Sobre el autor

Josep Torrent

es periodista, delegado de EL PAÍS en la Comunidad Valenciana. Casado, con una hija y un nieto. Estudió filosofía y letras en la Universidad de Valencia y Ciencias de la Información en la Universidad Autónoma de Barcelona.

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La Comunidad Valenciana no es solo corrupción, ni tampoco fallas, sol, playa y paella, aunque el tópico la reduzca a eso. Este blog hablará de los tópicos, como no puede ser de otra manera. Pero también aspira a contar otras cosas.

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El futuro del PSPV, en manos de Puig

Por: Josep Torrent | 31 mar 2012

PSPV

Para el PSPV que, salvo notables excepciones, cuenta las victorias de sus secretarios generales en los congresos por un puñado de votos, la elección de Ximo Puig con el apoyo de más del 60% de los delegados no deja de ser una buena noticia. Que ese respaldo se haya obtenido a través de un pacto entre cabecillas que se guardan una cordial enemistad desde hace lustros indica que el rechazo hacia Jorge Alarte y la ambición por el poder eran mucho mayores que las diferencias que les han enfrentado a lo largo de la historia. Las razones de esa inquina nunca han quedado claro. De los debates públicos mantenidos por los candidatos a los largo de la campaña previa al congreso no se derivaron nunca diferencias sustanciales que justificaran el voto en contra a la gestión del exsecretario general. Otra cosa son los enfrentamientos personales –que los hay- o las descalificaciones que se hayan producido en el seno de las agrupaciones locales que, en muchos casos, han rozado el insulto, cuando no directamente la falsedad.

En cualquier caso, esa es agua que no mueve molino. Jorge Alarte a lo largo de su mandato al frente del PSPV no ha conseguido empatizar con la militancia y tampoco ha logrado construir un discurso político lo suficientemente sólido que superara las carencias emocionales con sus compañeros. Dos motivos que a los delegados del XII Congreso les han parecido suficientes para votar en contra de su gestión, primero, y votar mayoritariamente después a Ximo Puig.  Alarte y Ángel Luna, durante su etapa de portavoz del grupo parlamentario socialista en las Cortes Valencianas dejan el inmenso legado de su lucha contra la corrupción, a pesar de todas las trabas que encontraron entre muchos de sus compañeros, algunos de los cuales forman parte de la facción con la que se identifica al actual secretario general de los socialistas valencianos. El ninguneo que de este combate se hizo durante el debate es, sencillamente, miserable. El alcalde de Morella, aunque solo sea por dignidad democrática, tiene la obligación de mantener y ampliar este legado.

Puig carga con una enorme responsabilidad sobre sus hombros. El PSPV es un partido desconectado de la sociedad, sin un discurso sólido que ofrecer a los sectores progresistas y visto por los jóvenes como una antigualla cuyo lugar natural sería un museo de ciencias políticas. El problema al que se enfrenta la nueva dirección es inmenso. Y será aún mayor si el nuevo secretario general, como ha ocurrido históricamente con todos sus antecesores, se fijara como urgente el control de la organización cuando lo prioritario debería ser recuperar a la ciudadanía progresista con un proyecto socialdemócrata y moderno. A caballo entre Madrid, Morella y Valencia, Puig no lo va a tener fácil. Necesitará lealtad (la que su facción no tuvo con Alarte cuando este ofreció paz interna a cambio de puestos en las candidaturas de las municipales y las generales), generosidad (la que no han querido tener con el exsecretario general al que se le quiso humillar proponiéndole que siguiera como portavoz en las Cortes Valencianas), inteligencia emocional y capacidad para entender las claves de la sociedad actual. Solo así evitará que germine la idea de que en este congreso nadie gana y es el PSPV  el que va perdiendo lentamente. La configuración de la ejecutiva dará una idea de si Puig apuesta por lo urgente frente a lo prioritario. Pensar que la crisis económica y los escándalos van a ser suficientes para derribar a Alberto Fabra sin ofrecer una alternativa favorecerá el crecimiento de Compromís y la consolidación de Esquerra Unida.

El desenlace del congreso tiene algunas consecuencias colaterales. La victoria de Puig, firme puntal de Carme Chacón, debilita internamente aún más a Rubalcaba. José Blanco –esta vez sí acertó en Alicante- es uno de los vencedores de este fin de semana. El exsecretario federal del PSOE, decisivo en el papel jugado por Francesc Romeu, demuestra que sigue controlando el aparato socialista pese a estar en un segundo plano y deja claro que su apoyo a Alarte era puramente coyuntural.

Paradojas de la política. El futuro del PSPV está en manos de Ximo Puig, un

Oferentes, frívolos y sectarios

Por: Josep Torrent | 17 mar 2012

José Ciscar

Aquí estamos, hemos vuelto perofrenar; aunque, en realidad, nunca nos habíamos ido. Los valencianos somos así, gentes de rancias costumbres que gustamos de quejarnos de Madrid, siempre que en Madrid no mande la derecha, claro. Madrid, ya se sabe, es una elipsis de España. Pero de España nadie se lamenta en esta tierra porque –ya lo dice el primer verso del himno de la Comunidad Valenciana- aquí estamos perofrenar y porque, además, como sistemáticamente constata el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), a ser más españoles que nadie no nos gana ni Murcia, por un decir. Así que nos lamentamos de Madrid. Antes éramos más bien anticatalanes, pero ahora que nos hemos hermanado tras ser las dos autonomías con mayor deuda en relación al Producto Interior Bruto (PIB), como que les tenemos menos antipatía. Además, desde que Jordi Pujol con el inestimable concurso de José María Aznar liquidó, vía Eduardo Zaplana, vía Acadèmia Valenciana, el dislate lingüístico nos peleamos menos. Amén de que a esto de las autonomías le quedan tres cortes de pelo si Mariano Rajoy se sale con la suya a cuenta de la crisis. El presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, en esto, fue de una claridad meridiana en la entrevista que publicó ELPAÍS el pasado domingo. Así que nadie venga luego quejándose de que no estaba avisado. El Molt Honorable President no se ocultó para nada: Está para lo que mande el Gobierno. De España, claro.

Y con Fabra está la mayoría (los socialistas no, conste; están suicidándose) de quienes llevan décadas autoproclamándose “sociedad civil”. Los de ProAVE, por ejemplo. Tan perofrenar con Rajoy. Que no pasa nada si el PP vota en contra del Corredor Mediterráneo. Mera cuestión táctica para calmar a  huits, nous i cartes que no lliguen como María Dolores de Cospedal, Esperanza Aguirre o Luisa Fernanda Rudi que no se sabe por qué se empeñan en el corredor central cuando todo el mundo sabe que no pintan nada en el PP. La ministra de Fomento, Ana Pastor, se ha pronunciado varias veces por el corredor central, el PP vota contra el eje mediterráneo, pero a Federico Félix, nuestro palleter de las infraestructuras ferroviarias, eso debe parecerle una anécdota sin importancia. Últimamente debe andar un poco afónico porque tampoco se le ha oído decir nada sobre la llegada del AVE a Castellón, cuando hasta el presidente de la Generalitat da por hecho que va para largo.

      Nuestros empresarios están oferentes. Solo a los del Banco de Valencia se les oye protestar, que están de una valencianía subida (qué diablos será eso de la valencianía, que diría Juan José Millás); envueltos en la Senyera tienen a Bernat i Baldoví de filósofo de cabecera: “Sea nuestra divisa, salvar tan siquiera la camisa”, dijo el de Sueca. Y en ello están.

      El Consell no solo está perofrenar. Tiene un punto de frivolidad que no se le conocía hasta el pasado viernes cuando su vicepresidente, José Ciscar, solemnizó lo obvio dando la gran no-noticia. Los profesores estarán a disposición de la Administración durante el mes de julio. Lo dijo de tal manera que todo el mundo entendió que los maestros iban a estar en las aulas en fechas tan veraniegas. Se acabó hacer el vago durante dos meses, los maestros trabajarán los mismos meses que los carteros. ¡Hasta aquí podíamos llegar!. Pero no. El colectivo que, junto al sanitario, es con diferencia el más castigado por los recortes no va sufrir cambio alguno. Van a seguir como toda la vida, como han estado siempre todos los meses de julio: A disposición de la Administración. Pero el Consell, para colgarse la medallita de la laboriosidad y quedar como dios ante esos patronos que solo saben pedir recortes, ajustes y que, por lo que dicen, ignoran que nuestros padres trabajaban como los chinos mucho antes de que los chinos supieran dónde estaba España, no dudó en poner en la picota a los maestros de la enseñanza pública. ¿Qué diablos tendrá el PP contra los profesores?

      Oferentes, frívolos y sectarios. Cómo se explica si no la decisión del Gobierno (de España, claro) de paralizar el parador de Morella. Los vecinos de la capital de Els Ports han tenido que soportar la ira del cacique Carlos Fabra que ha boicoteado los proyectos de la ciudad y ahora tienen que aguantar que Rajoy les obstaculice más su desarrollo turístico. ¿Ximo Puig, el alcalde socialista, no tendrá algún familiar en el PP? Igual encuentra a alguien que ponga remedio al sectarismo que sufre Morella. Pero que no lo busque en el Consell. Por cierto, ¿existe la consejera de Turismo?

 

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