Del "ra, ra, ra" al "trabajo con hacha"

Por: | 28 de marzo de 2014

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En una reciente columna para El Cultural, Ignacio Echevarría se hace eco de una sabrosa polémica reciente en el mundillo literario neoyorquino. Dos críticos poderosos, firmas habituales del ilustre The New Yorker y de la página web BuzzFeed, habían coincidido en comprometerse a dar salida únicamente a reseñas positivas. A raíz del alboroto, el New York Times preguntaba a dos novelistas, Francine Prose y Zoë Heller, si tenían sentido las críticas negativas. Sorpresa: ambas decían que sí. Y Echevarría refuerza sus argumentos.

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Ignacio Echevarría

Es una cuestión que no tendría sentido en el periodismo musical español. Con honrosas excepciones, aquí sólo se publican alabanzas de discos y conciertos, complementadas con entrevistas babosas, de mucho colegueo. Y lo puedo entender: resulta mucho más reconfortante soltar ditirambos, regocijarse en los aciertos en vez de señalar los desastres. Además, con el escaso espacio que un crítico de medio impreso suele tener a su disposición, por no hablar de la mínima recompensa, parecería de necios el buscarse enemigos.

Enemigos de larga memoria, como he podido comprobar. Y no se trata únicamente de músicos: pueden ser disqueros, managers, promotores de conciertos, organizadores de festivales. Gente con capacidad Jordi bianciottopara hacerte (algo más) difícil la vida profesional. El pasado año, hubo un enfrentamiento a cara de perro entre los responsables de Primavera Sound y el periodista Jordi Bianciotto. Permanezcan atentos a ese frente: el Primavera tiene a un clown en su cúpula, Gabi Ruiz, que dispara a lo loco en Twitter.

Tampoco se crean que en este territorio abundan los mártires de la libertad de expresión: no cabe esperar mucha solidaridad entre los compañeros. Al contrario, se considera la cobardía como un mérito: en su entrevista en Rolling Stone, el director de una radio pública musical alardea de que jamás ha hecho una reseña negativa (¿se fiaría alguien de un crítico gastronómico que adjudicara tres estrellas a todos los restaurantes?) . Esa tenaza formada por la posible venganza y la complacencia general  tiene un efecto congelador: lo he sentido en mis huesos, el cálculo de que determinado texto te va a traer tantos problemas que, oye, mejor guardártelo o rebajar su contenido… 

En la profesión, me temo, domina el espíritu del hincha deportivo. En vez de la crítica, predomina el “ra, ra, ra”. Y si das una nota discordante, asume las consecuencias. Locutores y plumillas suelen considerar necesaria la unanimidad para lanzar a “sus” descubrimientos. Funciona un desplazado orgullo de padres que les ciega a la hora de valorar a sus protegidos. 

Críticas bad_thumb_down_online_reputation¿Y que se pierde? De principio, el contraste, la capacidad para distinguir entre lo bueno, lo malo y lo mediocre. Se pierde también la confianza del público lector y oyente, harto de tragarse hipérboles (“el mejor disco de la historia del rock español”, “nuestro Bob Dylan particular” etc). Se renuncia también a la capacidad de aconsejar a los artistas: al no conocer la crítica, constructiva o destructiva, cada vez abundan más los discos que compendian todos los errores posibles (¡y algunos  nuevos!). Hablo, lo siento, después de tragarme un taco de discos nacionales donde cualquier producción está ausente: cantantes que no vocalizan, chistes que cansan a la segunda escucha, secuenciación absurda.

Y aun así, la crítica musical española tiene una pésima reputación por su supuesta crueldad. No lo entiendo, juro que no lo entiendo. Cierto es que, de vez en cuando, se sometía a un tercer grado a un Ramoncín, a un Joaquín Sabina, a una de esas figuras detestadas por los exquisitos. Pero, oiga, jamás se aplica un tratamiento semejante a los niños mimados de la crítica

Critica NMECoverChance_CMA3_070114Sin embargo, lo que se recuerda son las escasas salidas de tono. Con la era Internet, el crítico musical se enfrenta a una muralla de odio: te escupen que eres rencoroso, ignorante, mezquino. Yo me deleito secretamente: intento imaginar qué dirían los artistas nacionales y sus corifeos si hubieren crecido en una cultura hipercrítica, como la que alimenta al pop británico, donde la dinámica de the next big thing implica ejecutar a los favoritos de la pasada temporada y, en general, despreciar a todos los que triunfan (que, lógicamente, se escapan a otras latitudes en cuanto ganan unos cuantos millones de libras). 

Y aquí hago una  acotación urgente: esa constatación no significa que un servidor apruebe semejante modus operandi periodístico, ni mucho menos. 

Existe en inglés una expresión contundente para lo que practican rutinariamente los medios londinenses: el hatchet job. No hay equivalente en el periodismo español: una descalificación, poner a alguien a parir, puñalada trapera, poner a caldo. Ninguna de esas posibles traslaciones tiene la belleza bárbara de la traducción literal: “hachazo”. 

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A. A. Gill recibiendo el hacha que simboliza su premio.

Desde hace unos años, existe incluso un premio al mejor hatchet job, limitado a las críticas literarias: se busca “la más airada, la más divertida, la más mordaz”. Se trata de un premio informal, que se entrega en un pub entre risas. Este año, se lo ha llevado A. A. Gill, por su ácida disección de la Autobiography, de Morrissey, publicada por The Sunday Times. Habrá quién lo interprete en términos de lucha de clases: Gill, habitualmente comentarista de gastronomía, tiene modos pijos. Pero se notó un discreto regocijo en el gremio: por fin, Morrissey recibía una cucharada sopera de su propia medicina.   

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Hay 11 Comentarios

Me solidarizo con pep y su 'soga al cuello' y la de gaitas que hay que templar, castellano puro, en el negocio.

Una traducción aproximada de "hatchet job" podría ser, "ir a degüello"

Discrepo con la traducción de "hachazo", por lo menos así como lo pones, en singular. Un "hatchet job" es la demolición de una obra o de un personaje, me parece que es mucho más que un sencillo hachazo. Lo de "trabajo con hacha" me parece más rotundo, yo incluso diría "trabajito con hacha".

pues los que ejercemos de promotores musicales, al menos en provincias, estamos siempre con la soga al cuello de los plumillas de turno, si les caerá en gracia, si tendrán a bien hacer una previa, si podnrán la buena cara, si vendrán a tu concierto, aquí en Zaragoza podría contar y no terminar, ya que han citado a uno de la ciuda: tenemos un surtido variopinto los que escriben y representan artistas al mismo tiempo,los que organizan premios desde un medio para los colegas y sino eres de la cuerda olvídate, el organizador que escribe de sus propios conciertos, y el que realmente vale (de los plumillas, digo), lo marginan; no doy nombres pero si me lee algún aragonés avezado sabrá reconocer a los personajes; y si echamos la mirada al panorama patrio para qué contar, he tenido alguna agarrada con popes que no consienten que les tosas, faltaría mas, pues son ellos los que saben, los que hicieron, etc; me temo que Diego A. eres una rara avis

La crítica de las memorias de Morrissey me ha encantado. Vaya pájaro de música sin brillo ni gancho ni fuerza.

Sí, lo de "hachazo" es muy elocuente. Mira que lo pregunté a varias personas antes de publicarlo y todos nos fuímos por los cerros de Úbeda. Gracias y voy a cambiarlo.

"Hatchet" es un hacha pequeña y "hatchet job" es, literalmente, una crítica despiadada. Me voy a poner pedantón: un hachazo es una hostia, y a eso estamos acostumbrados los españoles. Los anglosajones son muy dados al "hatchet job" pero eso no es atacar a la persona, sino a sus ideas, y dan argumentos y pie para replicar con otros argumentos. En eso los envidio.

Diego solo una escueta nota a la traducción de HATCHET JOB.
Lo haré con una comparación: "Blow job" no es una "trabajo de soplar" sino algo más rotundo que no hace falta mencionar aquí y ahora. Por lo tanto, la traducción más correcta en castellano de "hatched job" es simple y llanamente "HACHAZO".
Un saludo afectuoso.
Un saludo

Como simple espectador/oyente/lector "lambda", siempre he pensado que los críticos son, por lo general, "la voz de su amo". Mantener un status de cierto privilegio en un mundo de vanidades y de dádivas fáciles, que permiten "vivir de puta madre" y ser una estrella sin haberse sudado realmente el status a golpe de riesgo efectivo, como lo hacen los creadores, es algo que se intenta perpetuar en lo posible, aunque sea a golpe de clientelismo, peloteo y toda una serie de actitudes que van desde el corporativismo al cainismo, pasando por el clientelismo: Tus textos leídos avidamente, tus emisiones seguidas por masas, creando legiones de fans, disfrutanto de entradas gratis, yendo de Dios en la tierra - cuanta vanidad, frivolidad, pequeña megalomanía velada se nota a veces - ir de adalid de la exquisitez - ligues incluídos - de decir por ahí "la otra noche me tomé unas copas con mi amigo Jagger y me contó que...". Se lo dijo Philippe Noiret en una ocasión y con acierto a una presentadora de la tele: "Parece que las estrellas son ustedes los periodistas y no nosotros, cuya función es la de ser justamente estrellas". Y como en el fútbol o en el pop, se acaban endiosando medianías, sus seguidores se dividen por grupos de tendencia idelológica según el diario en que escriben (Si eres EM, no te gustará Manrique, si eres EP, no te gustará Juliá Ruiz, largo etc...) porque hay incluso forofismo, más allá de lo que efectivamente te esté aportando un crítico para decidirte a abordar (comprar, claro!) una obra o desecharla. En el fondo, ahora que está de moda el denostado pirateo, cuántas veces se ha preguntado un crítico cuál es su contribución a que te bajes un disco porque te lo demolieron y no te atreves a jugarte tu pasta? Cuántos pillamos un lp porque una "señoría" nos indicó que era "imprescindible" y a los dos temas te cagabas en sus muertos ? Sigo a DAM por inercia, porque me gusta su criterio (etc...) pero la crítica hay que cogerla con pinzas, venga de quien venga... Y olvidarse de los "superguays" de cajón, tanto como de los "killer".

Me ha parecido una entrada en el blog muy oportuna, y sinceramente, a estas alturas paso de las críticas musicales salvo algunas excepciones como Matias Uribe, paisano mío que si que suele decir a las claras lo que le gusta y lo que no.
Aún siendo de la competencia y hablando de series, que no de música, me ha recordado a esto http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/asesinoenserie/2014/02/20/criticos-y-bufones.html

Me recuerda a las paginas en prensa del mundo de las novedades automovisticas : siempre positivas y ningún palo (como los que sacuden, por ejemplo, en la prensa del motor inglesa o francesa) tal como comentas del periodismo musical y sus alabanzas de discos y cociertos.
¿ jugamos a adivinar porque ?

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¡Tanta música, tan poco tiempo! Este blog quiere ofrecerte pistas, aclarar misterios, iluminar rincones oscuros, averiguar las claves de la pasión que nos mueve. Que es arte pero, atención, también negocio.

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Diego A. Manrique

, en contra del tópico que persigue a los críticos, nunca quiso ser músico. En su salón hay un bonito piano pero está tapado por montañas de discos, libros, revistas. Sus amigos músicos se enfadan mucho.

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