Komona, la niña que aprendió a ser soldado y madre

Por: | 08 de mayo de 2013

Foto_4_REBELDE
Una imagen del fim Rebelde. Cortesía de Good Films

 

El cine tiene un poder de atracción inigualable para sacarnos de nuestras cómodas butacas y ponernos en la piel del sufrimiento ajeno. Aunque sea por una hora y media, y sobre África, por ejemplo. Ni los telediarios que muestran la hambruna, niños con moscas en los ojos, o los campos de refugiados, llegan a conmovernos lo suficiente. Sólo lo logra el periodismo de calidad –el de blogs tan excelentes como África no es un país– (http://blogs.elpais.com/africa-no-es-un-pais/) o películas como Rebelde, el film de Kim Nguyen nominado al Oscar 2013 a la mejor película extranjera de habla no inglesa. Habla de la historia de una niña, Komona, que encierra todo el instinto de vivir en su pequeño cuerpo, en tiempos de guerra.

Komona vive en un país del África subsahariana en un poblado miserable. Un grupo de rebeldes irrumpe en su choza y obligan a la niña, que tiene doce años, a matar a sus padres con un AK-47. Los niños reclutados son conducidos hacia la selva. Allí se les entregan unas ramas para que practiquen el mantra de que los AK-47 se convertirán en sus nuevos progenitores.

Fck

Cartel promocional de Rebelde, el film de Kim Nguyen.

Los niños se habitúan al manejo de las armas automáticas. Falta comida, pero sobran las balas. Prueban los bebedizos de la selva, las drogas extraídas de las hojas y lianas. Los rebeldes se valen de la selva para acondicionarlos al combate contra los soldados del gobierno. Pero Komona es la única que sobrevive en la primera refriega. Ella ve fantasmas, hombres y mujeres pintados de blanco, y entre ellos, a sus padres. Siente el deseo de enterrarlos. Sus progenitores hablan dentro de su cabeza. Y los rebeldes consideran que sus visiones son las de una bruja. Komona es traída ante el guerrillero líder, que confía en las visiones para ganar las batallas. Pero ese sujeto ya ha matado a tres brujas antes que ella.

Esta niña rebosa vitalidad, pese al manto de sufrimiento que oprime su espíritu. Aprende a llorar a solas, sin que la vean. Komona ha oído hablar del coltán. Ha visto las piedras negras tan valiosas para los rebeldes, aunque no sabe lo que es un iPhone ni una tableta inteligente, ni que los metales necesarios son extraídos por manos esclavas en su país. Es sólo un atisbo de la codicia de Occidente, la causa última de aquel infierno, algo que aparece tan solo unos cuantos segundos en la película, pero que es el actor fundamental tras los bastidores.

Foto_15_REBELDE
La actriz Raquel Mzanda, en el papel de Komona. Cortesía de Good Films.

 

Ella conoce a un muchacho que es un negro albino, obligado también a ser soldado. El chico quiere casarse con ella, y juntos deciden escapar, aprovechando la incursión de un grupo de soldados. Salen del circuito de la guerra. De esa maquinaria que se nutre de sufrimiento humano y que Occidente ha instaurado por dinero. Todo lo que desea Komona y su chico al que llaman El Mago, cargado de amuletos, es vivir. Es algo tan consustancial como África: vivir. Se casan en una aldea en la que curiosamente la genética ha marcado a sus habitantes, todos ellos negros albinos y rubios, con un gallo blanco como ofrenda.

Pero esa vida se trunca cuando los rebeldes los encuentran. No sabemos cual es el país de Komona, pero la película ofrece las dos caras. Por un lado, el continente africano, sus gentes, sus formas de vida, sus costumbres. Por el otro, los ríos de codicia, que te atrapan y conducen al infierno, que corren y se multiplican como un cáncer. Estos ríos excavados por el beneficio y los intereses económicos. Podríamos dar más detalles de lo que le sucede a Komona. Mejor pasen y vean esta excelente película.

La vida de Komona es África, el continente primigenio del que surgió la especie humana, nos dice el film de Nguyen. Creencias y supervivencia. Ella logra volver a la aldea que la vió nacer y entierra las ropas de sus padres para que los fantasmas puedan vivir en paz. Finalmente, da a luz a su hijo en la ribera de un río. Con su bebé en brazos, es recogida por un grupo de mujeres y hombres a bordo de un camión vetusto. "No tengo dinero", dice, dudando antes de subir. "Ninguno de nosotros tiene dinero", le responden.

África no es un país y desde luego se tiende al fatal error de tratarlo como un ente único. A pesar de ello, en películas tan magníficas como El Jardinero Fiel se afirma que es allí donde la maquinaria occidental expía sus pecados –al vender medicinas caducadas para lavar su conciencia a "pacientes caducados". El coltán es uno de los tentáculos de occidente, símbolo del apetito del consumidor impaciente por tener entre sus manos la última pantallita con la que aislarse del mundo exterior. Pero no el único. Las armas abundan allí donde las medicinas escasean. Es mucho más rentable matar que curar.

El tráfico de armas y de personas compiten por el primer puesto en las actividades ilícitas de todo el mundo, generando decenas de miles de millones de euros cada año. El film Diamantes de Sangre, protagonizado por Leonardo DiCaprio, presenta una versión más espectacular al estilo de Hollywood de una historia que mezcla la codicia, el reclutamiento de los niños para la guerra, y el uso de esclavos para trabar en las minas de diamantes. Pero no es menos acertada que la historia de Komona. El dinero que fluye desde África hasta occidente siempre aparece al final de la cola que alimenta al monstruo.

Rebelde es un excelente ejercicio de ficción perfectamente documentada, un instrumento muy efectivo para sacarnos el polvo y remover conciencias. Según Amnistía Internacional y la ONU, más de 250.000 niños se han reclutado como soldados en diversas partes del mundo. Un 40 por ciento de ellos son niñas. El caso más reciente es el de la República Centroafricana, en el que se ha constatado el uso de 1000 niños para la guerra, según UNICEF. 

Blood-diamond-5083056ab6341
Leonardo DiCaprio, en una escena de la película Blood Diamond. Cortesía de Warner Bros.

El coltán, que aparece brevemente en la vida de Komona, es un material necesario para hacer circuitos cada vez más pequeños, indispensable para que las capacidades de computación y las pantallas de las tabletas y teléfonos no paren de aumentar. El 84 por ciento de este mineral se encuentra en la Republica Democrática del Congo, en concreto en las minas de su parte más oriental. Allí donde se producen más de mil violaciones diarias en un conflicto eterno que ha dejado más de 6 millones de víctimas.

¿Es una simple casualidad? Naciones Unidas no culpa directamente a los importadores de este mineral, que venden sus productos elaborados a firmas que a su vez nutren a los gigantes de la computación. Pero admite que este apetito por el coltán es lo que a la postre alimenta toda la violencia que azota a ese país africano. Allí, el coltán es abundante, y mucho más barato que otras fuentes libres de conflicto, como Canadá o Australia. ¿Estaríamos dispuestos a pagar más por nuestros smartphones si nos asegurasen que no están al final manchados con sangre inocente?

Una última reflexión: "este mineral oscuro tiene la particularidad de haberse convertido en el diamante de sangre de la era digital", comentó el profesor Jeffery Mantz, de la Universidad George Mason, en un artículo publicado en 2008 en la revista Social Anthropology.

 

 


 

 

 

Hay 2 Comentarios

...gracias por la información+ reflexión acerca del no país africano!...sin mas palabras...un saludo

La mejor web que conozco sobre África es www.viajesalpasado.com. Os la recomiendo de verdad a todos los que, como a Ariza, les interesen los reportajes de calidad sobre África.

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

Planeta Prohibido

Sobre el blog

Un poquito de ciencia impertinente. 2.000 caracteres para divertirse y aprender tomando como hilo conductor los fascinantes hallazgos de la ciencia. Pero además hay atrevimiento. Especulación. La ciencia que tiene sentido del humor. La versión siglo 21 de Robby el robot, el autómata más famoso de la ciencia ficción,El Planeta Prohibido, que era incapaz de herir a los humanos. Nuestro Robby rescata en sus brazos mecánicos a la chica, pero a veces tiene más mala leche queTerminator. En El Planeta Prohibido (PB), una civilización extraterrestre llamada Krell es un millón de veces más avanzada que la humanidad, pero se extinguió en un solo día. Es celuloide, ciencia ficción, claro, pero quizá el conocimiento no baste para salvarnos. Y sin embargo, ¿tenemos algo mejor?

Sobre el autor

(Madrid, 1963) (Madrid, 1963) es periodista y escritor, se licenció en ciencias biológicas y es Master de Periodismo de Investigación por la Universidad Complutense. Autor de cuatro novelas (La Sombra del Chamán, Kraken, Proyecto Lázaro y Los Hijos del Cielo), le encanta mezclar la ciencia con el suspense, el thriller y la historia, en cócteles prohibidos. Fue coguionista de la serie científica de RTVE 2.Mil, ha colaborado para la BBC, escrito para Scientific American y New Scientist, Muy Interesante, y fue jefe de ciencia de La Razón. En El País Semanal se asoma al mundo de la ciencia. Luis habla también en RNE, en el programa A Hombros de Gigantes, sobre ciencia y cine.

Archivo

mayo 2014

Lun. Mar. Mie. Jue. Vie. Sáb. Dom.
      1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30 31  

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal