Sobre el autor

Josep Torrent

es periodista, delegado de EL PAÍS en la Comunidad Valenciana. Casado, con una hija y un nieto. Estudió filosofía y letras en la Universidad de Valencia y Ciencias de la Información en la Universidad Autónoma de Barcelona.

Sobre el blog

La Comunidad Valenciana no es solo corrupción, ni tampoco fallas, sol, playa y paella, aunque el tópico la reduzca a eso. Este blog hablará de los tópicos, como no puede ser de otra manera. Pero también aspira a contar otras cosas.

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Delirante, ridículo, extravagante

Por: Josep Torrent | 14 feb 2014

Camps

Francisco Camps en el Saló de Corts de Presidencia de la Generalitat/ Carles Francesc

El profesor de la Facultad de Derecho de la Universitat de València, Andrés Boix, ha calificado de “delirante, ridículo y extravagante” el dictamen del Consell Jurídic Consultiu (CJC) sobre la definición de valenciano que recoge el Diccionari Normatiu Valencià que, tras 12 años de trabajo, ha dado a conocer la Acadèmia Valenciana de la Llengua. ¿Exagera el profesor? En absoluto. Si alguien se toma la molestia de leer sus reflexiones,  hallará irónicas reflexiones sobre un dictamen que en el mejor de los casos es confuso, difuso y abstruso; pero en ningún caso jurídico. La consejería de Educación, por órdenes superiores, se encomendó al Consell Jurídic en un vano intento de encontrar algo de sensatez. Pero este organismo hace tiempo que renegó de su independencia. Su sometimiento a los dicterios del expresidente Francisco Camps han llegado a ser tan escandalosos que su antigua sede, en la calle Pascual y Genís de Valencia, fue el escenario donde amigos (entre ellos el presidente del CJC y la actual delegada del Gobierno, Paula Sánchez de León) y familiares de Camps brindaron por su exculpación en el conocido caso de los trajes que le había costado el cargo. Brindaron el día antes de que se conociera el fallo del jurado. Alguien ya se lo había contado, violentado todas las normas jurídicas habidas y por haber, cosa que no pareció importar demasiado a quienes ahora se muestran tan estrictos, reduccionistas y excluyentes a la hora de analizar el Estatut y la Acadèmia. Pero qué se puede esperar de quien desde antes de dejar la Presidencia de la Generalitat ya se comportaba de forma delirante, ridícula y extravagante. Y qué se puede esperar de sus amigos.

Por si tienen interés en el texto de Andrés Boix, pasen y lean http://blogs.elpais.com/no-se-trata-de-hacer-leer/2014/02/el-consell-bananer-consultiu-valenciano-y-sus-extravagancias.html

La memoria presidencial

Por: Josep Torrent | 08 feb 2014

La memoria de algunos presidentes de la Generalitat es selectiva. Como la de la mayoría de los humanos, cabe decir. Pero en el caso de los políticos la capacidad de olvido para según qué cosas resulta ser extremadamente sospechosa. Hemos conocido el contenido de las declaraciones del expresidente Francisco Camps sobre los contratos que su administración había firmado con el yerno del Rey, Iñaki Urdangarin. Camps apenas recordaba nada. De las 64 preguntas que le planteó el juez Castro contestó “no” o “no lo recuerdo” a 41. Su amnesia era total. Aquellos contratos eran cosa de funcionarios y de los servicios jurídicos a los que dejaba “libertad absoluta” para decidir. Tal desinterés por los actos de su Gobierno contrasta con la atención que prestaba a la organización de los actos de su partido. En su declaración ante el juez José Flors en 2009, el expresidente aseguró que siempre le gustaba “supervisar el ingenio, la innovación, los atriles, la iluminación, para dar un ritmo de modernidad a lo que eran actos de partido”. La conclusión es obvia: a Camps le interesaba mucho su partido, el PP; pero no tanto lo que ocurría en su Gobierno. Al fin y al cabo, el dinero que iba a parar al bolsillo de Urdangarin no era suyo, pagaban otros. Pagábamos los valencianos.

Los mismos que, creyentes o no, pagaron el indecente despilfarro que las instituciones hicieron durante la visita del Papa a Valencia para presidir el V Encuentro Mundial de las familias. 2.65 millones costó la instalación de 7.000 urinarios y 3,5 la compra de 390.000 mochilas. Un despropósito que, en su momento, solo escandalizó a unos pocos que, rápidamente, fueron tachados de antivalencianos y que hoy es una piedra de escándalo más en la ya cargada mochila del PP de la Comunidad Valenciana. Seguramente, Camps tampoco supo nada de lo que pasaba ante sus propias narices. Y si lo supo entonces, seguro que hoy lo ha olvidado. ¡Esa memoria!

El País

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