Pixel Fugaz

Los granaínos, la malafollá y La Alhambra

Por: | 27 de septiembre de 2013

 

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Granada, España

Los granaínos somos un poco como esos hijos, al que les sale un padre guapo, inteligente y famoso. Y todo sin saber muy bien por qué nos tocó a nosotros y no al vecino. Cuando viajamos a la gran ciudad y por el apellido, o el acento, sospechan del paretesco y nos preguntan: - ¿ usted no será el hijo de .... ? Al sacarles de dudas, esbozan una sonrisa y empiezan a decirte lo mucho que les gusta tu padre. Cuando los granadinos reconocemos, que efectivamente, somos hijos de la ciudad de La Alhambra, es raro no escuchar de vuelta un piropo a nuestra patria chica.

Aprovechando la iniciativa del Patronatro de la Alhambra de jornadas de puertas abiertas para los granadinos, subí a la fortaleza roja y tomé estas fotos. Inmerso en la belleza y vitalidad de los jardines del Generalife, en esa fusión entre agua y arquitectura, en las matemáticas cristalizadas en estuco, me empecé a preguntar cómo puede ser que los granaínos seamos famosos por ese carácter tosco que se conoce por malafollá.

Es muy difícil definir la malafollá, y atrevido traducirla por lo que en el resto de la península se conoce por la mala sombra o mala baba. Para los de fuera, quizás podáis intentar comprenderla leyendo el libro de “La malafollá granaina” de Ladrón de Guevara. Otro importante cronista de aquí, Andrés Cárdenas, ha conseguido llevar la discusión hasta Nueva York mediante su tratado "Dejaos de pollas, vayamos a pollas", que versa sobre el inusitado uso de la palabra "polla" en nuestra provincia, para expresar prácticamente cualquier cosa.

Y yo mientras tanto, paseando por el palacio nazarí, me pregunto si todo esto de la mafollá pudiera ser una especie de complejo de Edipo. Una lucha de amor-odio, de acomplejamiento hacia la ciudad que nos crió, y que atrae cada año a más de 3 millones de turistas de todo el mundo. Sólo hay que echarle un ojo a la pasión exacerbada que despierta entre los propios granadinos los contenidos que publican la gente de @mfgranaina en Twitter o Facebook. La letanía del "Dale limosna, mujer, que no hay en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada" se repite un día sí y otro también. La gente ama a la ciudad con locura, pero no tanto a sus conciudadanos. De todo esto, se desprende un espíritu quejica del "fohhh" y "lavín compae", un caracter ordinario que parece nunca empatizar con el prójimo más cercano, con nuestros paisanos:

"Un granaíno entra en la peluquería. El barbero le recibe con amabilidad y le habla del tiempo, de su perro, de la portada del periódico, de la tertulia radiofónica, de su vecina que canta boleros y de las ganas que tiene de ir a la playa. Hasta que, por fin, pregunta a su cliente: "Y bien, ¿cómo le corto el pelo?" A lo que el granaíno responde: - en silencio " aproximación a la malafollá de J.E Cabrero

Me chiva Google que sólo 1 persona, en lo largo y ancho de la internet, y hace ya doce años, se atrevió a decir sobre Granada, esa muletilla que se suele construir para casi todas las ciudades feas: "Lo mejor de Granada son los granadinos".

Pero bueno, que no se puede tener todo, y ya se sabe, que como en Graná, ¡náh! , ¿verdad Frank Sinatra?

 

Hay 4 Comentarios

Según tengo entendido la mala folla no tiene nada que ver con el carácter de nuestra población, biene por que en la antigüedad había muchos artesanos del metal y folla es la acción de dar fuelle y en los mercados se les conocía ha estos artesanos cómo los de la mala folla es decir que no sabemos habibar una candela

Puede que haya granadinos como los que dices, pero tu nota sobre Granada es bastante simpática.

Un saludo.

Muy bueno. Lo de las pollas en Graná no tiene nombre, es recordar a los granaínos decirlo y me da la risa... me encanta Granada!
http://pasosypedales.blogspot.com.es/

Interesante reflexión, Victoriano. Ese carácter tosco y lacónico del granaíno, también lo podemos encontrar en la Córdoba más profunda. Quizás sea parte de la herencia que nos dejaron los nazaríes y los omeyas respectivamente.

Te dejo un poema de mi padre que describe la atmósfera y las gentes que recalaban en las tabernas cordobesas. Una anécdota que me recuerda a la del peluquero granaíno.

LACONISMO TABERNARIO

Taberna oscura cordobesa
fría, y recóndita...
sin ruidos,
de parroquianos diseminados
acá y acullá
en pequeños grupos,
vasos de vino montillano
sobre mesa de madera
o en el mostrador.
Todos se conocen
y apenas dicen al entrar
un ¡buenos días, señores!
o ¡a la Paz de Dios!.
Un cliente se acerca a otro
y le dice: ¿Qué bien estamos, verdad?
a lo que es respondido, ¡mejor... callaos!.

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Sobre el autor

Victoriano Izquierdo

Victoriano Izquierdo es un granaino que mezcla la computación con la fotografía. Estudia Ingeniería Informática en la Universidad Carlos III de Madrid y trabaja como fotógrafo freelance y colaborador con varias agencias nacionales y extranjeras.

Sobre el blog

Pixel Fugaz viene a ser una colección de chispazos visuales, todo tipo de instantes que pasan por delante de mis ojos y que hacen que lleve mi dedo inmediatamente al obturador de la cámara de fotos que tenga más cerca. Luego trato de comprender qué pasó. Es como un baile de emociones y reflexiones, dicho así de una manera algo pseudointelectual.

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