Las razones de Ripstein (I)

Por: | 12 de agosto de 2013

Arturo-ripstein2

No sonreía. Pero no estaba serio. Quizá un poco cansado. No lo dijo en ese momento, pero Arturo Ripstein llevaba varios días en España hablando sobre su nueva película, Las Razones del Corazón, sobre su forma de hacer cine y sobre su participación en el Festival de San Sebastián, de donde se fue sin ningún premio. Vino a Madrid, acompañado por la guionista Paz Alicia Garciadiego, la actriz Arcelia Ramírez y el actor Vladimir Cruz, para seguir explicando su más reciente trabajo.
Ya era otoño, pero las temperaturas veraniegas no acababan de irse y por eso Ripstein secaba con un pañuelo las gotas de sudor que brotaban en su frente. Estaba sentado en una banca del jardín de la Casa de América, situada en una esquina de la Plaza de Cibeles. Así que había ruido y antes de comenzar la entrevista el director de cine modulaba el pequeño aparato que traía en el oído. “Tiene tres programas. Para espacios cerrados y abiertos. Es finlandés y es una maravilla. En Finlandia todos deben ser sordos y por eso inventan estas cosas. Ya está”, dijo.
Ripstein –el cuerpo grueso, el pantalón de mezclilla y el saco azul marino, los zapatos marrón, la camisa de rayas coloradas, la barba y el pelo blanco, la mirada de la experiencia detrás de unos finos lentes– me lo dijo sin rodeos: “acabo de hacer mi mejor película.”
-¿O sea que… usted no ejerce la autocrítica?
-Para valorar lo que hago están los demás. Cada película trato de hacerla lo mejor posible. Hace unos años, cuando hice unos anuncios para el gobierno mexicano, me decían lo mismo: “¿y la autocrítica?” Yo respondí que eran los mejores anuncios de México, los mejores. Cuando presento algo al público es porque estoy seguro de que está bien hecho. Pero cada quien tendrá su opinión, desde luego.

Un epígrafe antecede la historia: “El corazón tiene sus razones, que la razón desconoce.” B. Pascal. Y enseguida el espectador se adentra en una sucesión de planos-secuencia en blanco y negro. En “escala de grises”, mejor dicho. Porque la tecnología de hoy ya no tiene los mismos contrastes de antes. Son los últimos dos días de la vida de Emilia, un ama de casa frustrada por la mediocridad de su existencia, esposa de un hombre pusilánime, madre de una niña a la que no atiende y amante de un saxofonista cubano que vive en un cuarto de azotea. El escenario es un viejo edificio en el que no falta la portera metiche, la vecina cómplice y el vecino abusivo. No saldremos de este espacio, a propósito, para que nos invada la asfixia. Es cine, pero bien podría ser teatro. De pronto, a Emilia la abandona el amante y, literalmente, el uso excesivo de la tarjeta de crédito la embarga. En su descuidado y desolado departamento sólo ve una salida: el suicidio. Y entonces, paradojas de la vida, el marido cornudo y el amante esquivo se vuelven dos seres cercanos.
Salpicada de las típicas escenas de los melodramas mexicanos (“no me dejes, cabrón, estoy dispuesta a ser tu esclava”) y con diálogos y monólogos existencialistas, a veces barrocos, a veces cursis, pero siempre coherentes con los personajes, Las Razones del Corazón es la “versión libre” que Paz Alicia Garciadiego y Arturo Ripstein hicieron sobre Madame Bovary
El director dijo que le hubiera gustado contar la historia desde el punto de vista del marido cornudo porque es un personaje muy contemporáneo. Pero Emma Bovary surgía una y otra vez. De manera que se dejó hipnotizar por la angustia y el pacto de muerte del personaje y se dedicó a “capturar su rabiosa desesperación durante sus últimas 48 horas de vida”, porque “su muerte la explica y la engrandece, la saca de su miseria cotidiana.”
La película se filmó en un mes, en una sola localización, con pocos actores, con un equipo técnico pequeño y con un presupuesto de poco menos de un millón de euros. “Le dije a Paz que no volviera a leer la novela, que escribiera el guión basándose en lo que recordaba de la historia. Por eso, seguramente, hay recuerdos de otras novelas de adulterio, no sólo de Madame Bovary. Están La Regenta y Ana Karenina, por ejemplo”, agregó. 

  

Muchos años antes de Las Razones del Corazón, Ripstein fue un aprendiz de Luis Buñuel. “Es una leyenda eso de que yo haya sido su asistente. Ni tenía los conocimientos ni el Sindicato lo hubiera permitido. Yo era un jovencillo que un día fue a casa de Buñuel para decirle que quería ser cineasta y él me cerró la puerta. En seguida la volvió a abrir y me invitó a pasar. Vimos Un Perro Andaluz y me asusté. Me explicó de qué se trataba esto de ser cineasta y yo le pedí que me dejara colarme en sus filmaciones y él me dijo que sí. Todavía no había escuelas de cine en México. Uno tenía que ser autodidacta.”
Pero Arturo Ripstein ya conocía de sobra los sets cinematográficos. Desde niño lo llevaba su padre, Alfredo Ripstein, uno de los productores de la Época de Oro del cine mexicano. “Mi hábitat eran los estudios de cine, de tal manera que cuando alguien me preguntaba cómo era un avión, yo les decía: un mastodonte de metal que adentro tiene unos asientos y cámaras y reflectores. Y si me decían que cómo era un barco, les respondía: una nave enorme que adentro tiene cámaras y reflectores. Para mí no había un mundo distinto a ese.” 
Ripstein tenía 15 años cuando observó de principio a fin el rodaje de Nazarín. Y tiempo después el de El Ángel Exterminador. “Buñuel fue muy generoso conmigo. No sé qué hubiera sido de mi carrera sin su magisterio.” Luego hizo dos cortometrajes y cuando cumplió 21 años dirigió su primera película: Tiempo de Morir. Era 1965 y había obtenido los derechos del guión escrito por Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes. A partir de entonces sería habitual que varios escritores trabajaran junto a él, sobre todo en la adaptación de novelas a la pantalla.
“He realizado trabajos importantes con los escritores. Después de sanas discusiones llegábamos a buenos acuerdos y convertíamos sus textos en imágenes. Sólo tuve algunas dificultades con Manuel Puig. Cuando estábamos adaptando El Lugar sin Límites, a él le preocupaba mucho que al personaje homosexual le fuéramos a dar un trato estereotipado. Fue difícil porque era un homosexual de pueblo. Hicimos lo que pudimos y el guión y la película salieron adelante”, recordó.
“En cambio, con José Emilio Pacheco todo fue extraordinario”, continuó el director. “Nos reuníamos en su casa para escribir El Castillo de la Pureza. En la casa de José Emilio hay libros por todas partes, ¡por todas! Sólo en su recámara había un poco de espacio. Así que él se sentaba frente a la máquina de escribir y yo en la cama. Por eso digo que ese guión lo hice en la cama con José Emilio. A veces invitábamos a esa recámara a nuestras respectivas esposas para leerles lo que llevábamos hecho. La historia iba de un hombre que tenía encerrada a su mujer y a sus hijos en la casa porque estaba convencido de que el mundo exterior era dañino para ellos. Pero el encierro se complicaba a medida que los hijos crecían. Les leíamos los diálogos a nuestras esposas y ellas se reían y se reían. Entonces, a José Emilio y a mí, nos quedaba claro que en realidad estábamos escribiendo una comedia.”
¡Una comedia! Nada más alejado de ese “universo ripsteniano” que ha ido creando con el paso de los años. Porque, aunque sus películas tengan cierta dosis de humor (casi siempre “negro”), Ripstein se ocupa, sobre todo, de mostrar la soledad de los individuos comunes y extraordinarios y sus esfuerzos inútiles por cambiar su destino. Son las sombras y las opresiones, lo sórdido y lo siniestro, lo complejo, lo que invade sus historias en las que el plano-secuencia es su herramienta fundamental para contarlas. “Utilizo los planos-secuencia”, explica, “porque es lo más fácil de hacer. ¡Porque la vida misma es un plano-secuencia! Así la he visto siempre. Así fluye. Y porque soy un hombre de mí tiempo. Hacer un cine con tantos cortes y efectos no es lo mío.”
¿Y por qué volvió al blanco y negro? “Porque es una fotografía veraz, porque la vida es para mí en blanco y negro. Yo hubiera hecho todas las películas así, con esa iluminación tan contrastada. Pero por razones comerciales no he podido. Para mí la ausencia del color siempre ha sido fundamental para la comprensión de las cosas.”
Desde 1985 trabaja con Paz Alicia García Diego. “Nos entendimos profesionalmente. Ella iba a la casa, trabajábamos muy bien y un día le dije: “¿por qué no te quedas a vivir conmigo?” Se quedó y siempre ha sido una extraordinaria mujer, una extraordinaria profesional. Hay veces en que llego desconsolado y le dijo: “fíjate que todo el proyecto corre el peligro de caerse: falta dinero, gente…” Y ella se pone peor que yo. Y yo acabo consolándola en vez de ella a mí. Pero luego luchamos para que todo se componga. Con Paz es con quien mejor trabajo. Sin duda.” CONTINUARÁ...

Hay 1 Comentarios

Es comprensible que Ripstein haya tenido problemas con Manuel Puig para adaptar "El lugar sin límites", ya que fue escrito por José Donoso.

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

Periodista en Serie

Sobre el blog

Las “víctimas” de un periodista en serie son muchas y constantes. No tiene relación con ellas. Las elige al azar y sin que tengan conexión unas con otras, en un área geográfica determinada, como Iberoamérica. Les arrebata su historia y la hace pública sin ningún pudor. No planea “entregarse” ni realizar “ataques suicidas.” Este blog es su particular SALA DE RETRATOS. Pasen y lean.

Sobre el autor

Víctor Núñez Jaime es un escribidor de historias. Estudió periodismo y literatura hispanoamericana. Sabe que el periodismo es más de nalgas que de cabeza, porque hay que estar sentado durante largos ratos escribiendo, corrigiendo... Es autor de tres libros: Un periodista ante el espejo, Los que llegan. Crónicas sobre la migración global en México y Una cabrona de Tepito. Ha ganado, entre otros, el Premio Nacional de Periodismo Cultural (México) y el Premio a la Excelencia Periodística de la sociedad Interamericana de Prensa. Con libreta y pluma en mano, sale a por las historias. Contrasta estadísticas con los testimonios de la gente. Visita a los escritores y periodistas de renombre. Está obsesionado con el buen uso del idioma español. Le apasiona leer y estudiar. Devora libros. Él es lo que ha leído. Y también lo que ha escrito.

Archivo

junio 2014

Lun. Mar. Mie. Jue. Vie. Sáb. Dom.
            1
2 3 4 5 6 7 8
9 10 11 12 13 14 15
16 17 18 19 20 21 22
23 24 25 26 27 28 29
30            

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal