Periscopio Chilango

Sobre los autores

Blog coral elaborado por la redacción de EL PAíS en México y coordinado por el corresponsal Luis Prados y Salvador Camarena.

Archivo

octubre 2013

Lun. Mar. Mie. Jue. Vie. Sáb. Dom.
  1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31      

México DF: apuntes para un análisis del “despapaye”

Por: | 19 de junio de 2012

Tacuba
En el mercadillo ambulante de Tacuba, México DF, las autoridades acaban de retirar una trampa asentada desde hace años que consistía en un cúmulo amorfo de cables enganchados a un transformador de electricidad del que robaban energía más de 300 puestos de venta callejeros.

A una toma furtiva de electricidad en esta ciudad se le llama diablito, y a esto que había en Tacuba le llamaban el megadiablo. Los comerciantes reconocen que era un “despapaye”, pero eso no quiere decir que se sientan culpables de chupar electricidad sin pagar y que vayan a dejar de hacerlo, sino que ahora buscarán distribuir el robo de una manera más decorosa. El problema no era que el megadiablo fuese ilegal, explican, sino que “se veía bien feo”.

México DF es una ciudad –o algo parecido– que en buena medida funciona y está estructurada en torno a la trampa. “Aquí existe lo legal, lo permitido y lo tolerable”, dice Jorge Carbajal, un marista laico que lleva más de diez años haciendo trabajo comunitario en el humilde barrio de Miravalle.

Es un conjunto numeroso de viviendas construido sobre la falda de un cerro, debajo de un volcán inactivo, que se montó espontáneamente sobre suelo protegido y ahora ya es legal, a la manera como se fueron asentando muchas zonas pobres de la ciudad. Pero a un lado sigue teniendo un poblado de casas de cartón –unas 200 viviendas– perfectamente ilegal.

Miravalle2
Entramos en jeep por un camino de tierra, dejamos el coche y caminamos hacia dentro de la miserable aldeíta. Por un lado del camino corre una fila de postes de madera que sostienen los cables que van de las casuchas a algún punto de electricidad pública. Nadie los retira porque ya forman parte de la generosa dimensión defeña de lo tolerable.

En un puesto de alimentos, detrás de una ventana enrejada, una señora nos explica sin muchas ganas la obviedad por la que están allí en esas condiciones: “Pues nos vinimos persiguiendo la tierra”.

Parece que van a conseguirla. Aunque no tienen ninguna infraestructura básica, a este secarral empinado de los confines de la ciudad viene de vez en cuando un camión cisterna del Gobierno local para traerles agua potable. Ocupar suelo protegido es ilegal, pero tampoco es legal dejar sin agua a un millar de seres humanos, que a su vez son “un millar de votos”, como hace notar el activista Carbajal.

Peseros achatarrados

Bajando de vuelta al valle de la ciudad por las cuestas de Miravalle nos cruzamos uno detrás de otro con unos camioncitos medio desvencijados que aquí se conocen como peseros.

Tienen características negativas, como que sean conducidos en ocasiones por menores de edad o que provoquen accidentes regularmente, pero al fin y al cabo, como reconoce la Secretaría de Transporte, cubren un 45% de los nueve millones de viajes que se hacen al día en el DF.

De todos modos, los peseros son una chapuza estructural en proceso de extinción, al menos tal y como los han conocido los defeños hasta nuestros días. En estos momentos aún funcionan así: el Gobierno local vende la licencia de una ruta a un grupito de empresarios y luego estos le alquilan sus precarios vehículos a otros ciudadanos, sin contrato ni seguro, a cambio de que al final del día o de la semana les entreguen una cuota fija de beneficios. Los ingresos del chófer, por lo tanto, dependen de la cantidad de gente que meta dentro, o sea que dependen de cargar y descargar la mayor cantidad de pasajeros en la menor cantidad de tiempo posible, condición idónea para que esta red de transporte sea una carrera diaria de autos locos.

El Gobierno ya está achatarrando la flota de viejos peseros para que los empresarios los cambien por vehículos más dignos con la ayuda de una subvención. Y tiene intención de que los propietarios de las rutas formen sociedades mercantiles más amplias que compacten más el mercado y le hagan contratos con sueldo fijo y seguro social a sus conductores, de modo que se atenúe la dispersión de intereses y se contenga el Far West de los peseros.

La irregularidad de los conductores de camioncitos silvestres es similar a la de los pepenadores, como se conoce a los individuos que van subidos a los cajones metálicos de los camiones de basura públicos.

–¿Usted cobra por recoger la basura? –le pregunto a uno de ellos.

–No güero, yo nomás saco de lo que pepeno.

Los pepenadores de los camiones son los primeros receptores del grueso de las 9.000 toneladas de basura que produce el DF cada día, y viven de revender plástico, vidrio, hierro o lo que quiera que encuentren. Pero no tienen ningún tipo de vínculo con la administración para la que a fin de cuentas trabajan.

El sociólogo Héctor Castillo Berthier, especialista en la subeconomía de la basura, tanto que se pasó un tiempo trabajando de pepenador para conocer el funcionamiento interno del mercado de los despojos, tiene la teoría de que a una sociedad se la conoce por cómo trata su basura.

–¿Y qué imagen devuelve el espejo de la basura al DF? –le pregunto para conocer su visión teórica del despapaye.

–Lo que nos devuelve este espejo –sintetiza Castillo Berthier–, es la imagen de la premodernidad.

Fotografías, de arriba a abajo: 1. Megadiablo del mercadillo de Tacuba tras ser desconectado (P. LL.). 2. Panorámica de México DF desde el barrio popular de Miravalle (P. LL.). 3. Peseros en el instante de ser achatarrados por el Gobierno local (Secretaría de Transporte del DF).

Las 35 caras de Chavela

Por: | 12 de junio de 2012

IMG_0556

Tanto en México como en España, la figura de Chavela Vargas no solo despierta admiración y respeto, sino auténtica devoción como si se tratara de una santita de las que uno se puede encontrar en las esquinas de las calles mexicanas. “Sabía que la gente la veneraba, que hincaba la rodilla en el suelo a su paso para pedirle consejo y sabiduría. '¿Qué es la muerte, Chavela?', le preguntan. Pero no supe qué era exactamente hasta el día que me encontré con ella por primera vez”, dice el artista plástico mexicano Juan Carlos del Valle.

Ese primer encuentro, un día de febrero de 2011 en la casa de Chavela en Tepoztlán, fue “potente, místico y enérgico” para Del Valle. Durante horas, la veterana cantante – que entonces tenía 92 años y ahora 93 –y el joven artista (México DF, 1975) hablaron de la vida, de la conexión de Chavela con la naturaleza, de sus conversaciones con Federico García Lorca, con Neruda, de la muerte, del amor, de las anécdotas con Diego Rivera…

Cuando regresó a su estudio, Del Valle trabajó durante varios días sin descanso intentando plasmar en algún formato lo que había supuesto ese encuentro. El resultado es la muestra que acoge el Centro Cultural de España en México, en la capital del país, y que se inauguró el pasado fin de semana.

“Es una selección de 35 retratos, una parte de todo lo que hice durante los días siguientes a haber conocido a un personaje tan potente como Chavela Vargas. Tenía que descargar de alguna manera lo que había vivido”, explica el autor. 35 “retratos espirituales” de la artista, pintados con lápiz sobre papel porque “es la manera más básica de trabajar que tiene un artista, sin colores ni nada más que distraigan”.

La exposición, que estará hasta principios de julio en el centro que depende de la Embajada española, se inauguró el pasado fin de semana y a ella acudió Chavela Vargas y también sus devotos, que no dejaron ni un hueco libre en el auditorio como ocurre los escasos actos en los que aparece la cantante. La inauguración se unió a un homenaje organizado por la representación diplomática española y que encabezó el embajador, Manuel Alabart. “Un homenaje merecido a una de las españolas más queridas”, aseguro el diplomático, por los fuertes nexos que unen a la cantante – que, aunque mexicana, nació en Costa Rica en 1919 – con España.

 

Chav
Juan Carlos del Valle y Chavela Vargas. / Centro Cultural de España en México

Hubo música, guitarras y canciones de Chavela interpretadas por el cantante mexicano Fernando del Castillo y que el público tarareó como una letanía. No estaba previsto pero Chavela cogió el micrófono del acto y regaló a sus fieles una canción – 'Santa', escrita por Agustín Lara -  y varios versos de Federico García Lorca, ese con el que conversa por las noches y al que acaba de dedicarle un disco que recoge sus poemas.

“Hay una Chavela cantante, con toda su fama y trayectoria, pero ahora está la Chavela actual, que tiene una relación muy intensa y  mística con lo que la rodea y esa es la de mis dibujos”, dice Del Valle. "La experiencia de conocerla es algo que me acompaña día a día", asegura el artista. Como el que experimenta una epifanía.

100 Montaditos entre un millón de tacos

Por: | 07 de junio de 2012

Las obsesiones pueden tener mil formas. La de Patricio Gutiérrez tenía forma de bocadillo. Desde que a los 18 años, en un viaje a España con unos amigos y poco dinero, descubrió por casualidad cerca de la Plaza Mayor de Madrid uno de los restaurantes de la cadena 100 Montaditos, su fijación fue la de vender esos pequeños panes rellenos en su país, México.

Montadito_g2Durante seis años, Patricio mandó sin cesar emails a la cadena española, bautizada por el medio estadounidense The Huffington Post como El Zara de los bocadillos. “Hola, soy Patricio Gutiérrez. Me gustaría montar un 100 Montaditos en México”. Como la respuesta no llegaba, el chico siguió con su vida, siempre con los bocadillos en la cabeza. A la vez que Patricio crecía, lo hacía la cadena de restauración. Desde el primer local en Islantilla (Huelva) en el año 2000 hasta los más de 200 que alcanzó el año pasado en todo el mundo.

Mientras la cadena probaba el mercado internacional en Portugal y Francia, Patricio se dedicó a estudiar ingeniería industrial en México. Con la carrera acabada llegó el trabajo en una gran empresa. Y cuando los montaditos ya solo formaban parte de un ritual electrónico en forma de email puntual, un día sonó el teléfono.

Seguir leyendo »

Un cine que huele y sabe a cine

Por: | 01 de junio de 2012

Va
Cine Balmori: demolido. Cine Regis: destruido por el sismo de 1985. Cine Insurgentes: abandonado. Cine Olimpia: actual Plaza de la Computación. Cine Ópera, Cine Cosmos, Cine Juan Orol, Cine Alameda, Cine Arcadia, Cine Orfeón, cerrados.

Un cinéfilo en la ciudad de México ya no encuentra grandes marquesinas, salas grandes –enormes-,  siempre llenas hasta la mil butacas. Ya no encuentra, por ejemplo, que los estrenos cinematográficos sean de vestidos largos y alfombras rojas con protagonistas; ni copas de champaña al terminar la función o café de Veracruz para acompañar la película de media tarde. No encuentra más los cines antiguos que fueron brújula en otros tiempos de la capital.

El cinéfilo los fue perdiendo desde 1994 cuando se firmó, a bombo y platillo, el Tratado del Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá. Las salas de exhibición de los vecinos  ganaron el terreno, las películas y las palomitas de la industria mexicana. Y la costumbre de ir al cine se convirtió en visita a centros comerciales, en una aventura sobre escaleras mecánicas mezclada con la distracción de aquirir artículos en oferta.

Pero la costumbre de ir al cine, sólo por hacerlo, puede regresar a partir de hoy con la inauguración del nuevo Cine Tonalá. El proyector de esta naciente posibilidad para cinéfilos se asentó, como lo hicieron los viejos cines, en medio de la ciudad: calle Tonalá, colonia Roma. La idea fue de unos “optimistas radicales”, como llamó el cronista Carlos Monsiváis a algunos habitantes del Distrito Federal: Juan Pablo Bastarrachea, Marcela Lugo y Arturo Dip. Un trío que convocó a otros quince optimistas para completar la inversión. “Cine Tonalá busca que todos ganen: socios, cineastas, público y vecinos”, decía Bastarrachea en vísperas de la apertura.  

La nueva sala también es pequeña. En eso no ha podido imitar a los cines de antaño. Puede recibir a cien espectadores, cada uno en su butaca mirando proyecciones en una pantalla de cinco metros  y medio de ancho por tres de largo en formato digital, 16 milímetros o Súper 8. Pero puede servir de todo: puede transformarse, acomodando las butacas, en un salón para conciertos acústicos y experimentales, también funciona para dar conferencias, talleres y generar diálogos entre artistas y espectadores. “No solo se trata de cine, sino de abrir el acceso a contenidos culturales que normalmente no llegan a toda la audiencia”, explica Bastarrecha.  

Ese contenido incluye las artes gráficas. El vestíbulo que da la bienvenida al cine es un espacio de exposición que se renovará cada tres meses. El cine convocará a diferentes diseñadores a realizar nuevas versiones de los carteles de las películas en exhibición. El director de la cinta sólo podrá hacer dos correcciones sobre la nueva propuesta gráfica y la imagen final formará parte de la colección del cine.

La oferta incluye libros de cine, películas en formato digital y hasta vinilos de bandas sonoras cinematográficas que podrán comprarse en una tienda en el interior del local. Y vinos y mezcales mexicanos que se despachan en el bar o platillos con ingredientes locales servidos en el restaurante. También se pretende que los realizadores hablen con el público y cuando haya que traerlos de otras ciudades u otros países también podrán alojarse en este espacio: comer, beber y dormir en el cine.

Para los vecinos del colonia Condesa no es nuevo convivir con cineastas, actores y actrices. La propiedad donde se levantó el Cine Tonalá pertenece a la actriz mexicana Alejandra Mora, quien durante los años noventa operó allí mismo Casa Mora, un foro para teatro experimental, performance y exposiciones. Alejandra renta hoy el local a su hija Marcela y a su socios a quienes les permitió remodelar y adaptar el espacio.

Además de programar películas de difícil distribución, Cine Tonalá hace una propuesta distinta a los realizadores o dueños de la película: una distribución equitativa del ingreso en taquilla, cincuenta por ciento de la venta de entradas, para el cine, y cincuenta por ciento para la película. Las ganancias, como en cualquier otro cine, vendrán de la venta en el bar, el restaurante y la cafetería.

Las actividades del cine comienzan hoy con la programación del festival Distrital, que incluye películas mexicanas e internacionales, talleres y encuentros. Después arrancará con la exhibición de tres películas mensuales que incluyen los acervos digitales del Instituto Mexicano de Cinematografía y la Filmoteca de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Cine Tonalá busca recuperar una simple costumbre en la ciudad: acudir al cine donde sabe, huele y se ve como cine. Es una apuesta de optimistas radicales y empresarios con visión, pero sobretodo de “apasionados por el D.F. y entusiastas por su dinámica cultural que inspira para hacer proyectos diferentes”, confiesa Bastarrachea antes de comenzar la función.

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal