De "homeless" a figura del soul

Por: | 13 de junio de 2013

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 Charles Bradley en Madrid. Foto de Uly Martín

El renovado esplendor comercial del soul genera propuestas inesperadas. Dado que casi toda la Plana Mayor de la gran época de esa música está fuera de combate, ahora aparecen veteranos inéditos, que discográficamente comienzan de cero y –en general- con músicos blancos. Es el caso de Sharon Jones o su compañero en el sello Daptone, Charles Bradley. Benditas sean las anomalías: gente que ha pasado el medio siglo y que, a su escala, triunfan. 

De primeras, Bradley (Florida, 1948) luce serio y distante. Le acompaña su productor, el guitarrista Thomas Tommy Brenneck. Las primeras impresiones son equívocas: Bradley se abre paulatinamente y uno entiende que su reticencia inicial posiblemente responda a su desdichada biografía.


Bradley no alardea de ello pero los detalles surgen a lo largo de una extensa conversación. Producto de un hogar roto, era menor de edad cuando sobrevivía en las calles de Nueva York (“en realidad, me refugiaba en el metro”). Pasó decenios trabajando como cocinero en instituciones. Casi se desliza fatalmente por uno de los agujeros del servicio sanitario estadounidense. Le salvó su hermano, que al poco fue asesinado salvajemente. Estaba solo en el mundo y – disculpen el tópico- lo superó gracias a la música.

  

Brenneck le descubrió en un club. Bajo el seudónimo de Black Velvet, imitaba los movimientos y escenificaba el repertorio de James Brown: “vi que Charles era bueno, muy bueno, pero necesitaba una expresión personal. Le invité a mi apartamento de Brooklyn, donde tengo un estudio”. Fueron seis años de tanteos, que facilitaron una evolución del funk hacia el soul profundo. Un goteo de singles hasta llegar al primer disco largo, No time for dreaming , ahora continuado por Victim of love. Discos aquí disponibles gracias a Resistencia.

Ambos reconocen que ningún sello convencional hubiera financiado semejante calendario. Bradley: “yo tenía en la cabeza muchos versos, fragmentos de canciones. Fue Tommy quién supo darlo forma”. En todos los sentidos, explica Brenneck: “grabamos casi todo en mi dormitorio, con un magnetófono de ocho pistas. Perdimos algunas tomas, cuando se colaba el ruido del metro. Todo analógico y necesariamente orgánico. Era construir un repertorio y una banda alrededor de Charles”.

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Thomas Brenneck y Charles Bradley. Foto de Uly Martín.

El productor rechaza la idea de que No time for dreaming o Victim of love sean discos retro. Atención al argumento: “podemos usar aproximadamente los mismos instrumentos y el mismo equipo que en los 60 pero los músicos traemos otro bagaje. Por ejemplo, hay detalles en los metales que reflejan la influencia del reggae del Studio One o el ethio jazz de Mulatu Astatke; son músicas que no conocían los instrumentistas del sello Stax. Resumiendo, son discos modernos de soul clásico”.

Como guiños al nuevo público potencial de Bradley, se han grabado versiones insólitas. Hoy en día, el cantante no sabe muy bien qué pasó con Kurt Cobain o quienes eran Nirvana pero canta con fondo psicodélico –“como si Hendrix tocara detrás de Otis Redding”- su “Stay away”. Con variaciones: “prescindimos de esos versos que dicen ‘Dios es gay/ quema la bandera’. Charles también hace “Heart of gold”, de Neil Young. Básicamente, es una canción muy romántica, muy adolescente. Escuchársela a un sexagenario le da un nuevo sentido.”

  

Con su ruda voz hiperdramática, más Wilson Pickett que Otis, Charles Bradley supone una poderosa revelación. Tiene manos de obrero y gran curiosidad por todo lo que le rodea, sean los vinos blancos españoles o la identidad de las gentes que protestan en las calles españolas. Ahora sí alza el volumen: “de no ser por mis viajes, yo estaría manifestándome en mi país. Urge una rebelión en Estados Unidos: los trabajadores somos cada vez más pobres. Y fue diferente en otra época: yo no estaría aquí de no existir los programas de empleo del presidente Lyndon B- Johnson. Habría muerto hace cuarenta años. Seguro. ”

  

"Strictly reserved for you", primer tema del nuevo disco, Victim of love

Charles Bradley and his Extraordinaires actúan en el Bilbao BBK Live, el jueves 11 de julio.

Hay 13 Comentarios

Oklahoma ,la música sin trampas NUNCA MORIRÁ,,,,,,,,,!!!!

Oreja siempre pasas por aquí para criticar a destajo sin motivo alguno.
Me da que eres uno contratado por el PP ...
No hay sitio para ti aquí.

Ya cállate Gonzalo y sigue succionando los calcetines de Manrique, mientras escuchas tu música para subnormales.

Ya cállate Gonzalo y sigue succionando los calcetines de Manrique, mientras escuchas tu música para subnormales.

Ya se hacía esperar. Cuatro días y no se había presentado por aquí ningún imbécil. Gracias, don Oreja.

Gran referente Mr. Bradley, y que frívolo queda en palabras de Manrique. " uno entiende que su reticencia inicial posiblemente responda a su desdichada biografía." (???) Está acabado, Diego, o en relidad es usted un desdichado?aunque nadie se lo diga, pienselo, hagase un favor.

Me encanta Charles Bradley, que pena que no se acerque por As Rias Baixas.

Muy bueno y no podia resumirse mejor: son discos modernos de soul clásico.

Lo ví hace un par de años en el Montreux Jazz Festival y fue un show lleno de pura energía y buena música. Muy bueno!!!

Me parece perfecto que gente que igual no tiene la mejor situación económica también tenga las mismas posibilidades de llegar lejos. Buena publicación!

Es una pena que sólo actúe en una ciudad (y que no sea en la que vivo).

Gran historia detrás de este hombre. Le vi en concierto el verano pasado y no paraba de repetir "I love You!" visiblemente emocionado.

Y gran disco "Victim of love". Más variado que el primero pero sin perder el norte.

Precisamente mañana viernes por la noche emite la BBC 4 un documental sobre Charles Bradley. Gran voz, gran talento, y dos grandes discos de soul clásico de la vieja escuela, sin soniditos rap ni beeps de r'n'b moderno.

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¡Tanta música, tan poco tiempo! Este blog quiere ofrecerte pistas, aclarar misterios, iluminar rincones oscuros, averiguar las claves de la pasión que nos mueve. Que es arte pero, atención, también negocio.

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Diego A. Manrique

, en contra del tópico que persigue a los críticos, nunca quiso ser músico. En su salón hay un bonito piano pero está tapado por montañas de discos, libros, revistas. Sus amigos músicos se enfadan mucho.

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