Científicos Made in Hollywood

Por: | 24 de agosto de 2013

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Sam Neil, Laura Dern y Steven Spielberg, en una pausa del rodaje de Parque Jurásico. Cortesía UPI

Los científicos suelen tener una buena imagen en las encuestas, pero salen a menudo bastante trasquilados en las películas. En el cine han bordado papeles que hablan de individuos francamente antipáticos. ¿Por qué?

En Independence Day, hay un científico chiflado –interpretado por el excelente actor Brent Spiner, el androide Data en la Nueva Generación de Star Trek– que trabaja con un cuerpo de extraterrestre y restos de una nave en el Area 51. Es un tipo repelente y baboso que tampoco ha podido sacar mucho en claro de los alienígenas que están zurrando de lo lindo a la humanidad. Comprobamos que la ambición brilla en sus ojos al mismo tiempo que nos desagrada su falta de higiene. Por supuesto, algo ocurre y Spiner es el primero en ser masacrado por la criatura. ¡Bien hecho!

En E.T., la magia entre el alienígena y el niño se torna en drama cuando la NASA irrumpe en su casa en busca de las huellas del extraterrestre. Los malos de la película que estropean una historia tan inocente son los científicos que quieren analizar el ADN del bicho, esterilizar la casa del muchacho, y evitar el final feliz. Preferimos que E.T. se salve antes de que caiga en las manos de esos tipos.

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Brent Spinner en el papel del científico chiflado en Independece day. 20Th Century Fox.

Para colmo de males, los científicos además han bordado villanos inolvidables. Burt Lancaster, en la Isla del Dr. Moreau, no dudó en convertir las personas en bestias en su afán por dominar las leyes de la herencia y la genética en una suerte de biólogo molecular de finales del siglo XIX; en el clásico  La Cosa de Otro Mundo, (1951), el doctor Carrington es el científico que se enfrenta a sus compañeros para defender a una especie de lechuga extraterrestre con forma humana que quiere zampárselos en una remota estación en el ártico. Nos dice, “la ciencia no tiene enemigos”. Pero nos ponemos de parte de los militares que quieren cargarse al intruso galáctico.

En The Core, de John G. Avildsen, los científicos viajan al centro de la Tierra a bordo de una nave fabulosa, provista de armas atómicas. Tienen que activar el núcleo terrestre a bombazos, restablecer el campo magnético y salvar al mundo del apocalipsis. ¿Son los héroes? Sí y no. Descubrimos que el problema lo ha creado la tecnología militar – la investigación científica, en suma– cuando intentaron desarrollar un arma que provoca terremotos. 

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Stanley Tucci en la película The Core. Paramount Pictures.

El genial Stanley Tucci – el doctor Comrad Zinsky– es el científico malo que viaja con ellos y nos ofrece lo que esperamos de un hombre que mira a los demás desde la arrogancia de su formación científica; alguien antipático, soberbio, egoísta, que sólo piensa en su gloria personal, y que no duda  en cometer actos que pongan en peligro a los demás, siempre que sea en el nombre de la ciencia.

En Contagio, los científicos no tienen la culpa de la epidemia que se desata. Pero no quedan precisamente bien retratados. Lawrence Fishburne intenta traer a su investigadora enferma (Kate Winslet) en un avión medicalizado, pero cede ante las presiones políticas; es poco menos que un monigote, y la pobre Kate es enterrada en una fosa común. Fishburne avisa a su mujer para salir de Chicago a sabiendas que van a cercar la ciudad “sin que nadie lo sepa”. Es muy humano, sí, pero su reputación queda por los suelos cuando se descubre el pastel en un plató de televisión. 

Y la OMS tampoco sale muy bien parada que digamos. Marion Cotillard es una oficial que ha acudido a Hong Kong para investigar la epidemia. Sufre un secuestro por parte de los componentes de una aldea. La mayoría, mujeres y niños de condición humilde que serán los últimos en recibir la vacuna salvadora. A cambio de Cotillard, piden que sus nombres estén en los primeros lugares de la lista. La OMS decide engañarlos y les proporciona un sucedáneo. A esto se llama “morir fuera de cámara”.

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Marion Cotillard, en la escena de Contagio en la que es secuestrada en Hong Kong. Warner Bros/Participant Media

Un amigo mío, bioquímico y excelente conocedor de la realidad científica española, me comentaba el otro día que “últimamente, todos los malos en las películas son los científicos”. Le respondí que siempre había sido una tónica general desde los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki

“Los científicos buenos deberíamos saber cambiar esta imagen”, me contestó. “Y que en Hollywood se busquen otras cabezas de turco”. 

Bien, no todo es así. Ya hemos hablado del excelente papel que Jodie Foster hizo en Contact (un relativo éxito de taquilla), como una astrónoma que busca señales de vida inteligente fuera de la Tierra, en contra de la incomprensión de militares, políticos, y la envidia de sus colegas.

Los científicos, encarnados en el profesor Barnard, un afable anciano que tiene aires de Albert Einstein, son los únicos que se dignan a escuchar lo que el extraterrestre Klaatú viene a decirles en la maravillosa Ultimátum a la Tierra, de Robert Wise (1951). Resultan a la postre simples comparsas. El protagonismo es para Michael Rennie, el alienígena con más carisma de la historia del cine. Pero Barnard –encarnado por Sam Jaffe– queda bastante mejor que los políticos, los militares y los periodistas. 

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En la imagen superior, Michael Rennie conversa con Sam Jaffe en Ultimatum a la Tierra. 20Th Century Fox

El fallecido escritor Michael Crichton, autor de obras como Parque Jurásico o La Amenaza de Andrómeda, explicó hace algunos años en un artículo en Science que el problema no era que los medios como el cine o la TV no comprendieran a los científicos. Ocurría justo al revés: son los científicos quienes no entienden las reglas y los mecanismos de los medios de comunicación, incluida la televisión y el cine.

Crichton argumentaba que a menudo se presentan sólo las bendiciones de los hallazgos y avances tecnológicos. ¿Qué ocurre con los inconvenientes y los potenciales peligros? Pues que son un excelente material que encajan como un guante en las reglas de la narrativa cinematográfica, y esto es muy apreciado por los directores y los guionistas.

En las novelas de Crichton encontramos siempre esos inconvenientes y peligros que alimentan la intriga. Y aunque es cierto que a Crichton no le fascinaban los científicos como héroes, en Parque Jurásico es un paleontólogo, Alan Grant (Sam Neill), y una botánica, Ellie Shatter (Laura Dern) quienes salvan a los chicos de las bestias. Así que no se le puede tachar exactamente de anticientífico.

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El escritor Michael Crichton, en una portada de la revista Time.

Pero reflexionemos. ¿Son los científicos los únicos que salen mal parados? El cine es exageración, nos dice Crichton. Las demás profesiones no se retratan precisamente de la mejor forma. 

Spielberg nos muestra a un tiranosaurio zampándose a un abogado; o un dinosaurio venenoso escupiendo su baba tóxica sobre un informático. 

En el celuloide, los abogados suelen ser buitres sin escrúpulos, los doctores a menudo carecen de humanidad, los policías parecen una suerte de psicópatas, y todos los políticos son corruptos. “Ya que todas las profesiones son retratadas de manera negativa, ¿por qué los científicos tendrían que esperar un trato especial?”, se preguntaba este escritor en su ensayo de hace más de una década.

Es posible que no se pueda hacer mucho en el cine. Pero en los medios, especialmente la TV y los programas educativos, los científicos tienen aún mucho trabajo que hacer. 

El consejo dejado por Crichton hace más de una década sigue vigente: hay muchos científicos con talento para convertirse en divulgadores, en estrellas de los medios, como una parte de su profesión para explicar la ciencia, el método científico y la importancia de la ciencia en la sociedad. 

Pero si no se atreven a mojarse en este terreno imprescindible hoy en día es por miedo a la reacción de sus colegas. Lo hizo Carl Sagan, aunque pagó al principio un alto precio debido a las críticas de la comunidad científica. Pero el servicio y legado que dejó a la ciencia fue enorme. 

 

 

 

 

 

Hay 4 Comentarios

Siempre me ha parecido muy interesante el mundo de los científicos, pero si hay algo curioso de investigar y que nunca llegaremos a entender es a las mujeres: http://xurl.es/9ik46

Lo de heroes y villanos depende de los que producen noticias o espectaculos(cine incluido), estan sujetos a las reglas de la vida y "politicas", a favor o en contra; en Hollywood, siempre es "politicamente correcto", los "heroes" estan con el sistema y siempre ganan(presidentes, militares, policias), en peliculas independientes y europeas, prima cierto autocuestionamiento y sentido de estudio de la humanidad, ahi los "heroes", no lo son del todo, o tienen defectos a veces exagerados(ambicion, amantes, brutalidad, etc.); los cientificos no tienen "glamour", asi que sus papeles deben ser cuestionables para sobresalir.

El cine como medio de comunicación debe ser utilizado para difundir los valores positivos para la humanidad. Estamos acostumbrados a vender y producir lo que da dinero inmediato sin pensar que también se pueden hacer cosas buenas y ganar dinero. Se pueden hacer buenas pelis que transmitan excelentes valores para el ser humano. Pero no es lo corriente y, por eso, cuando raramente las encontramos, nos sorprendemos. Creo que como consumidores del negocio del cine, hay que ser selectivos y potenciar lo que nos interesa. Creo que la última palabra la tiene el espectador.

Federico Morán me remite el siguiente comentario:
Muy buen artículo. Es cierto que los científicos han asumido papeles de malvados y héroes. Lo cierto es que ahora los papeles de villanos, los “malos” de las películas, empiezan a ser encarnados por militares, policías e incluso periodistas. Es lo que tiene el cine.

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Planeta Prohibido

Sobre el blog

Un poquito de ciencia impertinente. 2.000 caracteres para divertirse y aprender tomando como hilo conductor los fascinantes hallazgos de la ciencia. Pero además hay atrevimiento. Especulación. La ciencia que tiene sentido del humor. La versión siglo 21 de Robby el robot, el autómata más famoso de la ciencia ficción,El Planeta Prohibido, que era incapaz de herir a los humanos. Nuestro Robby rescata en sus brazos mecánicos a la chica, pero a veces tiene más mala leche queTerminator. En El Planeta Prohibido (PB), una civilización extraterrestre llamada Krell es un millón de veces más avanzada que la humanidad, pero se extinguió en un solo día. Es celuloide, ciencia ficción, claro, pero quizá el conocimiento no baste para salvarnos. Y sin embargo, ¿tenemos algo mejor?

Sobre el autor

(Madrid, 1963) (Madrid, 1963) es periodista y escritor, se licenció en ciencias biológicas y es Master de Periodismo de Investigación por la Universidad Complutense. Autor de cuatro novelas (La Sombra del Chamán, Kraken, Proyecto Lázaro y Los Hijos del Cielo), le encanta mezclar la ciencia con el suspense, el thriller y la historia, en cócteles prohibidos. Fue coguionista de la serie científica de RTVE 2.Mil, ha colaborado para la BBC, escrito para Scientific American y New Scientist, Muy Interesante, y fue jefe de ciencia de La Razón. En El País Semanal se asoma al mundo de la ciencia. Luis habla también en RNE, en el programa A Hombros de Gigantes, sobre ciencia y cine.

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