Aventuras del Duque por Oriente

Por: | 10 de diciembre de 2012

Duke Ellington

Duke Ellington llega a Kabul (Afganistán). Otoño de 1963: ni un soldado a la vista.

 “El pasado es un país extranjero; allí hacen las cosas de forma diferente”. Es el inicio de The go-between, la novela de L. P. Hartley, aquí más conocida por la versión cinematográfica de Joseph Losey, El mensajero. La frase resucita al indagar sobre las extensas giras de artistas de jazz montadas por el Departamento de Estado en los sesenta.

Asombra saber que, hace cincuenta años, la orquesta de Duke Ellington recorría Oriente representando a los Estados Unidos de América. Durante tres meses de 1963, aquella engrasada big band ofreció conciertos y conferencias ilustradas  en  India, Pakistán, Sri Lanka (entonces, Ceilán), Irán, Irak, Afganistán, Siria, Jordania, Líbano. El listado produce vértigo: es obvio que ningún artista occidental podría realizar ahora mismo ese periplo, y menos en misión oficial.

 

 

Duke-Ellington-Far-East-Suite-362714

No proliferaba el fundamentalismo fanático, capaz de secuestrar ¡o asesinar! a cualquier infiel que se pusiera a tiro. El enfrentamiento se limitaba a las ideologías –comunismo o capitalismo- y no entraba en religiones o estilos de vida. Todos aquellos regimenes, relativamente recientes, alardeaban de laicismo y predicaban cierta idea de modernidad en la que encajaba el jazz.

Lo que no significa que el viaje de Ellington y  compañía estuviera exento de peligros. En Bagdad, coincidieron con el golpe de estado del coronel Arif,  que desplazó al partido baazista, con Sadam Husein entre los perdedores. Los aviones bombardearon el palacio presidencial y las escaramuzas llegaron a las calles; con todo, el concierto se celebró y fue transmitido por la televisión gubernamental.

Ignorando el toque de queda, en Bagdad algunos instrumentistas se escaparon solos a un supuesto club nocturno. Según su descripción, se encontraron con “dos hombres y veinte mujeres, todos temblando, mientras en el exterior vigilaban tipos con metralletas”. Me quedo admirado: aquellos jazzmen estaban hechos de una pasta diferente a la de los músicos del tiempo presente. Intenten imaginar a los típicos dioses del rock saliendo a las bravas, sin guardaespaldas, dispuestos a paladear los placeres de la noche asiática. Imposible.

Asombrosamente, durante la gira no se registraron incidentes dignos de mención. Aunque no debe creerse la mundana versión que da Duke en su autobiografía, La música es mi amante, una sarta de recepciones y banquetes. Fue necesario despedir a Ray Nance, trompetista y violinista con historial de drogas: se mostró bronquista y rebelde.

También se produjo una situación delicada al aterrizar en Nueva Delhi una “amiga” del Duque, una dama de pasaporte argentino llamada Fernanda de Castro Monte, conocida en los escenarios de Las Vegas como la Condesa. No se podía difundir el secreto a voces de que Ellington era un mujeriego y que Fernanda era una de "las fijas"; los cuidadores oficiales se esforzaron en evitar que fueran fotografiados juntos.

Según el Departamento de Estado, los músicos debían proyectar una imagen de “gente honesta, de buena voluntad, informal, laboriosa y casta”. Esa última exigencia revela que había un abismo de distancia entre los burócratas de Washington y la realidad de una banda en gira. Los jazzmen, forjados en los tiempos ásperos de la segregación y la prohibición, demostraron asombrosos recursos para conseguir compañía femenina y alcohol, incluso en ciudades islámicas.


_Duke_Iraq_HookahHabía, claro, un plan maestro detrás de aquella gira. Se desarrollaba el argumento de que el jazz representaba el espíritu  del american way of life; al celebrar los logros de Duke, también se pretendía  diluir las noticias sobre los conflictos raciales en Estados Unidos.

Ellington coincidía por lo menos con el mensaje anticomunista y así se lo hizo saber a periodistas incordiantes en las inevitables ruedas de prensa. Para él, las libertades eran indivisibles: libertad de expresión, libertad sexual, libertad de culto, libertad empresarial; rechazaba explícitamente el concepto del músico funcionario o subvencionado (el Departamento de Estado le pagó un poco por debajo de su caché habitual).

La gira abarcaba cuatro países más pero se suspendió en Turquía, al saberse que el presidente Kennedy había sido asesinado en Dallas, a pesar de que Duke se ofreció a tocar música solemne, adecuada para la ocasión; no quisieron y eso le dejó mal sabor de boca.

Esa dramática conclusión no impidió que Ellington grabara en 1966 un elepé titulado The Far East suite, con leves aires exóticos y formidables piezas que hacían referencia a algunos de los lugares que habían visitado. Hizo trampas, claro: la memorable “Isfahan” era una  composición de Billy Strayhorn escrita antes del viaje, inicialmente bautizada como “Elf”. 

 

 

 
La orquesta de Ellington toca "Isfahan" (exquisito solo de Johnny Hodges)


También el Departamento de Estado hizo las cuentas y salió un balance positivo. A pesar de la oposición cavernaria, que se quejaba de que el país fuera representado por bandarras del jazz, la jugada se institucionalizó y se mantuvo durante los años de Nixon.

Ellington realizaría más giras oficiales, recorriendo incluso  la URSS en 1971. Allí si que hubo algún conflicto: el Duke estaba acostumbrado a los buenos filetes y no pudo con la carne soviética; en un golpe propagandístico, un restaurante neoyorquino le mandó steaks y otras provisiones, transportadas gratis en el vuelo regular de Pan Am. Fue un bochorno para rusos y americanos: en su libro, Ellington asegura que le alimentaban tan bien que engordó tres kilos.

Alguien sugerirá que Ellington era un peón más en el gran tablero de la Guerra Fría. Evidente. Pero había inteligencia en el hecho de exportar algo tan genuinamente estadounidense como el jazz. El Departamento de Estado ampliaría su propuesta: en los años setenta, patrocinó incluso recorridos internacionales de un revolucionario del calibre de Ornette Coleman o de un eterno insumiso como Charles Mingus. Urge reconocer que era una táctica más sofisticada que la actual, que pasa por mandar los marines y los drones.

 

 

Duke Ellington y su orientalista "Caravan", a partir de una idea de Juan Tizol 

Hay 8 Comentarios

Para Keos

Lo de alienigena lo pasaré por alto, lo tomaré como de quien viene. Ahora bien, si opinar diferente es "pertenecer a la peña irrespetuosa" vamos mal, te recuerdo que Franco murió y estamos en democracia. pues yo considero servil a personas que como tú, jamás tiene un crítica hacia un periodista "medio pelo" como considero a Diego.

"Si dices que alguien no sabe de jazz, justifica tu comentario o vete a marear la perdiz a otro lado. "

Yo no necesito justificar lo que afirmo, y menos aquí, que no ves que esta a la vista y si tu supieras algo de jazz no estarías escribiendo, para preguntar cosas obvias.

Con respecto al bogaloo, mi comentario no tiene ninguna importancia, así que calla y mueve tu trasero.

Te aburres mucho?

Que es esto? una entrevista? Nunca me aburro.

Pues te aconsejo que ....

No creo que tu estes a la altura de de aconsejar nada... y mucho menos a mi.

Venga, danos una lección de jazz Oreja, todos la necesitamos


No es mi necesidad figurar y ser aceptado como tu gurú y no doy clases de música (aunque creeme que podría,) y menos a obsecuentes que todo el tiempo estan aplaudiendo, oyendo pop y moviendo la cola con el bogaloo.


Feliz Navidad para todos.

pd: quien es Rajoy?

Para el alienígena OREJA:

No soy yo muy de andar mandándome mensajitos con peña irrespetuosa en internet, pero que quede claro: Yo no soy lacayo de nadie, y porque en general me gusten los posts de Manrique(a mi o a otros) no somos sus lacayos. Si dices que alguien no sabe de jazz, justifica tu comentario o vete a marear la perdiz a otro lado. Como en el otro post, comentando que imaginemos bailando el bogaloo a manrique.. pues sí, depende quien lo dijera y cómo lo dijera podría tener algo de valor (el comentario), no en tu caso, que entras al blog para criticar a saco sin fundamento alguno.
Te aburres mucho? Pues te aconsejo que grabes y después visualices todos los videos de entrevistas en los que sale.. no sé, pongamos Rajoy y después empieza a cargar contra él en la red. Lo ves como una empresa difícil? Pues si es así ahí tienes tu test de personalidad.

Venga, danos una lección de jazz Oreja, todos la necesitamos

Para Keos

Queda en evidencia por su falta de conocimiento real, y repito, esa falta de conocimiento es muy frecuente, aunque tenga lacayos como tú que corren en su auxilio innecesariamente. Con respecto a las opiniones no coincido contigo, no todas deben ser obsecuentes como la tuya, deben ser eso si, plurales y en un marco de respeto. Por último sigan con el Pop que es lo que más les va, decididamente el jazz les queda demasiado grande.. Saludos.

En qué queda en evidencia oreja?
Si se critica que se critique con fundamento cojones, dejad a Manrique en paz a no ser que sea para algo constructivo que tengáis que decir
qué peña..!

Manrique si no sabes nadar, te recomiendo que no te metas en las tan profundas (para ti) aguas del jazz, es que la verdad quedas mucho más en evidencia que con el rock o el pop, lo que sueles hacer con frecuencia aunque tu séquito no te lo diga. Un saludo Alan.

Alan, no fumes porros en internet. En tu cabeza sonaría muy bien, pero una vez escrito lo tuyo no tiene ni pies ni cabeza.

Joder, como está la peña. Debe ser que ya no hay oposiciones a fiscales y quieren darle gusto al cuerpo.

"La frase resucita al indagar sobre las extensas giras de artistas de jazz montadas por el Departamento de Estado en los sesenta": ¿pero qué mierda de matéfora es esa? ¿Es que la frase la había palmado? ¿Es que tú la habías olvidado y por eso ya estaba muerta, y al recordarla ahora ha resucitado como Jesús salido (con perdón) de su tumba? Manrique...

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, en contra del tópico que persigue a los críticos, nunca quiso ser músico. En su salón hay un bonito piano pero está tapado por montañas de discos, libros, revistas. Sus amigos músicos se enfadan mucho.

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