"Treme" luce auténtica pero tiene trampa

Por: | 17 de diciembre de 2012

 
 

Declaraciones de los participantes y fragmentos de la tercera tanda de Treme

Ya está aquí la tercera temporada de Treme. Ayer comenzó a emitirla el canal TNT, en horario para búhos: los domingos, a las 23.50. Este es un aviso para los que prefieren disfrutarla con las voces dobladas, aún asumiendo que se pierden giros lingüísticos y guiños culturales (también traspapelados en las beneméritas versiones subtituladas que circulan por la Red). No importa, sabemos que Treme es fiable:The Times-Picayune analiza cada capítulo con microscopio y solo ha podido detectar mínimos errores.

No es pequeña hazaña que una ciudad tan insular admita la visión levemente crítica de un foráneo como David Simon, aunque el autor de The wire haya contado con agudos cómplices locales. La serie transmite el amor total de un visitante que, efectivamente, se ha aplatanado o, como diagnosticaban en los días del Imperio Británico, se “volvió nativo”.

Estamos ante un forastero obsesionado en que no se le note. Simon y su equipo se  preocupan por los mínimos detalles pero evitan el Gran Tema: el reparto del poder en Luisiana según líneas raciales, con unas instituciones deformadas e incapaces de responder a emergencias como las que provocan regularmente los huracanes. A partir del fenómeno de la masificación de las drogas, The wire desplegaba una panorámica de Baltimore que tenía resonancias globales; Treme se queda en el localismo de la bohemia y los músicos de Nueva Orleáns.

No me quejo:Treme ofrece un festín para los melómanos. Vamos desfilando por los clubes donde se ofrece música en vivo; suelen ser antros pero tienen sabor y, amigo, lo que suena allí compensa cualquier incomodidad. De hecho, una subtrama de la tercera temporada hace referencia a un plan para un pelotazo inmobiliario, justificado por la urgencia de construir un Centro Nacional del Jazz digno: como el Lincoln Center neoyorquino, feudo del más poderoso exiliado de la ciudad, Wynton Marsalis.

Uno de los ganchos de Treme es la fascinación de los guionistas por el Cómo Se Hace. Se explicita en un montaje que alterna las negociaciones de la chef Janette y un empresario de hostelería que va de sobrado y la cena de la cantante-violinista Annie Tee con su futuro manager, que también ("puedo hacer que vayas de telonera de Wilco"). Como siempre, la añeja ciudad sometida a la tentación de los nuevos modos.

A Simon le interesan los mecanismos que permite que funcione, de aquella manera, una ciudad tan caribeña, tan diferente del resto de los Estados Unidos. Especialmente en sus expresiones culturales: en anteriores temporadas, nos enteramos de la agotadora preparación que hay detrás de una  de las comparsas de indios que desfilan en el Carnaval o del modus vivendi de los diversos músicos, desde los que tocan en la calle a los que realizan giras y salen en las revistas.

También seguimos contemplando cómo se manejan los buitres que acudieron al reclamo de la lluvia de millones para la reconstrucción tras el Katrina. Y asistimos al laborioso proceso de un reportaje de investigación, de los de  verdad, nada de "te mando el dossier". Lo hace además un periodista de fuera, un aparente pardillo que resulta que sabe olfatear el rastro de las “hazañas” de la Policía local. Unos agentes blancos o negros pero capaces de una extraordinaria violencia, tan seguros de su impunidad que ni sienten la necesidad de invocar la excusa de la justicia extraoficial.


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El músico vividor pero bondadoso, la abogada comprometida, el reportero tenaz


Intuyo que le resulta fácil esbozar perfiles de “malos” y dejarlos que se muevan con miradas amenazadoras o calculadoras. Son mucho menos creíbles los “buenos”, los que representan la conciencia liberal de Simon. A regañadientes, aceptamos a Toni Bernette, la abogada que defiende los derechos civiles, bien encarnada por Melissa Leo, pero se nos atraganta su pretendiente ocasional, el teniente Terry Colson, un madero (en todos los sentidos), aunque en esta temporada se evidencia que –después de todo- también tiene sangre caliente.

Imposible confundirse con The wire, donde se humanizaba incluso a los peores villanos. En Treme, estos sencillamente dejan caer argumentos pétreos –dinero, futuro, seguridad- en reuniones furtivas mientras sus contrincantes despliegan un arco iris de sentimientos. Queda claro dónde residen las simpatías de Simon. Demasiado claro. Mientras la serie ha funcionado en el extranjero, Treme ha sido un (relativo) fracaso de Treme ante la audiencia estadounidense: allí detectaron inmediatemente el maniqueismo.

No se confrontan las diferentes recetas (la reformista, la conservacionista) que se barajaron para rescatar a la ciudad. Una urbe que hasta tiene virtudes redentoras: Nelson Hidalgo, un listillo tejano que busca tajada en los planes de rehabilitación y demolición, termina cayendo bajo el embrujo de las músicas -y las mujeres- de The Big Easy.

Esa buenismo tiene su equivalencia en la selección musical. En Treme dominan las maderas nobles: el jazz, el rhythm and blues, el rock maduro, el cajun, el folk, el country, el zydeco. Sin embargo, en la primera temporada no había ni rastro de la música más comercialmente potente que se confecciona hoy en Nueva Orleáns: el bounce, un tipo de hip-hop rítmicamente simple, agresivo en lenguaje, vulgar en bailes.

Tras patinar con tan conspicua omisión, Simon permitió en la segunda tanda cierta presencia del rap, aunque uno sospecha que lo considera el tam-tam del otro lado del río, la voz de las tribus enemigas. Ocurría igual en las novelas sobre Washington DC del gran George Pelecanos, que asimismo participa en Treme. Y simplifica una evidencia peliaguda: las cifras millonarias del gansta rap demuestran que su público es infinitamente más amplio que la tropa de drogotas, putas y delincuentes.


 

Diplo explica algunas claves del bounce en Nueva Orleans

 

En 2005, Nik Cohn publicó Triksta, la crónica de sus (infelices) aventuras como novato productor de rap en Nueva Orleáns. Resulta paradójico que Cohn, el primer historiador Trikstade la música pop, termine exigiendo pasar página, que se olviden los discos y los artistas clásicos de Nueva Orleáns que él tanto amaba. Su intención puede considerarse honorable: evitar que la ciudad se convierta en un parque temático.

Aunque Nueva Orleáns no se distinga precisamente por el respeto a ese pasado creativo. A Davis McAlary, el más apasionado defensor de la música de la ciudad en Treme, se le ocurre montar unos recorridos didácticos por lugares históricos. Digamos que el resultado es aún más desastroso de lo habitual en sus confabulaciones. Por cierto que este chovinista DJ, entusiasta de la negritud hasta lo grotesco, sobrepasa los límites de la credibilidad: aún sabiendo que pertenece a una vieja familia de la aristocracia criolla, asombra que no le partan la cara en cada capítulo.

Y lo del parque temático puede que resulte un destino inevitable. La Luisiana es un Estado pobre, con una economía tercermundista: agricultura de plantación, pesca artesanal, recursos energéticos…y turismo de convenciones. Treme ha sido una bendición para la imagen de la ciudad. Sí, nos decimos: allí hay corrupción, desprecio por la vida, burocracia cerril y miseria ancestral pero, de alguna manera, lo compensa la gente seductora, la espléndida gastronomía, el orgullo de pertenencia y la música. Música eterna, a pesar de lo que diga su fecha de grabación.


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Hay 6 Comentarios

Hay infinidad de elementos que podemos analizar sobre esta serie, yo sólo puedo decir que es una excelente serie de las mejores de HBO. Treme temporada 4 que ya se estrenó pone fin a la historia y con ello comprobamos lo maravillosa que es. No se la pierdan.

Hay que ser bien burdo para no gustarte Treme. El español, que ha perdido la batalla en otras cosas, se llena el vacío ahora con ese ataque de ego cultureta. Pero no le podemos dar la medalla por que vea series como Homeland o Game of Thrones. Cosas como Treme son las de verdad exquisitas.

No tengas miedo de meterte en Treme. Es más accesible que The Wire, está muy bien rodada y actuada.

A mí me parece un gran reflejo de la vida de Nueva Orleans, sobre todo, después de haberla visitado este verano. La escena de Dj Davies recorriendo con un grupo de turistas incrédulos los lugares históricos del jazz (derruidos en el mejor de los casos) me resultó muy familiar porque es justo lo que yo experimenté.

Me sorprende que en EE.UU no tenga tanto éxito, creo que es un fiel retrato de la idiosincrasia de la ciudad. Otra cosa es que en el resto de EE.UU tengan algo de tirria a Nueva Orleans (de otra forma no se explica que "esté dejada de la mano de Dios")

Saludos!

Nos encantó The Wire, es magnífica, una auténtica obra maestra de la televisión. Pero Treme da una pereza...

Hola Diego..., me gustaría contactar contigo para comentarte sobre un docu de música soul en Senegal, te escribo desde Dakar, no se en que mail ponerme en contacto contigo..., un abrazo!!.., y gracias

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¡Tanta música, tan poco tiempo! Este blog quiere ofrecerte pistas, aclarar misterios, iluminar rincones oscuros, averiguar las claves de la pasión que nos mueve. Que es arte pero, atención, también negocio.

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Diego A. Manrique

, en contra del tópico que persigue a los críticos, nunca quiso ser músico. En su salón hay un bonito piano pero está tapado por montañas de discos, libros, revistas. Sus amigos músicos se enfadan mucho.

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