Mission imposible V: un traductor efectivo para bebés que lloran

Por: | 23 de febrero de 2013

BABIES

Imagen cortesía de Jupiter Images/Babystock/PennyGentiu del libro Amazing Baby de Desmond Morris/Firefly books


Hoy mismo, cuando iba a comprar el pan,me he encontrado con una situación que se repite millones de veces en todo el mundo. Una niña de apenas un año inundaba con sus llantos la panadería, mientras el pobre panadero se colocaba a su nivel tratando de averiguar qué demonios le pasaba: ¿tenía hambre? ¿Le dolía algo? ¿Estaba enfadada? Por experiencia, se que eso es una Misión Imposible para la ciencia, inasequible para el propio Tom Cruise. Pero sobre todo para los padres primerizos. En Los Simpsons hay un capítulo bastante curioso en el que Herber, el hermano bastardo de Homer, se le ocurre una idea para forrarse, mientras ve como un crío llora en el regazo de su madre sentada en un banco. Una vez en casa de su hermano, el tío Simpson contempla a Maggie durmiendo en su cuna mientras exclama "vas a hacerme rico". Y decide inventar un trasto para traducir los lloros de los bebés.

Por increíble que parezca, hay una aplicación para el iPhone llamada Cry Translator, basada en un estudio científico español, que dice identificar en el 96 por ciento de los casos el motivo del llanto. Solo hay que poner el aparatito con el micrófono y grabar diez segundos del bebe llorica. El programa te dice si el lloro se corresponde con pañales sucios, agua, hambre, estrés, sueño, dolor o aburrimiento. ¡Por cinco dólares!

Un momento. ¿Se lo creen?

En Planeta Prohibido nos encanta especular, pero no somos idiotas. Primera regla: hay que ser siempre escéptico. Si echan un vistazo a las críticas de los usuarios, son devastadoras. Una de ellas dice, "no quiero que mi bebé llore durante diez segundos para una aplicación que no funciona". Y es la más suave. He visto tres críticas y las tres son malas. ¿Por qué?

Para empezar, las multinacionales nos están vendiendo la idea de que la vida es mucho más fácil con todo tipo de aparatitos, teléfonos y tabletas inteligentes, y sí, ciertamente internet y las redes sociales son un curioso invento. Pero no me imagino a una madre o a un padre, por muy primerizos que sean, haciendo caso de lo que les diga un iPhone acerca del estado emocional del bebé. ¿Y si resulta que se equivoca, y el bebé tiene un dolor y hay que llevarlo al hospital en vez de dormir?

Un aparatito no es un médico. Usemos el sentido común. El hombre llegó a la Luna hace más de cuarenta años, pero los gurús de la informática no han conseguido aún un traductor automático de idiomas mínimamente decente capaz de coger tu novela recién hecha y traducirla sin errores al inglés. Lo se de buena tinta porque le planteé esta cuestión a una autoridad importante del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), y me dijo que ni soñaban en lograrlo. ¿Un traductor de llantos? Todos han fracasado. El único que se ha forrado con la idea es el tío Herber.

Maggie
Maggie Simpson, cortesía de 20th Century Fox

Por otra parte, sí se han hecho estudios que sugieren que los bebes en todo el mundo, especialmente durante el primer año de vida, lloran según unos patrones para expresar una serie de estados de ánimo. Ahora bien, si queremos hacer caso a lo que la ciencia rigurosa nos cuenta, tenemos que acudir al fabuloso libro, Amazing Baby, del naturalista británico Desmond Morris (Firefly Books, 2008), en mi opinión el más genial divulgador que tenemos en cuanto a la antropología humana (un libro que desde aquí recomendamos). Morris nos cuenta que los bebés lloran por siete motivos: dolor, incomodidad, hambre, soledad y falta de compañía, sobreestimulación, falta de estimulación, y frustración. Todos estos matices los tienen que aprender los padres. Así que paciencia y olvídense del aparatito–ya que cada niño, como cada ser humano, es único– y el mejor traductor de bebés es la mamá y el papa que dedican tiempo a la observación. Pero podemos dar pistas.

Algunas de esas pistas: los lloros agudos, que chirrían a los oídos, suelen indicar algún grado de dolor, y como el bebé no es capaz de distinguirlo, necesita llamar rápidamente la atención. Si le aliviamos, deja de llorar, pero si insiste, probablemente se deba a un cólico. Si el pequeñajo está incómodo, al tener demasiado calor o demasiado frío, suele comenzar llorando de menos a más, a medida que lo que le incomoda se va haciendo más molesto. Un lloro fuerte y persistente que está interrumpido de forma rítmica por la respiración del bebé sugiere que no le duele nada, sino que tiene hambre. Y las madres y los padres sensibles seguro que aprender a diferenciar un lloro que deja una sensación de tristeza; lloro que se esfuma como arte de magia cuando uno coge en brazos al retoño.

Claro que eso tiene sus riesgos. Dejar al bebé en la cuna supone automáticamente apretar el botón del llanto. Estos pequeñajos son mucho más listos de lo que pensamos. La ligazón que experimenta el bebé con su madre se refuerza durante los primeros meses, y necesita de su contacto físico. El bebé no sabe que su madre va a volver, y entra en modo pánico.

La estricta educación victoriana, que dejaba a los niños llorar durante horas, no entra dentro de la mentalidad de Morris. Y aunque un bebé necesita aprender a dormir solo, es más recomendable que su cuna esté durante los seis primeros meses en el dormitorio de la madre, para luego trasladarse a una habitación cercana. ¿Y la frustración? Los bebés pueden perder los nervios y coger una buena perra, sobre todo durante los dos primeros años. La razón es que quieren hacer algo y lo planean en su cerebro, pero físicamente no saben cómo lograrlo. La mente va por delante. Y aunque es bueno que entiendan a veces el significado de un ¡no! ¿quien puede enfadarse de veras con estos angelitos?

 

 

 

 

Hay 8 Comentarios

Un buen invento para entender las necesidades de los niños pequeños

Siempre es agradable leer aspectos relacionados con las ciencias y sus multiples aplicaciones. Para los que nos dedicamos profesionalmente al estudio de aspectos concretos de la investigacion, acceder a blogs como este, que ven el mundo desde una perspectiva mas amplia, siempre es una bocanada de aire fresco.

Ciertamente, creo que en cuestión de llantos de bebés la ciencia no resuelve, si no que ayuda. Como bien dice usted, nadie mejor que un padre o una madre para averiguar qué le ocurre a un hijo. Me parece muy intrigante su frase final, en la que afirma que el cerebro del niño siempre va por delante de las acciones que puede realizar físicamente. Me resultaría interesante conocer como se llevan a cabo esos procesos mentales, esa sucesión estímulo-respuesta (si el bebé tiene hambre automáticamente llora para conseguir saciarla porque sabe que eso conlleva comida). Creo que seguiré su recomendación y me haré con Amazing Baby para mi colección.

Muchas gracias Sara. Hecha la rectificación.

Es saludable reflexionar sobre estas inquietantes cuestiones. Por ejemplo: ¿el llanto es un lenguaje que podemos descifrar?,¿es equiparable un bebé a una máquina? , ¿qué datos empíricos tenemos?, ¿qué número de niños sufrió un hartazgo después de seguir la información del "aparatito"?
Igual le podemos preguntar al ingeniero español que inventó el Why Cry, un microprocesador que trata la señal recibida- el llanto de los bebés- digitalmente. Gracias!

muy chulo Luis Miguel, y con mucho sentido común!

Un apunte: el hermano bastardo de Homer no se llama Ted, sino Herbert (o Herb). Fuente: http://es.simpsons.wikia.com/wiki/Herbert_Powell

Estupendo el artículo. Por otro lado si supiéramos qué "ideas fantásticas" se le han metido en la cabeza a un bebé de un año podríamos mejorar el nivel de los guiones del cine de ciencia ficción ... y del cine en general? ... :-)

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Planeta Prohibido

Sobre el blog

Un poquito de ciencia impertinente. 2.000 caracteres para divertirse y aprender tomando como hilo conductor los fascinantes hallazgos de la ciencia. Pero además hay atrevimiento. Especulación. La ciencia que tiene sentido del humor. La versión siglo 21 de Robby el robot, el autómata más famoso de la ciencia ficción,El Planeta Prohibido, que era incapaz de herir a los humanos. Nuestro Robby rescata en sus brazos mecánicos a la chica, pero a veces tiene más mala leche queTerminator. En El Planeta Prohibido (PB), una civilización extraterrestre llamada Krell es un millón de veces más avanzada que la humanidad, pero se extinguió en un solo día. Es celuloide, ciencia ficción, claro, pero quizá el conocimiento no baste para salvarnos. Y sin embargo, ¿tenemos algo mejor?

Sobre el autor

(Madrid, 1963) (Madrid, 1963) es periodista y escritor, se licenció en ciencias biológicas y es Master de Periodismo de Investigación por la Universidad Complutense. Autor de cuatro novelas (La Sombra del Chamán, Kraken, Proyecto Lázaro y Los Hijos del Cielo), le encanta mezclar la ciencia con el suspense, el thriller y la historia, en cócteles prohibidos. Fue coguionista de la serie científica de RTVE 2.Mil, ha colaborado para la BBC, escrito para Scientific American y New Scientist, Muy Interesante, y fue jefe de ciencia de La Razón. En El País Semanal se asoma al mundo de la ciencia. Luis habla también en RNE, en el programa A Hombros de Gigantes, sobre ciencia y cine.

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