World, pop o rock: llegaron las vacas flacas

Por: | 29 de abril de 2013

  

Staff Benda Bilili, tal como sonaban al principio (¡y al aire libre!) 

Causó sensación al finales de la pasada década, seguro que lo recuerdan. Staff Benda Bilili contaba con un relato apasionante: cuatro maduros músicos callejeros de Kinshasa que, afectados por la poliomielitis, se desplazaban en triciclos, no siempre motorizados. Como sus predecesores de Konono Nº 1, eran capaces de fabricarse  instrumentos: les distinguía el punzante sonido del satongé, hecho con una lata y un cable metálico por un fichaje jovencito.

Staff B B en Donosti (2011) por JESÚS URIARTE
Staff Benda Bilili en San Sebastián (2011). Foto de Jesús Uriarte

Toda una gesta: el triunfo de la voluntad contra la adversidad. Ensayando en las ruinas del zoológico de la capital congoleña, formaron a sheges, niños de la calle, para que integraran su sección de ritmo. Sobreviviendo a la ley del más fuerte que define aquella ciudad. Y triunfaron, o al menos eso parecía: grabaron dos exuberantes discos para la colección Congotronics del sello belga Crammed, inspiraron un aplaudido documemtan (Benda Bilili!, 2010) que les llevó a la feria de las vanidades que es el Festival de Cannes.

 

Una de esas narraciones que nos conmueven. Excepto que aquí no se detecta el esperado final feliz. Resulta que, en contra de lo anunciado, no ha habido gira europea de Staff Benda Bilili en abril y marzo de 2013. De hecho, ahora mismo parece que el grupo no existe o que, al menos, se ha roto. Dos de sus cabezas visibles, Coco Ngambali y Théo Ntsituvuidi, se han embarcado en una nueva aventura, el Trio Mbongwana. Por su parte, el líder Ricky Likabu insiste en que Staff Benda Bilili sigue activo, a pesar de la espantada en la citada gira. De cualquier manera, la imagen risueña de SBB está rota. 

Detrás de la conmoción, una historia eterna. El descontento de unos músicos que sienten que se les acaba el tiempo y no se recompensan sus esfuerzos. La ruptura con el “descubridor” (blanco), que no tomó la precaución de hacerles firmar un contrato formal. La aparición de un “salvador” (negro) que pretende enmendar la situación, aún sin conocimientos del negocio.

 

Los detalles epidérmicos no son gratuitos. Puede que haya “explotación neocolonial” o dudosas prácticas contables; puede que las cosas no se hayan sabido explicar. Se me ocurre que Staff Benda Bilili simplemente ha chocado con los rudos condicionantes de la industria musical en tiempos recientes. A saber: que la música grabada apenas genera ingresos. Que el dinero -cada vez menos- está en los directos y no se materializa automáticamente.

STAFF---LA PELI cartlPero las giras de un grupo extenso -además, con sus necesidades particulares- no son necesariamente rentables. Los cachés pueden parecer extraordinarios en Kinshasa pero luego hay que descontar viajes, gastos, sueldos de empleados occidentales, porcentajes, impuestos, autores. Tras hacer todas las restas, es posible que no quede demasiado para repartir. Por lo visto, ocurrió así tras su recorrido por EEUU en 2012,

Al fin y al cabo, todos conocemos el “efecto Buena Vista”. El Buena Vista Social Club vendió muchos millones de copias, generó una película y una serie de discos colaterales, puso en movimiento a todas sus figuras. Jugada redonda pero, si alguien visitó Cuba por aquellos años, también recordará la desesperada urgencia de otros músicos, veteranos o no, por subirse a aquel tren. Prácticamente, a cualquier turista que tuviera algo que ver con la música le ofrecían la posibilidad de lanzar a grupos y solistas con historial.

Y hubo quién se tiró a la piscina del management sin conocer las peculiaridades del negocio capitalista en una sociedad supuestamente socialista (y sí, también se coló algún tiburón). En el mercado internacional se produjo una saturación de música cubana “de viejitos” que, efectivamente, dejó muchos sueños rotos, bastante ira, una frustración palpable. 

Estamos hablando de artistas que, por usar la jerga habitual, hacen world music. Pero, créanme, ocurre igual en todos los territorios sonoros. Amamantados por fabulosas epopeyas de ascensiones a la cima, los creadores del pop y el rock hoy se dan de bruces con realidades ásperas. La broma de Jesús Ordovás de "ahora váis a compraros mansiones con piscina en Somosaguas" suena a sarcasmo: incluso con discos y un nombre establecido, se lucha simplemente por vivir de la música. Con el reinante clima de resentimiento social, hasta habrá quien se alegre; inútil mencionar que el modelo del músico a tiempo parcial no es el ideal a efectos de la creación.

Cierto pudor, la querencia por el viejo sueño, hace que esos detalles se disimulen ante los periodistas. Cuesta reconocer que, para decirlo brutalmente: a pesar de lo que se contaba en aquella bonita leyenda, no hay una olla de oro esperando al final del arco iris. El arco iris, recuerden, es un fenómeno óptico. Aquí y en Kinshasa.            

 Experimento: Staff Benda Bilili tocando con los metales holandeses de NBE en Amsterdam    

Hay 7 Comentarios

Si quieres ver el "resentimiento social" en acción, estudia las respuestas a la entrevista de hoy con Javier Gurruchaga
http://cultura.elpais.com/cultura/2013/04/24/actualidad/1366817523_220920.html
Y que conste que comparto muchas de las críticas musicales que allí se hacen a Gurruchaga pero lo que domina en la reacción colectiva es otra cosa, más fétida.

Hola, Cabesound: he exagerado, como Diego. Sé que la inmensa mayoría de los músicos no nadan precisamente en la abundancia y no trato de decir que no deban vivir de la música. Pero sí me alegra que el modelo de la gran industria musical de los excesos (la de las piscinas de Maibú y las bandejas de a kilo) haya llegado a su fin... porque tenía muy poco que ver con la música y sí con el capitalismo salvaje.
Si eso es resentimiento social...

Benda: disco de año de música del mundo del año pasado. Congo, Mali, Nigeria, bien, gracias.
Buena Vista: el disco de ¡música del mundo! más vendido de la historia. Músicos cubanos, uuuffff, qué ahogo, chico.
Tiempo parcial: maravillas. No solo en música (se puede ser limpiador y editar un par de obras maestras cada 20 años -Bill Fay- o ser abogado y ponérsele a uno 'cara de estar componiendo una canción' y editarlas periódicamente ¡el gran Javier de Torres!), también en literatura (Henry Roth) o en pintura o en cine (¿cómo se gana la vida Victor Erice?).

Qué bruto, xibeliuss. Igual "resentimiento social" es exagerado, pero es cierto que es muy extendida la idea de que los músicos no están trabajando y que se dedican a ponerse finos y a ligar. No se trata de tener coca en bandejas de a kilo, simplemente de poder quedar para ensayar por la mañana temprano en lugar de estar sirviendo desayunos. Y esto les pasa incluso a músicos de grupos con una trayectoria larga y con fans.

pues vale..y???
parece obvio que un grupo congoles, no muy conocido excepto para algunos circulos de conoisseurs no vaya a hacer grandes cifras..no se quien podria creer lo contrario

en cualquier caso hicieron un par de discos bastante buenos, habra que seguir las sagas..

no esta mal,hay mucho peor
www.newshub.es noticias en tiempo real

"Ya nadie sueña con comprar coches deportivos y mansiones con piscinas: incluso con discos y un nombre establecido, se lucha simplemente por vivir de la música. Con el reinante clima de resentimiento social, hasta habrá quien se alegre; inútil mencionar que el modelo del músico a tiempo parcial no es el ideal a efectos de la creación" Claro, hombre: la mejor música del mundo se ha hecho desde las piscinas de Malibú y con la coca corriendo en bandejas de a kilo; no sólo para los músicos, tambien para sus agentes y los caza talentos de las discográficas.
Me has dejado "tocado" con lo del resentimiento social.

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¡Tanta música, tan poco tiempo! Este blog quiere ofrecerte pistas, aclarar misterios, iluminar rincones oscuros, averiguar las claves de la pasión que nos mueve. Que es arte pero, atención, también negocio.

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Diego A. Manrique

, en contra del tópico que persigue a los críticos, nunca quiso ser músico. En su salón hay un bonito piano pero está tapado por montañas de discos, libros, revistas. Sus amigos músicos se enfadan mucho.

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