Los caballeros custodios

Por: Josep Torrent | 06 feb 2012

Alfredo Pérez Rubalcaba construyó el discurso de la presentación de su candidatura a la secretaría general del PSOE sobre una idea central: Los cambios que necesita su partido para hacer frente a las exigencias de una sociedad sumida en la peor crisis económica desde los años 30 del siglo pasado son imposibles de abordar si no es desde la unidad de toda la organización. Los delegados del PSPV que le escucharon, con independencia de que le votaran o no, es muy probable que no se sintieran concernidos por el mensaje. Son muchos los lustros que llevan mirándose el ombligo, encerrados en su autismo y en sus quimeras como para prestar atención a cualquier otra cosa que no sean sus propias miserias, así venga el mismísimo sursuncorda a gritarles que habitan un mundo de ruinas políticas que solo les interesa a ellos. Por el canto de un duro se libraron de volver a protagonizar un sonoro ridículo en el arranque del 38 Congreso del PSOE cuando se empeñaron en reclamar que nada menos que cinco portavoces pudieran intervenir en el plenario para defender todos, salvo uno, la misma posición. La sensatez se tuvo que imponer a golpes dialécticos.

Rubalcaba reclamó unidad y cambio. Lo uno y lo otro resulta difícil de alcanzar en un partido que tiene por santo y seña el ruralismo selvático que denunciara Manuel Azaña, como característico de la vida civil y parlamentaria valenciana. En el PSPV no existen corrientes de opinión capaces de alcanzar acuerdos tras un debate más o menos civilizado, sino placas tectónicas que de tanto chocar entre si han quedado reducidas prácticamente a la nada. La unidad de tanto grupúsculo es poco menos que un milagro. De otro lado, términos como cambio y renovación deberían permanecer bien ocultos en el almacén de los conceptos perdidos porque hay que ver la de crímenes políticos que se han cometido en su nombre en la federación socialista valenciana. Con los cadáveres —metafóricamente hablando, claro— de dirigentes sensatos, capaces, inteligentes y buenos gestores que existen en casi todas las agrupaciones locales socialistas de la Comunidad Valenciana se podría hacer un partido con casi tantos militantes como el actual.

¿Responsables de toda esta ruina? En primer lugar quienes creen tener el patrimonio de la organización. Los caballeros custodios que creen ser los propietarios de las esencias del PSPV sin ser conscientes de que lo único que guardan es un panteón funerario que solo conserva una historia corrompida por el paso de los años. Pero no son los únicos. También están los arribistas que reclaman la destrucción del pasado irresponsablemente, enarbolando la bandera de la renovación y de la juventud, los mezquinos que han hecho del miserabilismo político una actitud hacia todo cuanto ignoran y los paniaguados, claro está, que no sabrían muy bien de qué vivir si se les retirara la limosna pública que perciben mensualmente por hacer cómo que defienden los intereses de los más desfavorecidos. Pero como el PSPV nunca deja de sorprender, nadie se escandalice si caballeros custodios, arribistas, mezquinos y paniguados unen sus fuerzas para, con la excusa —otra vez— del cambio y la renovación, destruir lo poco que queda en pie de tan maltrecha organización.

Los deseos del nuevo secretario general del PSOE no van a ser fáciles de llevar a cabo en la federación socialista valenciana. Los que acampan a las puertas del PSPV solo pretenden recuperar lo que creen que les pertenece por derecho. Quienes permanecen en el interior de la ciudadela no han sabido aprovechar su tiempo para construir un discurso capaz de conectar con la sociedad. De hecho, ni siquiera han sido hábiles para unir a quienes les facilitaron la llegada hasta el poder. Y, así, entre las ambiciones de quienes se sienten trasterrados, y los que piensan que no han tenido tiempo suficiente para construir su proyecto por el acoso de los exiliados, el PSPV se consume ante una sociedad que cada día más les da la espalda porque sus cuitas apenas interesan a nadie que no sea a ellos mismos.

Las lecturas del 38 congreso, como siempre, se reducirán a ver quién ha ganado más poder en Madrid, quién más cerca, quién más lejos. Vale. El secretario general del PSPV, Jorge Alarte, no ha perdido, pero está por ver que haya ganado. Y los lermistas y seguidores de la exministra Leire Pajín, que apostaron a todo o nada a favor de Carme Chacón, han perdido. ¿Y ahora qué? ¿Es el próximo congreso del PSPV una segunda vuelta en la que cobrarse las afrentas sufridas en el del PSOE? Tal y como está el socialismo valenciano es lo más probable que ocurra. La generosidad no es la característica de los dirigentes del PSPV desde que fueron desalojados del poder allá por 1995. Pero podrían pensar que en este fin de semana se ha aprobado que la elección del candidato a la presidencia de la Generalitat en 2015 se hará con el voto de los militantes y de los simpatizantes. Tanto los caballeros custodios como Jorge Alarte y sus compañías respectivas deberían meditar sobre este punto. O no. Al fin y al cabo si a ellos no les importa el futuro de los más desfavorecidos por qué debe importarles a los demás el suyo.

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Sobre el autor

Josep Torrent

es periodista, delegado de EL PAÍS en la Comunidad Valenciana. Casado, con una hija y un nieto. Estudió filosofía y letras en la Universidad de Valencia y Ciencias de la Información en la Universidad Autónoma de Barcelona.

Sobre el blog

La Comunidad Valenciana no es solo corrupción, ni tampoco fallas, sol, playa y paella, aunque el tópico la reduzca a eso. Este blog hablará de los tópicos, como no puede ser de otra manera. Pero también aspira a contar otras cosas.

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