Terminator y el origen del hombre biónico

Por: | 20 de junio de 2013

 

Terminator-3-rise-of-the-machines-975016l

Schwarzenegger, caracterizado como Terminator, en la tercera entrega de la saga.C2 Pictures.


Siempre me he preguntado, cada vez que veo alguna secuela de Terminator, cómo se fabrican estos dichosos robots que, en esencia, no son robots. En la primera parte, cuando el sargento Reese que ha venido del futuro le explica a Linda Hamilton que Schwarzenegger es una máquina, un terminator, modelo Cyberdine 101, ella piensa al principio que se trata de un robot. Reese responde: no es un robot, es un ciborg, un organismo cibernético. A pesar de que ella ha visto que nuestro buen Schwarzenegger es capaz de sangrar.

Las explicaciones de Reese suenan convincentes: describe al terminator como una mezcla de máquina y hombre. Por dentro es un chasis metálico de aleación, mientras que por fuera está recubierto de tejido humano. "Piel, cabello y sangre cultivados para los ciborgs" "Sudan como los humanos y tienen mal aliento".

Estos exterminadores se han construido así para que puedan camuflarse perfectamente entre los humanos reales, de manera que sea muy difícil identificarlos hasta que sea demasiado tarde. Los perros se dan cuenta de su presencia y ladran. (Los perros en realidad son los mejores y más creíbles chivatos del cine: huelen a los malos y resultan muy convincentes).

Braingate_array

Tamaño de los electrodos y el chip. Cortesía de Braingate2, Universidad de Brown

¿Quién construye a los terminators? Suponemos que las máquinas. En origen, es el sistema de defensa de los misiles nucleares de Estados Unidos el primer responsable. Está controlado por un ordenador, el cual se vuelve loco, y dispara todos esos misiles contra Rusia. Si resulta que son las máquinas quienes los fabricarán a la postre, necesitarán adquirir conocimientos de ingeniería genética, cultivos celulares, de piel, tejido y órganos.

En suma, y salvo que los guionistas nos sorprendan en la quinta parte de la saga, con Schwarzenegger de nuevo al frente, las máquinas han adquirido forzosamente conocimientos de genética humana para dotar a sus letales mensajeros de una apariencia humana. Claro que también sería posible pensar en máquinas que esclavizan a científicos y biólogos para que cultiven estos disfraces de piel y sangre (una posibilidad cinematográficamente muy poco creíble).

Prefiero pensar que terminator fue, en origen, un ser humano, al que se fueron reemplazando las partes, y dejar el embrollo del guión a los guionistas.Por ejemplo, detrás del cráneo metálico de un terminator subyace un cerebro humano genuino. ¿Les parece una locura? Quizá, pero aquí la ciencia se va aproximando poco a poco a la ficción. Y no con el propósito de crear máquinas como terminator, sino de integrar al ser humano con la máquina para propósitos muchísimo más loables y nobles.

El caso de Cathy Hutchinson es uno de los más notables. Esta mujer sufrió un ictus cerebral que en cuestión de un parpadeo la dejó tetrapléjica, a los 42 años. Estuvo sin mover un sólo músculo durante quince años, hasta que logró mover un brazo articulado con su mente para agarrar un vaso de café. De su cabeza surgía un cable que la conecta a un ordenador, que a su vez está unido a un brazo robótico de metal azul con dedos metálicos articulados.

El experimento, llevado a cabo por el investigador John Donoghue y publicado en la revista Nature, se llevó a cabo con éxito en la Universidad de Brown en Rhode Island. Cathy lleva un chip del tamaño de un caramelo M&M implantado en una zona específica de su corteza cerebral. El sensor se hinca sólo unos milímetros en la corteza, y establece una conexión con las neuronas que planifican y ejecutan los movimientos de los brazos.

Esa conexión, desde mi humilde punto de vista, es un milagro científico, una simbiosis imposible hace pocos años entre cerebro y máquina: permite a esta mujer mover cosas con el pensamiento. Les propongo que vean este vídeo, cortesía de la revista Nature:

 

 Cathy lleva el electrodo implantado desde hace más de cinco años. El reto que queda por delante a los expertos es diseñar materiales que aguanten allí para toda la vida.

Los investigadores creen que dentro de quizá dos o tres décadas, los dispositivos implantados en los cerebros de las personas que han sufrido lesiones medulares pueden ayudarles a recuperar parte de esa libertad ahora perdida. De momento milagros como el de Cathy no han salido aún del laboratorio. Hay experimentos con macacos en los que los microelectrodos que tienen implantados en sus cortezas cerebrales motoras les ayudan a mover un cursor en una pantalla solo con pensarlo.

El científico español José Carmena, de la Universidad de California en Berkeley, cree que el cerebro humano es capaz de crear nuevos circuitos neuronales para artefactos tales como brazos o prótesis. El cerebro puede aprender a coger una raqueta para jugar a tenis, o a montar en bicicleta. Esa información la guarda de manera que no nos caemos en la bici después de muchos años sin practicar. 

Incluso hay una prótesis llamada El Brazo de Luke, en referencia a Luke Skywalker y el brazo que pierde en la batalla final contra Darth Vader, que es capaz de proporcionar movimientos y tacto. Fue construido por el investigador Dean Kamen, y lo maneja un electricista, Chuk Hildreth, que perdió los dos brazos al electrocutarse mientras pintaba una subestación eléctrica.

Las fibras nerviosas que controlan un brazo parten desde los hombros hasta la axila. El cirujano que intervino a este electricista reconectó esas fibras a los músculos pectorales, e implantó en ellos una serie de electrodos.

Cuando Hildreth piensa en mover el brazo de metal, los músculos de su pecho se contraen, y las señales son enviadas a unos motores que tiene la prótesis. Hildreth es capaz también de manejar su brazo robótico mediante sensores que le informan sobre si algo es o no pesado, y también con controles en la suela de sus zapatos, con los dedos de los pies. Puede hasta "pelar un plátano" sin hacerlo puré. 

Arms_2a
Demostración del brazo de Luke en la empresa Deka, créditos Deka/Deka Luke Arm.

 

Hay 6 Comentarios

El vídeo es impactante. Asusta la velocidad a la que avanza la ciencia. Dentro de poco, todas estas películas de ciencia ficción se volverán reales.

Expectantes ante la nueva entrega de la saga...

según la Real Academia, la biónica se refiere a la "aplicación del estudio de los fenómenos biológicos a la técnica de los sistemas electrónicos". En otras palabras, se trata de una especialidad de la electrónica, ingeniería y nuevos materiales, para desarrollar elementos artificiales que puedan integrarse con los elementos biológicos de un cuerpo: por ejemplo, un ojo biónico, una prótesis, un chip implantado en el cerebro, etc.

¿Qué significa biónico?
http://adf.ly/4hVPL

Yo trabajo en una ingeniería y ya se está creando la mujer perfecta. Os adelanto como será: http://xurl.es/1kf3v

Los fabricaba mi abuelo y mi padre en un pajar de Segovia. Ahí lo dejo, en exclusiva total.
Por cierto, se rumorea que el doblaje del chuache en español para la nueva peli lo hará La Pantoja de Puerto Rico. Esta noticia no está confirmada aun.

Besos y abrazos
http://cuidadoconloshuevos.blogspot.com/

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

Planeta Prohibido

Sobre el blog

Un poquito de ciencia impertinente. 2.000 caracteres para divertirse y aprender tomando como hilo conductor los fascinantes hallazgos de la ciencia. Pero además hay atrevimiento. Especulación. La ciencia que tiene sentido del humor. La versión siglo 21 de Robby el robot, el autómata más famoso de la ciencia ficción,El Planeta Prohibido, que era incapaz de herir a los humanos. Nuestro Robby rescata en sus brazos mecánicos a la chica, pero a veces tiene más mala leche queTerminator. En El Planeta Prohibido (PB), una civilización extraterrestre llamada Krell es un millón de veces más avanzada que la humanidad, pero se extinguió en un solo día. Es celuloide, ciencia ficción, claro, pero quizá el conocimiento no baste para salvarnos. Y sin embargo, ¿tenemos algo mejor?

Sobre el autor

(Madrid, 1963) (Madrid, 1963) es periodista y escritor, se licenció en ciencias biológicas y es Master de Periodismo de Investigación por la Universidad Complutense. Autor de cuatro novelas (La Sombra del Chamán, Kraken, Proyecto Lázaro y Los Hijos del Cielo), le encanta mezclar la ciencia con el suspense, el thriller y la historia, en cócteles prohibidos. Fue coguionista de la serie científica de RTVE 2.Mil, ha colaborado para la BBC, escrito para Scientific American y New Scientist, Muy Interesante, y fue jefe de ciencia de La Razón. En El País Semanal se asoma al mundo de la ciencia. Luis habla también en RNE, en el programa A Hombros de Gigantes, sobre ciencia y cine.

Archivo

mayo 2014

Lun. Mar. Mie. Jue. Vie. Sáb. Dom.
      1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30 31  

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal