La vejez de don Rubén

Por: | 24 de marzo de 2014

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Y de la calidad literaria don Rubén, ¿qué piensa usted?  “La escritura para mí, respondió el poeta, es un acto de libertad. Si yo me pongo a calificar esos actos, dejan de ser libres; ya me estoy poniendo normas y, en ese momento, ya no soy libre y ya no tengo para qué escribir. Es un juego que me divierte…"
Su obra se distingue por una singular disposición rítmica y por la relación de equivalencia entre sonidos e imágenes. Con su formación humanística desarmaba y sorprendía. Era bromista, sabio y riguroso; traductor fiel de la palabra y filólogo con vocación académica. Estudió leyes para ganarse la vida y escribe versos para darse placer. Deambulaba entre la poesía, la traducción y el ensayo. Se ocupaba de expresar cólera, ternura, esperanza, melancolía, amor, soledad y de descubrir a los estudiantes las grandes obras del mundo clásico. Era uno de los escritores mexicanos más importantes de los últimos tiempos.
Lo vi por primera vez hace diez años. Estaba en su despacho de la Biblioteca Central, en la Ciudad Universitaria de México DF. Visiblemente cansado, dijo sentirse víctima de la vejez: “tengo más de 80 años y todo lo que era el cuerpo como instrumento físico, capaz de una serie de acciones y placeres, ha dejado de tener esa función y se ha vuelto una carga.” Y con la experiencia de su profesión, agregó: “Decía un poeta griego que el hombre tiene dos cosas que temer: la vejez y la muerte. Y de estas dos, la más temible es la vejez.” Quizá en aquel momento (o desde antes) se percibía como en la última estrofa de su poema As de Oros:
Y he cambiado. Sordo, encanecido,
una oficina soy, un sueldo; veinte mil pesos en escombros
y un volkswagen, y la nostalgia
de lo que no tuve, y el insomnio,
y cáscaras de años devaluados.
Sin embargo, no se sentía marginado de la literatura: “No. Para mí la literatura ha sido una ocupación lateral, de diversión, ejercicio y libertad. Nunca me preocupé por estar marginado o en el centro de las cosas. Yo escribí para darme gusto. Lo hice libremente. Los resultados me interesaron poco.”
El autor de más de una docena de poemarios, entre los que destacan Siete de espadas, De otro modo lo mismo y Fuego de pobres, expresa que sus primeros contactos con la poesía se dieron en la preparatoria, en las clases del maestro Erasmo Castellanos Quinto. “Él nos ponía a leer a los autores clásicos y trataba de que escribiéramos alguna cosa, de que nos ejercitáramos en el arte de la escritura. Ahí tuve los primeros contactos serios con la literatura.”
Rubén Bonifaz fundó, en 1973, el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM. Reunió cuatro centros dependientes de la Coordinación de Humanidades que, de uno u otro modo, se vinculaban con la investigación filológica (el amor por las letras) Estudios Literarios, Estudios Clásicos, Lingüística Hispánica y Estudios Mayas. Más tarde, surgieron otras unidades académicas con el nombre de seminarios: el de poética, en 1977, y el de Lenguas Indígenas, de 1988. Galardonado con el Premio Nacional de Letras, el premio Jorge Cuesta y el premio Internacional Alfonso Reyes, entre otros, estudió  en la Escuela de Jurisprudencia. Junto con sus compañeros de generación (Henrique González Casanova, Jorge Hernández Campos, Fausto Vega y Gómez y Ricardo Garibay) aprovechaba el tiempo libre para ir a jugar al billar.
¿Cuál es la finalidad de su poesía? “Yo siempre pensé que ésta no era un medio de ganarse la vida, de tener un sueldo o una chamba; para el sostén estudié la carrera de Derecho y luego la de Letras, que son las que me han permitido vivir. La poesía es una tarea estrictamente personal donde encuentro mi libertad. El escribir es un mero placer.”
Al leer gran parte de su obra nos encontramos con poemas unitarios que uno puede separar en fragmentos con valor propio. A través de la poesía, aseguraba el maestro Bonifaz, se pueden reflejar los hechos sociales que giran alrededor de quien escribe, pues la poesía, como toda la literatura, puede reflejar absolutamente todo.
Ha escrito y traducido kilómetros de versos. Se trata de .unos 10 mil renglones y unos 110 mil o 120 mil traducidos. Sin embargo, he escrito la décima parte de lo que he traducido. Como traductor, considera que la gramática latina es el esqueleto de la española. Al saber mucha gramática, usted puede manejar las palabras con exactitud. Es el sentido de esos aprendizajes: poder expresarse plenamente con precisión, con la menor posibilidad de confusión.
Varios de sus críticos han definido la manera en la que traduce: pone frente a cada palabra latina el espejo de una palabra española.
Era un hombre que traducía literalmente y escribía como quiere. Murió hace más de un año.

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Periodista en Serie

Sobre el blog

Las “víctimas” de un periodista en serie son muchas y constantes. No tiene relación con ellas. Las elige al azar y sin que tengan conexión unas con otras, en un área geográfica determinada, como Iberoamérica. Les arrebata su historia y la hace pública sin ningún pudor. No planea “entregarse” ni realizar “ataques suicidas.” Este blog es su particular SALA DE RETRATOS. Pasen y lean.

Sobre el autor

Víctor Núñez Jaime es un escribidor de historias. Estudió periodismo y literatura hispanoamericana. Sabe que el periodismo es más de nalgas que de cabeza, porque hay que estar sentado durante largos ratos escribiendo, corrigiendo... Es autor de tres libros: Un periodista ante el espejo, Los que llegan. Crónicas sobre la migración global en México y Una cabrona de Tepito. Ha ganado, entre otros, el Premio Nacional de Periodismo Cultural (México) y el Premio a la Excelencia Periodística de la sociedad Interamericana de Prensa. Con libreta y pluma en mano, sale a por las historias. Contrasta estadísticas con los testimonios de la gente. Visita a los escritores y periodistas de renombre. Está obsesionado con el buen uso del idioma español. Le apasiona leer y estudiar. Devora libros. Él es lo que ha leído. Y también lo que ha escrito.

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