La vida secreta de las plantas (según M.Night Shyamalan)

Por: | 26 de enero de 2014

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Postre promocional del film. 20th Century-Fox. 

 

Siempre me han disgustado las ácidas críticas sobre las recientes películas de M. Night Shyamalan. Son injustas a todas luces. Los que le atacan toman como referencia a una de sus obras maestras, El Sexto Sentido. Dicen que Shyamalan nunca ha logrado recuperarse de aquel éxito, y que fue precisamente esa película la que marcó el comienzo de su declive. 

Son críticas miopes. Shyamalan es un genio que está a la altura de Spielberg. Si revisamos su obra, vemos claramente que nunca ha hecho una mala película. Ni siquiera este director nacido en India es capaz de darnos una película mediocre.

Su cine conserva aún esa extraña capacidad para sorprendernos, un poco a la manera de Hitchcock. En algún momento hablaré de After Earth, una superproducción que está muy por encima de lo que se suele cocinar en Hollywood, pero ahora lo que nos ocupa es una película estrenada en 2008 titulada El Incidente (The Happening), basada en un guión escrito por el propio Shyamalan y que se apoya precisamente en la ciencia para darle una verosimilitud que hace creíble lo increíble.

 

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Extraños suicidios se producen cuando la gente se arroja desde las alturas. 20th Century-Fox

 

En un día cualquiera de otoño, las personas en Central Park (Nueva York) sufren un extraño ataque y comienzan a arrojarse desde los edificios. Sucede mientras un profesor de ciencias llamado Elliot Moore, interpretado por Mark Wahlberg, está tratando de inculcar inquietud a sus estudiantes por lo que está ocurriendo con las poblaciones de abejas en todo el mundo, en pleno declive. 

Las colmenas se vacían y los estudiantes proponen explicaciones: la contaminación en forma de múltiples insecticidas que esparcimos de forma indiscriminada; un virus o una enfermedad que se ha extendido entre las poblaciones de abejas; los primeros efectos de un calentamiento global, consecuencia de la elevación gradual de la temperatura media del planeta, como un factor de desorientación...

Hay un estudiante que no quiere entrar al trapo. Cuando Wahlberg insiste, el muchacho suelta una respuesta sorprendente sobre la desaparición de las abejas. “Es un acto de la naturaleza que nunca llegaremos a comprender”.

Tampoco se nos escapa que en la pizarra de la clase hay una frase atribuida a Einstein en la que el sabio de la relatividad está convencido de que si las abejas desaparecieran de la faz de la Tierra, el hombre duraría unos cuatro años.

Esa frase es un bulo. Un rumor que circula en internet durante años. A fuerza de repetirse, lo comprobamos en varias páginas web, pero éstas son ecos de una falsedad que alguien se inventó, y lo cierto es que no sabemos quién. El asunto de las abejas y Einstein es un recordatorio de lo peligroso que puede ser internet, donde la resonancia de los hechos comprobados se mezcla con todo tipo de bulos, especulaciones y falsedades prefabricadas.

 

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La gente abandona los coches huyendo de la "epidemia". 20th Century-Fox

 

Pero Shyamalan tiene mucha razón cuando coloca el tema de las abejas como prólogo de su particular Apocalipsis. Fue precisamente un año antes del estreno de la película, en la primavera de 2007, cuando los investigadores descubrieron que una cuarta parte de los apicultores estadounidenses habían sufrido pérdidas catastróficas. Un desastre que se propagó a Francia, Canadá, Brasil, Australia, y también a España.

En Galicia, por ejemplo, las pérdidas de las colmenas alcanzan preocupantes porcentajes de entre el 35 y el 40 por ciento. Y en algunas colmenas, hasta del 90 por ciento.

Hablamos de las abejas de la miel (hay cerca de 20.000 especies de abejas), pero su importancia económica es enorme. Polinizan las flores cuyos frutos y semillas constituyen uno de cada tres bocados que nos llevamos a la boca. 

Gracias a las abejas  tenemos melocotones, almendras, ciruelas, manzanas, melones, pepinos, calabazas, fresas, frambuesas, zarzamoras, espárragos y tomates, entre otros. A lo que habría que añadir el vino y el mosto –la vid depende en parte de la labor de las abejas. 

Imaginen una cocina sin ninguno de estos ingredientes. ¿Aburridísima, no?

El hombre no desaparecería por falta de alimentos. El viento y no las abejas poliniza el trigo, la cebada o el arroz, los cultivos básicos que aseguran la existencia de casi toda la humanidad. Pero nuestra dieta dejaría mucho que desear. En un mundo casi sin abejas, la mayoría de las frutas y verduras serían un plato exquisito, como el caviar o las angulas, sólo reservado a los más ricos.

La historia de las abejas es solo una parte de ese plan de Shyamalan para empujarnos al Apocalipsis

 

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Los policías de NY también sucumben a la extraña toxina. 20th Century-Fox.

 

Al principio, ante los casos crecientes de suicidios, los medios de comunicación claman en los telediarios que se trata de un ataque bioquímico llevado a cabo por terroristas: han inventado una toxina capaz de provocar un cortocircuito en el cerebro, de manera que se pierden los mecanismos de protección que nos impiden que nos quitemos la vida. 

Posteriormente, averiguamos que se trata de un fenómeno natural, y que son las propias plantas las que fabrican ese veneno que amenaza a toda la población, en un calculado ejercicio de venganza.

¿Es científicamente posible? La historia de las plantas como seres ávidos de venganza contra la humanidad tiene una larga tradición en la filmografía de ciencia ficción, desde El Día de los Trífidos, hasta clásicos como La Invasión de los Ladrones de Cuerpos, que sugieren vainas y esporas extraterrestres traídas por la atmósfera para prender y colonizar el planeta. 

Incluso en La Cosa de Otro Mundo, producida por Howard Hawks, el extraterrestre que despierta de su lecho de hielo del polo norte no es otra cosa que una especie de remolacha gigante con forma humana que se alimenta de la sangre de los protagonistas.

Así que en la historia propuesta por Shyamalan hay una verdad cinematográfica que bebe de la tradición, aunque esta vez busca un apoyo en la ciencia. No hay que imaginar extraterrestres o seres fantásticos caídos del espacio, sino en lo que las propias plantas reales de nuestro planeta pueden o no pueden hacer.

Por ejemplo, es cierto que las plantas pueden comunicarse entre sí, especialmente si se sientan atacadas. Ante un herbívoro, las plantas pueden sintetizar sustancias desagradables al gusto, y liberar compuestos en el aire que son captados por otras plantas para “advertirlas” de la presencia de un peligro.

Una planta de tabaco atacada por una oruga puede liberar un compuesto que atraiga a las avispas que precisamente se alimentan de orugas.

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Una magnífica escena en la que vemos a Wahlberg, Ashlyn Sánchez  y Zooey Deschanel. 20th Century-Fox.

 

Las plantas son capaces de comunicarse con otras plantas. Perciben la luz y la oscuridad. Pueden “oler”, y algunas investigaciones sugieren que tienen el sentido del “oído”, si por ello entendemos que son sensibles a determinadas vibraciones.

Las plantas no tienen un sistema nervioso propio, aunque algunos expertos hablan de “neurobiología de las plantas” como un concepto serio a tenerse en cuenta. Otros expertos como el botánico Frantisek Baluska, de la Universidad de Bonn, y Stefano Mancuso, de la Universidad de Florencia, ya hablan abiertamente de sistemas nerviosos vegetales y abogan por destruir la frontera que separa los organismos animales de los vegetales.

Claro que, ¿podrían las plantas crear la toxina que empuja a los humanos a suicidarse en el film de Shyamalan? ¿Podemos pensar que las plantas liberan esta toxina por culpa de la contaminación producida por el hombre?

David Caron, un profesor de biología de la Universidad de California del Sur, explicó a la revista Wired una serie de hallazgos que consolidan, por muy fantásticos que parezcan, los hechos que se muestran en la película.

Al usar los océanos como retretes, vertiendo en ellos inimaginables cantidades de basuras y restos de fertilizantes, estamos cambiando su ecología, y propiciamos la explosión de algas tóxicas de tamaño microscópico, como es el caso de la Pseudonitzschia, una diatomea que produce una toxina, el ácido domoico.

Fue en 1987 cuando se detectaron los primeros casos de intoxicación por ácido domoico en un grupo de 107 personas en la bahía de Cardigan, en Canadá. Habían consumido mejillones contaminados por este alga.

Los afectados mostraban síntomas diversos, entre ellos, la pérdida de memoria, la desorientación, un bajo nivel de conciencia, y ataques epilépticos. 

Se descubrió que esta toxina se enganchaba en el cerebro humano, bloqueando los receptores del glutamato de las neuronas, y produciendo esos efectos en el comportamiento humano.

No se ha demostrado que las plantas tengan instintos de venganza ni que “persigan” a las personas con sus toxinas. Pero la naturaleza puede reaccionar de una manera insospechada en contra nuestra si le damos la espalda. Y ese es el inequívoco mensaje de esta magnífica película de ciencia ficción, que sabe conjugar los hechos con la imaginación.

Hay 4 Comentarios

A mí en general me gusta el trabajo de Shyamalan aunque he de aceptar que luego sus películas son muy tediosas, hay otras que siempre te mantienen atento! Como la del Sexto Sentido o Después de la Tierra, aunque no a todos les haya gustado! Se me hace buen cineasta!

A ver, sobre el tema de Shyamalan creo sinceramente que el autor del blog no debe de haber visto todas las películas de ese director. Puedo entender que le gusten las primeras. Incluso obviando "El sexto sentido" hay flims interesantes como "Señales", "El bosque" o la gran "El protegido".

Pero intentar defender a "Airbender"... Ariza: es la película más patética de los últimos años. No "una de la más patéticas", no, la que más. Sin duda. La única razón por la que no abandoné el cine cuando vi ese bodrio en 3D fue por los casi 10 euros que me había costado la entrada.
Sobre "After Earth" con todas esas referencias a la cienciología y con Will Smith sentado en un sillón 3/4 de película... mejor no hablamos.

Decir (en un blog que relaciona los últimos avances científicos con el cine) que Shyamalan es un "director incapaz de darnos una pelícla mediocre" es... preocupante.

El Incidente es una gran película, estoy de acuerdo. Pero no me parece un director a la altura de Spielberg, sinceramente.
Sigo opinando que la mayor amenaza para el hombre es el mismo hombre. Les dejo un microcuento al respecto. Pinchen mi nombre si les apetece leer.

Pues a mi la que menos me gustó es la de Sexto Sentido. Coincido contigo en que es un gran director y original http://xurl.es/9ik46

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Planeta Prohibido

Sobre el blog

Un poquito de ciencia impertinente. 2.000 caracteres para divertirse y aprender tomando como hilo conductor los fascinantes hallazgos de la ciencia. Pero además hay atrevimiento. Especulación. La ciencia que tiene sentido del humor. La versión siglo 21 de Robby el robot, el autómata más famoso de la ciencia ficción,El Planeta Prohibido, que era incapaz de herir a los humanos. Nuestro Robby rescata en sus brazos mecánicos a la chica, pero a veces tiene más mala leche queTerminator. En El Planeta Prohibido (PB), una civilización extraterrestre llamada Krell es un millón de veces más avanzada que la humanidad, pero se extinguió en un solo día. Es celuloide, ciencia ficción, claro, pero quizá el conocimiento no baste para salvarnos. Y sin embargo, ¿tenemos algo mejor?

Sobre el autor

(Madrid, 1963) (Madrid, 1963) es periodista y escritor, se licenció en ciencias biológicas y es Master de Periodismo de Investigación por la Universidad Complutense. Autor de cuatro novelas (La Sombra del Chamán, Kraken, Proyecto Lázaro y Los Hijos del Cielo), le encanta mezclar la ciencia con el suspense, el thriller y la historia, en cócteles prohibidos. Fue coguionista de la serie científica de RTVE 2.Mil, ha colaborado para la BBC, escrito para Scientific American y New Scientist, Muy Interesante, y fue jefe de ciencia de La Razón. En El País Semanal se asoma al mundo de la ciencia. Luis habla también en RNE, en el programa A Hombros de Gigantes, sobre ciencia y cine.

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