La carne radioactiva de Buñuel

Por: | 13 de septiembre de 2012

Un aquelarre de los años sesenta, según la interpretación de don Luis Buñuel

 

Alguna vez hablé con Carlos Berlanga de la extraña insensibilidad de nuestros padres hacia la música. El mío, que fue violinista de crío, jamás compró un disco ni escuchó otros programas de radio que no fueran los deportivos. La escasa melomanía de don Luis García-Berlanga resultaba igualmente insólita: sus hijos eran muy musiqueros y, aún con todas sus reticencias, Carlos llegó a profesional del pop.  Intuía yo que nuestros progenitores habían pasado por el trauma de la Guerra Civil (García-Berlanga también se apuntó a la División Azul y conoció Rusia). De alguna manera, eso les había quitado la posibilidad de apreciar algo tan etéreo como la música.

Según Carlos, su padre festejaba cuando hacía una película sin necesidad de música. Así que fácilmente podía ser cuestión de tacañería: la gente del cine tiene antipatía por la simple idea de pagar derechos de sincronización. Igual ocurría con otro ilustre, Luis Buñuel. Y olvidemos la famosa sordera del aragonés. Era relativa, una dolencia a la que recurría cuando no quería hablar de determinados temas o tratar con ciertas personas. Aunque estos días he recordado una película de Buñuel donde incluso aparece un genuino grupo de rock. Pero, atención, someterse a su estruendo resulta ser una ocurrencia del diablo.

Simón del desierto (1965) constituye una anomalía en una obra abundante en anomalías. Última de sus películas de origen mexicano, se trata de un mediometraje (45 minutos) y no por voluntad de don Luis: sufrió muchos sobresaltos en el rodaje hasta que, aparentemente, se le acabó el dinero al productor, Gustavo Alatriste, y hubo que hacer un apaño. Es decir, resolver con stock footage hasta llegar a la coda en un supuesto club de Nueva York. Lo que ves arriba.

Buñuel quería imaginar la historia de Simón El Estilita, un anacoreta -aquí encarnado magníficamente por Claudio Brook - que en el siglo IV decidió vivir en lo alto de una columna, en medio del desierto de Siria.  La genialidad del cineasta y su guionista Julio Alejandro consiste en imaginar las puñeteras visitas que interrumpían la soledad del penitente. Desde los monjes de la época, planteándole cuestiones sociales y teológicas, hasta el diablo y sus tentaciones.

Simon del desiertoLa diabla, convendría puntualizar. Alatriste había insistido para que la película reservara un papel central para su mujer, la actriz Silvia Pinal. Y está gloriosa, con grandes frases y además favorecida por la fotografía del gran Gabriel Figueroa. Aparece como colegiala perversa, como saludable doncella del pueblo, como un Cristo de hormonas alteradas. Hasta que la Satanasa se cansa y le arrastra al sabbat del siglo XX:  un infernal antro juvenil.

A pesar de las estrecheces de la producción, el viaje a Manhattan resulta convincente: en su crítica para The New Yorker, Pauline Kael situaba el irónico final en  “a Greenwich Village discotheque full of dancing teen-agers”. Seguramente se trataba de un plató de los estudios Churubusco, en el Distrito Federal. La música correspondió a Los Sinners, grupo donde tocaba guitarra Federico Arana, futuro historiador del rock mexicano. Fue una mera coincidencia: ellos tocaban regularmente en un club y allí les localizaron; no se consideró significativo que su nombre se tradujera como Los Pecadores.

En su airado libro Guaraches de ante azul , Arana cuenta anécdotas del encuentro; aparte, recuerda que ni aparecen en los créditos ni se les invitó al estreno. Buñuel quería “algo tremendista” y Los Sinners tocaron un instrumental de Arana, Rebelde radioactivo, aunque –por si alguna editorial exigía cobrar derechos- se cambió el título a Carne radioactiva, lo que la diabólica Silvia denomina "el baile final". No hace falta insistir en que la provocación de la diablesa es de corto vuelo: se conforma con bailar frenéticamente, mientras Simón fuma aburrido una pipa.

Como el resto de su generación, don Luis despreciaba, no, mejor decir que ignoraba las posibles virtudes del rock: confundía el género musical con un mero baile de moda; había oído campanas y lo llamaba surf. Los músicos no se lo tomaron en cuenta. En su gira de 1976, David Bowie asustaba al personal que esperaba su aparición con la secuencia del ojo cortado de Un perro andaluz...¡de 1929! En tiempos más cercanos, los canadienses New Pornographers -con Neko Case y Dan Bejar- se inspiraron precisamente en el final de Simón del desierto para el clip correspondiente a The laws have changed.

 

 

Hay 17 Comentarios

Acabo de leer todos los comentarios. Me voy a tener que posicionar con Luis Rubio contra los trolls que se creen la Nouvelle Vague, más que nada esperar de ellos que maduren y se dejen de prejuicios retrógrados. Lo de creerse que por ser joven hay que ser revolucionario y matar al padre pasa en todas las generaciones, asi que ya véis, no hacéis nada nuevo. Tranquilos, se cura con la edad.

Mira Truffaut, no soy un experto en Buñuel, pero a mí no me suelen gustar las películas de Almódovar y no por eso digo que es un mal director. Cuando la mayor parte de la crítica y de la opinión pública considera que su obra tiene una alta calidad, será por algo y hay que respetar la opinión de los demás. Y respetar supone plantearse que pueden tener razón. No vale eso de la respeto pero no la comparto.

El fulano de la barba en la imagen congelada de la película, ¿no se parece un poco a Antonio Muñoz Molina?

Dalí: otro que tal...

El maestro surrrealista de Buñuel, André Breton, era aún más duro de oído —lo que sin duda influyó en su desprecio por las mieles sonoras del verso, ritmo, rima y demás. A Dalí, en cambio, le iban el guitarreo; hasta colaboró en algún disco del primer Paco Ibáñez.

En el caso de don Luis no es cierto que no tuviera gusto por la música. En sus memorias "Mi último suspiro" cuenta que, en su estancia en los EE.UU. durante los años 20, se aficionó al jazz. Incluso intentó aprender a tocar el banjo, creo. Además de comprarse un gramófono y muchos discos. Además siempre puso alguna pincelada de buen gusto musical en sus películas.
Como aragonés que era, tenía un humor muy socarrón y muy ácido. Y el final de la peli no la veo como una crítica a la música "surf". Sino a lo que "mira lo que te estás perdiendo, TONTOLABA!!". No ves Diego que es el único sieso, aburrido, parao que hay en el bar. Que todos los demás se lo están pasando teta. Bueno al menos así lo veo yo.
Con respecto a Godard y Truffaut, que deciros chavalines. Que sí, que la mediocridad acompañada de la envidia no os deja crecer, y eso os provoca decir pavadas. Un apunte tan solo. A don Luis le conceden el Óscar a la mejor película extranjera por una de sus mas flojas películas (cosa que personalmente no creo, pero que lo admito) e ininteligibles como es "El discreto encanto de la burguesía". Y se lo dieron por que había que dárselo, por que su cine había influenciado a los grandes directores de Hollywood, de su quinta. Y como prueba me remito a la fotografía que aparece en la comida que le dan en su honor. Y los comentarios de los protagonistas. En ella aparecen desde Wilder hasta Wyler. Mejor la veis vosotros,
http://hardpop.wordpress.com/2009/10/12/esta-es-la-fotografia-bunuel-co/
Y luego a ver quien tiene güevos pa' decir que no tiene cátedra el Tío.
P.D.: Los comentarios que aparecen en la foto, son sacados de "Mi último suspiro", y son parciales para Buñuel, me refiero a los comentarios que hicieron los protagonistas cada uno por su lado, son de los más elogiosos.

Lo que cuenta Manrique no es la única comemierdada que se recuerda de Buñuel (don Luis para los que lo conocieron de toda la vida e incluso fueron de putas con él): son vergonzosos los horrores falseados y las mentiras que aparecen en la efectista "Las Hurdes". Por lo demás, salvo algunos aciertos aislados, que son los influirían en directores mucho más interesantes aunque igualmente sobrevalorados como David Lynch, el tiempo ha pasado como una apisonadora por la obra de Buñuel.

Debe de ser muy poderosa para ciertas mentes la tentación de teclear burradas con impunidad. En fin, que no entiendo qué hacen los trolls por aquí, sean fans de Spinetta o de la Nouvelle Vague. Diego, añoro mucho tu faceta como comunicador radiofónico. Sin embargo, en estos textos transversales que escribes con total libertad creativa te estas superando. Estoy enganchadísimo. Enhorabuena.

Buñuel, aragonés universal..Como tantos de los nuestros
más estimado fuera de su tierra:
Reconocido en Estados Unidos como precursor de
cineastas de línea surrealista como David Lynch.
Homenajeado por un gran grupo de rock libre como
"Pixies" en el tema -Debaser- en el tema se escucha "Chien Andalusia".
Encuentro fuera de todo lugar el "comentarrio" del
lamentable hooligan que dudo haya visionado alguna
película de Don Luis y que osa usar el nombre de
Truffaut en vano.
A él le recomendaría una larga temporada en
"Los Olvidados" y "El fantasma de la libertad"

Se podría recuperar para un mundo más justo..

El 2º apellido de Carlos García-Berlanga era Manrique, tengo entendido. Me pregunto si su madre y el padre del autor eran familia.

En alguna entrevista Luis García Berlanga confesó que no tenía oído musical. No hay que darle más vueltas: hay personas que nacen sin la capacidad de distinguir y apreciar la música. Es un problema neurológico.

Salvo "Tristana" y "Viridiana", sus películas francesas, españolas o mexicanas son una puta mierda. Buñuel fue un tipo lamentable, nefasto como director de cine y probablemente como persona.
He dicho.

Jodé, pues sí que es interesante!

Gracias, Manrique. Conocía el video de los Pornógrafos pero no sabía que tenía "origen" español-mexicano.

Buen recorrido de la historia con todos estos personajes, de cómo almiaraban la música de esta época cada uno con su estilo particular http://comoquitarunaverrugarapido.com/

Creo recordar que Viridiana terminaba con un twist o algo así.

Este blog es ya imprescindible. Enhorabuena

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Sobre el blog

¡Tanta música, tan poco tiempo! Este blog quiere ofrecerte pistas, aclarar misterios, iluminar rincones oscuros, averiguar las claves de la pasión que nos mueve. Que es arte pero, atención, también negocio.

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Diego A. Manrique

, en contra del tópico que persigue a los críticos, nunca quiso ser músico. En su salón hay un bonito piano pero está tapado por montañas de discos, libros, revistas. Sus amigos músicos se enfadan mucho.

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