La codicia de artistas y discográficas está matando al álbum

Por: | 12 de noviembre de 2012

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Es una cantinela recurrente. Suele surgir en los chats, al final de conferencias o mesas redondas; se trata de un tópico frecuente entre aficionados. De cualquier edad, aviso. Se pretende ratificar que son mejores los álbumes de los años sesenta y setenta; comparados con esas cumbres, aseguran, vivimos una era de mediocridad.

Conviene ser muy delicado con tales asuntos. Esas décadas nos llegan embellecidas por la distancia, con leyendas completas y satisfactorias, listas para el consumo epicúreo. Por el contrario, el presente exige machete para entrar en la jungla, para moverse por una productividad inabarcable, para separar la gratificante nostalgia -¡tanto sonido retro!-  de las rupturas estéticas, tan inquietantes en primeras escuchas. Pero sí hay un punto en que los sesenta y los setenta llevan ventaja: la relación aciertos/longitud.

Con el tiempo, los discos se han hecho más largos. Insoportablemente largos. La implantación del soporte CD favoreció los álbumes que superaban la hora de duración, cuando los elepés, para mimar el sonido, se quedaban alrededor de los 40 minutos. Como la genialidad no es una cualidad elástica, la lógica avisa de que se ha crecido mediante rellenos, gracietas y ocurrencias medio cocinadas.

Rihanna-3cd-collector-s-set-13bc59En épocas más recientes, hemos comprobado además que se diluye el concepto mismo de álbum.  Un disco como Loud, de Rihanna, está disponible en media docena de versiones:  la normal, las que suman temas (la japonesa, la digital de iTunes), las de lujo (Ultra Couture, Couture, Deluxe).  Fastidia no solo la segmentación de fans por su poder  adquisitivo; parece latir la voluntad de transformar la música en objeto de regalo.

Si se trata de grupos autosuficientes, las posibilidades de multiplicación son aún mayores: se suman maquetas, directos, actuaciones en emisoras, remezclas y, claro, los temas que inicialmente no superaron el corte. Beacon, de Two Door Cinema Club, salió a finales del verano con cinco variaciones:  CD, vinilo, versión deluxe con un directo en la Brixton Academy más las ediciones engordadas para Japón o la Fnac francesa; antes de que termine su carrera comercial, veremos nuevas apariciones de la famosa foto de la dama que ejerce de bombilla del techo.

 

Tw Door beacon


Esa multiplicidad de “productos” apela a nuestros peores impulsos: el deseo de objetos exclusivos, el pague-dos-y- se-lleva-tres, la cantidad sobre la calidad. Naturalmente, tiene sentido económico. Se trata de hacer caja: atraer a los compradores de bolsillos profundos, complacer a los coleccionistas de vocación completista. Pero también implica un desgaste de la música: se diluye lo esencial entre lo accesorio, se pierde el impacto del disco sólidamente vertebrado.

StACKS OF cdSConvendría tomar nota de la actitud del más milimétrico de los cantantes-compositores. Leonard Cohen suele ser generoso con su material inédito, que regala en páginas especializadas. Sin embargo, en 2009 montó una bronca a Sony por su decisión de relanzar sus tres primeros discos con temas añadidos, por otra parte interesantes. “Arruinan la integridad del álbum original”, se quejó.

Manda el consumidor, oigo decir a los genios del marketing. Mala idea, respondo yo. Habíamos atribuido al artista la capacidad para definir su obra; ahora,  el creador nos ofrece una lista flexible, como si no supiera decidirse. Esperabas una foto perfecta y te entregan un puñado de instantáneas sacadas con móvil, "elije tú". En realidad, los artistas se está vendiendo por un plato de lentejas. Por unas ventas extra, por la posibilidad de prolongar la vida de un lanzamiento, por el deseo de apuntarse algún tanto adicional: “hey, somos una banda de guitarras de las de toda la vida pero hemos llamado a un chaval del dubstep para ver si nos sale un llenapistas”.

Alguien podría alegar que los críticos no mostramos igual reticencia ante los rescates de grabaciones históricas, esas obras ampliadas con sus outtakes, sus producciones interrumpidas, los temas con (o sin) arreglo orquestal.  Está bien que exista la caja de Pet sounds, dado que ilumina el proceso creativo de Brian Wilson, pero ha pasado suficiente tiempo para que no conspir contra la experiencia estética del álbum tal y como los Beach Boys lo dieron por terminado. En realidad, lo sabemos todos, esas “rarezas” se almacenan más que se escuchan.

No es por casualidad que los discos clásicos de los Beatles o Bob Dylan conserven intacto su magnetismo: se mantienen tal como se publicaron, sin grasa ni complementos. Los Rolling Stones sí que están jugueteando con la idea de ediciones extendidas, caso de Exile on Main Street o Some girls. Hay un matiz: se añaden temas de entonces pero acabados en la actualidad. Algo que agradeces fervientemente a Mick Jagger, si has tenido la desdicha de escuchar los soporíferos bootlegs  de los Stones trabajando en el estudio.

Posdata! Es buen momento para hablar de los discos piratas: Editorial Milenio acaba de sacar Bootlegs: el tesoro del rock, de Fernando Forcada. En verdad,  los bootlegs  (discos piratas, los llamábamos) no afectan al corpus de un artista. Se trata de lanzamientos clandestinos y solo llegan a los fanáticos. No conviene confundirlos con los discos oficiales, como aprendió Dylan. Al contemplar la enorme aceptación del doble pirata Great white wonder, con sus contenidos heterogéneos, intentó duplicarlo con su propio cajón de sastre, Self portrait. Fue su primer patinazo, el asombroso descubrimiento de que también San Bob Dylan podía equivocarse.

Great White Wonder


Hay 16 Comentarios

El artículo está muy bien, pero el comienzo da pie a otra reflexión: la gente piensa que ya no hay grupos como los de antes, como los Rolling Stones o los Who, grandes y míticos... Y el problema es que sí los hay, e incluso mejores. Pero amigo, no salen en la televisión, hay que buscar un poco.

Roberto, yo prefiero esas primeras ediciones en CD: no tenían tanta compresión dinámica.

Diego, se te ha olvidado hablar de aquella cosa horrenda de la segunda mitad de los 90: las reediciones prematuras en CD. Soy de los muchos que actualizó su discografía comprando los CDs que sonaban como una cassette para ver como 2 años después los volvían a sacar remasterizados. Deberían dejarte devolver el CD y llevarte el nuevo por 1 euro, ya que venden música. Pero, ay!, cierto es que en realidad venden objetos...

¿consumo epicúreo?

Con las múltimples ediciones y, centrándonos aún más en el formato de la reedición de clásicos, se da una paradoja interesante: la venta como exclusiva de noticias ya trituradas.
Desde que Universal se hizo con Queen (antes en EMI), han reeditado todo, incluyendo los dvd's con los clips. Los dvd's editados en su momento bajo el patronazgo de EMI, incluían unos comentarios de May y Taylor sobre cada clip. Ahora, en la nueva edición, sucede lo mismo, y se ha vendido como exclusiva, añadiendo el "Roger Taylor comenta que no le gustaba grabar clips con Queen", cuando esa información ya la tenían los que poseían los dvd's originales. Pero no sé por qué, los fans pican y pican, vendiéndoles incluso idéntico producto con diferente envoltorio.
En cuanto a las reediciones, soy de los que piensa que es mejor separar las rarezas de los temas del disco tal y como se concibió, en un aparte, siempre con el consentimiento del artista.
Pero los fans lo quieren todo, y su filia no entiende a razones.

No sólo no me interesan las adiciones post LP sino que suelo dejar atrás varias pistas de relleno cuando me paso los CD/LP/DVDs a mi ordenador, que es lo que uso para escuchar música. Hay excepciones --Exile on Main Street es una de ellas--, pero por lo general la guillotina deja fuera un 30 o 40 por ciento de los temas del original. Pueden acusarme de anticompletista, hortera superficial o devoto de "Lo mejor de". No me importa. Los años no perdonan y uno no tiene ya todo el tiempo por delante.

Cierto, este post es menos mierdoso que los anteriores y por ahora nadie ha comentado ninguna gilipollez.

Perdón por salirme del tema principal del artículo, pero precisamente hoy hablaba con un amigo sobre la cara de idiota que se te queda cuando alguien nombra un trabajo que tienes y que aprecias.
Manrique, me ha idiotizado para bien que tu primer ejemplo de disco-trasto "bueno" haya sido las Sessions del Pet Sounds. Me voy a dormir abrazado al cofre.

Buenas noches y gracias por no vociferar en los comentarios :)

Jose, el nivel de los comentarios es directamente proporcional al de la entrada en sí misma. Esta es una buena entrada, y eso favorece buenos comentarios. En cambio, no se puede decir lo mismo de las anteriores. De ahí el desvarío de los lectores.
Un saludo.

Totalmente de acuerdo con Manrique.
El LP siempre fue una obra cerrada, en la que tenía sentido el nº de canciones que contenía, así como el orden de las mismas, la portada etc.
Las ediciones múltiples ediciones actuales han estropeado ese concepto. Y las reediciones Deluxe de los discos clásicos todavía más. Deterioran el concepto original añadiendo basurilla. Beatles, Rolling Stones, Springsteen y muchos otros no han permitido (hasta ahora) romper el concepto de album original. Lamentablemente han caído recientemente en el engaño Pink FLoyd, destrozando sus discos coneptuales por antonomasia.
Para los restos, NAT (non album tracks), demos, live y todos esos contenidos extra para forofos están las ediciones especiales, como son las Antologías de The Beatles, la caja Tracks de Springsteen, o las Bootleg Series de Dylan, para que lo consuman los adictos. Además, esas ediciones extendidas lo único que hacen es venderte por enésima vez el mismo album, que sólo compras por los bonus tracks, porque las remasterizaciones actuales con lamentables.

Lo cierto es que por la codicia de las discográficas se creó el album... para cargárselo veinte años después... Por codicia nos impusieron los cds a precios abusivos y ahora por codicia quieren eliminar los formatos. Vuelta al single, solo que ahora te lo descargas en el móvil y, lo que es peor, ¡no tiene cara b!
Yo tengo actualmente un número fetiche para el número ideal de canciones en un buen disco, 7. También 8 ó 9 están muy bien, pero si solo tiene 7 y todas estan bien, es una maravilla: Bill Callahan, Lula Pena, King Creosote and Jon Hopkins, Peter Broderick ...

Por ahora bien, pero pronto llegará toda la recua de trolls, el Andrew, el Elon, el nosequé y el nosecuántos, y una entrada más que se habrá ido al carajo.

cómo se come que todos los discos valgan lo mismo? se gasta lo mismo la discográfica con los rolling stones que con extremoduro, pongo por caso? suena igual un disco que un casete o un mp3? cómo es posible que ver a patti smith en el price tenga unos precios y por la huelga se traslade a la riviera sin entrada reservada? ah, que tragamos con todo esto... así nos va
Por un sindicato de compradores de discos

cómo se come que todos los discos valgan lo mismo? se gasta lo mismo la discográfica con los rolling stones que con extremoduro, pongo por caso? suena igual un disco que un casete o un mp3? cómo es posible que ver a patti smith en el price tenga unos precios y por la huelga se traslade a la riviera sin entrada reservada? ah, que tragamos con todo esto... así nos va
Por un sindicato de compradores de discos

Es muy difícil encontrar el punto exacto entre el derecho a ganar dinero con su trabajo que tienen los artistas y las discográficas y el derecho que tenemos los consumidores a conseguir productos de calidad a precios razonables.

Desgraciadamente aún no se ha encontrado la piedra filosofal que resuelva el problema. Sólo los artistas que tienen mucho éxito con algún tema que han puesto gratis en la web consiguen luego sacar rendimiento a su trabajo. Al mismo tiempo, hay miles y miles de artistas que no consiguen ganar dinero con su arte.

Buenas,
la verdad es que estoy muy de cuerdo, pero es muy díficil de controlar, ya que esta industria ha sido y sigue siendo muy cambiante durante las últimas dos décadas,primero la cinta, luego cd, más tarde los mp3, ipod...descarga online,,,, es un sector especialmente complicado e innovador, y realmente un paso en falso puede cargarse tu reputación o puede hacer caer enormemente tus beneficios, así que, quitando a los grandes que viven de esto, es cierto que la gente que está empezando tienen más y mejores maneras de difusión pero mucho más caras que antiguamente, ya que hasta que empiecen a ganar dinero de esto puede pasar mucho tiempo
saludos

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Planeta Manrique

Sobre el blog

¡Tanta música, tan poco tiempo! Este blog quiere ofrecerte pistas, aclarar misterios, iluminar rincones oscuros, averiguar las claves de la pasión que nos mueve. Que es arte pero, atención, también negocio.

Sobre el autor

Diego A. Manrique

, en contra del tópico que persigue a los críticos, nunca quiso ser músico. En su salón hay un bonito piano pero está tapado por montañas de discos, libros, revistas. Sus amigos músicos se enfadan mucho.

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