Sobre el autor

Josep Torrent

es periodista, delegado de EL PAÍS en la Comunidad Valenciana. Casado, con una hija y un nieto. Estudió filosofía y letras en la Universidad de Valencia y Ciencias de la Información en la Universidad Autónoma de Barcelona.

Sobre el blog

La Comunidad Valenciana no es solo corrupción, ni tampoco fallas, sol, playa y paella, aunque el tópico la reduzca a eso. Este blog hablará de los tópicos, como no puede ser de otra manera. Pero también aspira a contar otras cosas.

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Pues amarga la verdad

Por: Josep Torrent | 21 ene 2012

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            “No es eso, no es eso” repiten como un mantra los dirigentes del PP, empresarios, profesores universitarios, profesionales liberales, notarios, periodistas. No todos, claro. Pero el mensaje que pretenden convertir en dominante es: “La Comunidad Valenciana no es eso, no es eso. No somos corruptos, ni robagallinas, ni despilfarradores, ni especuladores, no hemos arruinado nuestro sistema financiero, ni hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Es verdad que algunos sí. El Consell, que ha dilapidado sus presupuestos, que ha construido aeropuertos sin aviones, que ha promocionado grandes eventos de dudosa rentabilidad, que se ha endeudado hasta las trancas. Son los políticos los que han destrozado nuestra imagen, los que nos han convertido en la vergüenza de España; pero la Comunidad Valenciana es mucho más”.

            Llevan razón. Por fortuna es mucho más. Se parece al retrato que de si mismo hizo un lector en una carta publicada por este periódico. Vale la pena repetir algunos de sus párrafos. “Trabajo desde hace 14 años en I+D y desde hace 10 lo compatibilizo con unas horas semanales de profesor en la universidad (…) Junto a mi pareja compramos un piso [y] hemos ahorrado el dinero suficiente para pagar lo que nos queda de hipoteca (…) Nunca he vivido por encima de mis posibilidades. Podía permitirme coches más caros pero no los he comprado, nunca he pedido un crédito para irme de vacaciones, reformé mi piso cuando tuve dinero (…) No he hundido la banca (…) No he hecho bajar la Bolsa, no he hundido los mercados, no he inflado la economía, no he especulado con la vivienda”.

            Pido disculpas por la extensión de la cita, pero estoy seguro que la mayoría de los valencianos nos reconocemos más en ella que en la imagen que el resto de España tiene de nosotros. La vergüenza propia que sufrimos es la consecuencia de un estilo de sucesivos gobiernos y gobernantes fatuos, hinchados como cuescos hediondos, vanidosos, proclives a la adulación, ambiciosos egoístas pendientes solo de si mismos, nuevos ricos que disfrutaban con su apariencia.

            Nuestros gobiernos –va para 17 años que el PP está en el poder- son responsables en gran medida de la vergüenza que padecemos. Pero no son los únicos. Cómplices suyos han sido los empresarios que callaron, los profesores universitarios que justificaron sus despilfarros, los profesionales liberales que les adularon y los periodistas obsecuentes, domesticados y venales a los que nunca se les escuchó ni se les leyó una palabra de crítica por tanto desvarío. La sociedad civil dimitió de su condición y así hemos llegado hasta aquí.

            Ahora, y no nos queda otra, esa sociedad civil dimitida y los políticos decentes nos tienen que sacar de esta con sangre, sudor y lágrimas. Pero que no nos vengan con lágrimas de cocodrilo, diciendo “no es esto, no esto”. Ya lo dejó escrito Quevedo: “Pues amarga la verdad / Quiero echarla de la  boca / Y si al alma su hiel toca / Esconderla es necedad”. Vale que repitan su estribillo, pero al menos que no nos tomen por necios.

 

 

Bienvenidos al presente

Por: Josep Torrent | 19 ene 2012

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La página web de la Comunidad Valenciana en EL PAÍS cambia su diseño. No es solo una cuestión de forma. Más bien se trata de una apuesta de fondo por un periodismo que conecte con las exigencias de una sociedad cada vez más plural, dinámica, exigente, cambiante y global. Una sociedad en la que las nuevas tecnologías y las redes sociales desempeñan cada día más y más un papel activo en el intercambio de ideas, conocimientos y relaciones y que reclama una participación activa en la generación de las noticias, en el debate sobre todo lo que ocurre a su alrededor, tanto da que sea política o gastronomía. Los lectores pasivos empiezan a ser historia. Los ciudadanos reclaman ser partícipes en la información, diseñan sus propios contenidos y exigen dar su opinión de una manera instantánea.

A los retos que nos presenta esa sociedad, queremos responder con esta nueva página que con el tiempo iremos enriqueciendo con más contenidos. Es una obviedad, pero no por ello hay que dejar de subrayarla: Nuestro principal objetivo es informar de la manera más rigurosa, ágil y precisa que podamos. No hay periodismo nuevo o viejo. Solo buen o mal periodismo con independencia del soporte que se utilice, papel, televisión, radio, ordenador, tablet o móvil. Los ciudadanos quieren un periodismo rápido, instantáneo y cooperativo. Tres condiciones que solo se dan en la red. Tres exigencias a las que queremos responder.

La nueva página de la Comunidad Valenciana contará con información de última hora, reportajes de actualidad, blogs, opinión, recordarás las noticias imprescindibles y contara con una macrosección titulada En la ciudad en la que tendrán cavidad desde un amplio abanico de propuestas de ocio: literatura, teatro, conciertos o restaurante, hasta una información de carácter urbano de toda la Comunidad Valenciana. Contaremos con un espacio dedicado a los niños con sugerencias y, además, los lectores podrán enviar sus quejas sobre las administraciones públicas o los problemas que detecten en su ciudad al correo buzondeagravios@elpais.es . Con sus protestas realizaremos un blog que tiene la vocación de trasladar a los ciudadanos respuestas ante la pesada maquinaria burocrática.

Esta página es nuestra ambición y nuestra esperanza. Bienvenidos al presente.

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Conductores suicidas

Por: Josep Torrent | 07 ene 2012

Vela
Si el aeropuerto de Castellón es una metáfora de hasta dónde nos ha llevado la estupidez política unida a la ambición y la codicia empresarial más el papanatismo provinciano, la estatua de Carlos Fabra que preside el acceso principal a esta instalación es el monumento que mejor refleja la borrachera de excesos públicos y el despilfarro que ha caracterizado la gestión del PP en la Comunidad Valenciana. 300.000 euros gastados a mayor honra y gloria de un cacique provincial cuyos delirios de grandeza pagaremos entre todos, mientras la justicia le investiga por un enriquecimiento presuntamente ilícito. El aeropuerto sin aviones no es la única obra que simboliza el pasado reciente. En Valencia, las inconclusas obras del nuevo Mestalla reflejan el final de la cultura del pelotazo. El estallido de la burbuja inmobiliaria se llevó por delante todos los desvaríos de unos gestores políticos que hincharon sus pechos como pavos reales ante la bobalicona mirada de una sociedad que estaba convencida de que los perros se ataban con longanizas.

            De nada sirvieron las advertencias de quienes observaban la realidad desde un cierto distanciamiento y una profunda preocupación por el camino en que avanzaban, cual conductores suicidas, los responsables públicos de la Comunidad Valenciana. José Manuel García-Margallo señaló hace ya varios años que “las deudas de hoy son los impuestos del mañana”. Ítem más, el flamante ministro de Asuntos Exteriores recomendó, en un artículo publicado en la prensa local, paciencia y prudencia en la redacción del Estatut d’Autonomía, especialmente en lo referente al apartado de financiación autonómica. Margallo era partidario de esperar a que Cataluña se pronunciara para luego seguir su estela, como se hizo en Andalucía. Nadie de su partido le hizo caso. De más está decir que menos aún a quienes desde fuera del PP opinaron de forma similar.

            Y qué es lo que se ha conseguido: Ser la autonomía con mayor endeudamiento de toda España en relación al PIB, estar en el pelotón de cabeza por lo que a destrucción de empleo se refiere, más empobrecimiento social y pérdida del sector financiero valenciano. Y, claro está, convertir las deudas en impuestos, como no podía ser de otra manera. Durante años, la Generalitat de Francisco Camps presumió de bajar impuestos y de aumentar las prestaciones sociales. Lo primero debía servir para crear empleo. No fue verdad. Lo segundo, para corregir los desequilibrios entre los ciudadanos. Igualmente falso.

            Hace apenas un mes, el sustituto de Camps en la presidencia de la Generalitat aprobó un presupuesto absolutamente quimérico como se acaba de comprobar con el tijeretazo de Año Nuevo; pero antes de que se tomaran estas decisiones ya se sabía que era inviable. El Consell presentó unas cuentas en las que se contemplaba –y se contempla- una caída de los ingresos en 2012 del 0.9%. El dato en si es una pura tomadura de pelo. Pero eso no detuvo a los responsables del área de Hacienda autonómica que llevan años burlándose de los valencianos, presentado unos ilusorios presupuestos con más trampas que una caja china. Pero por extraño y sorprendente que parezca uno de los máximos responsables de haber hundido la administración autonómica sigue en su puesto como si la cosa no fuera con él, pese a que lleva 16 años, 16, fabricando las cuentas públicas. Me refiero a José Manuel Vela, hoy consejero de Hacienda, y en años anteriores autoridad máxima de la cosa presupuestaria. La única razón que encuentro para que Alberto Fabra no le haya destituido es que el presidente quiera hacerle pasar la vergüenza pública de ver cómo la mayor parte de su obra ha sido un puro disparate, bien por llevarla el mismo a cabo, bien por consentirla.

            El pasado jueves, el vicepresidente José Ciscar anunció una serie de medidas, la mayoría de ellas muy polémicas porque cargan el peso de los recortes entre los funcionarios, singularmente entre los trabajadores de la sanidad pública. Otras, sin embargo, son tan sensatas que cabe preguntarse por qué no las adoptaron hace años. Qué impedía al Consell reconvertir el sector público, poner en marcha una central de compras para ahorrar en el gasto farmacéutico hospitalario, mejorar el control del absentismo laboral o vincular las subvenciones a la patronal y a los sindicatos a los resultados de la lucha contra el déficit. La respuesta es: Nada. Nada se lo impedía, pero nada hicieron para evitar el despilfarro, el absentismo o la lucha contra el fraude.

            Tampoco cabe llamarse a engaño. Las medidas adoptadas son insuficientes. Las empresas públicas cuestan más de 3.000 millones y la reconversión del sector anunciada apenas supone un ahorro de 120. Habrá que hacer más recortes y serán muy dolorosos. La Comunidad Valenciana está en quiebra y nada garantiza que se pueda pagar la nómina de enero, toda vez que los recortes no empezarán a  ser eficaces hasta dentro de unos meses. El precio a pagar por cómo han gestionado la cosa pública estos conductores suicidas que nos han gobernado va a ser muy alto.

           

           

El País

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