Drácula contra el escarabajo maldito (y otras verdades sobre los vampiros)

Por: | 19 de julio de 2013

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El gran Christopher Lee, sin duda el vampiro más carismático del cine, en El Horror de Drácula. Hammer.

Hay un juego fascinante entre la literatura, el cine y el mundo en que vivimos, que tendrá siempre las puertas abiertas en Planeta Prohibido. ¿El título? Sí, efectivamente, los vampiros existen. Quizá porque nos empeñamos en hacerlos reales. En esos tiempos victorianos de finales del siglo XIX hubo una competición entre un conde sobrenatural y un escarabajo, al menos en la arena literaria. Bram Stoker publicaba Drácula, y Richard Marsh su novela The Beetle (El Escarabajo).

El argumento de The Beetle era muy sugerente: Paul es un joven británico que está a punto de casarse con la prometida de su vida. Pero en ese momento, su pasado, que creía enterrado, vuelve con fuerza. Una misteriosa mujer oriental le persigue por las calles de Londres con una maldición: ella es capaz de convertirse en un horrible escarabajo. Y Paul lo sabe, pues hace años estuvo en Egipto, fue secuestrado por una secta, y tuvo que estrangular a esa misma mujer para escapar de su maldición.

  Hay una anécdota apócrifa que sugiere que Stoker y Marsh hicieron una apuesta para ver qué obra vendía más. The Beetle tuvo quince ediciones en los siguientes 16 años, mientras que a Drácula se le recibió bastante mal. Pero se trataba de una carrera a largo plazo. Nuestro conde inmortal alcanzó también la inmortalidad literaria, y de allí pasó al celuloide –y ahora, a la memoria digital.

La palabra vampiro evoca al ser elegante y pálido, de clase alta, rumano y con una capa negra. Por supuesto, no faltan los colmillos, y su habilidad para convertirse en lobo, murciélago o araña. Rumanía es la patria de los vampiros cinematográficos, precisamente por la obsesión de Stoker a la hora de documentarse. ¿Quien no sabe a estas alturas que el modelo que él eligió era Vlad Tepes, un príncipe rumano que tenía fama por empalar a sus enemigos? 

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Portada de la novela The Beetle, de Richard Marsh.



Por culpa de esta aportación literaria a la pseudohistoria, mucha gente aún piensa que Tepes fue un auténtico vampiro. Lo cierto es que el príncipe fue un héroe que resistió la embestida de los turcos y el imperio otomano. Cuando se le presenta al mundo como el origen del monstruo, las viejas generaciones de rumanos, que aprendieron en la escuela que Tepes era un héroe nacional, se indignan. Pero las nuevas generaciones aplauden la pseudohistoria y la convierten en un negocio. La prueba, los millones de turistas que visitan cada año el castillo de Drácula.

Y no hay más que teclear esta palabra: 13 millones de entradas, páginas web de vampirólogos y fanáticos, sociedades dedicadas a Bram Stoker en Dublín, Los Ángeles, La Sociedad Occidental de Lucy y los No Muertos...internet arroja toda esta locura que está basada en una mitología puramente inventada.

¿Cuál es la auténtica? El folclor presenta a los vampiros no como condes elegantes dispuestos a morder cuellos de muchachas vírgenes, sino campesinos pobres en su mayoría; gente que fue desenterrada con la creencia de que no había muerto del todo, y que no sólo se alimentan de mordiscos. En Los Balcanes, los vampiros arruinan los silos de grano.

Y lejos de la palidez mostrada por Robert Pattinson en Crepúsculo, los vampiros reales tienen la cara roja. Ese color se debe fundamentalmente a la creencia de que el muerto, al ser desenterrado, estaba regenerando la dermis que hay debajo de la piel, que es lo primero que se pudre. Lo que sucedía es que, dependiendo de la posición del cuerpo, algunas partes se saturaban con la sangre, que iba a parar al rostro.

Podemos buscar explicaciones científicas a cada una de las características de nuestro venerable Drácula. La piel de un cadáver se retrae y las uñas y la barba parecen más largas. Si se acumulan gases en el abdomen, el hecho de clavar una estaca de madera puede provocar una salida de estos gases a través de la glotis como si fuera un aullido. 

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Póster promocional de la película New Moon, con Robert Pattinson. Temple Hill Entertaintment.

Y en lo de chupar la sangre, el error viene del pasado. El gran naturalista Carlos Linneo describió a un murciélago gigante, Vampyrum spectrum, de hasta 13 centímetros de envergadura, como un ser que se alimentaba de sangre. Cuando no es así. De las mil especies clasificadas, sólo tres especies de vampiros son chupadoras de sangre.

El comportamiento del vampiro tiene ciertas similitudes con la rabia, según el neurólogo español Juan Gómez Alonso. La rabia es transmitida por el mordisco de un perro infectado con un virus. Produce agresividad primitiva, apetito sexual exacerbado, insomnio pertinaz y tendencia vagar sin rumbo. El virus invade el sistema límbico del cerebro y produce estas alteraciones. Pero, ¿quién conocía la existencia de un virus así siglos atrás?

Se habla de los vampiros como si fuera una moda –el equivalente de lo efímero–pero lo cierto es que los vampiros siempre han estado ahí, con nosotros: alimentados por nuestra imaginación y la fascinación que sentimos ante estos seres que cruzan la frontera para pasar a un territorio prohibido, y son capaces de volver a este mundo. Eso es lo que les hace tan irresistibles.

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Los vampiros del siglo XXI tienen un nombre: la Banca Financiera, con su enorme tinglado de oficinas, sucursales, sociedades de inversión, etc., etc. y en política están representados por dráculas, o sea, por chupóteros que solo adoran el dinero. Tal es el ocaso de la presente civilización.

Interesante anécdota la apuesta de Stoker y Marsh. Tendré que leerme el libro.

¿Os gustan las vampiras?: http://xurl.es/h2jx8

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Planeta Prohibido

Sobre el blog

Un poquito de ciencia impertinente. 2.000 caracteres para divertirse y aprender tomando como hilo conductor los fascinantes hallazgos de la ciencia. Pero además hay atrevimiento. Especulación. La ciencia que tiene sentido del humor. La versión siglo 21 de Robby el robot, el autómata más famoso de la ciencia ficción,El Planeta Prohibido, que era incapaz de herir a los humanos. Nuestro Robby rescata en sus brazos mecánicos a la chica, pero a veces tiene más mala leche queTerminator. En El Planeta Prohibido (PB), una civilización extraterrestre llamada Krell es un millón de veces más avanzada que la humanidad, pero se extinguió en un solo día. Es celuloide, ciencia ficción, claro, pero quizá el conocimiento no baste para salvarnos. Y sin embargo, ¿tenemos algo mejor?

Sobre el autor

(Madrid, 1963) (Madrid, 1963) es periodista y escritor, se licenció en ciencias biológicas y es Master de Periodismo de Investigación por la Universidad Complutense. Autor de cuatro novelas (La Sombra del Chamán, Kraken, Proyecto Lázaro y Los Hijos del Cielo), le encanta mezclar la ciencia con el suspense, el thriller y la historia, en cócteles prohibidos. Fue coguionista de la serie científica de RTVE 2.Mil, ha colaborado para la BBC, escrito para Scientific American y New Scientist, Muy Interesante, y fue jefe de ciencia de La Razón. En El País Semanal se asoma al mundo de la ciencia. Luis habla también en RNE, en el programa A Hombros de Gigantes, sobre ciencia y cine.

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