El tipo duro más cool también cantaba

Por: | 17 de enero de 2013

 

 

RM verdoso Out Of The Past

Jane Greer y Robert Mitchum en Retorno al pasado (1947) , de Jacques Tourneur

Se podría argüir que Robert Mitchum (1917-1997) fue un arquetipo
del rock star antes de que se hubiera acuñado ese concepto. Lo
sabía todo sobre la triada de Sexo, Drogas y Rocanrol (si entendemos
el tercer elemento como desprecio por las convenciones sociales).

Había vivido antes de entrar en el mundo irreal de Hollywood. En los
años treinta, deambuló por Estados Unidas trabajando donde podía,
esquivando a la policía, endureciéndose. Fue en sus anzanzas como
hobo cuando probó la marihuana, que entonces crecía salvaje. Ya no
dejaría de fumarla, aunque en 1948 un par de policías le atraparan
con las manos en la masa. Temió entonces por su carrera de actor
pero -sorpresa- resultó que el público aceptó esa "debilidad" como
parte de su complejo carácter: el tipo fatalista, reservado, observador.


Mitchum también era musiquero. Tocaba suficiente saxo para
defenderse entre jazzmen. Y amaba cantar, dentro y fuera de cámara.
Tuvo un éxito menor con el tema principal de Thunder road (1958),
una canción country con motor de rockabilly. Nada extraño ya que
Mitchum, que escribió el guión, pretendía que el protagonista
fuera Elvis Presley pero no hubo forma de convencer al cenutrio
del Coronel Parker.
  

 

Mitchum celebra las hazañas de los destiladores clandestinos de whisky en Thunder road 

Como buen aficionado, Mitchum acumulaba discos y pasaba largas horas ante su equipo de alta fidelidad. Dado que Hollywood había descubierto las maravillas de las localizaciones al aire libre tras décadas de filmar en estudios, Robert aprovechó los viajes para ampliar su colección. Rodó un par de películas en Tobago y allí se encontró con el calipso (y con los afrodisiacos, pero esa es otra historia). Le fascinó aquella música: se comentaba la actualidad política pero también la eterna guerra de los sexos.

Su compañero de juergas, Jack Lemmon, explicaba que una noche, en un club donde actuaban cantantes de calipso, Mitchum se puso en píe y se lanzó a improvisar versos ante el asombro de los nativos. Se llevó además todos los discos que encontró. De vuelta en Los Ángeles, se encontró con el letrista Johnny Mercer, fundador de Capitol Records, y le transmitió su entusiasmo. Zas: contrato de grabación. Tampoco es que Mitchum se sintiera impresionado: ya había hecho media docena de canciones más o menos folk en 1947, para Decca.

El calipso ya había desembarcado en Estados Unidos, con Harry Belafonte. En 1957, a Mitchum no le interesaba hacer un disco que sonara auténtico: Calypso-it is like so...retrata a un gamberro que disfruta en el estudio, que cambia algunos nombres femeninos al de su sufrida esposa (Dorothy), que recrea los arreglos originales con banjo o guitarra eléctrica. Sobre todo, se deleita con las picardías de los isleños, tan -hoy diríamos- políticamente incorrectas, lo de “mejor una mujer fea” y demás. 

 

Robert Mitchum se divirtió cantando calipso en 1957

Tenía demasiado trabajo ante las cámaras como para dedicar mucho tiempo a cantar. Y era hombre de impulsos: en 1967, viajando a un rodaje, escuchó una pieza country graciosa, dedicada a un perdedor en amores, muy aficionado a beber: “Little ole wine drinker me”. Enfiló hacia Nashville y allí firmó contrato con una de las independientes más potentes, Monument Records. Hizo todo un álbum, That man, usando a instrumentistas que por entonces grababan con Dylan, como Charlie McCoy. Dylan y Mitchum coincidieron incluso en grabar ese himno al vagabundeo llamado "Gotta travel on"; la diferencia está en que uno sabía exactamente lo que estaba cantando.

Mitchum solo volvería a grabar en sus años finales. Bruce Weber, el fotógrafo de moda que rescató al maldito Chet Baker en Let's get lost, le echó el anzuelo. Le rodeó de bellezas para que se le activaran los recuerdos; funcionó. Y también le llevó al estudio, donde hizo viejos éxitos con admiradores del calibre de Dr. John, Marianne Faithfull o Rickie Lee Jones. El documental se titulará Nice girls don't stay for breakfast. Hablamos en futuro: quince años después de la muerte de Mitchum, Weber sigue trabajando en el proyecto.

 

Robert Mitchum-Bruce-Weber-le-rodeó-de-modelos

 Para soltarle la lengua, Bruce Weber le rodeó de modelos  

En el último tercio de su vida, Mitchum giró hacia la derecha: defendió la intervención estadounidense en Vietnam...mientras seguía disfrutando de la impunidad que daba el estrellato en asuntos de drogas, groupies y alborotos. No renunció su actitud insolente, a su escepticismo vital, a su mirada ambigua. Sabía que la vida era pura lotería: antes de colarse en los westerns de serie B, había sido estibador (uno de los gremios más rojos), había sufrido en una ensordecedora fábrica de aviones, había mantenido una familia.

Conviene distanciarle de sus amigos. No compartía la desgana de un Dean Martin: si había un guión interesante o una canción intrigante, se comprometía. A diferencia de Sinatra, que saltó airado ante la irrupción del rock and roll, Mitchum se alineó con los teenagers rebeldes en uno de sus calipsos ('What is this generation coming to?'). En 1977, cuando rodaba Detective privado en Londres, se acercó al Vortex, el más peligroso de los primeros locales punkis: contempló en acción a las Slits y a Siouxsie and the Banshees. No ha quedado constancia de su reacción.   

 

Evocación de la carrera de Robert Mitchum  

El rock le contempló con respeto, si no veneración. Lou Reed le menciona en “New age”, un tema de Loaded. Jim Morrison era admirador: en su último día de vida, fue a ver Pursued, su western de 1947. Mitchum coincidió con Iggy Pop en el rodaje de una de sus últimas películas, Dead man (¡banda sonora de Neil Young!).

Y tiene su canción. La compuso Julian Cope -Ian McCulloch aseguraba haber participado- y salió en Skellington, un disco autoeditado, publicado sin permiso del sello con que grababa, Island Records. Cabe imaginar que, de haberse enterado, Mitchum hubiera aplaudido. Metafóricamente.   

 

Héroe cultural: Julian Cope le dedicó esta pieza, "Robert Mitchum"

Como musiquero, Mitchum acumulaba discos y pasaba largas horas ante su equipo de alta fidelidad. Dado que Hollywood había descubierto las maravillas de las localizaciones al aire libre tras décadas de filmar en estudios, Robert usó los viajes para ampliar su colección. Rodó un par de películas en Tobago y allí se encontró con el calipso (y con los afrodisiacos, pero esa es otra historia). Le fascinó aquella: se comentaba la actualidad política pero también la eterna guerra de los sexos.



Su compañero de juergas, Jack Lemmon, explicaba que una noche, en un club donde actuaban cantantes de calipso, Mitchum se puso en píe y se lanzó a improvisar versos ante el asombro de los nativos. Se llevó además todos los discos que encontró. De vuelta en Los Ángeles, se encontró con un ejecutivo de Capitol Records y le transmitió su entusiasmo. Zas: contrato de grabación. Tampoco es que Mitchum se sintiera impresionado: ya había hecho media docena de canciones más o menos folk en 1947, para Decca.



El calipso ya había desembarcado en Estados Unidos, con Harry Belafonte. A Mitchum no le interesaba hacer un disco que sonara auténtico: Calypso-it is like so...retrata a un gamberro que disfruta en el estudio, que cambia algunos nombres femeninos al de su sufrida esposa (Dorothy), que intercala el “man!” propio de cualquier hipster, que se deleita con las picardías de los isleños, tan -hoy diríamos- politicamente incorrectas.

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Hay 12 Comentarios

el psoepais apesta....

Y lo de que Mitchum quería que "Thunder road" la protagonizara Elvis, siendo una película hecha en parte para su propio lucimiento, suena a puro disparate leído a saber dónde.

Un artículo interesante, aunque no dice nada que no supiéramos de sobras y además está lleno de imprecisiones, quizá la más llamativa respecto a la autoría del guión de "Thunder road": la historia original es de Mitchum, pero el guión lo escribieron Walter Wise y James Atlee Phillips (no hace falta leer ninguna de las biografías que hay por ahí del actor, el dato aparece en imdb o en wikipedia. También se puede ver la película y fijarse en los créditos).

Matemos dos pájaros de un tiro:
1 Felicidades por el cumpleaños del blog, a mí se me ha hecho muy corto.
2 Para completar el cuadro Mitchum nada mejor que los últimos capítulos del Big Time (habla Perico Vidal) de Marcos Ordoñez, en el blog de aquí al lado.

Cierto, cierto: suena hermoso el Sunny de Mitchum. ¡Pero es que resulta imposible hacer una mala versión de una canción tan exquisita! Lo probaron los alemanes de Trocadero Records, que sacaron dos CDs de interpretaciones del Sunny (la de Mitchum está en el Vol. 1),

Hace años compré un recopilatorio de Robert Mitchum en Amazon, incluía el Thunder Road que dice Diego, una versión maravillora de "Sunny", calipsos... muy recomendable. ¡Muy grande el predicador Harry Powell!

Magnífico actor. Contenido, (teoría del iceberg de Hemingway en actuación) no se lo que hubiese opinado Stanislavsky pero fue grandioso incluso en westerns en blanco y negro de bajo presupuesto, pero dejando consideraciones estéticas a un lado lo que impresiona fue que como Sean Connery jamas rehuyó a una pelea callejera con malandros. Descanse en paz.

Creo que falta un dato muy importante , y es que era un gran lector, una ave rara en el mundo del cine.
Era un intelectual

That Man es un disco muy interesante. Pero yo destacaría la versión del estándar de Bobby Hebb, Sunny, donde se viste de crooner y muestra lo que podría haber llegado a ser.

Intersante artículo, Sr. Manrique.
Algún link donde pueda escucharse una muestra ?
Saludos.

Sonia Vizoso, Santiago de Compostela

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Hola
Estupendo articulo sobre una estrella de las de verdad.
Muy buenos también tus "dardos".
La canción de Julian Cope me ha recordado mucho a Jonathan Richman.
Muchas gracias. Un saludo.

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¡Tanta música, tan poco tiempo! Este blog quiere ofrecerte pistas, aclarar misterios, iluminar rincones oscuros, averiguar las claves de la pasión que nos mueve. Que es arte pero, atención, también negocio.

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Diego A. Manrique

, en contra del tópico que persigue a los críticos, nunca quiso ser músico. En su salón hay un bonito piano pero está tapado por montañas de discos, libros, revistas. Sus amigos músicos se enfadan mucho.

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