Monstruos de verdad (no como los del cine)

Por: | 26 de junio de 2013

  Tor Sponga, Bergens Tidende copia

 El Predator X zampándose un pterosaurio, en un fabuloso trabajo artístico, cortesía de Tor Sponga, del Bergens Tidende/Museo Natural de Historia de Oslo

La gente suele tener una idea errónea de los monstruos. Para empezar, ¿qué es exactamente un monstruo? La Real Academia Española de la lengua lo define como una "producción contra el orden regular de la naturaleza". Pero es la primera definición de otras tantas: "un ser fantástico que causa espanto", o una "cosa excesivamente grande o extraordinaria en cualquier línea".

En el cine, los monstruos son bastante variados: desde el alienígena creado por el artista suizo H.R. Giger para Alien, la mejor película de ciencia ficción de Ridley Scott –con permiso de Blade Runner–, hasta el fabuloso Godzilla de Roland Emmerich o la lucha entre el tiranosaurio y el King Kong de Peter Jackson.

También hay algunos ejemplos, no afortunadamente explotados, de monstruos submarinos: el Kraken que aparece en la segunda entrega de Piratas del Caribe o en Furia de Titanes, y, más lejanos y efectivos en el tiempo, la tarántula gigante radiactiva que mostró en director Jack Arnold, o las hormigas gigantes de uno de los films míticos de la ciencia ficción, La Humanidad en peligro, de Gordon Douglas.

 Pero lo cierto es que la evolución ha fabricado monstruos mucho más portentosos que los que ha podido imaginar el cine. La lista que sigue es realmente asombrosa. Sobre todo porque es real.

 El depredador más letal que probablemente ha generado la biología en toda la historia de la Tierra vivió en lo que hoy es la isla noruega de Spitsbergen, dentro del Círculo Polar Ártico. Jorn Hurum de la Universidad de Oslo, desenterró allí los esqueletos parciales de un pliosaurio, un reptil marino gigante que nadó hace 150 millones de años. Lo llaman Monstruo o Depredador X. Con cuatro aletas para propulsarse, medía quince metros y pesaba 45 toneladas. La mordida de esta criatura bestial, cuatro veces más potente que la de un tiranosaurio, bastaría para partir en dos el mayor todoterreno del mercado. ¡Casi nada!

Hay incluso pistas de que hubo pliosaurios mayores, si bien estos datos no están confirmados. En la localidad de Kikanni Chief River, en British Columbia (Canadá), se encontró un ejemplar que podría medir hasta 21 metros. ¿Imaginan las colosales batallas entre pliosaurios en aquellos mares?

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Escena de king Kong, de Peter Jackson. Universal Pictures.

Paul Sereno es uno de los paleontólogos emblemáticos que muestra sus imponentes hallazgos en la National Geographic. Uno de ellos es un cocodrilo gigante, Sarcosuchus, apodado supercroc. Un bólido de diez toneladas de músculo que vivió hace 110 millones de años en ríos y lagos en los que acechaba a sus presas. ¿Qué tipo de presas? Lo que abundaba por entonces eran los dinosaurios. Sereno ha encontrado pruebas de que supercroc se alimentaba de ellos. 

La escena es siniestra. Un grupo de dinosaurios herbívoros se acerca a la orilla para beber, en el margen de un río cuyas aguas quietas incluso mantienen el polvo. El aire húmedo y cálido está atravesado por grandes insectos, y desde el cielo, un pterosaurio de casi cinco metros de envergadura planea sin esfuerzo.

En apenas un segundo, un bólido de diez toneladas emerge del agua y atrapa a una cría entre sus fauces. Los dientes del supercroc son capaces de ejercer una presión de ocho toneladas en una superficie de poco más de un sello de correos. Es como un cepo. La cría está condenada.

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En esta increíble representación del artista español Raul Martín para National Geographic, supercroc ataca a un dinosaurio. (Por gentileza de Raul Martín al que pertenece el copyright de esta imagen, para con este blog)

Hay un cocodrilo gigante que resulta incluso más temible: Deinosuchus. Tenía el morro mucho más ancho y probablemente más potente que el de supercroc, aunque vivió en una etapa posterior, a finales del Cretácico en Norteamérica. Los científicos han descubierto que el monstruo se alimentaba de tortugas, pero también cazaba terópodos carnívoros, dinosaurios de más de nueve metros de longitud. Imaginar una batalla entre estos colosos iguala, o incluso supera, las batallas de Gozdilla contra King Kong en las películas japonesas.

El artista que mejor ha sabido plasmar estas batallas prehistóricas es español. Se llama Raul Martín. Sus increíbles imágenes quitan el hipo. Y no tengo ninguna duda en afirmar que, junto con Mauricio Antón, es el mejor del mundo en su género.

La lista de animales colosales es larga; las llamadas aves del terror, que descendían directamente de los dinosaurios, alcanzaban una altura de tres metros y no volaban. Corrían a cincuenta kilómetros por hora y destrozaban a sus presas con sus picos. Surgieron hace sesenta millones de años, poco después de la desaparición de los dinosaurios, y sus representantes se extinguieron hace unos dos millones de años. Tenemos serpientes como Titanoboa que alcanzaban trece metros de longitud y pesaban una tonelada –frente al récord actual de una pitón con solo 183 kilos. Roedores con una cabeza que medía medio metro; y escorpiones de mar cuyas pinzas tenían un tamaño similar, que destrozaban a todo el que se arrimara a las orillas de los mares de hace 390 millones de años.

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Titanoboa. Créditos, Jason Bourque, Universidad de Florida.

Aunque sin duda el animal más extraordinario es una ballena carnívora a la que se ha apodado leviatán. Nadó en los mares de la costa de Perú hace 13 millones de años, y sus dientes eran tan grandes que los paleontólogos pensaron en un principio que se trataban de colmillos de elefante. Tiene la mandíbula más grande jamás inventada por la evolución y medía 18 metros. 

Esta ballena monstruosa convivía con otro depredador terrible, el megalodonte, de 16 metros, un tiburón que pesaba veinte veces más que el tiburón blanco actual. Podría ser un enemigo feroz incluso para el leviatán. En un guion de cine, el enfrentamiento mortal entre ambos estaría servido. En la naturaleza, tales batallas no resultan provechosas, por el riesgo de los daños infligidos. 

¿Cuál sería la historia probable de un encuentro así? Después de que el leviatán se ha saciado al matar y engullir otra ballena, la sangre atrae el gran tiburón. El megalodonte se acerca hacia esa sombra y descubre que su presa es incluso mayor que él. Ambos se perciben mutuamente como sombras y prefieren evitarse. Es más fácil que el tiburón hambriento se concentre en una ballena más pequeña, dé un bandazo y se aleje lentamente.

 

 

 

Hay 24 Comentarios

Me ha encantado el artículo, el mundo de los monstruos de hace millones de años siempre me ha fascinado y me has mostrado algunos que no conocía. Las ilustraciones son geniales! Enhorabuena!

Muy buen artículo. Las ilustraciones son impresionantes, enhorabuena!

El "cual" que encabeza el último párrafo también lleva acento. A este hombre le escriben el artículo sus lectores...

Por cierto, es Real Academia Española (RAE), no "de la Lengua".

Siguiendo con la corrección, el "de" de la última frase lleva acento (verbo dar).

Joder y los griegos lo sabían, incluso lo poetizaron cito la tragedia de Esquilo " Las Suplicantes"

" Esta región de antiguo se llamaba Apis, por honrar al hijo de Apolo, medico y profeta. El vino de Naupacte, al otro lado del golfo, y limpió esta tierra de monstruos devoradores de los hombres. Eran fruto de la tierra, misma enardecida de furor por crímenes de antaño que la infestaron. También había serpientes espantosas y dragones que tenían su guarida en las cercanías. Vino Apis, y con eficaz remedio rayó esos males funestos, y desde entonces la tierra de Argos en sus preces honra su nombre "


Fascinante......

Simpático artículo, pero la rectificación está a medias, porque pone "inflingir". Infligir (causar daño), no lleva la letra "n".

Pues no les ha servido de nada ser tan grandotes. Tanto diente. No queda ni uno.

Ya puestos a corregir y vaya por delante la enhoabuena por el artículo, a mi lo que me ha chocado de la frase "En la naturaleza, tales batallas no resultan provechosas, por el riesgo de los daños inflingidos. " Creo que realmente no resultarían provechosas por el riesgo de los daños que se pueden recibir, no por los que se pueden inflingir.

RECTIFICACIÓN. No la T. ¡Vaya DIA!

Muchas gracias por la observación y hecha la tectificacion

Falta el Urdangarin Rex, que todavia vive entre nosotros. Y el Infantus Regina, que vivia como no, en sus fincas de 2 millones de euros.

Falta Paquirrín. Una omisión imperdonable.

Muy interesante el artículo.
Solo un pero: infringir es vulnerar una norma. Los daños se infligen.

qué tal la fotografía del el oso sin pelo? ese si impresiona

Falta el Wert-osaurio rex.

Pues para comer como monstruos que mejor que cualquiera de los restaurantes que os recomendamos de España y del resto del mundo http://www.capitanfood.com

Con permiso de Blade Runner, obviamente ;-)

¿Alien, la mejor película de ciencia-ficción de Ridley Scott, con permiso de Alien? PERMISO NO CONCEDIDO.

Buen artículo, me ha encantado. Eso si, yo soy más de princesas que de monstruos. Miren esto: http://xurl.es/1kf3v

¿Daños infringidos? ¿No serán infligidos? Aquí la única infracción es ortográfica... :)

La verdad es que, hasta hace bien poco, incluso ir en submarino por el mar tenía que ser algo terrible.

Faltan aquí Montoro y De Guindos.

Sólo puedo decir ¡GRACIAS!
Las ilustraciones son impresionantes.

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Planeta Prohibido

Sobre el blog

Un poquito de ciencia impertinente. 2.000 caracteres para divertirse y aprender tomando como hilo conductor los fascinantes hallazgos de la ciencia. Pero además hay atrevimiento. Especulación. La ciencia que tiene sentido del humor. La versión siglo 21 de Robby el robot, el autómata más famoso de la ciencia ficción,El Planeta Prohibido, que era incapaz de herir a los humanos. Nuestro Robby rescata en sus brazos mecánicos a la chica, pero a veces tiene más mala leche queTerminator. En El Planeta Prohibido (PB), una civilización extraterrestre llamada Krell es un millón de veces más avanzada que la humanidad, pero se extinguió en un solo día. Es celuloide, ciencia ficción, claro, pero quizá el conocimiento no baste para salvarnos. Y sin embargo, ¿tenemos algo mejor?

Sobre el autor

(Madrid, 1963) (Madrid, 1963) es periodista y escritor, se licenció en ciencias biológicas y es Master de Periodismo de Investigación por la Universidad Complutense. Autor de cuatro novelas (La Sombra del Chamán, Kraken, Proyecto Lázaro y Los Hijos del Cielo), le encanta mezclar la ciencia con el suspense, el thriller y la historia, en cócteles prohibidos. Fue coguionista de la serie científica de RTVE 2.Mil, ha colaborado para la BBC, escrito para Scientific American y New Scientist, Muy Interesante, y fue jefe de ciencia de La Razón. En El País Semanal se asoma al mundo de la ciencia. Luis habla también en RNE, en el programa A Hombros de Gigantes, sobre ciencia y cine.

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