El Apocalipsis Climático, según un hereje llamado Michael Crichton

Por: | 24 de noviembre de 2013

Twister-1996-13-g                      Una escena de Twister. Universal Pictures/Amblin.

 

Recuerdo perfectamente el momento en el que conocí a Michael Crichton, en un hotel de Barcelona, en 2005. Con sus casi dos metros de altura, era un hombre delgado y amable, aunque más envejecido que en las fotografías de sus libros. 

Durante casi un par de horas mantuve una fascinante conversación con el maestro del technothriller contemporáneo, el autor de Parque Jurásico.

    Charlamos sobre su última novela por entonces, Estado de Miedo, en el que Crichton –que no rehuía el debate, pese a la profesionalidad en el trato propia de los escritores de éxito– se atrevía a dibujar un escenario herético, que ponía en cuestión lo que describía como histeria política y científica con respecto al cambio climático. “Hay un estado de miedo artificialmente creado”. 

Crichton matizaba que no dudaba acerca de los datos del calentamiento global, pero que todo el asunto –y hablamos en 2005– se había exagerado en los medios de comunicación. Los cuales hervían entonces por culpa del famoso documental de Al Gore, Una verdad inconveniente. 

Cuando le pregunté si pensaba que su novela –repleta de datos científicos y estudios que contradecían el pensamiento comúnmente admitido sobre el cambio climático– se llevaría algún día al cine, contesto casi secamente. “No. Es un tema demasiado polémico”.

Twister                   Helen Hunt y Bill Paxton, la pareja de cazatornados. Universal Pictures/Amblin.

 

Lo cierto es que ninguna de sus películas, basadas en novelas, han tocado el asunto del clima, salvo una en la que curiosamente no había novela literaria detrás. Crichton fue el guionista de Twister

Y es una película excelente, con un inicio arrebatador, donde una niña tiene que refugiarse junto con su madre y su perro en un pequeño búnker ante la llegada de un aterrador tornado. 

La acción transcurre en 1969 en Oklahoma, la región de EE UU probablemente más castigada por estos violentos fenómenos. La niña ve como un tornado le arrebata a su padre y decide dedicar su vida a su estudio, así que tenemos a una espléndida Helen Hunt en su papel de cazatornados.

Crichton nos presenta a un grupo de científicos a los que se une Bill Paxton como autor de una singular idea: un instrumento bautizado como Dorothy, que no es otra cosa que un contenedor repleto de sensores preparados para ser succionados por un tornado. 

Los científicos desconocen lo que sucede exactamente en el interior del torbellino, y los sensores de Dorothy podrían proporcionar toda la información y realizar una especie de radiografía precisa en tiempo real. “Eso nos permitirá mejorar los sistemas de detección de tornados con una antelación de hasta quince minutos”, explica Hunt en la película.

3464630638_42d33968bf_o                 Dorothy, el instrumento que desvelará los secretos del tornado. Universal/Amblin.

 

¿Pura ficción? Dorothy fue una idea de Crichton inspirada en un dispositivo real llamado TOTO, ideado a finales de los años setenta (siglas en inglés de Totable Tornado Observatory). 

En vez de las bolas esféricas en su interior, TOTO tenía los sensores pegados a su estructura. ¡Y efectivamente, estaba construido para ser succionado por un tornado!Bill                Dorothy, en una escena del film. Universal/Amblin.

 

Pero los científicos encontraron que la idea era impracticable: no se lograría colocar a TOTO en el camino de un tornado, precisamente porque los tornados son, por naturaleza, muy impredecibles, y nadie sabe por dónde van a pasar con antelación. Así que abandonaron la idea.

TOTO no pasó desapercibido al ojo clínico de Crichton, capaz de rellenar los huecos que deja la ciencia con puro cine de acción, y los productores de Twister. Así que Dorothy juega un papel  esencial en la película (y el nombre procede además de Dorothy, la niña protagonista de El Mago de Oz)

En Twister no hay referencias, por supuesto, al calentamiento global. Aunque la película tiene el sello de todas las producciones de Crichton: los científicos suelen ser los villanos, o en todo caso, los anti-héroes. 

Tanto Paxton como su ex-mujer, Helent Hunt, juegan el papel de científicos románticos, de esos que no tienen un duro y que por ello no persiguen la fortuna ni la gloria, ni se dejan vender a las grandes corporaciones.

    Justo todo lo contrario le ocurre a un científico rival, Jonas Miller (interpretado por Cary Elwes). Está  encantado de hablar ante la prensa para presentarse como un héroe. Miller ha robado la idea de Dorothy a su ex-colega Hunt. Encarna al científico prepotente que da titulares, pero que en el fondo es despreciado por el ciudadano corriente.

Twister_movie_image_bill_paxton_helen_hunt_01                    Hunt y Paxton se enfrentan a un tornado de categoría 5. Universal/Amblin.

 

 Los cazatornados liderados por Helen Hunt representan a esos científicos bienaventurados, un poco frikis, que en realidad son una especie casi en extinción. Podremos congeniar mucho mejor con aquellos hombres y mujeres sabias que no cedieron a los intereses políticos y económicos. Y es que el recuerdo de la bomba atómica y la pésima imagen de los científicos que la hicieron posible está aun muy fresco en nuestra memoria.

Quizá aquí resida la clave del enfoque ácido de Crichton sobre los científicos que de forma abrumadora clamaban la catástrofe que se nos echaba encima con el calentamiento global, en Estado de Miedo.

La comunidad científica reaccionó “de forma muy negativa” a su novela.  Para Crichton, no ha sabido explicar al público lo que significa el grado de incertidumbre. Los modelos climáticos no tienen el valor de las predicciones, ni son predicciones, sino modelos, todo lo valiosos y complejos que se quiera. El calentamiento global no es algo que se pueda predecir como el tiempo meteorológico. Pero el público no ha entendido cual es la diferencia.

Con respecto a los propios científicos, Crichton comentaba que entre ellos, “existe un deseo natural y humano de convertirse en alguien importante, de tener influencia en la política, de que tu investigación se convierta en un tema central para la sociedad. Y es algo comprensible”. Así que han recorrido, con la aquiescencia de los medios, el camino más fácil: convertirse en una especie de profetas del apocalipsis, muy al estilo de Al Gore.

Tornadoes-twister_00246496                     Uno de los tornados de la película. Universal/Amblin.

Pero claro, es mucho más fácil convertirse en un profeta, sobre todo un profeta con la respetabilidad que proporciona la ciencia. El público entiende perfectamente este mensaje de catástrofe, mucho más sencillo y directo, exento de tecnicismo.

    “Entre la gente primitiva existe una tendencia a pensar que todo ocurre por un motivo, y no existe la sensación de que los desastres simplemente suceden. En la sociedad occidental siempre hay alguien responsable, el fabricante de coches que no hizo esto, quien construyó la escalera que resbala...en el pasado simplemente decíamos que era cuestión de suerte o un accidente. Ahora todo tiene una causa”, me comentaba este escritor.

Crichton se quejaba precisamente de esta falta de perspectiva, carente en los telediarios y los periódicos. Una perspectiva que ahora es mucho más escasa que en 2005. La sociedad de las tabletas y las redes sociales solo se centra en lo inmediato.

“Cuando ocurre un acontecimiento tan grande como el Katrina, y vemos como tanta gente ha quedado en una condición crítica, es como si todos nos hubiéramos vuelto primitivos. No creemos en Dios, ni pensamos que el dios del viento lo envió, es algo pasado de moda. Así que culpamos al calentamiento global, a George Bush. Buscamos una razón, y la verdad es que no hay ninguna”.

Y así desgranaba sus pensamientos el autor de La Amenaza de Andrómeda. “Todos los años, tenemos cuatro o cinco huracanes que golpean EE UU. Y Nueva Orleans sufrió una inundación hace tres años. No tan grande como esta última, pero había gente caminando con agua hasta la cintura, casas igualmente destruidas. Hace poco mostré algunas diapositivas sobre devastaciones  terribles ocurridas en 1900, con ocho mil muertos, en 1926, con tres mil víctimas. Las cosas suceden, no es el calentamiento global”

Crichton falleció en 2008, a los 66 años, el mismo día en el que Obama fue elegido presidente. Me quedé muy sorprendido, pues había ocultado que estaba batallando contra un cáncer. Y me entristecí, pese a que mi relación fue corta y estrictamente profesional (le regalé un ejemplar de mi novela Kraken, que llevaba una dedicatoria en su nombre). 

Siempre me han encantado los heterodoxos científicos, incluso aquellos que platicaban la ciencia desde la literatura, y desde luego sería estúpido considerar que Crichton era una persona ignorante o mal informada, o alguien a sueldo de las grandes multinacionales petroleras, que han financiado algunos lobbies científicos que manifiestan su escepticismo ante el calentamiento global.

Admito que es muy probable que Crichton estuviera equivocado. Estaba convencido de que los modelos que predicen un clima más caliente daban como resultado huracanes y tifones menos violentos –cuando al parecer también existen modelos que van precisamente en la otra dirección. 

Pero el reciente tifón que asoló Filipinas dejó también otra huella en la 19 Conferencia sobre Cambio Climático celebrada recientemente en Varsovia. Que me ha hecho reflexionar sobre este asunto. 

Un artículo del diario The New York Times recogía las declaraciones del representante filipino que calificaba comprensiblemente la enorme tragedia sufrida por sus compatriotas como “una locura climática”, ya que era el calentamiento global el que había convertido al tifón en “un monstruo letal” (con una nada velada crítica a los países que más están contribuyendo a aumentar las emisiones de efecto invernadero).

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Estado de miedo - Michael Crichton 001-704614                  Michael Crichton, en Barcelona, en 2005. (Fotografía de Luis M. Ariza).

 

Claro que en el mismo artículo se explicaba que los científicos, incluso los más convencidos, no podrían demostrar una relación estadística entre ese terrible tifón y el calentamiento global (de hecho, hasta ahora ha resultado bastante difícil intentar demostrar con números la relación entre un fenómeno extremo en concreto y el aumento previsto de temperatura).

Pese a ello, Ronald Jumeau, el representante de las islas Seychelles, afirmaba que el calentamiento global iba a traer una situación nueva e insólita que el mundo ni siquiera atisbaba a sospechar. Tanto, que se asemejaba al desastre producido por una invasión alienígena. “¡Los marcianos han aterrizado! ¿Y que vamos a hacer?”

Comprendo perfectamente la preocupación de muchos países costeros ante los sombríos escenarios dibujados por la ciencia, ante los avisos de los expertos de la ONU de que aún es posible evitar la catástrofe limitando las emisiones para que el calentamiento no supere los dos grados centígrados dentro de cien años.

     Pero en cierta forma, tengo la sensación de que ese magnífico escritor ahora desaparecido tenía su parte de razón.

 

 

 

 

Hay 6 Comentarios

un tipo que ha hecho negocio en hollywood y eso no le dejo crecer más como escritor

http://www.vapeo.zz.mu

Crichton tenia toda la razón. Y también era un científico, con dos doctorados. En estos momentos se aprecia mejor la falla catastrófica de los modelos climáticos que predecían un calentamiento global.

No sé de que va esta entrada. ¿De un libro de 2005?¿De Chrichton?. Pienso que "El País" debería ser un poco más cuidadoso con lo que publica para que no se le cuele alguna campaña de los "climaesépticos". ¿Cuántos informes de la ONU, suscritos por miles de científicos que confirman que el calentamiento global es real, está causado por la acción humana y provoca fenómenos meteorológicos extremos serán necesarios para dejar de ver intoxicaciones como ésta?. Obama nació en Kenia, o por lo menos nadie puede demostrar que no es así.

Un escritor que me sorprendió en su dia, no digo que sea de Nobel, pero es mucho mejor de lo que pensaba.

salu2

http://www.porlajeta.es

Escritores con visión de lo que nos depara el futuro los hay,sobre todo en el campo de la SF.Basta leer a William Gibson como botón de muestra, para comprobar su idea de la vida en el futuro presente.

Muy interesante pero yo apostaría que si preguntamos a la gran mayoría de la gente le importa bien poco lo que vaya a pasar de aquí a 100 años porque los humanos somos muy egoístas y como no estaremos pues los que vengan que se busquen la vida http://xurl.es/9ik46

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Planeta Prohibido

Sobre el blog

Un poquito de ciencia impertinente. 2.000 caracteres para divertirse y aprender tomando como hilo conductor los fascinantes hallazgos de la ciencia. Pero además hay atrevimiento. Especulación. La ciencia que tiene sentido del humor. La versión siglo 21 de Robby el robot, el autómata más famoso de la ciencia ficción,El Planeta Prohibido, que era incapaz de herir a los humanos. Nuestro Robby rescata en sus brazos mecánicos a la chica, pero a veces tiene más mala leche queTerminator. En El Planeta Prohibido (PB), una civilización extraterrestre llamada Krell es un millón de veces más avanzada que la humanidad, pero se extinguió en un solo día. Es celuloide, ciencia ficción, claro, pero quizá el conocimiento no baste para salvarnos. Y sin embargo, ¿tenemos algo mejor?

Sobre el autor

(Madrid, 1963) (Madrid, 1963) es periodista y escritor, se licenció en ciencias biológicas y es Master de Periodismo de Investigación por la Universidad Complutense. Autor de cuatro novelas (La Sombra del Chamán, Kraken, Proyecto Lázaro y Los Hijos del Cielo), le encanta mezclar la ciencia con el suspense, el thriller y la historia, en cócteles prohibidos. Fue coguionista de la serie científica de RTVE 2.Mil, ha colaborado para la BBC, escrito para Scientific American y New Scientist, Muy Interesante, y fue jefe de ciencia de La Razón. En El País Semanal se asoma al mundo de la ciencia. Luis habla también en RNE, en el programa A Hombros de Gigantes, sobre ciencia y cine.

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