Sobre el autor

Josep Torrent

es periodista, delegado de EL PAÍS en la Comunidad Valenciana. Casado, con una hija y un nieto. Estudió filosofía y letras en la Universidad de Valencia y Ciencias de la Información en la Universidad Autónoma de Barcelona.

Sobre el blog

La Comunidad Valenciana no es solo corrupción, ni tampoco fallas, sol, playa y paella, aunque el tópico la reduzca a eso. Este blog hablará de los tópicos, como no puede ser de otra manera. Pero también aspira a contar otras cosas.

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La barbarie infinita

Por: Josep Torrent | 23 jun 2013

Maluenda

Quien quiera que dijese que la barbarie no era infinita desconocía al PP de la Comunidad Valenciana. Ningún partido con responsabilidades de gobierno se comporta de forma sistemática como un burriciego analfabeto. Nadie presume de forma tan altanera de su ignorancia; a sabiendas, además, de que lo que dice, pregona y aprueba con sus votos es mentira. Pero algún gen debe anidar en la derecha valenciana que le niega toda racionalidad cuando del valenciano se trata. Es mentarles el idioma y hasta los que presumen de ser leídos prefieren pasar por pollinos y ágrafos antes que reconocer un hecho tan elemental como que el valenciano es una variedad dialectal del catalán.

La proposición no de ley que aprobará el PP unánimemente –en esto no hay centristas, templados o
progresistas. No, en lo tocante al idioma, todo el PP, desde el presidente de la Generalitat hasta la consejera de Educación, pasando por licenciados en medicina o en derecho, se alinea en la extrema derecha como una sola persona- produce sonrojo y bochorno. Cómo se puede afirmar que el valenciano ya se hablaba en el siglo V antes de Cristo sin que a nadie se le caiga la cara de vergüenza ante semejante barbaridad. Se puede, en Valencia, sí. Claro que quienes gobiernan esta tierra desde hace décadas no tienen empacho en ciscarse en las leyes que ellos mismos aprueban (la de la Acadèmia Valenciana de la Llengua) o en pasarse por el arco del triunfo decenas de sentencias del Supremo
que obligan al Consell a reconocer la convalidación de las licenciaturas en filología valenciana y catalana. Así se entiende un poco mejor que sean tan laxos ante los casos de corrupción. No tienen mucha costumbre de acatar leyes y sentencias si no les son favorables.

Pero lo más indecente de este vodevil infamante e infinito es que quienes lo protagonizan no se caracterizan por hablar en el idioma que tanto dicen defender. El presidente de la Generalitat, por ejemplo, no habla valenciano. El idioma para el PP, por muchos que lo digan y lo repitan, no es una seña de identidad, es, simple y llanamente, un instrumento para captar votos y, ahora, además, una manta con la que tapar sus miserias de corrupción e incapacidad de sacar a la Comunidad Valenciana del marasmo económico en que se encuentra. Para eso sirve su infinita barbarie.

El País

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