Pixel Fugaz

VPN+Hulu+Netflix mataron el TDT

Por: | 06 de mayo de 2010

Justo ahora se va a cumplir mi segundo año desde que ese aparato de topología rectangular llamado televisor dejó de ser una parte importante de mi vida. He de admitir que el desarraigo no fue reflexivo, sino forzado. Cuando estuve viviendo en Cambridge y luego en Nueva York no tenía televisor y ahora en mi residencia en Madrid tampoco, sólo hay uno para todo el mundo. La cosa es que en ningún momento he sentido la mínima necesidad de hacerme con uno. No es que haya dejado de consumir contenido audiovisual, todo lo contrario. Pero sí he dicho adiós por completo a esa idea de contenidos empaquetados en cadena que alguien decide por nosotros y están aderazados más de la cuenta con publicidad. La vieja idea de televisión es como que alguien te siente y te abra la boca delante de una cinta transportadora de tartas grandes de nata; una tras otra hasta que te duela la cabeza del empacho.
En los fines de semana que vuelvo a casa con la familia lo que menos me apetece es encender el televisor. El TDT es un bebé que ya ha nacido viejo, en los 90 quizá hubiero sido novedoso e interesante, pero las posibilidades que da la red, evidencia que el fin de la televisión como la conocíamos hasta ahora está más cerca de lo que mucho piensan.
Cuando vivía en USA descubrí primero las bondades de Hulu, que tiene una cantidad impresionante de buena televisión a la carta subvencionada con uno o dos anuncios a lo sumo de 3o segundos por programa. Y más tarde vino Netflix, que para quien todavía no lo conozca es el videoclub que todos los yankis usan. Por unos 7€ al mes tienes derecho a que te envíen a casa prácticamente cualquier película, documental o serie producida ever y además sigues teniendo derecho a ver online miles y miles de pelis. La adopción de Netflix en Nueva York es descomunal. Prácticamente todos los neoyorkinos que conocí eran usuarios.
La comodidad y la facilidad de ver contenidos de calidad que realmente me interesan y que ahora son tan ubicuos en dispositivos como el iPhone, iPad, el mismo portatil o cualquier otro cacharro que se pueda conectar a la red ya son algo irremplazable que ha hecho que al volver a España haya tenido que pagar una VPN para poder seguir accediendo a Hulu y Netflix, por el momento restringidos fuera de EEUU.
Las televisiones, entiendase como aparato de pantalla grande, ya están empezando a dar facilidades para conectarlas a la red y va a ser ahora cuando las tradicionales grandes cadenas de televisión se tengan que replantear un poco lo que están haciendo. Me da a mí que las cosas van a cambiar mucho en los próximo 5 años.

Hay 7 Comentarios

Una pena, te pegaba haber ido al Johnny ;)

....suelo ojear dos periódicos al día y es aquí, en tu blog, donde encuentro por fin, y con claridad, la mejor definición de lo que está pasando "la TDT es un bebé que ha nacido viejo"...Gracias!

Muy interesante tu reflexión desde el punto de vista técnico y como ex-usuario :-)Aunque sea un poco largo, pego aquí este texto de E. Tolle en el que nos dice cómo la televisión nos manipula e hipnotiza:"Ver la televisión es la actividad de ocio (o, más bien, inactividad) favorita de miles de personas en todo el mundo. El estadounidense medio, cuando llega a los sesenta años de edad, ha pasado quince años mirando una pantalla de televisión. En otros muchos países las cifras son similares. A mucha gente, ver la tele le resulta “relajante”. Obsérvate con atención y verás que cuanto más tiempo pasas pendiente de la pantalla, más se reduce la actividad pensante, y durante largos periodos, estás mirando el programa de entrevistas, el concurso, la serie cómica e incluso los anuncios, sin que en tu mente se genere ningún pensamiento, o casi. No sólo no te acuerdas ya de tus problemas, sino que te libras temporalmente de ti mismo, ¿y qué va a ser más relajante que eso?Entonces, ¿Es que mirar la tele crea espacio interior? ¿Hace que estés presente? Por desgracia, no. Aunque tu mente puede estar largos periodos sin generar ningún pensamiento, se ha conectado a la actividad pensante del programa de televisión. Se ha conectado a la versión televisiva de la mente colectiva, y está pensando sus pensamientos. Tu mente está inactiva, pero sólo en el sentido de que no está produciendo pensamientos. Sin embargo, está absorbiendo continuamente pensamientos e imágenes que llegan a través de la pantalla. Esto induce a un estado pasivo, como de trance se susceptibilidad intensificada, no muy diferente de la hipnosis. Por eso se presta a la manipulación de la “opinión pública”, ya que los políticos y los grupos de interés, así como los anunciantes, lo saben y pagarán millones de dólares para pillarte en ese estado de inconsciencia receptiva. Quieren que sus pensamientos se conviertan en tus pensamientos y, por lo general, lo consiguen.Así que cuando ves la televisión la tendencia es a caer por debajo del pensamiento, no a elevarse por encima. La televisión tiene esto en común con el alcohol y algunas otras drogas. Aunque proporciona cierto alivio del peso de la mente, también pagas un alto precio, la pérdida de conciencia. Al igual que esas drogas, tiene también un fuerte carácter adictivo. Coges el mando a distancia para apagarla y, en lugar de eso, empiezas a recorrer todos los canales. Media hora, o una hora después, sigues mirando, sigues cambiando de canal. El único botón que tu dedo parece incapaz de apretar es el de apagado. Sigues mirando, generalmente no porque algo interesante te haya llamado la atención, sino porque precisamente no hay nada interesante que ver. Una vez que te has enganchado, cuanto más trivial, y menos interesante sea, más adictiva resulta. Si fuera interesante, si incitara a pensar, estimularía tu mente para que volviera a pensar por sí misma, que es algo más consciente y preferible a un trance inducido por la televisión. En ese caso, tu atención ya no estaría totalmente cautivada por las imágenes de la pantalla.El contenido del programa, si tiene algo de calidad, puede contrarrestar, en cierta medida, y a veces deshacer, el efecto hipnótico, aturdidor, del caso televisivo”.

Car - En la residencia Fernando Abril Martorell.Franc-Tireur - Sí, la verdad es que el Boxee está muy bien, también lo uso. Zeta - Uso BlackVPN ( https://www.blackvpn.com/ ) y la verdad es que estoy encantado con él. Antes por ser betatester no tenía que pagar nada y ahora entre las oferta y referral codes no he pagado más 5 euros en los últimos 6 meses. Por si alguien quiere abrirse una cuenta podéis usar mi referral code que es JPZBZGQ .

Como usuario asiduo de ambos te doy toda la razón. Empecé a utilizarlos nada más llegar a USA y desde entonces. Al principio ni tenía TV, ahora sí, pero nunca he pagado por la televisión por cable ni falta que hace, Hulu y Netflix (y las televisiones que emiten por Internet) te dan todo lo que necesitas.Sólo por curiosidad, ¿qué servicio de VPN has contratado? Lo mismo me viene bien para uno de estos viajes.

Yo recomiendo también a todo el mundo el Boxee, un media center gratuito para ver y organizar pelis, series, música y fotos. Además tiene unos apps muy apañaos. Es una forma más de aprovechar y amortizar tu super pantalla plana nueva.

Puedo preguntar en qué Residencia de Madrid vives? Simple curiosidad como lectora y anteriormente residente en un Colegio Mayor...Me gusta la foto. Y estoy de acuerdo en tu comentario, pero en España nos adaptaremos dentro de 10 años, cuando ya no quede más remedio. La TDT es una estafa

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Sobre el autor

Victoriano Izquierdo

Victoriano Izquierdo es un granaino que mezcla la computación con la fotografía. Estudia Ingeniería Informática en la Universidad Carlos III de Madrid y trabaja como fotógrafo freelance y colaborador con varias agencias nacionales y extranjeras.

Sobre el blog

Pixel Fugaz viene a ser una colección de chispazos visuales, todo tipo de instantes que pasan por delante de mis ojos y que hacen que lleve mi dedo inmediatamente al obturador de la cámara de fotos que tenga más cerca. Luego trato de comprender qué pasó. Es como un baile de emociones y reflexiones, dicho así de una manera algo pseudointelectual.

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