Sobre el autor

Josep Torrent

es periodista, delegado de EL PAÍS en la Comunidad Valenciana. Casado, con una hija y un nieto. Estudió filosofía y letras en la Universidad de Valencia y Ciencias de la Información en la Universidad Autónoma de Barcelona.

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La Comunidad Valenciana no es solo corrupción, ni tampoco fallas, sol, playa y paella, aunque el tópico la reduzca a eso. Este blog hablará de los tópicos, como no puede ser de otra manera. Pero también aspira a contar otras cosas.

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Indocumentados e ignorantes

Por: Josep Torrent | 19 jul 2012

La ignorancia de los valencianos de Valencia sobre todo lo que ocurre más allá de  las tierras que se divisan desde la torre de El Micalet es secular. En algún momento de su historia, el Cap i Casal maldijo al reino al que da nombre condenándole a cargar con todas sus desgracias y no regalándole ninguna de sus virtudes que, por otra parte, son bastantes.Indocumentados algunos e ignorantes los más, no es extraño que hubiera un dirigente del PSPV, Joan Ignaci Pla, que pretendiera “quemar” las gaiatas de Castellón o que el vicealcalde de Valencia, Alfonso Grau, eleve sus jeremiadas  victimistas porque se pretenda trasladar el día grande de las fallas a un lunes y no se haga lo propio con la fiesta de la Magdalena de La Plana. Si el uno y el otro hubieran tenido un mínimo de conocimiento de la historia del quereclaman como su Reino, región, Comunidad o País sabrían que las gaiatas no se queman y que la Magdalena se celebra siempre el tercer domingo de cuaresma. Por seguir la terminología castellonense, estos mig ouets no saben de lo que hablan. Mucho peor ha sido la memez -y me quedo corto en el calificativo- del presidente de la Junta Local Fallera de Xàtiva, Javier García Paños, que ha dicho que “tiene gracia que alguien de Castellón nos diga desde Alicante lo que tenemos que hacer en Valencia”. Cuánta razón llevaba Joan Lerma cuando dijo aquello que de que “hay animales invertebrados que viven tan ricamente”. Sobre todo cuando se escucha a anélidos como GarcíaPaños que, seguro, se proclama más valenciano que El Palleter.

Alfonso Grau

Hace nada se ha cumplido el 30 aniversario del Estatut de la Comunidad Valenciana. Un texto que se recibió como el único instrumento capaz de vertebrar un territorio cuyos habitantes siguen viviendo desde hace décadas ignorándose los unos a los otros. El Estatut, las instituciones del autogobierno –Generalitat, Consell, Corts Valencianes…- iban a permitir a los habitantes de la Comunidad Valenciana
recuperar su identidad como pueblo. Nada más incierto. Tres décadas después, el descrédito de las instituciones arrastradas por el fraude de una política y de unos políticos mediocres, la campaña de la derecha aprovechando la crisis financiera y económica, la incapacidad de la izquierda oficial y la frivolidadde la emergente, el despilfarro de algunos gobiernos regionales -singularmente
el valenciano-  están dando alas a quienes piensan que el Estado de las autonomías es el responsable de todos los males que se ciernen sobre España. Y no es verdad. No dicen eso los datos. Pero a quién le importa. La sociedad está en otros problemas y los políticos hace tiempo que solo piensan en el cortoplacismo.

La propuesta del presidente Fabra, que lo es de todos los valencianos, aunque el estulto del presidente dela Junta Local Fallera lo descalifique por haber nacido en Castellón, debería ser considerada, del mismo modo que trasladar las fiestas locales a los lunes. Cuál es el problema. ¿Habrá fiesta en la ciudad de Valencia con más tradición que la del Corpus Christi y pasó de celebrarse uno de los jueves que relucían más que el sol a un domingo sin que nadie se rasgara las vestiduras? A qué
viene ahora tanta alharaca si las fallas o las hogueras arden un lunes en lugar de cualquier otro día de la semana. Ganas de tocarle las narices, políticamente hablando, al presidente por parte de algunos de sus compañeros (alcaldesa y vicealcalde de Valencia), y por parte de la oposición que siempre está a la que salta, aunque lo que salte sea un mcguffin de los que Hitchcok empleaba en sus películas para distraer al personal de lo realmente importante: la crisis económica.

Sí que me parece impresentable la idea presidencial de trasladar la fiesta del 9 d’Octubre.  Ahí sí que lleva razón Barberá. Nadie en su sano juicio en Francia, Inglaterra o Cataluña suprimiría el 14, el 4 de julio o el 11 de septiembre, respectivamente. Nadie renuncia a su partida de nacimiento como pueblo, salvo que le importe una higa ser un pueblo. Fabra debería meditar sobre esto y el portavoz socialista en el Ayuntamiento de Valencia, también. Dice Joan Calabuig que pertenece a un partido “valencianista y progresista”.
Dándose por bueno lo segundo, no está tan claro lo primero. Es verdad que hay valencianistas en la federación valenciana del PSOE, pero no dejan de ser sujetos aislados sin ningún peso orgánico. De valencianistas, poco. Véase si no lo que hicieron los diputados del PSOE por la Comunidad Valenciana el jueves 20 de julio. Contra todas sus proclamas, su programa, su supuesto proyecto votaron a favor de la prioridad del corredor ferroviario central. Otro fraude más.
¿Valencianistas? No más que  el palleter fallero de Xàtiva.

El País

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