Sobresaltos financieros

Por: Josep Torrent | 07 nov 2011

Olivas

 

La campaña electoral en la Comunidad Valenciana discurre cansina, monótona y tan políticamente correcta que invita al aburrimiento. Nada que ver con la del 2008  que el PP  tensionó hasta el punto de quebrar las relaciones institucionales entre la Generalitat valenciana y el Gobierno de Rodríguez Zapatero. La dureza con que se empleó González Pons con Fernández de la Vega, números unos del PP y del PSOE, respectivamente, por Valencia, rozó lo personal a cuenta de la legalidad del empadronamiento de la exvicepresidenta en la localidad de Beneixida (Valencia). Claro que, en aquella convocatoria, al PP le interesaba montar cuanta más bulla mejor, mientras que en esta prescindiría de la campaña si pudiera. Los socialistas, que deberían ser los más interesados en tensionarla para movilizar a su electorado, no están tan bregados en el juego subterráneo y tobillero. Menos que nadie su candidata por Valencia, Inmaculada Rodríguez-Piñero, que no levanta la voz por no ofender.

A falta de campaña, los valencianos se desayunaron el lunes con un sobresalto financiero. La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) suspendía de buena mañana la cotización en bolsa del Banco de Valencia. Con Bancaja enterrada en el mausoleo de Bankia y la CAM intervenida por el Banco de España, la única entidad financiera que podía aparentar su condición de “valenciana” entraba en coma después de meses continuados de notables achaques. Los agoreros que pronosticaron que el sistema financiero valenciano pasaría a mejor vida tras la fusión Bancaja-Caja Madrid veían su profecía cumplida, mientras que al empresariado autónomo ya no le quedaban ni arrestos para quejarse (tampoco es que los tuvieran para defender una banca propia, dicho sea de paso)

¿El sistema financiero valenciano ha desaparecido y nadie sabe quién ha sido? Se sabe, claro que se sabe. Primero lo destrozaron unos gestores codiciosos que creyeron que eso de la burbuja inmobiliaria era un cuento chino, cuando se sabía de años que era una triste realidad japonesa. Lo hirieron de muerte unos empresarios que disfrazaron sus intereses particulares con una hipócrita defensa del libre mercado y la competencia. Y lo remató un gobierno incompetente que confundió los intereses valencianos con hacer gorgoritos barrocos llenos de aire -que gustaban mucho al personal y por eso lo votaban-  que no sirvieron para nada. Francisco Camps era el presidente de aquel Consell que, lamentablemente, pasará a la historia por no haber pagado unos trajes y por ser un melifluo cuya voluntad se sometía al halago fácil, cuando lo suyo sería que los libros le recordaran como el responsable de un gobierno en el que sistema financiero de la Comunidad Valenciana se fue por el sumidero sin que él ni lo suyos hicieran nada por evitarlo.

Pero de eso, en esta campaña, tampoco se habla para solaz y esparcimiento del PP.

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Sobre el autor

Josep Torrent

es periodista, delegado de EL PAÍS en la Comunidad Valenciana. Casado, con una hija y un nieto. Estudió filosofía y letras en la Universidad de Valencia y Ciencias de la Información en la Universidad Autónoma de Barcelona.

Sobre el blog

La Comunidad Valenciana no es solo corrupción, ni tampoco fallas, sol, playa y paella, aunque el tópico la reduzca a eso. Este blog hablará de los tópicos, como no puede ser de otra manera. Pero también aspira a contar otras cosas.

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