Sobre el autor

Josep Torrent

es periodista, delegado de EL PAÍS en la Comunidad Valenciana. Casado, con una hija y un nieto. Estudió filosofía y letras en la Universidad de Valencia y Ciencias de la Información en la Universidad Autónoma de Barcelona.

Sobre el blog

La Comunidad Valenciana no es solo corrupción, ni tampoco fallas, sol, playa y paella, aunque el tópico la reduzca a eso. Este blog hablará de los tópicos, como no puede ser de otra manera. Pero también aspira a contar otras cosas.

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La rana, el PSPV y el escorpión

Por: Josep Torrent | 25 feb 2012

PSPV

La historia es de sobra conocida. Un escorpión le pide a una rana que la ayude a cruzar un río subiéndose a su lomo. La rana se niega alegando que el escorpión la matará, a lo que éste contesta que no porque si lo hiciera se ahogarían los dos. La rana accede y a mitad de travesía el escorpión le clava el aguijón. Sorprendida, le pide explicaciones: “Está en mi naturaleza” acierta a decir el escorpión mientras los dos se ahogan.

            Tres de los últimos cuatro congresos del PSPV se han saldado con victorias pírricas de uno de los dos candidatos a secretario general. Joan Romero lo ganó por tres votos; Joan Ignaci Pla,  la primera vez que accedió al cargo, lo hizo con una ventaja de siete sobre José Luis Ábalos y hace tres años Jorge Alarte se impuso a Ximo Puig por veinte votos. Los socialistas valencianos, desde la pérdida del poder en 1995, están divididos al 50%. En realidad, la fragmentación es mucho mayor, pero las inestables y frágiles alianzas entre los diferentes señores de la guerra, acaban siempre en una confrontación en la que todos pierden, aunque uno de ellos crea haber vencido. La primera tarea que se impondrá el ganador será la de conseguir el control interno de la organización para, teóricamente, liderar el partido con un proyecto que permita desplazar al PP del poder. Para alcanzar ese objetivo empleará todos los medios imaginables: aniquilar al adversario interno, pactar con él, intentar aniquilarlo primero para pactar después, abandonar a los propios para alcanzar un acuerdo con el contrario… Todas las combinaciones se probarán y todas fracasarán porque si algo no abunda en  el PSPV es la confianza y la lealtad. Una y otra vez los socialistas concurren a los congresos como quien va al campo de batalla.

            Los militantes socialistas están eligiendo ahora a los delegados que acudirán al próximo congreso y decidirán si mantienen a su actual secretario general, Jorge Alarte, o apostarán por Ximo Puig, Francesc Romeu o Manolo Mata. Los cuatro presentarán documentos, harán discursos y apelarán a la unidad del partido para sacarlo de la sima en que, unos más que otros, lo han sumido. Visto desde cierta perspectiva todo tiene un sabor rancio y olor a naftalina. El PSPV camina hacia la irrelevancia política si los dirigentes del PSOE no hacen nada por evitarlo. El proceso de italianización -su conversión en el Partido Socialista Italiano- sería irreversible sin la existencia de Ferraz. La izquierda valenciana está cada vez más atomizada. Compromís, UPyD y Esquerra Unida aumentan sus expectativas electorales a costa del desencantado votante socialista.

            Pero nada de ello parece inquietar a los dirigentes del socialismo valenciano, confiados en la teoría de los ciclos; en que el desgaste del PP, víctima de sus peleas internas, la corrupción y la crisis económica les devolverá de nuevo al poder. Ignoran, sin embargo,  la capacidad de los populares para reiventarse periódicamente con constantes cambios, voluntarios o forzados, de líderes que practican el adanismo político, presentándose como recién llegados, como si nada tuvieran que ver con su pasado ni con el de su partido. Solo hay que observar el comportamiento del actual presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, que aparenta no tener nada que ver con la desastrosa gestión realizada por su partido en los últimos años en la Comunidad Valenciana.

            En el PSPV sobra egoísmo y falta generosidad para alcanzar un gran pacto que les permita presentarse como un partido unido y fuerte ante las demandas sociales. Su desconexión con la realidad es brutal. El autismo que sufren es de tal magnitud que, si nada o nadie lo remedia, el próximo congreso volverá a ser una batalla entre dos facciones en la que lo único que importará será la victoria por pírrica que esta sea. Los socialistas valencianos son al tiempo la rana y el escorpión. Acabarán en el fondo del río.

           

La toma de la Bastilla

Por: Josep Torrent | 18 feb 2012

¿Qué tiene de sorprendente que un Cargapolicial
grupo de jóvenes, hartos ya de estar hartos, salgan a la calle para protestar por las malas condiciones en que se encuentran sus centros de estudios por culpa de los recortes presupuestarios? Lo extraño sería que no se manifestasen, que siguieran aborregados en sus aulas mientras contemplan pasivamente la entelequia en que se ha convertido su futuro mientras que los responsables de su frustración despilfarran el dinero sin vergüenza ni pudor. ¿Qué le queda por hacer a un estudiante que se pela de frío en el instituto porque la administración no puede pagar la calefacción y ve cómo los directivos de Ràdio Televisió Valenciana (RTVV) gastan centenares de miles de euros en documentales refritados de una productora de amiguetes que, en cualquier otra cadena televisiva, no costarían más que unos miles de euros? Protestar en la calle no parece que sea una de las medidas más radicales que se puedan tomar. Nada que no hayan hecho los estudiantes desde que el mundo es mundo. Pero algunos creen ver en estas discretas manifestaciones –muy masivas no es que hayan sido- el germen de qué oscura revuelta. Es el caso de la delegada del Gobierno a la que no le ha temblado la mano a la hora de enviar a la Policía Nacional a reprimir las protestas estudiantiles.

            Paula Sánchez de León nos metió en el túnel del tiempo y nos mandó a principios de los 70 del siglo pasado, cuando los temidos grises se encaraban, porras en mano, a grupos de adolescentes que tenían poco más que su voz para enfrentarse a tanta policía. Los alrededores del Instituto Lluís Vives y la comisaría de la calle de Zapadores de Valencia evocaron las imágenes en blanco y negro del antiguo Paseo al Mar, los mismos gritos y las mismas carreras. La misma desproporción entre perseguidos y perseguidores. En Zapadores había casi más antidisturbios que concentrados. De hecho, estos se encontraban rodeados y, como se decía en los viejos y malos tiempos, del cerco solo se pudo salir de uno en uno y con el carnet en la boca. Hay cosas que nunca cambian, ni en dictadura, ni democracia.

            Me pregunto qué espantaba tanto a la señora delegada. ¿Temía acaso que la concentración ante Zapadores fuera la antesala de la toma de la Bastilla? ¿El principio de una revolución que abortara las reformas que está adoptando su partido para conseguir que todos los españoles seamos felices? Quede tranquila la señora delegada. Los adolescentes que se manifestaron el viernes por las calles de Valencia nada tienen que ver con los famélicos parisienses que se alzaron en julio de 1789. Aquí no hay revolución que valga, todavía. Basta con ver en qué acabó el 15-M.

            Tengo para mí que a Paula Sánchez de León lo que le que asusta, lo que realmente no quiere ver, es su propia imagen reflejada en el espejo. Los estudiantes deben recordarle que estamos donde estamos por la pésima gestión de los gobiernos de los que ella formó parte como vicepresidenta. Los que permitieron que un acosador sexual fuera durante años jefe de recursos humanos de RTVV, los que gastaron a mansalva en sueños quiméricos que no se trata de repetir porque la lista ya es conocida de la mayoría, los que despilfarraron sin ton ni son, los que presumieron con Carlos Fabra y su estatua y cuyo presidente, Francisco Camps, acabó por proyectar su personalidad en ese edificio que es el Ágora de la Ciudad de las Artes: Grande, caro, inútil e inacabado. Así fue su gestión que ahora pagamos entre todos. Eso es lo que no quiere ver la delegada del Gobierno.

            La concentración estudiantil de la comisaría de Zapadores no tuvo nada de revolucionaria. Los jóvenes están hartos de que se les tome por imbéciles y ya no se dejan seducir por grandes eventos, espejuelos, modernos timos de la estampita. Su presente es jodido y su futuro más que incierto. Pocos fueron los que salieron, pero la delegada apostó por matar moscas a cañonazos. ¿Qué hará cuando las protestas se generalicen, cuando, de verdad, parezca que quieran tomar la Bastilla?

La peor herencia

Por: Josep Torrent | 15 feb 2012

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Resulta irritante la facilidad con que se carga contra el Estado de las Autonomías por la pésima gestión llevada a cabo por sus responsables políticos. Las declaraciones de la presidenta del Colegio de Médicos de Valencia, Rosa Fuster, no tienen un pase. Reclamar a estas alturas la devolución de las competencias de sanidad al Gobierno central no es otra cosa que pura demagogia propia de quien, como Fuster ha navegado, con más pena que gloria y con bandera panameña, por la política local. Si la presidenta de los médicos valencianos gustara un poco menos del populismo y atendiera algo más a la realidad, bien podría destacar que la calidad de la sanidad pública que todavía disfrutamos es gracias al Estado de las Autonomías que, ciertamente, se endeudó para construir centros de salud y hospitales comarcales donde antes había consultorios en plantas bajas tercermundistas y sin medios con que atender a los usuarios.

El despilfarro de la Generalitat en aeropuertos sin aviones, parques temáticos ruinosos y calatravitis provinciana no justifica salidas de pata de banco como la efectuada por Fuster, que dice hablar en nombre de la mayoría de los médicos de Valencia. Su posición es tanto más oportunista por cuanto jamás se la oyó –ni a ella ni a ninguno de sus colegas- protestar por esa construcción neofranquista que es la nueva Fe, levantada para mayor honra y gloria del PP y contra toda lógica hospitalaria y asistencial. Ese sí es un despilfarro; pero todo el mundo calló. Hubiera sido mucho más económico y más eficaz haber mejorado las instalaciones de la antigua Fe o haber dotado de más medios humanos y materiales el Arnau de Vilanova, que es toda una vergüenza de hospital. ¿Dónde estaba el Colegio de Médicos de Valencia y su presidenta para poner cordura ante tanto dislate?

Es fácil echarle el muerto al Estado de las Autonomías. Sale gratis y hay mercado para comprar discurso tan populista. Pero la deuda y el despilfarro tienen siglas, nombres y apellidos. En el caso de la Comunidad Valenciana, PP y Francisco Camps. Esa es la peor herencia que nos han dejado: Arruinar la ilusión y al esperanza por el autogobierno. El mismo que acabó con el tercermundismo sanitario.

La autonomía se nos escurre entre los dedos. Y actitudes como la presidente de las Cortes, Juan Cotino, segunda autoridad de la Comunidad Valenciana, ayudan a descreer aún más en nuestras instituciones. Expulsar a un diputada del pleno con la excusa de una camiseta cuando, en realidad, lo que pretendía era evitar un debate sobre la gestión del expresidente Camps en la fórmula 1 es otra muestra –una más- de la escasa calidad democrática que tienen algunos dirigentes del PP, intolerantes ante todo aquello con lo que no están de acuerdo o, simplemente, no les gusta.

Los caballeros custodios

Por: Josep Torrent | 06 feb 2012

Alfredo Pérez Rubalcaba construyó el discurso de la presentación de su candidatura a la secretaría general del PSOE sobre una idea central: Los cambios que necesita su partido para hacer frente a las exigencias de una sociedad sumida en la peor crisis económica desde los años 30 del siglo pasado son imposibles de abordar si no es desde la unidad de toda la organización. Los delegados del PSPV que le escucharon, con independencia de que le votaran o no, es muy probable que no se sintieran concernidos por el mensaje. Son muchos los lustros que llevan mirándose el ombligo, encerrados en su autismo y en sus quimeras como para prestar atención a cualquier otra cosa que no sean sus propias miserias, así venga el mismísimo sursuncorda a gritarles que habitan un mundo de ruinas políticas que solo les interesa a ellos. Por el canto de un duro se libraron de volver a protagonizar un sonoro ridículo en el arranque del 38 Congreso del PSOE cuando se empeñaron en reclamar que nada menos que cinco portavoces pudieran intervenir en el plenario para defender todos, salvo uno, la misma posición. La sensatez se tuvo que imponer a golpes dialécticos.

Rubalcaba reclamó unidad y cambio. Lo uno y lo otro resulta difícil de alcanzar en un partido que tiene por santo y seña el ruralismo selvático que denunciara Manuel Azaña, como característico de la vida civil y parlamentaria valenciana. En el PSPV no existen corrientes de opinión capaces de alcanzar acuerdos tras un debate más o menos civilizado, sino placas tectónicas que de tanto chocar entre si han quedado reducidas prácticamente a la nada. La unidad de tanto grupúsculo es poco menos que un milagro. De otro lado, términos como cambio y renovación deberían permanecer bien ocultos en el almacén de los conceptos perdidos porque hay que ver la de crímenes políticos que se han cometido en su nombre en la federación socialista valenciana. Con los cadáveres —metafóricamente hablando, claro— de dirigentes sensatos, capaces, inteligentes y buenos gestores que existen en casi todas las agrupaciones locales socialistas de la Comunidad Valenciana se podría hacer un partido con casi tantos militantes como el actual.

¿Responsables de toda esta ruina? En primer lugar quienes creen tener el patrimonio de la organización. Los caballeros custodios que creen ser los propietarios de las esencias del PSPV sin ser conscientes de que lo único que guardan es un panteón funerario que solo conserva una historia corrompida por el paso de los años. Pero no son los únicos. También están los arribistas que reclaman la destrucción del pasado irresponsablemente, enarbolando la bandera de la renovación y de la juventud, los mezquinos que han hecho del miserabilismo político una actitud hacia todo cuanto ignoran y los paniaguados, claro está, que no sabrían muy bien de qué vivir si se les retirara la limosna pública que perciben mensualmente por hacer cómo que defienden los intereses de los más desfavorecidos. Pero como el PSPV nunca deja de sorprender, nadie se escandalice si caballeros custodios, arribistas, mezquinos y paniguados unen sus fuerzas para, con la excusa —otra vez— del cambio y la renovación, destruir lo poco que queda en pie de tan maltrecha organización.

Los deseos del nuevo secretario general del PSOE no van a ser fáciles de llevar a cabo en la federación socialista valenciana. Los que acampan a las puertas del PSPV solo pretenden recuperar lo que creen que les pertenece por derecho. Quienes permanecen en el interior de la ciudadela no han sabido aprovechar su tiempo para construir un discurso capaz de conectar con la sociedad. De hecho, ni siquiera han sido hábiles para unir a quienes les facilitaron la llegada hasta el poder. Y, así, entre las ambiciones de quienes se sienten trasterrados, y los que piensan que no han tenido tiempo suficiente para construir su proyecto por el acoso de los exiliados, el PSPV se consume ante una sociedad que cada día más les da la espalda porque sus cuitas apenas interesan a nadie que no sea a ellos mismos.

Las lecturas del 38 congreso, como siempre, se reducirán a ver quién ha ganado más poder en Madrid, quién más cerca, quién más lejos. Vale. El secretario general del PSPV, Jorge Alarte, no ha perdido, pero está por ver que haya ganado. Y los lermistas y seguidores de la exministra Leire Pajín, que apostaron a todo o nada a favor de Carme Chacón, han perdido. ¿Y ahora qué? ¿Es el próximo congreso del PSPV una segunda vuelta en la que cobrarse las afrentas sufridas en el del PSOE? Tal y como está el socialismo valenciano es lo más probable que ocurra. La generosidad no es la característica de los dirigentes del PSPV desde que fueron desalojados del poder allá por 1995. Pero podrían pensar que en este fin de semana se ha aprobado que la elección del candidato a la presidencia de la Generalitat en 2015 se hará con el voto de los militantes y de los simpatizantes. Tanto los caballeros custodios como Jorge Alarte y sus compañías respectivas deberían meditar sobre este punto. O no. Al fin y al cabo si a ellos no les importa el futuro de los más desfavorecidos por qué debe importarles a los demás el suyo.

El País

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