Sobre el autor

Josep Torrent

es periodista, delegado de EL PAÍS en la Comunidad Valenciana. Casado, con una hija y un nieto. Estudió filosofía y letras en la Universidad de Valencia y Ciencias de la Información en la Universidad Autónoma de Barcelona.

Sobre el blog

La Comunidad Valenciana no es solo corrupción, ni tampoco fallas, sol, playa y paella, aunque el tópico la reduzca a eso. Este blog hablará de los tópicos, como no puede ser de otra manera. Pero también aspira a contar otras cosas.

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La tentación de la corrupción

Por: Josep Torrent | 27 sep 2013

González
El Ayuntamiento de Alicante sufre un serio quebranto económico que le ha obligado a solicitar un segundo plan de rescate al Gobierno. Como consecuencia, el consistorio se endeudará más y es cosa sabida que las deudas de hoy son los impuestos del mañana. La alcaldesa de Alicante, Sonia Castedo, ha despachado el asunto asegurando que el Ayuntamiento se apretará el cinturón. Una afirmación que ni siquiera es una verdad a medias. Quienes se apretarán el cinturón de verdad son los ciudadanos de Alicante que verán como subirán los recibos por la recogida de basuras, tendrán menos servicios municipales y tendrán que seguir pagando un 10% más en el Impuesto de Bienes Inmuebles durante al menos una década más.  Los paganos del despilfarro municipal serán los ciudadanos, no el Ayuntamiento.

Una de las causas, y no necesariamente la principal, de esta quiebra ha sido la mala práctica seguida en la adjudicación de las contratas municipales a empresas que presentaban ofertas a la baja, osteriormente revisadas al alza a través de modificaciones de crédito. El pasado jueves, el presidente de la patronal valenciana, José Vicente González, advertía a los empresarios que trabajan con las administraciones públicas que el sector privado debía asumir  riesgos y responsabilidades. De tal modo,
dijo, “que si hay beneficios te los has ganado, y si hay pérdidas también te tocan aquí”. Si no se asume esta elemental premisa, concluyó, “se puede caer en las tentaciones de la corrupción”. Al patrón de patronos valenciano, en ocasiones, se le entiende todo sin necesidad de traductor. Basta una mirada
hacia lo que ocurre en Alicante para saber de qué habla.

Un empresario se confiesa

Por: Josep Torrent | 20 sep 2013

Por casualidad me encuentro con el representante de una organización empresarial valenciana. La economía, ya se sabe, pinta mal por mucho que nuestros gobernantes se empeñen en ver brotes verdes. Es la macroeconomía, estúpido, me dirá alguien; pero el ciudadano medio  es incapaz de discernir una brizna en el océano de grisura e incertidumbre en el que chapotea a diario para, exhausto, llegar a fin de mes.

El empresario no estaba, al menos el día en que me encontré con él, mucho mejor. Desesperanzado, frustrado, casi rabioso, se quejaba de la incapacidad de los políticos y de los de su clase:“Estamos atomizados, incapaces de unirnos alrededor de algún proyecto. Mira, me dijo, políticos y empresarios somos como vasos comunicantes y lo único que estamos demostrando es nuestra mediocridad”. Mi emprendedor acabó su decepcionada perorata con una frase que me estremeció: “Esto es una guerra de pobres. Y a robar”. No dijo a quien se refería, pero era inevitable pensar en la cantidad de casos que investiga el TSJ en los que están implicados e imputados políticos y empresarios. Corruptos y corruptores. Presuntos, claro.

¿Hay una vía valenciana?

Por: Josep Torrent | 13 sep 2013

Fue el miércoles cuando centenares de miles de personas salieron a las calles, plazas y carreteras reclamando la independencia de Cataluña. Un proceso político que, quiérase o no y cualquiera que sea su final, tendrá consecuencias para la Comunidad Valenciana. Son tantas cosas las que nos separan de nuestros vecinos del norte como las que nos unen. Ejemplo: una buena parte del sistema financiero valenciano está ahora en manos de entidades catalanas. Pero quienes se supone que nos gobiernan aquí, en la Comunidad Valenciana, no parecen tener el menor interés en atender en serio lo que ocurre al norte del río Sénia. Como siempre se han limitado a agitar el espantajo del anticatalanismo, convertido ya en una suerte de Gibraltar valenciano para evitar que se hable de los problemas internos.

Un días antes de la celebración de la Vía Catalana hacia la independencia, el Consell protagonizaba un ridículo sonado al retirar del orden del día del Congreso de los Diputados el punto por el que se iba a debatir una adicional al Estatut d’Autonomía que políticamente habría obligado al Estado a que sus inversiones tuvieran en cuenta el peso de la población. El presidente Fabra y su equipo prefirieron retirarlo antes que sufrir una ominosa derrota a manos de su propio partido. ¿Es esta la vía valenciana? Mala cosa. Ese camino solo conduce a la desaparición del autogobierno. Tal vez sea eso lo que quiere el PP, pero no se atreve a decirlo.

¿Manda Fabra?

Por: Josep Torrent | 06 sep 2013

Fabra
El PP no ha perdido las elecciones y, pese a lo que  no pocossostienen, no está nada claro que vayan a perder la presidencia de laGeneralitat. Sin embargo, son ya demasiados quienes en las  filas conservadoras dan por hecho la derrota electoral y la pérdida del poder. Algunos síntomas revelan cuán interiorizado está este pesimismo. Las dimisiones sucesivas de Jesús Marí, persona de la absoluta confianza del vicepresidente José Ciscar y del exconsejero de Sanidad Manuel Cervera para regresar ambos a la iniciativa privada no son casuales. Al contrario, son indicativas de la debilidad política del PP en la Comunidad Valenciana.

Debilidad que el Gobierno central no ayuda a paliar. Las reivindicaciones hechas con sordina desde el Palau de la Generalitat no encuentran ningún eco en los ministerios encargados de atenderlas. Es verdad que en las arcas públicas solo quedan telarañas; pero ello no explica el mal tono con que algunos miembros del Gobierno de Mariano Rajoy tratan unas reclamaciones justas y hechas con sentido común. En Madrid, por lo visto, no le prestan la atención debida al presidente Fabra. Va siendo
hora de que eleve el tono. De lo contrario corre el riesgo de que su falta de influencia ante el poder central sea tan evidente que acaben por no hacerle caso ni los suyos en la Comunidad Valenciana. Su fortaleza sería el único antídoto frente a quienes ya dan por perdidas las elecciones y por perdido a Fabra.

El País

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