El mejor momento de George Harrison

Por: | 31 de octubre de 2013

  GEORGE harrison_shankar

Una bonita paradoja. Revisando la trayectoria de los Beatles en solitario, uno descubre que quizás fue George Harrison -sí, el asocial Harrison- quién tuvo una intervención decisiva en la política global. Ayudó al nacimiento de un país y contribuyó, sin saberlo, a parar lo que pudo ser una guerra incluso nuclear. También estableció que el pop tenía la obligación moral de intervenir en desastres humanos o naturales.

Elimino de la lista a Paul McCartney por razones obvias: demasiada marihuana, escasa relación con el mundo exterior. Mejor no preguntar por su proyecto político: como un little englander cualquiera, fue de las pocas figuras públicas que se declaró en contra de la incorporación del Reino Unido a la Comunidad Europea, alegando “razones patrióticas”. Más penosa fue su respuesta musical al Bloody Sunday, el asesinato de 13 manifestantes católicos por soldados británicos a principios de 1972. Se grabó dos días después y se editó, bajo el nombre de Wings, como “Give Ireland back to the irish”. 

 

El Give Ireland back to the irish utilizado como banda sonora de argumentos del IRA

“Devolver Irlanda a los irlandeses” sugería evacuar a las tropas británicas, lo que era ciertamente la idea más descerebrada de todas. Sin aquella fuerza de interposición, por muy torpe que se comportara durante aquel Domingo Sangriento, el Ulster tenía todos los boletos para despeñarse por una guerra civil. O puede que aquello desembocara en una matanza unilateral: en 1972, los protestantes eran mayoría, estaban mejor organizados y contaban con todo tipo de complicidades entre las fuerzas del orden.

Paul-mccartney-give-ireland-back-to-the-irish-apple“Give Ireland back to the irish” fue vetada por la BBC, mientras que alcanzó el número uno en Irlanda, ante la consternación del Gobierno de Dublin: lo que proponía McCartney era exactamente su peor pesadilla. Una masacre de católicos les obligaría a entrar en el Ulster e, inevitablemente, a enfrentarse con el Reino Unido.

Como McCartney, Lennon también tenía sangre irlandesa y esos leucocitos se le subían a la cabeza. Se le pudo ver manifestándose por Londres, exhibiendo una portada de la revista trotskista Red Mole a favor del IRA (tras su asesinato, los activistas republicanos publicaron esa foto como poster para recaudar fondos). Pero nadie con dos dedos de frente usaría a John como brújula política: unos años antes, estuvo a punto de comprar una isla griega, lo que le hubiera obligado a vivir bajo la dictadura de los coroneles, nada "contraculturales".

Sufría de la mala conciencia del millonario apoltronado durante sus años de matrimonio burgués y se convirtió en victima de hábiles sablistas. Tiraba de chequera y financiaba a asombrados huelguistas, revolucionarios profesionales, matones disfrazados de revolucionarios. Cualquiera que supiera tocarle la cuerda de la culpabilidad podía salir del encuentro con una cantidad respetable. No siempre se entendieron sus intenciones: los asediados obreros de los astilleros de Glasgow aceptaron su donación pero se sintieron insultados por el ramo de rosas que también envió ("¿flores? Aquí hacemos barcos").

 

Lennon y uno de sus potentes ejercicios de agit-prop: su solución para "los problemas irlandeses" era la limpieza étnica, repatriando del Ulster a "cerdos anglos y escoceses".

Imposible negar a Lennon un gran talento como creativo publicitario: sabía convertir eslóganes en himnos pegajosos, como “Power to the people” o “Give peace a chance”. Pero, ya instalado en Estados Unidos, fue dando bandazos entre las causas de moda, arrastrado por activistas veteranos...hasta que le acalló la Casa Blanca de Richard Nixon, que le creía efectivamente un posible nuevo Lenin. Cuando obtuvo la tarjeta verde de residente, ya se le había pasado la fiebre política y renegaba de Some time in New York City. De hecho, según algunos que le trataron en 1980, se había desplazado hacia la derecha: declaraba simpatizar con Ronald Reagan, y no está claro que fuera una simple provocación.

George Harrison+-+Bangla-Desh+++Portrait+-+7'+RECORD-397949Lo de George Harrison fue más casualidad que ideología. Empujado por Ravi Shankar, su maestro y amigo, se le ocurrió montar un concierto -¡él, que no quería girar!- para remediar mínimamente la tragedia de Bangladesh, entonces conocido como Pakistán Oriental. El régimen militar de Islamabad había iniciado una bárbara campaña para acabar con las protestas de los marginados bengalíes musulmanes, que pasaba -antes de que Pol Pot tuviera la misma ocurrencia en Camboya- por ejecutar en masa a intelectuales, profesores y estudiantes. Diez millones de refugiados habían cruzado la frontera para instalarse en la India, en territorios todavía traumatizados por una insurgencia izquierdista.

Seguramente, Harrison ignoraba la terrible partida de ajedrez geopolítico que se jugaba en el sur de Asia. Contra toda lógica, Estados Unidos despreciaba a los líderes civiles democráticamente elegidos de la India; se entendía mejor con los brutales golpistas de Pakistán. Una querencia que reafirmaría en 1973 con los golpes militares en Chile y Uruguay. Pero estamos en 1971 y, frustrado por la imposible situación de Vietnam, Nixon jugaba a Gran Estadista con el respaldo del cínico Henry Kissinger, embarcado en negociaciones secretas con Mao para reconocer a la República Popular China. Iba a ser, le daba coba Kissinger, la acción más decisiva de un presidente estadounidense desde Lincoln y la Guerra Civil.

  

Si necesitas saber más, un documental de 1989 sobre la dramática historia de Bangladesh.

La crisis de Bengala Oriental deshacía el equilibrio de poder en la zona. Se desencadenó una guerra de guerrillas, con la ayuda nada encubierta de la India. Los orgullosos militares de Pakistán declararon la guerra, confiados en el refrán de que "un buen soldado musulmán vale por diez soldados hindúes". Bobadas: el Ejercito de la India liquidó el conflicto en dos semanas, haciendo 90.000 prisioneros entre uniformados y funcionarios pakistaníes. La Ghandi se apuntaba un triple tanto: cortaba la inmensa sangria, eliminaba la inestabilidad en aquella frontera y debilitaba a Pakistán, que perdía más de la mitad de su población.

BangladeshEscandalizados ante la inevitable caída de sus queridos gorilas pakistaníes, Nixon y Kissinger urgieron a China para que atacara a la India: "no podrán soportar una guerra en dos frentes". Dado que Indira Ghandi había firmado un pacto de amistad con la Unión Soviética, aquella invasión china podría desencadenar un enfrentamiento -incluso, con bombas atómicas- entre Moscú y Pekín.

Las transcripciones de las reveladoras “cintas de la Casa Blanca” muestran la asombrosa impávidez de Nixon y Kissinger ante la posibilidad de una guerra nuclear -”al menos, nos habremos portado como hombres”- y su indiferencia hacia las masacres de civiles. El presidente contaba con el desinterés de sus conciudadanos: “cuando hubo la guerra de Biafra, se agitaron unos pocos católicos. Pero ¿a quién le va a importar lo que ocurra a unos malditos musulmanes marrones?”.

Aquí intervino Harrison. Quizás “Bangla Desh” no esté entre sus mejores canciones pero llegó en el momento justo, funcionando como un mazazo sobre las conciencias; llevo la conflagración a los transistores del mundo entero. George evitaba el contexto político y sencillamente rogaba ayuda para una catástrofe de dimensiones entonces inimaginables (sólo se puede comparar, insisten algunos hoy, con el genocidio de Ruanda). Tres días después de la salida de la canción al mercado, se celebraban las publicitadas dos sesiones del Concert for Bangla Desh en el Madison Square Garden neoyorquino, con la presencia de Clapton, Dylan, Leon Russell y otras estrellas del momento. Se trataba de una novedad que resultó además un triunfo artístico (aunque no se lograra la reunión de los Beatles, como muchos clamaban).

 

Versión de estudio de Bangla Desh (en realidad, debería haberse escrito Bangladesh)

De rebote, los estadounidenses se interesaban por Bangladesh y descubrían que en aquel lejano lugar había unos agresores y unas victimas. Nixon no podía ponerse al lado de unos "malos" tan obvios: se encontró con las manos atadas para intervenir en el subcontinente (tanto China como la URSS rechazaron implicarse en INDIA partition_mapsemejante matadero, aunque ambas potencias hubieran preferído que Pakistán mantuviera su integridad territorial). Por consejo de Kissinger, se despachó el portaviones U.S. S. Enterprise  al golfo de Bengala, como amenazando con volver a la diplomacia de las cañoneras. Pero el gesto llegó tarde: a finales de 1971, Bangladesh era reconocido como país independiente.

En los treinta años que le quedaban de vida, Harrison se encontraría con numerosos bangladeshíes que le contaban variaciones sobre la misma historia: “estábamos en la selva/en un campo de refugiados/luchando contra los pakistaníes y, al saber que un beatle se acordaba de nosotros, decidimos que teníamos que aguantar, que alguien nos apoyaba”.

Apoyo moral, esencialmente. A la hora de la verdad, los damnificados tardaron años en recibir los más diez millones de dólares recaudados por los conciertos, los discos y la película documental. Pero George estableció el modelo de respuesta del pop a sucesivas crisis humanitarias: amplificar la tragedia a través de los medios, proporcionar ayuda de emergencia. Quince años después, el ex beatle educaba a Bob Geldolf en modos de evitar las posibles trampas (impuestos, burocracias de la ONU, gobernantes cleptómanos...) a fin de lograr que el dinero de Band Aid/Live Aid llegara rápido hasta los necesitados en Etiopía.      

 

Fragmentos del Concert for Bangladesh

Hay 31 Comentarios

Me parece que Muñoz Molina no sólo lleva el gañán dentro. Con su pinta, podría haber actuado en "El cavernícola" del bueno de Ringo sin necesidad de maquillarse ni nada.

A Muñoz Molina se le sigue notando el gañán que lleva dentro, por ejemplo cuando habla de las canciones de Ringo (penosas todas o casi todas), o cuando en la visita de McCartney al museo se refiere a la reacción del público con el previsible “a la manera de Nueva York”, como si en otras ciudades hubieran reaccionado de manera diferente.

PD: No se olviden de disfrutar del 'Songs in the key of Paul' que acompaña al Mojo de Noviembre 2013, gloria, gloria, gloria......

Como dice Manu3 'Give Ireland...' fue éxito aquí, aunque no menor. Macca recordaba que fue nº 1 'in Spain', y que debía ser por lo del 'Basque country'
De todas formas, para ahondar en los problemas de los Beatles nada mejor que el artículo del musicólogo, 'no pun intended', Antonio Muñoz Molina del sábado pasado, que hasta coincidió con Paul en una exposición en NY, 'noblesse oblige'.

A Lennon le hicieron un favor cuando lo tirotearon en el edificio Dakota porque después de Yoko Kojono y de un truño como “Rock and Roll” la cosa ya no daba para más. Harrison era un guitarrista correcto que se hizo millonario por tocar con los Beatles, se sintió caritativo durante su etapa de monje budista y les copió el “He’s So Fine” a las Chiffons. Y Sir Paul McCartney es un ecologista vegetariano que grabó un disco impresentable en la recién fenecida Unión Soviética que por suerte sólo se editó allí y hoy va a desfiles de moda con Madonna. En realidad, el Beatle más digno siempre fue Ringo.
(He dicho.)

Seamos claros, meridianamente claros: John Lennon era de derechas, y Bárcenas nunca le dio ningún sobre a la señora De Cospedal (el De es suyo, de ella)

La respuesta está escrita en el viento, y tal.

La culpa fue de Zapatero

Y el Mayo del 68 fue también una revolución de derechas, of course. Viva lo camp, pues. Aúpa Ana y Josemari, los pantalones de campana y el pelo peinado a raya... Llegó la hora del striptease, vamos a empezar todos a entender muchas -o al menos algunas- cosas.

Diego, ¿cuándo se va a reconocer que en "Some Times in NYC" hay una "apropiación indebida" de "King Kong" de Zappa? Eso sí, con aullidos de Yoko Ono

Parafraseando a Lynn Anderson, nadie dijo que el colonialismo fuese un jardín de rosas. Sobre todo, cuando hay colonos de por medio, como es el caso. Y eso que el conflicto del Ulster, con toda su violencia, ha sido una fiesta de cumpleaños (que diría el ínclito Wert) comparado con la guerra de Argelia, por ejemplo, que no sólo dejó decenas o incluso cientos de miles de muertos, sino que hizo tambalearse a la propia Francia. En un escenario tan desastroso, si Londres se retirase, los norirlandeses protestantes tendrían que hacer lo mismo. No sólo perderían sus privilegios (que es la razón de ser de un colono), sino que pasarían a ser una minoría en una Irlanda reunificada. Evidentemente, lo mejor es un reparto más razonable del poder, no la marginación de una minoría (la que sea) o una evacuación masiva. ¿Lo habrán logrado los famosos acuerdos del Viernes Santo? Espero que sí.

Guillermo: en términos humanos y económicos, el Ulster era una sangria para el Reino Unido. No sé si sabes cuántas veces los primeros ministros de Downing Street se cabrearon tanto que hablaron de sacar las tropas y dejar que se mataran entre si. Pero se les plantearía a la larga el mismo problema que al gobierno de Dublin...

Ante todo, quiero darle las gracias a Fernando por salir en defensa de mi ¿honor? Bueno, ya sabes lo que quiero decir. Un abrazo.
En cuanto a Mr. Walker, he de decirle que, no sé por qué, ya sospechaba que eran mis comentarios los que encontraba "patéticos y divertidos" (ignoro qué tiene de uno y de otro hablar sobre algunas de las muchas atrocidades del pasado siglo y de sus responsables). Más incomprensible encuentro su empeño en insistir en mi españolidad. Pues sí, lo confieso: soy español. Nadie es perfecto. No sé si haber nacido albanés o mozambiqueño habría cambiado sensiblemente mi manera de ser; en todo caso, despachar a las cuarenta y tantos millones de almas que vivimos aquí con un vulgar tópico parece un poco simple de más, amén de injusto, ¿no? Pero, incluso dándolo por bueno, ¿a quién se supone que envidio? ¿A gente que parece andar por el mundo creyendo que las potencias imperialistas se dedican a proteger a minorías étnicas y religiosas y a promocionar la democracia? Sin duda, la envidio. Estoy convencido de que la inconsciencia, así como la mala memoria, son claves para la felicidad.
Respecto a DAM, añadiré que sus artículos sobre música suelen merecer su lectura; si no, no estaría aquí, y mucho menos me molestaría en escribir todas estas parrafadas. En este caso me ha sorprendido que, tras reprochar a McCartney y Lennon su ingenuidad política, dé él mismo tantas muestras de candidez. Sin ánimo de insistir mucho más en el tema, señalaré una pequeña contradicción como ejemplo: se afirma que las tropas británicas tenían como misión evitar una matanza de católicos que, eventualmente, provocaría una intervención de la República de Irlanda en el Ulster. Acepando este razonamiento, la conclusión es obvia: en última instancia, el propósito de Londres era asegurar su soberanía sobre la región, no salvar vidas, cosa ésta que, notoriamente, no consiguió.
Un saludo a todos.

Juanito Caminante, los comentarios de Guilleromo no rezuman nada, la envidia y el rencor de los que hablas los imaginas tú, algo también típicamente español. Como lo es el empezar a ladrar en cuanto alguien critica o cuestiona lo que dicho el jefe de la manada, en este caso DM, que no le ha respondido, igual porque no tiene nada que responder. Porque nadie puede negar que DM se ha hecho de la picha un lío al principio de la entrada, como le suele suceder cuando se aparta de su especialidad que es la música, aparte de que la mitad del rollo que soltó no hacía falta. Y lo de que Harrison contribuyó a parar una guerra nuclear parece sacado de una película de los Beatles.
En realidad, Harrison era el típico millonario que le dio por aquella buena causa como le podía haber dado por cualquier otra (bueno, había una cierta afinidad por el rollo de la música hindú que ensució un poco el Revolver y el Sgt. Pepper) y montó un concierto que vendería muchos discos, cuando lo que tenía que haber hecho era mandar pasta, que es lo que necesitaban allí en ese momento. No creo que el ciudadano de a pie, en general, tuviera mucha puta idea de que había un tal Harrison apoyándolo (espiritualmente).

Que el dinero tardara años en llegar a los damnificados es tan penoso como previsible, y el cantamañanas de Geldoff no es precisamente un ejemplo de coherencia y humanitarismo. Lo que tenían que hacer esos músicos forrados de pasta es dar una parte a las causas que apoyan, en vez de montar conciertos supuestamente benéficos de los que los primeros beneficiados son ellos mismos.

Guillermo, lo dicho , tus comentarios babean envidia y odio, algo por otra parte muy español, nada nuevo, nuestro pan de cada dia, asi nos va...

¿"Juanito Caminante"? ¿"Johnny Walker"? No, si ya decía yo que todo esto era fruto de una intoxicación etílica...

Magnifico articulo, magnifica seleccion musical, que ilustra a la perfeccion el mensaje y contexto de la epoca. Las criticas que leo al articulo en otros comentarios, son de lo mas divertido y patetico al mismo tiempo, es decir muy españolas y desinformadas, hay que haber vivido la epoca, y haberla vivido con los ojos abiertos, pero no hacia Villaconejos de abajo sino hacia el planeta tierra.

Hombre, Phibes, quizás sea alargar demasiado el chicle de "artista" pero Hugo Chávez quiso ser pintor y siempre escribió.

A mí me ha emocionado hasta las lágrimas la inclusión, por parte de un comentarista, de Hugo Chávez entre el listado de "artistas e intelectuales"...

No podría estar más de acuerdo con el señor de más abajo: no hay nada como ver al Duque dándose de hostias con un gañán para olvidarse de este mundo cada vez más violento (¿dónde han quedado los "25 años de paz"?) y sublimar nuestra mala baba. Eso sí, el whiskey mejor bebérselo antes de leer el artículo del Diego (sospecho que él se lo tomó antes de escribirlo) para poder asimilar mejor esos saberes y opiniones tan amablementes expuestos (y confío en que generosa y justamente retribuidos por los señores de "El País").

Qué poquito se entiende y se aprecia la ironía en este país.
Muy bueno, Diego

Nunca entenderé porqué en los comentarios de los lectores se responde siempre con tanta inquina.

Nuestro admirado Manrique expone siempre sus opiniones con amabilidad y creo que, por muy distinto que sea nuestro parecer, no debemos perder los estribos en nuestras respuestas.

El mundo que nos rodea es cada vez más grosero y violento y, lo siento, aunque parezca ñoño, bastante aguantamos como para ir a escupir nuestra mala leche a quien desde siempre nos ha tratado con respeto y, encima, nos ofrece su mejor saber.

Puestos a hablar de este artículo a mi también me ha sorprendido la opinión sobre el "Give Ireland...", además de una canción muy fácil y tarareable -aquí también fue un pequeño hit- siempre crei que fue muy oportuna.

La verdad es que después de los últimos comentarios en pasados artículos sobre la actitud de Bono, me quedo con la curiosidad de saber más.

Te propongo Diego un artículo en el que con base política mezclemos a McCartney, Bono, Gallagher, Lynott, Geldoff, Enya y quien dentro del musical stablishment haya opinado y actuado en el conflicto.

Por cierto, para todos aquellos violentos verbales, les recomiendo la visión de "El Hombre Tranquilo" de John Ford con un buen vaso de whisky in the jar para desahogarse plenamente.

Saludos desde Innisfree

No es por ensañarme (bueno, sí, sí que lo es), pero se me olvidó recordar el poco éxito de Londres en evitar esa "guerra civil" en el Ulster de la que habla DAM. Unos cuantos miles de muertos a lo largo del cuarto de siglo posterior al "Bloody Sunday" no es precisamente un escenario de paz, ¿verdad?

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Diego A. Manrique

, en contra del tópico que persigue a los críticos, nunca quiso ser músico. En su salón hay un bonito piano pero está tapado por montañas de discos, libros, revistas. Sus amigos músicos se enfadan mucho.

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