Sobre el autor

Josep Torrent

es periodista, delegado de EL PAÍS en la Comunidad Valenciana. Casado, con una hija y un nieto. Estudió filosofía y letras en la Universidad de Valencia y Ciencias de la Información en la Universidad Autónoma de Barcelona.

Sobre el blog

La Comunidad Valenciana no es solo corrupción, ni tampoco fallas, sol, playa y paella, aunque el tópico la reduzca a eso. Este blog hablará de los tópicos, como no puede ser de otra manera. Pero también aspira a contar otras cosas.

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Telón

Por: Josep Torrent | 18 nov 2011

Debate

Los falsos debates entre los candidatos por las tres circunscripciones electorales de la Comunidad Valenciana que ha emitido Canal 9 deberían estar prohibidos por el sentido común, la decencia y la razón democrática. El formato, tal y como está diseñado: Bustos parlantes que ni tan siquiera se dirigen la mirada, invita a la desafección política y al absentismo electoral. Por fortuna, apenas si cuentan con espectadores. El último pseudo-debate, protagonizado el pasado jueves por los candidatos de Valencia, solo atrajo la atención del 1% de la audiencia, 15.000 personas.

Parece mentira que este timo democrático -como en su día denunció Mònica Oltra de Compromís, aunque ahora calle- no solo sea aceptado por los políticos, sino que además, alguno, lo ponga como ejemplo de pluralidad. En cualquier caso fue el indigno colofón de una campaña que el PP colocó en un iceberg, sepultándolo en la Antártida, sin que los socialistas ni el resto de los partidos fueran capaces de romper el muro de hielo tras el que se escondieron todos los candidatos populares para no decir nada de lo que van a hacer en cuanto lleguen a la Moncloa si, como pronostican todos los sondeos, lo consiguen.

Cayó el telón de la campaña. El domingo a votar.

Por qué lo valencianos votan al PP

Por: Josep Torrent | 15 nov 2011

El profesor del departamento de Economía Aplicada de la Universitat de València, Pau Rausell, ha elaborado un documento en el que intenta explicar cuáles son las razones por las que más de la mitad de los valencianos que ejercerán su derecho al voto el próximo domingo lo harán por el PP. Rausell utiliza estadísticas oficiales para explicar su razonamiento. Lo paradójico es que los datos conducen a una conclusión diametralmente opuesta a las prácticas electorales de la sociedad valenciana. De ahí su interés.

El profesor analiza la ubicación ideológica de los votantes de la Comunidad Valenciana respecto de los partidos.

Autoubicacion

Conclusión: Los valencianos encuentran al PP muy a la derecha de su propia visión ideológica del mundo. Incluso los votantes populares se sitúan más al centro del partido al que apoyan. De hecho, el PP es el partido que más lejos se encuentra de la autoubicación media de los valencianos, solo por detrás de Izquierda Unida.

La paradoja ideológica podría sublimarse bien por la calidad de vida y el poder adquisitivo de los valencianos, bien por la competencia y eficacia de los gobiernos de la Generalitat, capaces de mejorar notablemente la sanidad y la educación. ¿Cuál es la realidad? Los  siguientes gráficos comparan la renta per cápita de los valencianos, la evolución de la tasa de paro, el gasto público en educación no universitaria y el grado de satisfacción de la sanidad púbica con la media española.

Rentapc

Paro

 Educacion

Satisfaccionsp
 Rausell concluye que “en la lista de grandes proyectos del PP no hay ninguno que pueda exhibirse como un éxito económico y conjuntamente, desde luego, no han servido como herramientas para la mejora de las condiciones económicas y sociales de los valencianos”.

Si la sociedad valenciana se autodefine como más progresista que el PP; y si, además, la gestión de los sucesivos gobiernos de la Generalitat no han servido para que la situación económica y social esté, como mínimo, en la media española. Cómo se entiende el apoyo masivo que concitan los populares elección tras elección. ¿Será que la calidad democrática en la Comunidad Valenciana es mayor que en otras autonomías? Pues tampoco va a ser eso. De hecho es la región española con menores niveles de transparencia, solo por delante de Cantabria

 TransparecniaCCAA

Si a ello se une que las Cortes Valencianas han sido condenadas varias veces por el Tribunal Constitucional por vulnerar los derechos de la oposición, que la televisión pública se ha convertido en objeto de estudio de una tesis doctoral como ejemplo de manipulación política y los escándalos de corrupción son ya una constante, ¿por qué los valencianos votan al PP?

La respuesta es compleja y tiene mucho que ver con las políticas emocionales de los populares que ha conseguido que los valencianos vean al PP como el partido que defiende sus intereses y tiene que ver, también, con el proceso de berlusconziación seguido por los populares. La escritora italiana Melania G. Mazzucco explicaba en su artículo Se acabó la fiesta que en Italia todos reían con Berlusconi y el que no lo hacía era un traidor. Como en la Comunidad Valenciana. Toda disidencia con la política oficial de grandes eventos –desde la puesta en marcha de Terra Mítica hasta la construcción del aeropuerto de Castellón- era tachada de antivalenciana y los discrepantes mandados callar por una sociedad que se monda de risa, pese a la situación que reflejan los datos recogidos por el profesor Rausell.

Por cierto, el PP también gana porque enfrente, en la oposición, apenas hay nadie.

 

El mito de la plaza de toros de Valencia

Por: Josep Torrent | 11 nov 2011

Plaza

La plaza de toros de Valencia se ha convertido desde hace años en un icono para los dos partidos mayoritarios en todas las citas electorales. Llenarla –“reventarla”, dicen ellos- es un objetivo irrenunciable tanto para el PP como para el PSOE que utilizan el coso de la calle Xàtiva como un termómetro que mide la fortaleza de sus organizaciones. La mera sospecha de la existencia de dificultades para ocupar su aforo al completo hace que las direcciones de campaña de ambos partidos se piensen dos veces la conveniencia de utilizar tan totémico reciento. Desde su victoria en 1995, los populares no han renunciado en ninguna ocasión a exhibir su musculatura “reventando” la plaza en todas las ocasiones. Los socialistas han sido más selectivos. Sus continuas y continuadas derrotas no invitan a la parroquia a desplazarse alegremente para escuchar a sus líderes. Cierto es que en las elecciones generales de 2008 y en las últimas autonómicas de este año, consiguieron abarrotar la plaza; pero en esta campaña al equipo de Pérez Rubalcaba les tembló las piernas y optó por un recinto más asequible, cual es el pabellón de deportes donde juega sus partidos el Valencia Básquet.. La renuncia se justificó por el mal tiempo y, ciertamente, el chaparrón que cayó en Valencia el pasado domingo 6 justificó lo acertado de la medida; pero los populares han aguantado chuzos de punta en ese coso y no corrieron a refugiarse en ningún pabellón.

Hay mucho mito sobre la capacidad de la plaza de toros de Valencia. Los organizadores exageran sistemáticamente la cantidad de espectadores que caben en la misma para presumir de haber reunido a más de 25.000 personas. Es una pura  fantasía que la mayoría medios sostiene porque es una cifra acreditada desde los primeros mítines de la transición democrática. La realidad es muy otra. El  aforo oficial de la plaza no llega a los 11.000 espectadores. Si se incluyen los asistentes al mitin que encuentran su acomodo en el ruedo,  y siendo generoso, la cifra podría superar los 17.000, que no está nada mal. Pero ya verán como el domingo el PP dirá que “más de 25.000 personas han abarrotado la plaza de toros de Valencia… y bla, bla, bla”.

Hace unos años, allá por 1935, Manuel Azaña dio un mitin multitudinario en el estadio de Mestalla que entonces podía acoger a 25.000 espectadores. El campo se llenó por completo y miles de personas no pudieron acceder al recinto. Las crónicas de la época hablan de 35.000 asistentes. Más tarde, los líderes de la CEDA, José María Gil Robles, y Luis Lucía  decidieron contrarrestar la demostración de fuerza del político de Izquierda Republicana y dieron un mitin simultáneo en Mestalla, la plaza de toros y la Hípica de Valencia. Hasta 60.000 personas se cuenta que asistieron a escuchar a los dirigentes de la derecha española y valenciana. El único político contemporáneo que intentó con éxito equipararse a estos grandes movimientos de masas fue José María Aznar en 1993 que llenó el campo de Mestalla con 40.000 personas.

Un veterano dirigente del PP me explicó hace muchos años, cuando su partido penaba en las filas de la oposición, el secreto para llenar la plaza de toros de Valencia: “Dinero y autobuses”. No hay otro. Siempre fue así y lo seguirá siendo. Y el coso taurino de la ciudad de Valencia seguirá siendo un hito para los grandes partidos, al tiempo que un mito falso.

Las cifras de Azaña, Gil Robles y Luis Lucía siguen desafiando el tiempo. Aquellos sí que debieron ser grandes mítines.

 

El despilfarro como Dios manda

Por: Josep Torrent | 09 nov 2011

Debate

Ignoro en qué apartado de la “economía como Dios manda” colocaría Mariano Rajoy los 15 millones que el Gobierno valenciano de Francisco Camps pagó al arquitecto Santiago Calatrava por un proyecto que nunca verá la luz. La portavoz del Consell, Lola Jhonson, justifica el gasto porque es “un activo” de la Generalitat, pero no explica si servirá para facilitar el crédito a los empresarios, la cantidad de empleo que creará, ni si dará seguridad a los inversores. El candidato del PP a la presidencia del Gobierno explicó en su debate con el socialista Alfredo Pérez Rubalcaba que tiene un plan para sacar a España de la crisis cuyo primer punto es controlar el gasto público, no gastar lo que no se tiene. “Si las Administraciones son austeras, dijo, el crédito que se llevan podrá fluir a las empresas y familias”. Imposible estar en desacuerdo con la simpleza del enunciado, aunque se le podrían objetar varias cuestiones. Pero no es eso lo que quiero subrayar sino el hecho de que en la Comunidad Valenciana la “economía como Dios manda” ha sido durante muchos, demasiados, años puro despilfarro con el PP al frente del gobierno autonómico. Y, que se sepa, a Rajoy no le ha parecido mal del todo la gestión de sus compañeros valencianos. Más bien al contrario.

Todavía, pese al tiempo transcurrido, no he sido capaz de averiguar a qué noticia “tétrica” relacionada con la sanidad valenciana se refirió Rubalcaba. Es verdad que el Consell ha anunciado que no va a construir algunos hospitales que había anunciado, incluso que no va a abrir el que ya está terminada en Llíria (Valencia) porque no tiene un euro. Al candidato socialista eso le puede parecer “tétrico”, pero no deja de ser un adjetivo ciertamente exagerado cuando de recortes se trata. El candidato socialista tiene en la Comunidad Valenciana ejemplos más que sobra para hacer notar las contradicciones entre lo que propone Rajoy y la gestión de Eduardo Zaplana y Francisco Camps; pero, o se lo explicaron mal o no se acabó de aprender la lección.

Rubalcaba se equivocó a la hora de hablar de la sanidad valenciana, en cambio dominaba bien lo que ocurre en la educación madrileña. Rajoy confundió municipios de la provincia de Sevilla con los de la Cádiz, pero lo de Madrid también se lo manejaba con soltura. ¿Será que la política española solo ocurre dentro del radio que va desde el Congreso de los Diputados hasta la M-30?

Sobresaltos financieros

Por: Josep Torrent | 07 nov 2011

Olivas

 

La campaña electoral en la Comunidad Valenciana discurre cansina, monótona y tan políticamente correcta que invita al aburrimiento. Nada que ver con la del 2008  que el PP  tensionó hasta el punto de quebrar las relaciones institucionales entre la Generalitat valenciana y el Gobierno de Rodríguez Zapatero. La dureza con que se empleó González Pons con Fernández de la Vega, números unos del PP y del PSOE, respectivamente, por Valencia, rozó lo personal a cuenta de la legalidad del empadronamiento de la exvicepresidenta en la localidad de Beneixida (Valencia). Claro que, en aquella convocatoria, al PP le interesaba montar cuanta más bulla mejor, mientras que en esta prescindiría de la campaña si pudiera. Los socialistas, que deberían ser los más interesados en tensionarla para movilizar a su electorado, no están tan bregados en el juego subterráneo y tobillero. Menos que nadie su candidata por Valencia, Inmaculada Rodríguez-Piñero, que no levanta la voz por no ofender.

A falta de campaña, los valencianos se desayunaron el lunes con un sobresalto financiero. La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) suspendía de buena mañana la cotización en bolsa del Banco de Valencia. Con Bancaja enterrada en el mausoleo de Bankia y la CAM intervenida por el Banco de España, la única entidad financiera que podía aparentar su condición de “valenciana” entraba en coma después de meses continuados de notables achaques. Los agoreros que pronosticaron que el sistema financiero valenciano pasaría a mejor vida tras la fusión Bancaja-Caja Madrid veían su profecía cumplida, mientras que al empresariado autónomo ya no le quedaban ni arrestos para quejarse (tampoco es que los tuvieran para defender una banca propia, dicho sea de paso)

¿El sistema financiero valenciano ha desaparecido y nadie sabe quién ha sido? Se sabe, claro que se sabe. Primero lo destrozaron unos gestores codiciosos que creyeron que eso de la burbuja inmobiliaria era un cuento chino, cuando se sabía de años que era una triste realidad japonesa. Lo hirieron de muerte unos empresarios que disfrazaron sus intereses particulares con una hipócrita defensa del libre mercado y la competencia. Y lo remató un gobierno incompetente que confundió los intereses valencianos con hacer gorgoritos barrocos llenos de aire -que gustaban mucho al personal y por eso lo votaban-  que no sirvieron para nada. Francisco Camps era el presidente de aquel Consell que, lamentablemente, pasará a la historia por no haber pagado unos trajes y por ser un melifluo cuya voluntad se sometía al halago fácil, cuando lo suyo sería que los libros le recordaran como el responsable de un gobierno en el que sistema financiero de la Comunidad Valenciana se fue por el sumidero sin que él ni lo suyos hicieran nada por evitarlo.

Pero de eso, en esta campaña, tampoco se habla para solaz y esparcimiento del PP.

Socialistas insostenibles

Por: Josep Torrent | 04 nov 2011

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A los socialistas valencianos las cosas no les van bien. Y no porque lo diga el CIS ahora. Hace lustros que les van mal y lo que no puede ser no puede ser y además resulta imposible, que diría el torero Rafael Guerra, El Gallo. Les sobra mezquindad y les faltan toneladas de generosidad (a ellos, que predican la solidaridad)  El 20-N por la noche volverá a comprobarse como la brecha entre el PP y el PSPV vuelve a ensancharse de manera brutal. Si en 2008 fue de 10 puntos, en estas selecciones generales es probable que supere los 20. Demasiado para un partido que pretende reclamarse alternativa de gobierno. Y, con ser eso grave, no será lo peor. Lo peor volverá a ser el cainismo de una organización que se autodestruye en cada convocatoria electoral.

El comité de campaña del PSPV es un auténtico caos en el que, pese a algunos esforzados y voluntariosos militantes, nadie se entiende con nadie; con unos dirigentes cuyo egoísmo, afán de notoriedad y vedetismo alcanzan niveles incomprensibles para cualquier persona con un mínimo sentido común. Una parte de la intrahistoria del fracasado mitin de la plaza de toros revela el grado de inconsciencia en el que se mueven algunos de estos accidentales líderes del socialismo valenciano. Tal vez muchos no hayan reparado en un pequeño detalle: Entre quienes van a intervenir en el mitin central del PSOE en la Comunidad Valenciana están, como no podía ser de otra manera, el candidato Alfredo Pérez Rubalcaba, Felipe González, estrella invitada del acto, y el secretario general del PSPV, Jorge Alarte. Hasta ahí todo perfecto. Pero falta alguien. No está la número uno de la candidatura por Valencia, Inmaculada Rodríguez-Piñero. No figura porque tantos reclamaron su derecho a lucir sus dotes oratorias ante los jefes de filas que hubo que cortar por lo sano, con independencia de que Piñero pudiera quedar achicharrada ante sus militantes y los medios al haber sido ninguneada por su propio partido. Al final, intervendrá de una manera un tanto sui géneris, pero estará sobre el escenario.

La anécdota sirve para comprobar –una vez más- la degradación existente en el seno del socialismo valenciano. Un envilecimiento que no se soluciona con las cataplasmas habituales, cuales son los pactos interfamiliares, y que únicamente sirven para alargar la agonía.

Tras el 20-N nada seguirá igual en el PSPV. Va siendo hora de que el secretario general de los socialistas deje de trapichear por debajo de la mesa para presentar ante los ciudadanos unas candidaturas infumables que, además, no le garantizan paz interna alguna. Jorge Alarte debe empezar a actuar como un líder, abandonar la desconfianza de los mediocres, rodearse de un equipo capaz, construir un discurso y visibilizar un proyecto. Conformarse con obtener un resultado algo menos malo -o igual de malo- que el resto del PSOE con la esperanza de llegar al congreso de su partido en una posición de menor debilidad que el resto de federaciones, con el objetivo de consolidar su posición interna, no tiene grandeza política alguna.

En la Comunidad Valenciana no hay alternativa política al PP que no pase por los socialistas; aunque para que así sea lo primero que deben de hacer es dejar de mirarse el ombligo y empezar a hablar a los ciudadanos.

En estos tiempos ya es una muletilla afirmar que cada crisis encierra una oportunidad. Si es así, el PSPV las dejado pasar todas. Ni tan siquiera se han dado cuenta de que eran oportunidades. Y así están, cada vez son menos sostenibles y más pelmazos.

Los amigos de Camps

Por: Josep Torrent | 02 nov 2011

Camps

 

El Consell Jurídic Consultiu (CJC), una suerte de Consejo de Estado en versión valenciana donde, entre otras labores, se analizan las leyes aprobadas por el parlamento autonómico para que comprobar que se atengan a la Constitución y que no entran en colisión con la legislación estatal y las normativas europeas, puede acoger entre sus miembros, por ley, a los expresidentes de la Generalitat que tienen voz pero no voto en sus deliberaciones. Joan Lerma, Eduardo Zaplana y José Luis Olivas, por distintas razones,  han preferido, al menos por ahora, no incorporarse a dicha institución. A Francisco Camps, tras su dimisión por el escándalo de los trajes, le faltó tiempo para reclamar su ingreso en el CJC sin dejar su escaño en las Cortes Valencianas. Formar parte de esta institución lleva aparejado un sueldo de 60.000 euros anuales, coche oficial y despacho propio.

Que Camps vote en las Cortes Valencianas las leyes sobre las cuales se pronunciará en tanto que integrante del CJC no le provoca al expresidente  incomodidad ni reparo alguno, cuando es obvio que alguna incompatibilidad moral debería existir en el ejercicio de  esa doble función. Sería razonable, exigible incluso, que Camps dejara su escaño en el parlamento valenciano; pero no lo hace. ¿Por qué? Según algunas fuentes del PP, todavía no ha renunciado a regresar a su antiguo cargo. Está convencido de que el jurado le declarará inocente y que, exonerado de toda responsabilidad, podrá reclamar su derecho a ocupar su antiguo despacho en el Palau de la Generalitat, con el argumento de que fue el quien ganó las elecciones autonómicas.

Toda esta historia resulta surrealista y merece formar parte del Celtiberia show que tan acertadamente narró el desaparecido Luis Carandell. Pero hay quien no solo la difunde, sino que se la cree a pies juntillas. De donde se deduce que al expresidente no le deben faltar amigos en estas semanas previas al juicio con jurado que empezará el 12 de diciembre.

Que los tiene, amigos, digo, y que algunos no se ocultan es un hecho. Uno de los que más se distingue es el presidente del CJC. Vicente Garrido no duda en acudir al domicilio de Camps para juntos recorrer ambos los escasos 500 metros que separan la casa del expresidente de la Generalitat de la sede del Consell. Y, para que no quepa duda de la amistad entre los dos, Garrido afirma ante quien quiera oirle (el jueves, 3 de noviembre, ante el actual presidente Alberto Fabra) que Camps es inocente y no se le va a condenar. Su afirmación va mucho más allá de la presunción de inocencia. Sencillamente la da por hecha. Cosa que está muy bien en un amigo pero que chirría bastante en boca del presidente de un organismo que debe analizar las leyes. Pero ya se sabe la mano que siempre ha tenido Camps con los responsables jurídicos valencianos, llámense Juan Luis de la Rúa o Vicente Garrido.

En la Comunidad Valenciana casi nadie se escandaliza por nada. En el Consell Jurídic, por ejemplo, se sientan dos políticos que tuvieron que dimitir de sus responsabilidades por verse inmersos en sendos escándalos: El mentado Camps y el exsecretario general de los socialistas valencianos, Joan Ignasi Pla. Pero eso no parece importarle a nadie. A ellos desde luego que no y a los que les propusieron, tampoco. Y aún hay quien se queja, entre los socialistas,  de la falta de calidad de la democracia. Ellos mismos.

El País

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