Imperios de la mugre

Por: | 02 de julio de 2013

   

Ya ha concluido el más legendario de los festivales musicales: Glastonbury. Ha cumplido con las expectativas: amontonamientos, retretes indecentes, conciertos memorables mas un poco de frío, lluvia, barro. Durante años, uno sospechaba que la Experiencia Glastonbury estaba implantada en el ADN de los hijos de Albión: de alguna manera, pensaba, querían ponerse a prueba. Son los bisnietos de los supervivientes de la batalla del Somme, los nietos de los rescatados en Dunquerque. Una oportunidad para demostrar compostura, estoicismo, determinación.

 

Puro delirio, lo sé. A principios de junio, MSN.co.uk hacía pública una encuesta realizada entre dos mil habituales a los festivales británicos. No he hallado mucha información sobre la metodología, así que pueden sentirse escépticos. Resulta que sólo un 45 % alegaba que la música era su principal motivación. El resto se repartían entre los que destacaban que se trataba de estar con los amigos, disfrutar del ambiente o hacer “cosas que no se pueden hacer en la vida diaria.”

    

¿Qué cosas, oigo preguntar? Una cuarta parte reconocía haber mantenido relaciones sexuales con una persona hasta entonces desconocida; el 21 por ciento confesaba que tomó drogas ilegales y -no sé si eso lo consideran un plus- un 13 por ciento participó en peleas. Casi la mitad admitía haberse comportado de maneras que jamás se hubiera permitido fuera de ese recinto.

Cierta prensa se deleitó en compartir estas “verdades”. Según The Times, “En los festivales de música, importa más el sexo y las drogas que el rock and roll”. Los demás titulares seguían esa pauta. El Daily Mail daba un salto en el vacío y proclamaba que “los fans de la música que van a festivales prefieren emborracharse y acostarse con desconocidos a escuchar a las bandas” (¿están seguros de que se tratan de actividades incompatibles?). 

 

Y antes de que aúllen las sirenas de alarma para denunciar la degeneración de la juventud, otra información aportada por el portal de Microsoft, MSN. La edad media de los asistentes se sitúa, según festivales, entre 35 y 38 años. Tiene sentido: los veinteañeros carecen de suficientes recursos para vivir esas aventuras. Acudir a un festival al aire libre cuesta unas 430 libras esterlinas. Eso incluye la entrada más el transporte, la comida y la bebida, el material de acampada y la ropa (por partida doble, para chaparrones y para el sol). Desconozco en qué partida se oculta el gasto para las substancias clandestinas.

Esa es otra. Durante los años setenta, la policía vestía con vaqueros a sus agentes más jóvenes para que se lanzaran a detener a consumidores de drogas (era el equivalente de pescar en una piscifactoria). Con el tiempo, se ha impuesto la cordura: se arresta a algunos pringaos, para cumplir el expediente, y se centran en asuntos más importantes: los robos, las broncas, las llegadas y salidas. Festivales como Glastonbury tienen zonas tradicionalmente reservadas para los camellos, con una oferta amplia que se pregona sin vergüenza.

En realidad, preocupa más el consumo de alcohol. Asombrosamente, Glastonbury permite que los asistentes se traigan su propia bebida, siempre que no venga en botellas de cristal (los fabricantes más listos ofrecen recipientes de cartón). Pero este año intentaron evitar los excesos báquicos: no se admitieron los cargamentos de alcohol sobre ruedas (carretillas, cestas de la compra, maletas). Eso quiere decir que hasta ahora estaba tolerado: uno de los ecos del laissez faire de los inicios de Glastonbury como conclave hippy. 

 

Aún siendo refractario a los festivales, uno no puede dejar de admirar la devoción británica por esos acontecimientos. Y la correspondiente sensibilidad institucional: la BBC ofreció 250 horas de música desde los seis escenarios principales de Glastonbury, vía radio, televisión y streaming.

Un servidor se conformaría con menos. Se conformaría con que promotores y autoridades nos dejen de contar milongas sobre los teóricos millones de euros que trae tal festival a la economía de tal rincón de España. A cambio, que se financien estudios sobre lo que realmente hacen/necesitan/merecen los participantes, nativos y turistas, en esas modernas romerías.

Más que nada, para tener algo de perspectiva. Lo cuenta la profesora Wendy Fonarow, la antropóloga del indie, en su canónico libro Empire of dirt, que me van a permitir traducir como Imperio de la mugre. En 1991, los dos principales semanarios musicales británicos, Melody Maker y New Musical Express, coincidieron en destacar al Festival de Reading como principal acontecimiento del año anterior. Sólo en el número tres aparecía la caída del Muro de Berlin y el consiguiente derrumbe de la Europa comunista.

  

Hay 18 Comentarios

Acuso recibo de la amable carta abierta de Festivaleros!, un grupo de aficionados a los festivales, en respuesta a la presente entrada en Planeta Manrique, titulada "Imperios de la mugre" en referencia a un libro sobre el universo indie. Creí que quedaba claro que yo no compartía necesariamente los hallazgos de la famosa encuesta de MSN: para decirlo claro, no me parece mal que la gente se "endrogue", fornique, se emborrache y escuche a grupos interesantes...o que decida exactamente hacer todo lo contrario.
Otro asunto es que ahora aprecie una disonancia en la presentación: fue un error ilustrar un texto sobre la cara B de los festivales con imágenes de Glastonbury, que es ciertamente un cinco estrellas de los festivales. Cedí a la tentación de la actualidad.
Tampoco expliqué claramente mi irritación ante esas autoridades hispanas que toleran cualquier festival con la excusa de los ingresos de hosteleria, autoridades generalmente pertenecientes al mismo partido que persigue la música en directo, que impide a los menores de 18 años acudir a un concierto y recarga cualquier actividad cultural con un 21 % de IVA. Ahí me quedo.

Nos hemos quedado muy sorprendidos al leer este artículo y más sorprendidos todavía con algunos de los comentarios que después se han publicado. Por eso hemos querido aportar nuestra experiencia vivida este año por primera vez en Glastonbury 2013. Lo hemos hecho en forma de carta abierta al propio Diego A. Manrique (con cariño). Podéis leerlo aquí:

http://www.losfestivaleros.com/2013/07/carta-abierta-diego-marique-con-carino.html

Es nuestra vivencia desde dentro, acampando y viviendo todo muy de cerca.

Un saludo a todos,
Festivaleros!

José, ir a Glastonbury no necesariamente tiene que dormir en tienda. Te puedes perder alguna cosa, como la vida nocturna del festival, pero hay otras opciones. Yo suelo dormir en unos de los múltiples hoteles a las afueras de las ciudades. Cada día después del último concierto me voy a dormir tranquilamente. Al día siguiente de vuelta al festival.
Es que soy muy comodón.

En un festival de estiercol y tripis como este no me vuelven a ver el pelo ni en broma. En cosas un poco más civilizadas como el Azkena, pues bueno, pues quizás. De todos modos ya no tengo aguante para ver tantos conciertos seguidos como los que plantean los festivales, pero lo que tengo claro es que si voy a uno, cuando acaben los conciertos quiero dormir como dios manda, no tenderme en una tienda de campaña a escuchar como una pandilla de oligofrénicos, temporales o no, se dedican a dar la murga al personal.

Como "superviviente" de Glastonbury 1998, decir que vale mucho la pena. Las condiciones son las que son: frío, lluvia y barro por todas partes, 10 duchas para 100.000 personas (se hace en un prado de vacas, así que no hay instalaciones fijas de ninguna clase), unos grifos a modo de abrevadero con agua que viene y va (para asearse un poco en plan comando) y ordas de indies de todas las edades -desde bebés de pocos meses a octogenarios- en una ciudad temporal dedicada a la música y el disfrute. Decenas de conciertos con un sonido impecable, numerosas opciones gastronómicas y actividades artísticas varias. No acabo de ver la pega. Es caro, sí, pero es una experiencia única. El mundo está mal, sí, pero ¿cuál es la propuesta de Fauna?, ¿quedarnos en casa renegando hasta que nos llegue la hora de morir?. La vida está para vivirla y cada uno que se gaste sus ahorros como quiera, siempre que no haga daño a los demás.

Juan Luis, la gente que va a acampar están 5 días, o sea unos 100€ diarios. ¿Te parece mucha cantidad como alojamiento y la cantidad de eventos que se puede ver y disfrutar? Cualquier hotel mediano en Madrid o Barcelona te cuesta eso. ¿Cuál es la solución, quedarse en casa?

Lo del barro no está garantizado en la entrada. El viernes hubo un pelín, pero después se secó.

No sé si sabrás que el festival dona 2 millones de libras a Oxfam, Greenpeace y a otras ONGs

Peor mugre que alguna chusma nazi que comenta por aquí, no hay

Pues yo estoy 100% de acuerdo con Fauna. Cuando la gente esta dispuesta a gastar 600 libras en estar 3 dias en el barro, o 3 dias viendo una carrera de coches, o en la feria de Sevilla, o en miles de ejemplos, mientras el mundo esta hecho una mierda... es que algo no va bien. No soy yo quien tenga que juzgar en lo que cada uno se gasta su dinero o en lo que cada uno obtiene recompensa por en qué lo gasta, pero bueno... que no veo yo que haya que pagar ese dineral para estar 3 dias en una tienda de campaña y embarrado, mientras otros se hacen ricos y mientras otros muchos pasan hambre.

EL COMENTARIO DEL NICK FAUNA NOS HA HECHO A TODOS MÁS ESTUPIDOS... ¿¿CÓMO PODREMOS VOLVER A SER LO QUE ERAMOS ANTES??

Esta gilipollez solamente la arregla una guerra, está claro, menudo atajo de desocupados soplapollas gastándose 600 pavos en oler, pisar y escuchar mierda mientras el mundo está como está. .soluciones para los músicos, más conciertos a precios más bajos en locales de la ciudad, en definitiva, dar el callo. Esta gente saldría a cenar, pagar la entrada, vestirse bien y follar bien, no a poner bandas sonoras a los lodazales para que 3 espabilaos se lo lleven en puro beneficio

Arte degenerado, o cultura degenerada, como se prefiera, claro exponente de la degeneración de estos tiempos.

de todos es sabido que no hay nada más guarro que un inglés y si además le añadimos este tipo de festivales...

Gracias, Diego A., por seguir al pie del cañón ¡qué tiempos los vividos...!

Glastonbury no es solo un festival de música, hay circo, cine, representaciones callejeras, zonas para niños, cabaret, y millones de cosas más. No hay ningún festival en España donde no de fume porros, beba o se folle.

Como debe saber muy bien Diego desde hace mucho tiempo la gente, yo incluido, compramos las entradas sin saber quienes van a actuar. Es por el festival. Luego puede venir alguna que otra decepción, pero el gran ambiente no te lo quita nadie.

Acabo de volver del Glasto 2013 y repetiré si tengo la suerte de conseguir entradas.

Cojonudo y esclarecedor el tio de la reluciente Stella en mano, justo en medio de la nada mas absoluta, One True Briton: "Priorities, man"

O me he perdido algo, o no entiendo qué cojones tiene que ver el tal rincón de España (?) con el festival de Galstonbury.

La endogamia de la pérfida Albión no cabe en cabeza humana. Ya hay que estar gilipuertas con 38 años para meterse en semejante pelagartar con Jagger de fondo llevándoselo crudo... Con razón cuando vienen a Mallorca o a Salou hay que encerrarlos.

Está claro que los señores de MM y NME no seguían mucho la actualidad internacional si para ellos el Muro cayó en 1990 en vez de 1989. Cosas de la insularidad, tal vez.
Por los demás, todas esas actividades que se ha descubierto (¡oh, Dios mío!) que ocurren en los festivales no parecen muy distintas de las que se dan en cualquier rincón del globo todos los fines de semana. Claro que esas cosas no siempre se hacen al aire libre, en compañía de miles de personas y con los Stones al fondo.

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Sobre el blog

¡Tanta música, tan poco tiempo! Este blog quiere ofrecerte pistas, aclarar misterios, iluminar rincones oscuros, averiguar las claves de la pasión que nos mueve. Que es arte pero, atención, también negocio.

Sobre el autor

Diego A. Manrique

, en contra del tópico que persigue a los críticos, nunca quiso ser músico. En su salón hay un bonito piano pero está tapado por montañas de discos, libros, revistas. Sus amigos músicos se enfadan mucho.

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