Sobre el autor

Josep Torrent

es periodista, delegado de EL PAÍS en la Comunidad Valenciana. Casado, con una hija y un nieto. Estudió filosofía y letras en la Universidad de Valencia y Ciencias de la Información en la Universidad Autónoma de Barcelona.

Sobre el blog

La Comunidad Valenciana no es solo corrupción, ni tampoco fallas, sol, playa y paella, aunque el tópico la reduzca a eso. Este blog hablará de los tópicos, como no puede ser de otra manera. Pero también aspira a contar otras cosas.

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Eskup

Es su vergüenza

Por: Josep Torrent | 27 may 2012

El vicepresidente del Consell, José Ciscar, aseguró el pasado viernes que “algunas de las expresiones que hemos visto [en el escándalo de las ayudas a la cooperación] son absolutamente reprobables”. Dijo más, dijo que le producían vergüenza ajena; pero no quiso ir más allá. Hubiera estado bien que concretara qué expresiones le parecían “absolutamente reprobables”. Tal vez fueran esas en las que el director general de Cooperación, Josep María Felip, sugiere que el responsable de la ONG Esperanza Sin Fronteras, Fernando Darder,  “monte el número en declaraciones a la SER, a los diarios, en contra de…, que vaya allí y se encadene, él y su parroquia al árbol de EL PAÍS, que vayan allí, que vayan todos, y que asalten EL PAÍS y pidan explicaciones y monten el número y lleven un fotógrafo, oye, ya está bien”.

Felip era de los que pasaba por ser un militante del PP con pedigrí democrático, de los que tenían un historial de militancia en la lucha contra la dictadura franquista, de los que pelearon por las libertades. Tal vez por eso se limitaba a pedir un asalto a EL PAÍS, como si este periódico fuera la Bastilla o el Palacio de Invierno. Este demócrata de guardarropía nunca debió dedicar un segundo a la reflexión de Thomas Jefferson sobre el dilema entre prensa y poder. El político y pensador americano dijo: “Si me incumbiese decidir entre un gobierno con periódicos o periódicos sin gobierno no vacilaría un segundo en preferir lo segundo”. Qué prefiere el PP de la Comunidad Valenciana es una pregunta retórica que se contesta solo con ver Canal 9.

El exdirector de Cooperación, con todo, es un ilustrado, una persona refinada y exquisita al lado del abogado de César Augusto Tauroni, uno de los principales cerebros de la trama que saqueó la consejería de Cooperación. Vicente Gómez Tejedor -quede el nombre de este leguleyo para la posteridad- mantuvo una conversación con el tal Tauroni de la siguiente guisa. Dice el tiburón, perdón, Tauroni: “habrá que meditar qué hacemos con la Mireia [Mollà, diputada autonómica por Compromís] si la denunciamos o qué hacemos con ella”, A lo que responde el picapleitos: “La violamos o cualquier barbaridad de esta, ¿no?”. Y Tauroni: “Sí, lo que sea, pero...”. El abogado le interrumpe: “Más quisiera la pobre, en fin”. Estos mafiosos de opereta utilizan en sus conversaciones un lenguaje soez, machista, grosero, insultante y agresivo. A los periodistas incómodos se les califica de “sicarios”, pero los partidarios de utilizar las armas son ellos. Marc Llinares, exjefe de área de Cooperación, cuenta que su mujer le aconseja ir “con la metralleta a matar” a un periodista. En la Consejería de Solidaridad y Cooperación debían saber mucho de luchas armadas.

Claro, ahora dirán que todo era una exageración, que se trataba de bravuconadas sin intención, tonterías que se dicen al calor de una discusión. Recordando a Felip –por cierto, si ése es el demócrata, cómo serán los otros-. “Oye, ya está bien”.

Blasco

José Ciscar confiesa que “algunas expresiones” le causan vergüenza ajena. No, vicepresidente. Todo el sumario causa vergüenza; pero en su caso no es ajena. Es propia. Es su vergüenza. El gobierno en el que se desarrollaron todas estas trapacerías, era del PP, su partido. El responsable político de la consejería en la época en que se produjo el saqueo es, hoy, no ayer, ni anteayer, el portavoz de su grupo parlamentario en las Cortes Valencianas. Es su vergüenza, vicepresidente. Y lo seguirá siendo mientras Rafael Blasco ocupe cualquier puesto de responsabilidad en el PP. Y sí, hay que respetar la presunción de inocencia porque es lo que nos corresponde como demócratas; pero eso no le impide al presidente Alberto Fabra adoptar las decisiones políticas que considere oportunas. Si espera que los jueces le hagan el trabajo sucio para destituir a Blasco al frente de la bancada popular en el Palau de Benicarló, por muchas y buenas que sean sus intenciones, quedará claro que Fabra, como tantos otros políticos, quiere hacer pasar por prudencia y respeto a las normas lo que no es más que pusilanimidad. Es su vergüenza, no la nuestra.

Por cierto que no estaría de más que el presidente explicara porque los imputados no son buenos para dirigir el PP; pero sí para representar al millón largo de valencianos que les votaron. Todos y cada uno de ellos debería sentir vergüenza. En este caso, ajena. Ahí sí.

CON VERGÜENZA Francisco Camps, en su condición de expresidente de la Generalitat dispone de coche oficial, chófer y secretaria. Nada que objetar. Pero utilizar el vehículo de alta gama que tiene a su disposición, un Audi por más señas, para desplazarse apenas 300 metros como hizo el pasado jueves a eso de las 10.30 de la mañana solo puede significar una cosa. No se atreve a pisar la calle porque siente vergüenza y miedo. Vergüenza por lo que hizo y consintió en el “Caso Gürtel” y miedo de que algún ciudadano se lo eche en cara en plena calle

A mí que me registren

Por: Josep Torrent | 15 may 2012

La Perla

Adelino Santamaría (PP). Alcalde de Borriol. Juzgado por prevaricación. “Yo confío en los técnicos. Si tuviera que leer todo lo que firmo, no haría otra cosa”.
Milagrosa Martínez (PP). Alcaldesa de Novelda y diputada en las Cortes Valencianas. Imputada en el "caso Gürtel" por cohecho y prevaricación. Exconsejera de Turismo. En su declaración ante el juez desvió hacia los técnicos la responsabilidad de adjudicar a la trama Gürtel el pabellón de la Comunidad Valenciana en Fitur durante su etapa como consejera de Turismo.
Pedro Hernández Mateo (PP). Diputado en las Cortes Valencianas. Exalcalde de Torrevieja. Imputado por prevaricación y falsedad documental tras la adjudicación de la contrata de basuras del municipio de La Vega Baja a un grupo de empresas por 9,7 millones de euros. Hernández Mateo alegó en su defensa que no leía los documentos que firmaba. “Los decretos siempre los mandaba el departamento correspondiente y yo me limitaba a firmar. Yo era el último que firmaba”.
Enrique Crespo (PP). Exalcalde de Manises, exvicepresidente de la Diputación de Valencia,expresidente de Emarsa (entidad encargada de la gestión de las aguas residuales de Valencia de y varios municipios de su área metropolitana). Imputado por malversación de caudales públicos, estafa continuada, delito societario y falsedad documental, aseguró no haber estado “nunca” al tanto de las irregularidades que se cometían en la planta. No conocer a los proveedores de la empresa y no haber dado “nunca” instrucciones para contratar a personas o con empresas.
Jorge Vela (PP). Exdirector del Instituto Valenciano de Finanzas (IVF), exdirector de las Ciudad de las Artes y las Ciencias (CACSA). Imputado por su supuesta implicación en la gestión de los contratos firmados entre el Instituto Nóos y la Generalitat a través de CACSA. Declaró ante el juez que los acuerdos con Nóos estaban firmados por su antecesor y que se limitó a renovarlos por indicaciones de otros. Vela añadió que seguía indicaciones de Luis Lobón, responsable en esas fechas de los grandes proyectos del Consell. En su comparecencia ante la comisión de las Cortes Valencianas que investiga la quiebra de Caja Mediterráneo (CAM) por su cargo como director del IVF declaró que la responsabilidad sobre las cuentas de la entidad recaía en los gestores “no en los supervisores”.
Por extraño que parezca, estas cinco personas nunca creyeron sentirse incapacitadas para desarrollar su gestión. Al contrario, presumieron de sus méritos, alardearon del respaldo de la sociedad y ningunearon a sus adversarios. Solo cuando se vieron ante un juez se volvieron humildes y se declararon irresponsables. A ellos que les registraran. Nunca habían roto un plato.
En manos de quiénes hemos estado (y estamos).

A mí que me registren

Por: Josep Torrent | 15 may 2012

La Perla

Adelino Santamaría (PP). Alcalde de Borriol. Juzgado por prevaricación. “Yo confío en los técnicos. Si tuviera que leer todo lo que firmo, no haría otra cosa”.
Milagrosa Martínez (PP). Alcaldesa de Novelda y diputada en las Cortes Valencianas. Imputada en el "caso Gürtel" por cohecho y prevaricación. Exconsejera de Turismo. En su declaración ante el juez desvió hacia los técnicos la responsabilidad de adjudicar a la trama Gürtel el pabellón de la Comunidad Valenciana en Fitur durante su etapa como consejera de Turismo.
Pedro Hernández Mateo (PP). Diputado en las Cortes Valencianas. Exalcalde de Torrevieja. Imputado por prevaricación y falsedad documental tras la adjudicación de la contrata de basuras del municipio de La Vega Baja a un grupo de empresas por 9,7 millones de euros. Hernández Mateo alegó en su defensa que no leía los documentos que firmaba. “Los decretos siempre los mandaba el departamento correspondiente y yo me limitaba a firmar. Yo era el último que firmaba”.
Enrique Crespo (PP). Exalcalde de Manises, exvicepresidente de la Diputación de Valencia,expresidente de Emarsa (entidad encargada de la gestión de las aguas residuales de Valencia de y varios municipios de su área metropolitana). Imputado por malversación de caudales públicos, estafa continuada, delito societario y falsedad documental, aseguró no haber estado “nunca” al tanto de las irregularidades que se cometían en la planta. No conocer a los proveedores de la empresa y no haber dado “nunca” instrucciones para contratar a personas o con empresas.
Jorge Vela (PP). Exdirector del Instituto Valenciano de Finanzas (IVF), exdirector de las Ciudad de las Artes y las Ciencias (CACSA). Imputado por su supuesta implicación en la gestión de los contratos firmados entre el Instituto Nóos y la Generalitat a través de CACSA. Declaró ante el juez que los acuerdos con Nóos estaban firmados por su antecesor y que se limitó a renovarlos por indicaciones de otros. Vela añadió que seguía indicaciones de Luis Lobón, responsable en esas fechas de los grandes proyectos del Consell. En su comparecencia ante la comisión de las Cortes Valencianas que investiga la quiebra de Caja Mediterráneo (CAM) por su cargo como director del IVF declaró que la responsabilidad sobre las cuentas de la entidad recaía en los gestores “no en los supervisores”.
Por extraño que parezca, estas cinco personas nunca creyeron sentirse incapacitadas para desarrollar su gestión. Al contrario, presumieron de sus méritos, alardearon del respaldo de la sociedad y ningunearon a sus adversarios. Solo cuando se vieron ante un juez se volvieron humildes y se declararon irresponsables. A ellos que les registraran. Nunca habían roto un plato.
En manos de quiénes hemos estado (y estamos).

Los niños no vienen de París

Por: Josep Torrent | 11 may 2012

FALLERA

El gato escaldado del agua fría huye, así que nadie debería extrañarse de que el personal reciba con hartas dosis de escepticismo el anuncio de que el Consell y el Ayuntamiento de Valencia tienen a punto de caramelo un acuerdo con un grupo inversor para instalar el parque temático de Ferrari en Cheste. Vaya por delante que una inversión cercana a los 1.000 millones de euros es cosa seria y que con las cosas de comer, más aún en los tiempos que corren, no se puede jugar. Una inversión de esta cuantía —si llega a ramos de bendecir— merece todos los plácemes y esfuerzos por parte de las administraciones públicas. Aún en tiempos de recortes en la sanidad y la educación, sería una irresponsabilidad si nuestros gobernantes no hicieran un esfuerzo económicamente razonable para que el parque Ferrari se convirtiera en realidad.
La pregunta obvia —puesto que no hay en Europa una solo instalación de estas características que sea rentable— es qué tiene Cheste que no tengan Madrid o Barcelona. Y la respuesta es sencilla: un circuito que pierde dinero y cuya explotación la Generalitat cederá por cero euros al grupo inversor que encabeza el israelí Castro Khatib (en la foto, con la alcaldesa de Valencia en las pasadas fallas). Se entiende que el vicepresidente José Ciscar eludiera dar una respuesta clara cuando se le preguntó por esta cuestión tras el pleno del Consell celebrado ayer.
También se entiende el esfuerzo de todos los portavoces del PP en insistir en que la inversión no va a costarle un euro a la administración. La historia de los grandes eventos en la Comunidad Valenciana está plagada de mentiras de políticos del PP que engañaron a los ciudadanos con cuentos y cuentas. Lo sabían ellos entonces y ahora lo sabe todo el mundo. Mintieron cuando dijeron que Terra Mítica iba a ser el negocio del siglo y mintieron cuando afirmaron que el coste del circuito urbano de fórmula 1 sería cero euros. Ahora andan con pies de plomo; pero tampoco dicen la verdad.
No es cierto que el parque temático Ferrari no le vaya a costar dinero al contribuyente. En el supuesto de que se haga, los ciudadanos ya hemos pagado por anticipado el coste del circuito de Cheste, como pagaremos los terrenos donde se instale —¿los dueños de los solares no van a cobrar?— y, con toda probabilidad, los nuevos accesos que habrá que construir. Nada es gratis. Estaría muy bien que el parque Ferrari se instalará en Cheste; pero, por favor, que no nos cuenten que los niños vienen de Paris. Estamos ya muy mayores.

Un fracaso colectivo

Por: Josep Torrent | 03 may 2012

AVE-3

El documento elaborado por la Asociación Valenciana de Empresarios (AVE) sobre La financiación pública de la Comunitat Valenciana y sus consecuencias económica (www.ave.org.es) es el relato del fracaso colectivo de los políticos y de la sociedad valenciana. Esta sería la parte negativa. La positiva vendría dada por  la ruptura del tópico según el cual los responsables de las arcas autonómicas han despilfarrado sin ton ni son el dinero en grandes eventos de dudosa rentabilidad o que han gastado sin tasa ni mesura. Todo un alegato contra quienes desde el Gobierno de Mariano Rajoy y desde el nacionalismo españolista y la más rancia ideología centralista vienen poniendo en tela de juicio el Estado de las Autonomías  con sofismas económicos para cargar sobre las autonomías el coste del
déficit público. Xavier Vidal-Folch, en su artículo Delenda est autonomía http://economia.elpais.com/economia/2012/02/29/actualidad/1330549181_948694.html ya explicó que el sistema está perversamente diseñado, exigiéndose a las autonomías un sacrificio seis veces superior al pedido al Gobierno central. En esa línea el estudio concluye que la deuda española ha crecido desde 2007 en 29 puntos sobre el PIB. El 79% del aumento corresponde a la Administración Central y el 19,5% a las comunidades autónomas.

El detallado informe de AVE demuestra palmariamente que los modelos de financiación autonómicos diseñados por Eduardo Zaplana, con el PP, y por Pedro Solbes durante la etapa de José Luis Rodríguez Zapatero han sido extraordinariamente lesivos para los intereses de los valencianos. El porcentaje de endeudamiento -el segundo más elevado de España tras Cataluña- no se corresponde con el gasto por habitante, que es un 22% menor que la media española, mientras que el sistema penaliza a la Comunidad que recibe un financiación 9 puntos por debajo de la media. Todos los parámetros analizados por los autores del estudio son demoledores. De hecho, los ingresos del sistema de financiación no cubren los gastos de educación, sanidad y protección social. Con una financiación per cápita similar a la media la deuda autonómica sería 7.781 millones de euros  menor que la actual y el cumplimiento del objetivo de déficit fácilmente alcanzable, siempre y cuando los sucesivos gobiernos del Consell no hubieran aprovechado ese diferencial favorable para seguir endeudándose, cuestión que tampoco cabe descartar alegremente.

El menor gasto público como consecuencia del saldo fiscal negativo en la Comunidad Valenciana ha tenido otros efectos: Reducción de la actividad de las empresas que prestan sus servicios en el sector público, con sus derivada de problema financieros para las mismas; limitación de la colaboración público-privada y de los recursos para el fomento del desarrollo tanto en infraestructuras, como en I+D+i o en el a poyo a la internacionalización del tejido productivo.

Sin duda ha habido despilfarro. El 12% que se ha destinado a grandes eventos o a financiar aeropuertos sin aviones puede parecer un porcentaje relativamente escaso en el global del endeudamiento; pero no lo es en absoluto si se consideran las deficiencias existentes en educación o sanidad. Los alumnos asisten a clase en barracones, la dotación económica para las becas, aún con el reciente incremento, está diez veces por debajo de la media española, los recortes aplicados en investigación han sido dolorosos y la privatización de la gestión de la sanidad pública para ahorrar más de 400 millones probablemente no habría hecho falta. Despilfarro ha habido, cierto, pero no tanto como para explicar la pésima imagen de la Comunidad Valenciana en el resto de España.

Con ser mala la financiación autonómica, resulta mucho peor la pasividad con que la clase política y la sociedad civil han venido aceptando esta discriminación respecto de otras comunidades. El estudio realizado por los profesores Francisco Pérez, José Antonio Perez. Vicent Cucarella y Rafael Beneyto ha venido a rasgar el manto de silencio servil que, durante tantos años, ha caracterizado a los acríticos
poderes valencianos, tan satisfechos como estaban con los ingresos que la burbuja inmobiliaria. Ha tenido que llegar una crisis de proporciones inmensas para sacarles del letargo. El trabajo financiado por AVE emplaza a todos los partidos políticos, sin excepción, a pronunciarse sobre un modelo caduco, rígido e ineficiente. Veremos qué dice el presidente de la Generalitat o cómo se comporta el secretario general del PSPV, Ximo Puig.  El problema de valencianos es, como escribiera Joan Manuel Serrat allá por 1981, “que no nos salen cuentas / que las reformas nunca se acaban/ que llegamos siempre tarde / donde nunca pasa nada”. Tal que ahora mismo.

El País

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