiene el poder coercitivo, o lo absurdo en la forma de gestionarlo. Como en el caso que nos ocupa. El derecho a expresarse del pueblo de Cataluña prevalece sobre la autoridad del Gobierno central y el Tribunal Constitucional. Desobedecer en este caso es imprescindible por dignidad, legitimidad y, precisamente, para abrir nuevas oportunidades  al diálogo.

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Paz, en construcción

Sobre el blog

Un espacio de reflexión y debate sobre la necesidad de generar condiciones de paz en un mundo azotado por la violencia y la injusticia. El blog será coral, nutrido por colaboraciones de varias personas vinculadas a los centros de investigación, ONG y movimientos sociales por la paz de todo el Estado. También contará con alguna colaboración puntual de voces internacionales.

Sobre los autores

Jordi Armadans Jordi Armadans Politólogo, periodista y analista en temas de seguridad, conflictos, militarismo, desarme y cultura de paz. Director FundiPau (Fundació per la Pau), miembro de la Campaña Armas Bajo Control y miembro de la Junta Directiva de AIPAZ.

Jordi CalvoJordi Calvo Economista, analista e investigador sobre economía de defensa, militarismo, paz y desarme. Investigador del Centro Delàs de Estudios por la Paz (Justícia i Pau) y miembro de la Junta Directiva de la Federació Catalana d’ONG y del International Peace Bureau (IPB).

Josep Maria RoyoJosep Maria Royo Politólogo, analista e investigador sobre conflictos y construcción de paz de la Escola de Cultura de Pau de la UAB. Miembro de la Junta Directiva de la Federació Catalana d’ONG.

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