Quiero un filete sintético (y sabroso) antes de llegar a Júpiter

Por: | 07 de febrero de 2013

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Cortesía de Star Trek/Paramount Pictures


No me vengan con excusas. Ya se que en España, la serie Star Trek no es tan popular como en Estados Unidos, pero tampoco es para tanto. ¿O no saben quien es el señor Spock y sus orejas puntiagudas?  Star Trek me engancha más que Star Wars precisamente por la extrapolación científica. Resulta extraordinario que en los años sesenta, el señor Spock apareciera con un disco sólido repleto de datos listo para ser introducido en un ordenador, cuando aun no se habían inventado los disquetes de los ordenadores personales (¿se acuerdan de esos viejos discos blandos de cinco pulgadas y pico?). Pero hoy no voy a hablarles de esa anticipación cinematográfica, sino de comida: el sintetizador de alimentos está hoy un poco más cerca. Alimentos digitales.

Los fans de Star Trek saben que cuando el famoso capitán Picard (interpretado por el excelente actor Patrick Stewart, más conocido como el profesor Xavier de los X-Men, que antes se llamaba en España La Patrulla X) se sienta en su butaca de su despacho de su nave espacial y dice en voz alta,¡Earl Grey Tea! el replicador de alimentos se ilumina y por arte de magia aparece una taza humeante de te negro.

Puede que no estemos tan lejos de lograrlo. 

Lo curioso de las aventuras espaciales en el cine es que hay contadísimas escenas en los que nuestros protagonistas disfruten de un buen banquete. Los guionistas no pierden oportunidad en escribir diálogos en los que los héroes se quejan de lo mala que resulta la comida del sintetizador. Nunca podrá ser tan buena como cocinar en el espacio.

Si alguna vez queremos llegar a Marte (buscando quizá la vida inteligente que muchas veces no encontramos en la Tierra) tendremos que solventar muchos problemas. En el mejor de los casos, son seis meses de ida, otros seis de vuelta, y una estancia obligada de casi un año en el planeta rojo. Pero la comida no es un problema menos importante que una nave que no se estropee o la protección contra las radiaciones. En absoluto. Pregunten a los astronautas que han estado meses en la estación espacial. O a los que fueron a la Luna. Todos echan de menos los alimentos frescos. Matarían por un vaso de leche fresca.En Marte, y los futuros viajes mucho más lejanos como llegar a Saturno, los astronautas se volverán locos si no comen decentemente. Así que entre las tripulaciones, habrá que incluir cocineros. Justo como se ha venido haciendo en las grandes expediciones por los mares del mundo desde que supimos fabricar barcos.

Pero hacer de Arguiñano en el espacio no es tarea sencilla. ¿Saben cómo hervir el agua en un planeta que tiene una centésima parte de la gravedad terrestre? Ahora se empieza hablar de impresión de alimentos en tres dimensiones. ¡Alimentos creados por impresoras! En Japón hay un restaurante, el FabCafe, que hacen bombones con tu cara esculpida en ellos. Un láser escanea tu cara, envía la información tridimensional a una impresora muy rara que hace un molde de plástico y lo rellena de chocolate.

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Robotic Chef

Cortesía de MIT/Medialab

De la misma manera, en la Universidad de Cornell en Nueva York los científicos han desarrollado geles comestibles de diversos sabores y texturas, susceptibles de ser utilizados en una impresora 3-D para crear alimentos en forma de banana o mozarella. Se está investigando como crear queso, proteínas, o helado, para imprimirlos después. En el MIT, el equipo de Marcelo Coehlo, del Media Lab, están desarrollando impresoras de alimentos: ya hablan de gastronomía digital.

Así que no se olviden. Dentro de diez o quince años, podríamos tener impresoras de hamburguesas, perritos calientes y helados, que obedezcan nuestra voz, al igual que las teles que ahora reconocen nuestras ordenes sin tocar el mando a distancia. Y dentro de otro tanto, quizás las máquinas consigan construir lechugas. Los sintetizadores de alimentos no serán tan buenos como los cocineros humanos. No me imagino una impresora de tortilla de patatas o cochinillo asado. Pero en un futuro muy, muy lejano...¿quien sabe?


Hay 5 Comentarios

Aunque ya pocas cosas sorprenden, el amigo Ariza siempre consigue mantener mi curiosidad en vilo ... y ya van más de veinte años. ¡Grande Luis Miguel!

Reconozco que los alimentos orgánicos tienen un sabor especial. Recuerdo un pastel de espinacas que nos dieron a probar en el Teton Park en Estados Unidos, un chef que lo había hecho sin pesticidas. ¡Delicioso! Pero no descarto que las espinacas sepan igual en el espacio si son cultivadas en los invernaderos. ¿Quien sabe?

Me horroriza la idea de los alimentos artificiales, no creo que sea saludable. Ni para nuestra salud ni para el Planeta.
Que hagan figuras de alimentos, me parece una aberración. Lo más saludable son alimentos orgánicos sin ningún tratamiento químico.

Eso que ganarán los animales a los que no asesinan para dar de comer a los obsesos occidentales.

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Planeta Prohibido

Sobre el blog

Un poquito de ciencia impertinente. 2.000 caracteres para divertirse y aprender tomando como hilo conductor los fascinantes hallazgos de la ciencia. Pero además hay atrevimiento. Especulación. La ciencia que tiene sentido del humor. La versión siglo 21 de Robby el robot, el autómata más famoso de la ciencia ficción,El Planeta Prohibido, que era incapaz de herir a los humanos. Nuestro Robby rescata en sus brazos mecánicos a la chica, pero a veces tiene más mala leche queTerminator. En El Planeta Prohibido (PB), una civilización extraterrestre llamada Krell es un millón de veces más avanzada que la humanidad, pero se extinguió en un solo día. Es celuloide, ciencia ficción, claro, pero quizá el conocimiento no baste para salvarnos. Y sin embargo, ¿tenemos algo mejor?

Sobre el autor

(Madrid, 1963) (Madrid, 1963) es periodista y escritor, se licenció en ciencias biológicas y es Master de Periodismo de Investigación por la Universidad Complutense. Autor de cuatro novelas (La Sombra del Chamán, Kraken, Proyecto Lázaro y Los Hijos del Cielo), le encanta mezclar la ciencia con el suspense, el thriller y la historia, en cócteles prohibidos. Fue coguionista de la serie científica de RTVE 2.Mil, ha colaborado para la BBC, escrito para Scientific American y New Scientist, Muy Interesante, y fue jefe de ciencia de La Razón. En El País Semanal se asoma al mundo de la ciencia. Luis habla también en RNE, en el programa A Hombros de Gigantes, sobre ciencia y cine.

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