El cerebro tramposo

Por: | 27 de diciembre de 2013

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Imagen promocional del film de John Dalh. Metro-Goldwyn-Mayer

 

Las películas de ficción no suelen tratar bien al cerebro humano, y a menudo caen en algunos estereotipos fascinantes a pesar de todo. Ocurre con la línea argumental del film Escondido en la Memoria, de John Dahl, cuyo protagonista, el gran Ray Liotta, encarna a un atormentado forense cuya esposa fue asesinada en su presencia, mientras estaba borracho en ese momento trascendental de su vida.

Liotta parte como una víctima más y encima tiene que cargar con la sospecha de la culpabilidad del público y la prensa. El asesino de su esposa no ha aparecido, no hay pistas para los detectives, por lo que nuestro forense queda permanentemente señalado con el dedo, pese a que no se pudo probar su culpabilidad en el juicio.

Y es entonces cuando el film da un giro interesante. Liotta asiste a una conferencia en la que la atractiva doctora Linda Fiorentino explica sus investigaciones sobre la memoria de las ratas y la increíble posibilidad de que algún día se puedan transferir los recuerdos guardados.

Su teoría es que la memoria está localizada en el líquido cefalorraquídeo, y que por tanto, existe la posibilidad de extraerlo de un animal para inyectarlo en el otro. Pero el trasvase de la memoria no sería efectivo si el receptor no recibiera los estímulos que contribuyeron a forjar esos recuerdos.

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Dos grandes del cine, Peter Coyote y Ray Liotta, en una escena de la película. Metro-Goldwyn-Mayer.

 

Fiorentino explica a Liotta su hipótesis en un laberinto montado en su laboratorio. Abre la compuerta a una rata que desconoce completamente el laberinto y la habitación segura para que pueda protegerse de un gato (por lo que moriría). Coloca en su lugar a otra rata que sí lo ha aprendido, y que sabe por tanto la vía para escapar del depredador.

   Y en la tercera parte de su experimento, Fiorentino inyecta el líquido cefalorraquídeo de la rata sabia a la ignorante. El estímulo adecuado (el gato corriendo detrás) permitirá a esta última formarse un mapa mental correcto del laberinto y así salvar su vida.

Liotta decide probar la fórmula de la doctora, inyectándose el líquido cefalorraquídeo del cadáver de su mujer para acceder a sus recuerdos en el momento de su asesinato. Y es a partir de aquí donde, curiosamente, la película empieza a perder un poco de fuelle, pese a que el forense consigue descubrir el rostro del asesino, dibujarlo a partir de los recuerdos de otra de sus posibles víctimas (que era artista) y perseguirlo.

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Ray Liotta lucha contra el asesino de su mujer en una escena del film. Metro Goldwyn-Mayer.

 

Ocurre que el film, aunque se apoya en la ciencia y por ello no hay que restarle mérito, cae en el estereotipo manido de que nuestro cerebro funciona como un ordenador que lo capta todo, almacenando los pedazos de realidad como si fuera una cámara fotográfica. Es algo que todavía vemos en las noticias de televisión, cuando ocasionalmente se nos cuenta que los neurocientíficos someten a los delincuentes a pruebas cerebrales para entresacar esa realidad que su mente esconde.

Pero lo cierto es que el cerebro humano es un tramposo. No es de fiar. Va por libre. No capta la realidad como una cámara. Solamente registra lo que le interesa.

En realidad, el cerebro y la mente es una misma cosa, y como indica el neurocientífico español Francisco Rubia –uno de los mayores conocedores de los entresijos del cerebro humano y excelente divulgador – en su magnífico libro El Cerebro nos Engaña (Temas de Hoy), lo que la memoria almacena “ es el efecto que los sucesos diarios tienen en nuestro cerebro, en sentido que tienen para nosotros, las emociones que despiertan. Eso es lo que le interesa al cerebro, y no la realidad como es”.

 Lawrence Latour, Ph.D., National Institutes of Health and the Center for Neuroscience and Regenerative Medicine

Un modelo de cerebro humano.  Lawrence Latour, Ph.D., National Institutes of Health and the Center for Neuroscience and Regenerative Medicine.

 

Por eso, recordamos nuestro pasado con muchas distorsiones. No lo recreamos. Lo que hacemos es extraer un recuerdo que está influido por la actitud que tuvimos en ese momento, la expectativa o la emoción que experimentamos. En suma, un recuerdo no es de fiar, sobre todo en circunstancias excepcionales.

Imaginemos que somos testigos de un asesinato, y logramos ver la cara del asesino. Es una circunstancia excepcional. Muchos pensarían que una cosa así se queda grabada a fuego. Pero es muy posible que a la hora de reconstruir lo sucedido, la capacidad que tiene nuestra memoria para asociar cosas hace que afloren otras cosas que en realidad nunca ocurrieron, por lo que la reconstrucción, nos dice Rubia, “queda falsificada”.

No nos debe sorprender. Hay innumerables casos judiciales, nos comenta este experto, basados en testigos oculares que declararon lo que esperaban haber visto en lugar de lo que realmente vieron, y que por ello mandaron a la cárcel a personas inocentes.

El reputado periodista Mauricio-José Schwarz relata un episodio ocurrido en la década de los ochenta en Estados Unidos que ilustra la fragilidad de la memoria y el peligro que conlleva. Se multiplicaron los casos de personas, tanto niños como adultos, que aseguraban haber sido víctimas de abusos sexuales y prácticas satánicas en su infancia. Las memorias, reprimidas en esos atroces episodios, salían ahora a la luz.

 

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Denzel Washington, en el film de Tony Scott.Touchstone Pictures / Jerry Bruckheimer Films.

 

Hubo miles de acusaciones, padres acusados de torturar a sus hijos que perdieron su custodia o fueron condenados. Resultó, tras una investigación llevada a cabo por la Universidad de California, que ninguna de ellas era verdadera. Los abusos satánicos no existieron, de acuerdo con Kenneth Lanning, un agente especial del FBI. Estas memorias eran falsas, pero resultaron auténticas para aquellos que las experimentaban.

La memoria es un tema fascinante y misterioso. Y la memoria implícita, ya que está en nuestro subsconsciente, puede jugarnos una mala pasada. Como esa sensación de que hemos vivido una situación con anterioridad, algo que alguien haya dicho, un acontecimiento o detalle que nos hace revivir esa experiencia. Hablamos del dèjá vu, ese término en francés que significa “ya dicho”. 

En Dèjá Vu, el interesante film del desaparecido Tony Scott, Denzel Washington tiene que viajar hacia atrás en el tiempo para evitar un atentado terrorista. Y en el proceso, hay una serie de detalles y hechos de los que uno parece haberlos experimentado con anterioridad.

Esas experiencias de lo “ya visto” están aún mal estudiadas, pero es probable, nos dice Rubia en su magnífico libro, que la culpable no sea otra que esa memoria implícita. Una situación nueva despierta un recuerdo vivido en otras circunstancias parecidas, una experiencia del pasado de la que no somos conscientes. Y por ello, “crea la impresión de que se trata de algo vivido con anterioridad”.

 

 

Hay 4 Comentarios

¿Y que hay del mito aquel de mujer guapa, mujer sin cerebro?: http://xurl.es/ch3vj

Sr. Ariza, ¿se sabe aquél de uno que llega tarde al cine y tras un denodado esfuerzo por parte del acomodador para acomodarle le da a éste una peseta de propina y éste, escudriñiándola con la lintera, le responde: "Muchas gracias; ...que sepa usted que el asesino es el mayordomo"?

Decía Platón que “conocemos lo que recordamos”, sin olvidar que sólo disfrutamos verdaderamente de nuestra existencia cuando somos capaces de reconocer a los otros y de ser reconocidos por ellos. http://www.elefectobellido.com/2011/10/la-memoria-concienciazada.html

Peter Coyoye!!!!!!! Como se la monta el mister Ariza!

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Planeta Prohibido

Sobre el blog

Un poquito de ciencia impertinente. 2.000 caracteres para divertirse y aprender tomando como hilo conductor los fascinantes hallazgos de la ciencia. Pero además hay atrevimiento. Especulación. La ciencia que tiene sentido del humor. La versión siglo 21 de Robby el robot, el autómata más famoso de la ciencia ficción,El Planeta Prohibido, que era incapaz de herir a los humanos. Nuestro Robby rescata en sus brazos mecánicos a la chica, pero a veces tiene más mala leche queTerminator. En El Planeta Prohibido (PB), una civilización extraterrestre llamada Krell es un millón de veces más avanzada que la humanidad, pero se extinguió en un solo día. Es celuloide, ciencia ficción, claro, pero quizá el conocimiento no baste para salvarnos. Y sin embargo, ¿tenemos algo mejor?

Sobre el autor

(Madrid, 1963) (Madrid, 1963) es periodista y escritor, se licenció en ciencias biológicas y es Master de Periodismo de Investigación por la Universidad Complutense. Autor de cuatro novelas (La Sombra del Chamán, Kraken, Proyecto Lázaro y Los Hijos del Cielo), le encanta mezclar la ciencia con el suspense, el thriller y la historia, en cócteles prohibidos. Fue coguionista de la serie científica de RTVE 2.Mil, ha colaborado para la BBC, escrito para Scientific American y New Scientist, Muy Interesante, y fue jefe de ciencia de La Razón. En El País Semanal se asoma al mundo de la ciencia. Luis habla también en RNE, en el programa A Hombros de Gigantes, sobre ciencia y cine.

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